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Crisis: 1

"Hecatombe"
Catherine Ford
Capitán Catherine Ford, Antropóloga (Blanca)


La cafetería se encontraba bastante silenciosa, si no fuera por el incesante bla bla bla del televisor, que habitualmente jamás alcanzaba a ser escuchado desde la mesa donde se encontraba Catherine. Habitualmente, claro, ella no se encontraba allí excepto a la hora del almuerzo, cuando el bullicio reinante la obligaba a intentar leer los labios de los periodistas, fueran de CNN o de Fox.

La Capitán sospechaba que la elección caprichosa de cadenas de noticias se debía a alguna rencilla interna. Tenía a un demócrata y a un republicano asignados en el área del comedor, que se dedicaban a cambiar de una a la otra. Si no, no podía entender por qué no estaban todos disfrutando del canal Disney con su café: esa mañana había ganado el demócrata, y los pocos presentes podían observar la movilización de tanques del ejército israelí en una ciudad que bien podía ser Gaza en la Clinton News Network.

El café, claro, era el motivo por el que se hallaba allí. La cafetera de la minúscula oficina que le habían asignado temporalmente hacía seis meses jamás había funcionado bien. Hasta el día anterior había logrado, con tímido éxito, preparar una bebida oscura que habría llenado de horror a su madre. Afortunadamente, ella jamás la probaría. El aparato, sin embargo, había dejado de funcionar por completo esa mañana.

...israelí no confirmó ni desmintió las denuncias palestinas, pero los observadores consideran...

Despegó la mirada del televisor y la bajó hacia su taza. Tenía una cantidad de papeles junto a ella, pero no se sentía con ánimo de comenzar a leer. Estaba, seria y concienzudamente, perdiendo el tiempo.

... buscan terminar con un año de guerra no declarada. Recordemos que el próximo jueves se cumplirán ocho años del apretón de manos en la Casa Blanca...

Infaltable, la histórica (y mentirosa) foto de Peres y Arafat ilustraba el comentario. Catherine suspiró. Ese problema no iba a tener fin mientras ella, o ellos, vivieran. Tomó el resto de su café y se puso de pie, acomodando deliberadamente su ya perfectamente prolija pila de folios antes de levantarla y comenzar su marcha hacia la salida, cuando un silencio de aproximadamente dos segundos del acostumbrado bla bla ambiental la detuvo. Alzó los ojos hacia el televisor, para observar que la expresión seria y profesional de la mujer rubia de traje Chanel se había endurecido.

Tenemos en línea a nuestros corresponsales en Nueva York donde, aparentemente, una avioneta se ha estrellado accidentalmente contra...


"Palabras con solución"
Ana Reyes
Dra. Ana Reyes, Egiptologa (Ana)


Ana observaba la pizarra intentado concentrase al máximo. Sus ojos pasaban de una palabra a otra intentando abarcar todo el conjunto. La solución tenía que estar en alguna parte. Bajó los ojos hacia la mesa que tenía enfrente, donde se encontraba el manuscrito original y un montón de libros abiertos desperdigados por la superficie. Se le empezaba a agotar la paciencia. ¿Sería capaz de encontrar pronto la solución?
    ...cuerpo....en.....muerte.....mente....interior.....vida......camina....
Todo eran suposiciones, les daba vueltas en la mente a las palabras, ese pergamino lo habían catalogado dentro de manuscritos religiosos, esa religión que los goaults fomentaban y que formaba parte de su sistema de gobierno, autodeterminandose dioses. Aunque Ana pensaba que era un manuscrito en goault sobre otra cultura, despues de todo se había encontrado en un palacio goault, no en un templo, y además escondido. Suposiciones, todo suposiciones...
    ....cuerpo...en ....muerte......

    ....la muerte del cuerpo....

    ....mente interior...vida ....camina...

    ...camina...

    ¿....lleva....?

    ...la muerte del cuerpo lleva.....a una vida mental interior.

    ¿...interior....?

    ....la muerte del cuerpo lleva...hacia.... el interior de una vida mental....de la mente.....
Se le iluminaron los ojos mientras anotaba a toda prisa en su libreta, iba por el buen camino, estaba segura, "sentia" que esas eran las palabras correctas. No quería mirar todavía cuanto le faltaba para terminar el manuscrito, como siempre, su metodo de trabajo era frase por frase, abarcando las palabras.

Suspiró y borró la pizarra, empezó a anotar la siguiente frase. Con suerte terminaría esa semana con el manuscrito, esperaba que le adjudicaran un trabajo más interesante la proxima vez, pero se daba por satisfecha, gracias a esos manuscritos estaba practicando el idioma goault, que le sería de mucha utilidad para un futuro trabajo "de campo" atravesando el stargate.


"Momentos de calma"
Dara Santer
Dra. Dara Santer, asirióloga (Marta)


La cocina olía a café recién hecho. Mientras esperaba a que *saltaran* las tostadas, Dara bajó la vista hasta el periódico del día anterior, repasando los titulares. En realidad no importaba mucho de en qué día vivía, las noticias no variaban demasiado de una jornada a otra.

Cuando sonó el *clik* sólo tuvo que extender su mano derecha para coger las tostadas humeantes. Echó la cabeza hacia atrás cerrando los ojos y haciendo girar el cuello, en un intento de desperezarse. Cuando los abrió su mirada quedó fija en la ventana. Sonrió. Era maravilloso vivir en el paraíso.

Desayunó tranquilamente, disfrutando de la vista. La verdad es que no le apetecía demasiado ir a la base en un día como aquel, pero el deber era el deber, y ya llegaba tarde.

Dejó los cacharros en el lavavajillas y salió en busca de su cartera. Sólo tenía que encontrar las llaves del coche, tarea nada fácil, puesto que nunca era capaz de recordar dónde las había dejado. Esta vez hubo suerte. Milagrosamente estaban junto a la cartera.

Bajó por las escaleras hasta el garaje. Se había olvidado de llamar a Alice. Tenía que recordarle qué quería para su cumpleaños. Faltaba sólo una semana. Dara sonrió encantada, pensando que en menos de cuatró días tendría a toda su familia en casa, disfrutando del paraíso con ella.


"Cada camino se comienza con un paso"
James Lebau
Dr. James Lebau, Diplomático economista (Hugo)


Era un día nublado, el cielo estaba encapotado y una finisima lluvia se podía sentir sobre la piel, James miraba las nubes y dejaba que la leve lluvia le tocara la cara, le encantaba aquella sensación, en plena ciudad cerraba los ojos y podía imaginarse estar en mitad de un verde prado, el claxon de un coche lo devolvió a la realidad, abrió los ojos para encontrarse de nuevo en la jungla de asfalto de la ciudad, la gente se movía arriba y abajo sin mirarse los unos a los otros, sin siquiera prestar atención a su alrededor, un hombre trajeado le empujo con el hombro al ir a cruzar la calle, James le miro mientras el hombre continuaba caminando como si nada hubiera ocurrido, James suspiro.

Se acercó lentamente al borde de la acera y alzó un brazo, luego con una potente voz grito: "¡Taxi!"

A James le gustaba coger el taxi y en cuanto tenía tiempo el autobus o el metro, prefería viajar rodeado de gente, escuchar las conversaciones ajenas, sus preocupaciones, sus alegrías, le hacía sentirse más, humano. Hoy tenía prisa, así que cogió el taxi dirección al aeropuerto, la conversación con el taxista fue amena y divertida, un italiano de mediana edad que se aburría y tenía gran conversación, James pudo averiguar los problemas y alegrías de su vida, un hombre sencillo, que deseaba como todo americano alcanzar su sueño y vivir en paz. Cuando el taxi llegó a su destino James se despidió y le dejó una buena propina a lo que el taxista respondió alegremente en italiano, James creyó poder traducirlo por un: gracias amigo, que tenga buen viaje.

El avión salía en una hora, tiempo justo para embarcar y pasar todos los controles antes de subir al avión. James se sentó en una silla de la cafetería, ya se encontraba en la zona de embarque, su maleta y el billetes facturados, lo único que tenía que hacer era esperar el aviso y subir al avión. Sacó el portátil de su bolsa y lo dejó sobre la mesa, le llevo un minuto abrir el archivo que buscaba y comenzar a escribir. Áquel libro que llevaba escribiendo y rescribiendo desde hacía años le servía de evasión, no tenía nada que ver con su compañero, el otro escrito que estaba realizando, un tratado sobre las guerras económicas entre paises, no, este trataba de un evasivo en referente a todo lo relacionado a su trabajo, una aventura, como las clásicas, un grupo de expedición que marcha a la antártida, a uno de los pocos lugares inexplorados del planeta y que allí encuentra algo increible, ya que al adentrarse en una cueva hayan todo un ecosistema tropical, lleno de una extraña vida animal y con una población indigena que ha optado por su propio camino en la evolución. La escritura de este libro le relajaba y le ayudaba a evadirse de la realidad.

"Señores viajeros del vuelo 356 con destino a Colorado Springs, Colorado, dirijanse a la puerta de embarque." La voz monotona le saco de su trabajo, justo cuando el protagonista se tenía que enfrentar a un enorme tigre de bengala blanco para salvar a la chica, James maldijo un poco entre dientes este hecho, era un punto interesante, ya que quería que el protagonista fuera herido, así la chica le podría cuidar y acabar besándose y desatándose el amor.

James subió al avión y en este continuó su trabajo particular escribiendo en la novela, le quedaban unas horas de vuelo que pensaba aprovechar en ella, luego tocaría desplazarse hasta la base y allí con toda probabilidad su vida comenzaría un nuevo camino.


"Tensión"
Dara Santer Ana Reyes
Dra. Dara Santer, asirióloga (Marta)
Dra. Ana Reyes, Egiptologa (Ana)


Cuando Dara dejó su coche en el aparcamiento reservado al personal del SGC-2, todavía contenía el aliento. Apenas había podido escuchar claramente lo que estaba sucediendo en Nueva York esa mañana. Primero habían hablado de una avioneta comercial que se había estrellado contra el World Trade Centre, pero ahora ya no había nada claro.

Entre que las noticias eran confusas y que apenas había podido escuchar más que palabras inconexas durante la mayor parte del camino debido a la defectuosa señal, Dara no sabía qué pensar.

Se dirigió a la entrada del complejo. Tras pasar los controles de seguridad habituales se dirigió rápidamente al ascensor. ¿Se respiraba un ambiente tenso o sólo lo estaba imaginando?

Apretó el botón del nivel con más fuerza de la necesaria. Necesitaba acercarse a su despacho, llamar a casa, conectar una televisión, lo que fuera. No quería poner un nombre a lo que temía que estaba sucediendo.

Cuando las puertas del ascensor se abrieron, no se fijó en los rostros de quienes se encontró por el camino. Con una determinación casi obsesiva se encaminó hacia su despacho.

Ana oyó abrir la puerta del despacho contiguo, pensó en Dara, podría echar un vistazo a lo que había preparado, y aportar su opinión al respecto. Salió al pasillo y vió la puerta de Dara entreabierta. Entró sin llamar.

"¿Dara?"

Ana vió a Dara con una cara que consideró *extraña*.

"¿Te pasa algo?"

Dara levantó la vista. Desde que había llegado tenía la mano sobre el auricular del teléfono sin atreverse a descolgar. No entendía muy bien porqué, quizás porque quisiera convencerse de que no pasaba nada.

"Al parecer una avioneta se ha estrellado contra el World Trade Center... Bueno, en realidad creo que han sido dos. No lo sé, lo escuchaba en la radio, pero ya sabes lo mal que se escucha en el coche a partir del campo de golf... Yo... yo quería hablar con casa..."

"Pero... ¿qué dices? no tiene sentido... ¿un accidente....un ....atentado?"A Ana no le salían las palabras, pensó en las miles de personas que había dentro de las torres, no podía ser, Dara tenía que estar equivocada.

Dara cerró los ojos al oir esas palabras. Todo lo que había pasado. La cumbre palestina suspendida. No quería pensar. Quería llamar a casa, pero no encontraba el valor de descolgar el auricular.

Ana se apresuró a encender la radio que se encontraba en una esquina de la sala.

....en estos momentos los bomberos estan haciendo todo lo que posible para detener las llamas, la policia esta acordonando la zona, se temen derrumbamientos .....

Ana miró a Dara.

"Vamos a ver si nos enteramos de más"

"Espera, Ana. Dame dos minutos. Necesito hablar con mi familia." Haciendo acopio de todo su valor, Dara levantó el auricular y marcó primero la extensión que le permitiría hablar con el exterior y después los prefijos necesarios para hablar con la casa de sus padres.

Fueron no más de tres minutos. Unas frases cortas que le permitieron saber que tanto sus padres como su hermana se encotraban bien. Suficiente. Al menos por el momento. Con la promesa de que llamaría en una hora, Dara colgó el teléfono.

Salieron al pasillo dirigiendose a la cafetería de la base, donde sin duda la gente sabría algo más, y verían en el televisor lo que estaba sucediendo.


"Vale más una imagen..."
Catherine Ford Dara Santer Ana Reyes
Capitán Catherine Ford, Antropóloga (Blanca)
Dra. Dara Santer, asirióloga (Marta)
Dra. Ana Reyes, Egiptologa (Ana)


Dara y Ana entraron en la cafetería a toda prisa, Ana levanto los ojos hacia el televisor mientras caminaba, Dara iba detras de ella, en la televisión había un reportero con una de las torres detras suyo, parecía un escenario de guerra.

Caminaba mirando al televisor cuando tropezó con algo, se oyó un estrépito, bajo los ojos para ver lo que tenía delante y vió un montón de papeles en el suelo y a la capitan Ford intentando atraparlos.

"Disculpa, Catherine" Ana se apresuró a agacharse a recoger los papeles, intentando seguir viendo con el rabillo del ojo el televisor "¿que ha pasado?, nos acabamos de enterar..."

Catherine no alzó la mirada, tratando de ordenarse a sí misma antes de encontrarse con Ana. Ni siquiera la había visto acercarse, ocupada como estaba en tratar de salir del lugar antes de seguir viendo. Había observado el segundo avión estrellarse contra la torre sur con sus propios ojos, mientras el desconcertado cronista intentaba mantener la compostura. No toleraba las imágenes repetidas de pequeños puntos que caían al vacío. Puntos que no eran más que personas que habían sucumbido a la desesperación. Carraspeó antes de contestarle a Ana, dándose por vencida de lograr levantar sus papeles de forma ordenada, esperando que su voz no pareciera el croar de una rana.

"Dos aviones de pasajeros, Ana, uno contra cada torre. Parece que otro contra el Pentágono, también... creo que con pasajeros y todo." Parpadeó antes de mirarla, aunque tenía los ojos secos, y se dio cuenta que Dara estaba allí con ellas. Ni siquiera podía llorar de la ira que sentía en ese momento, y bajó la voz. "Son unos hijos de puta..." cerró allí la oración, sin terminar de decir quién. Pero estaba segura que eso se sabía. Esas cosas, siempre, se sabían.

Sin decir más, la Capitán se volvió hacia la asirióloga. "Dara, ¿sabes algo de tu familia? Prácticamente nadie ha podido llamar a ningún lado."

Dara había mantenido la mirada fija en la pantalla. Escuchar, saber, hacerse a la idea era una cosa. Verlo era terrible. Haciendo un esfuerzo volvió el rostro a Catherine.

"He podido hablar con mi madre. Están bien."- su voz sonó con más alta y aguda de lo que pretendía.

Fijó su mirada nuevamente en la pantalla. Toda la gente que había allí. No quería dar la oportunidad a su cabeza de pensar en cuántas personas que conocía podían estar allí adentro. Cuántas veces había estado ella allí dentro. Cuántas veces había esperado a que Eric saliera de trabajar. Tantas veces.

"Creo que necesito sentarme." - Lo dijo y se acercó a la primera mesa que había libre, sin fijarse demasiado en si Ana y Catherine la seguían. También necesitaba una bofetada o un trago de algo lo suficientemente fuerte como para hacerla reaccionar, pero se abstuvo de hacer comentario alguno.

Catherine observó a Dara hasta que se sentó, y luego desvió la mirada prudentemente. Si tuviera familia en Nueva York, tampoco querría que me estuvieran observando... Sin embargo, no sabía muy bien qué mirar. Si no hubiera chocado contra Ana, seguramente estaría parada en medio del pasillo, preguntándose qué hacer, a dónde ir. ¿Habría algún lugar donde esa locura pudiera pasar a segundo plano? Si regresara a su oficina, ¿podría abstenerse de prender el televisor? ¿Se quedaría allí, sola, o regresaría en busca de compañía?

La Capitán tragó saliva y se alegró de no haber dejado el lugar. El murmullo ambiental, respetuosamente no muy alto, le permitía comprender algunos significados. Las suposiciones viajaban de un extremo al otro de la sala. Que quién había sido, que cómo, que si Clancy no lo había escrito ya... Los rumores de un cuarto avión, desaparecido, daban a los presentes aún más tela para cortar.

"Creo que yo también quiero sentarme," explicó Catherine, más para sí misma que para Ana, mientras ocupaba una silla en la misma mesa que había elegido Dara. Ciertamente, resultaba estratégicamente cómodo que fuera la más cercana.

Ana se sento con ellas, se miraba las manos y miraba a Dara de vez en cuando, se sentía fustrada y cohibida ante la espantosa situación.

De pronto se hizo un silencio en la cafetería, y todas las miradas fijas en el televisor. Con un fuerte estrépito y envuelta en una inmensa nube de humo y polvo, la torre sur se desplomó. El desarrollo de los acontecimientos era espeluznante. Ana sintió un estremecimiento. Catherine tenía la piel de gallina, incapaz de mirar hacia otro lugar e incapaz de terminar de creer lo que estaba viendo.


"Noticias inesperadas"
Madeleine Monteloup
Dra. Madeleine Monteloup Parker, Botánica (Yolanda)


Maddie acaba de llegar a casa, después de haber pasado un día de playa en soledad. Disfrutando del sol y de la buena lectura. Se duchó, dejando que el agua recorriera su cuerpo. Se puso una camisola bastante amplia de lino blanco. Se hizo un sándwich rápido y se asomó a la terraza de su casa. Desde allí se podía disfrutar de una noche estrellada y cálida. Había que reconocer que el clima de Guam la encantaba. La cálida brisa le traía buenos recuerdos. Se encontraba contemplando el hermosos cielo estrellado cuando la sobresaltó el teléfono. Rápidamente fue a descolgarlo.

"Dígame"

< Hola Maddie>

"¿Paul?"

Madeleine se quedó paralizada ante la voz que sonaba al otro lado del teléfono.

< ¿Estas ahí? >

Madeleine se recompuso lo mejor que pudo.

"Si, estoy aquí, ¿qué quieres Paul? "

< Es difícil lo que tengo que decirte. Mi hija se muere y necesita un tratamiento médico bastante caro. Yo dejé el trabajo en el laboratorio para ser profesor de ciencias en un colegio, y mi sueldo de profesor no me permite pagar ese tratamiento. Te quería pedir, si me pudieras dejar el dinero que necesito. Ya sé que moralmente no tengo derecho, pero estamos desesperados.>

Madeleine escuchó atentamente. De repente el hombre al que había querido tanto y le había roto el corazón, se cruzaba de nuevo en su vida para pedirle ayuda. Durante unos segundos no contestó, pero finalmente sopeso la situación y le respondió secamente:

" Si no te preocupes, llamaré a mi hermano Josselin por la mañana y haré que te ingresen el dinero que me diste por nuestra separación. Te daré el millón de dólares. Creo que será más que suficiente, si necesitas algo más házmelo saber a través de Josselin. ". Esperó unos instantes antes de continuar. "Y tenme al tanto de lo que ocurra. Dile a Lorraine que tiene todo mi apoyo".

Al otro lado del teléfono Paul lloraba.

< Maddie, muchas gracias, no sabes lo que acabas de hacer por mi. No sé como podré agradecértelo. Gracias, muchas gracias. >

Maddie no quería oírle llorar y colgó el teléfono.

Salió a la terraza, cayó de rodillas en el suelo y tapándose la cara con las manos comenzó a llorar sin parar. En esos momentos deseaba no estar tan sola. Corriendo fue a encender la radio, la tele, la cadena, lo encendió todo, no quería para nada oír el fuerte silencio reinante. Y siguió llorando desconsoladamente.

De repente entre todo el ruido que acontecía oyó una noticia que hizo que reaccionara. Una avioneta se acababa de estrellar contra una de las torres gemelas. Maddie apagó la radio y la cadena y se centró en la televisión. Las imágenes no eran equivocadas.

"No puede ser", exclamó en voz alta.

De repente el presentador anunció un segundo accidente, no era una avioneta, era un avión de pasajeros, un segundo avión de pasajeros.

"Cielo santo". Madeleine se sentó delante de la televisión sin poder entender lo que pasaba. En breve el presentador aseguró que habían estrellado a propósito dos aviones de pasajeros, y que se debía a un ataque terrorista. De igual modo el pentágono también había sido atacado.

"Dios mío". Madeleine contemplaba como los edificios ardían; de repente y al cabo de un rato una de las torres se vino a bajo. Más tarde caería la segunda. Las imágenes de terror se alternaban en la tele con las imágenes de los presentadores intentando comentar las noticias que llegaban. Por fin se confirmaba al mundo, había sido una ataque de terrorismo islámico.


"Caos"
Jeanne Riker
Coronel Jeanne Riker, Estado Mayor (Marta)


La mañana había empezado demasiado pronto. De hecho, no recordaba que la jornada del día anterior hubiera terminado. La ausencia del General había duplicado su trabajo, y Riker dudaba que pudiera regresar a casa en las próximas horas. Las complicaciones se habían ido acumulando y todo el mundo se volvía hacia ella buscando una solución.

Unos golpes en la puerta del despacho le hicieron levantar la cabeza del aburrido informe acerca del los últimos fenómenos meteorológicos en LC-441. Tras un seco adelante asomó el Sargento Mayor Grafton.

"¿Qué sucede ahora?". La Coronel lo dijo en un tono más abrupto del que pretendía. Con la noche que llevaba sólo le faltaba que todas las ratas del laboratorio se hubiesen escapado propagando alguna clase de extraña enfermedad por toda la base. "¿Y bien?" añadió ante el silencio de su subordinado.

"Señora, creo... creo que sería mejor que conectara la televisión." Grafton la miró con urgencia, y algo dentro de Riker se tensó como hacía tiempo que no sucedía. Estaba identificando el miedo en la voz del sargento.

Con calma, se giró hacia el mueble situado en una esquina de su depacho. Abrió la puerta para encender el aparato de televisión. Riker raramente lo usaba, ni siquiera cuando sus maratonianas jornadas las obligaban a permanecer en la base durante varios días.

En cuanto la pantalla se aclaró y se hubo alejado unos pasos, distinguió perfecamente el paisaje urbano que tenía delante. Eran una imagen aérea de Manhattan. El centro de la imagen lo ocupaba las torres gemelas del World Trade Center. Era una imagen familiar. En todo, excepto en la columna de fuego que se percibía en un lateral de uno de los edificios.

La Coronel apenas escuchaba los comentarios; sabía perfectamente que las conjeturas de los comentaristas de que había sido un accidente de una avioneta comercial no podían ser realidad. Una avioneta no podía generar esa explosión. Era algo mucho peor.

"Grafton, localice al General. Estaré en su despacho."- ordenó escuetamente, tras apagar el aparato de televisión y cerrar la puerta del mueble.

Riker salió de su depacho, sin comprobar si Grafton cumplia sus órdenes, para dirigirse hacia la sala de control del Stargate. Algunos de los que allí estaban no parecían ser conscientes de los hechos que se estaban desarrollando a miles de kilómetros, en su país. La Coronel subió después las escaleras hasta el despacho del General. Las llamadas que debía realizar prefería hacerlas desde allí.

Una vez en el despacho, se acercó al teléfono que le comunicaría directamente con el Pentágono. Necesitaba información. No, necesitaba confimación. La tuvo pasada más de una hora. La torre sur había sido sufrido otro ataque colisión y se había plomado. Lo mismo había sucedido con el Pentágono, que estaba siendo desalojado.

La base estaba en alerta máxima. Las comunicaciones restringidas. El espacio aéreo cerrado. Riker se sentía impotente en aquel bunker a varios kilómetros bajo tierra, pero no había nada más que pudiera hacer.


"Otro día más"
Irina Maine, Camarera, PNJ-Hugo


Otro día más en la vida corriente de una simple camarera, Irina se encontraba en la barra, aburrida, mirando al infinito, en el bar tan sólo había un cliente, el viejo Mike venía todos los días a emborracharse, por suerte no era muy escandaloso, bebía, se emborrachaba y se marchaba, nada más, Irina todavía no comprendía como el bar podía seguir funcionando. Su tio Karl estaba jubilado y mantenía el bar más por hobby que por sacar dinero, esto le servía a Irina para tener un trabajo, un trabajo monotono y aburrido, muchas veces soñaba con aventuras, con viajar por el mundo y visitar lugares desconocidos, pero la realidad es que continuaría en el bar hasta que muriera su tio, entonces se marcharía a trabajar a otro bar idéntico, quien sabe, seguramente incluso el viejo Mike se trasladaría con ella al nuevo bar.

Un hombre entró en el local, venía leyendo el periódico con cara de preocupación.

"Por favor, un zumo de melocotón y una madalena del día. Gracias."

El hombre no había levantado la vista del periódico, iba vestido muy elegantemente, demasiado para aquel sitio, Irina le miraba mientras le servía, qué haría allí. Le sirvió y espero. Este bajo el periódico y lo dejó en un lado, la miró y le sonrió.

"Muchas gracias." le dijo.

"No se merecen, es mi trabajo." respondió Irina.

El hombre miró a ambos lados del local viendo que estaba vació excepto por el viejo, Irina se ruborizó un poco al imaginarse en que estaría pensando el hombre.

"Bonito local, acogedor."

No era la respuesta que esperaba Irina, le pilló totalmente por sorpresa. "Eh... muchas gracias. Ojala hubiera más gente que pensase como usted."

"Yo creo que con que pusieran un cartel más llamativo, entraría más gente. A la gente le gusta los lugares acogedores e intimos donde poder desayunar tranquilos, y no esos sitios llenos de humo, gente y gritos, no hay quien se pueda comer una madalena a gusto en esas condiciones."

Irina le sonrió. "Claro." Le hecho un vistazo al periódico, no se le ocurría ningún tema de conversación, vió que en la portada había una foto de las Torres Gemelas. "Es algo horrible lo que ha ocurrido en Nueva York."

El hombre miró el periódico y luego la miró. "Ciertamente, es una tragedia, han muerto muchas personas inocentes por alguna causa estúpida. La gente no aprenderá nunca que de esta manera no se solucionan las cosas. La violencia sólo engendra violencia."

"Debío ser terrible estar allí, yo no conozco a nadie de Nueva York ¿y usted?"

"Tengo dos amigos que estaban trabajando ese día en las torres" el hombre puso un semblante un tanto sombrio. "Sé seguro que uno está en casa a salvo, pero del otro no se sabe nada, esta entre los desaparecidos, hay esperanzas que se encuentre entre los heridos y haya sobrevivido."

"Vaya, lo siento mucho."

El hombre había terminado su desayuno, así que Irina le retiró el vaso y el plato y comenzó a fregarlos con la esperanza de que no se marchara en seguida, al girarse hacia él, este se encontraba con una baraja de cartas, mezclándolas una y otra vez.

"¿Qué hace?" preguntó.

"Escoja una carta." le respondió el hombre mientras extendía la baraja por la barra.

Irina cogió una de las cartas y se la apretó contra el pecho.

"Digame una cosa, sabe de algún hotel por aquí cerca." preguntó el hombre mientras Irina sostenía la carta.

"Sí, si sigue esta misma calle recto encontrará uno en esta misma acera." por la cabeza de la muchacha se le pasó pedirle que se quedará en su casa, evidentemente, no le dijo nada.

"Gracias. Me devuelve mi corazón."

"¿Cómo?" Irina parecía turbada, qué había querido decir con eso.

"La carta. El as de corazones." el hombre señaló la carta con el dedo, Irina la miró y efectivamente se trataba de dicha carta, el hombre la recogió y la guardó con el resto mientras se dirigía a la puerta.

"¿Cómo lo ha hecho?"

"Magia."

Irina miró como se marchaba, le había dejado una muy buena propina. Su tío siempre decía que los clientes eran como cacahuetes y ellos como elefantes, los cacahutes venían y ellos los pelaban, una vez vistos por dentro se los comían, a veces habían cacahuetes buenos y otros amargos, desde luego aquel cacahuete era de los buenos, y definitivamente, su tio era muy malo haciendo metaforas.


"Sin rumbo"
Ana Reyes
Dra. Ana Reyes, Egiptóloga (Ana)


El extraño silencio que se notaba en la base impedía a Ana trabajar, tampoco quería encender la radio ni ir a ver la televisión, la última vez que había visto las horribles imágenes la congoja que le producían le había provocado una discreta retirada a su habitación para soltar allí unas cuantas lágrimas.

Se sentía furiosa y triste a la vez, y no podía hacer nada más que esperar a ver el desarrollo de los acontecimientos, había observado las medidas especiales de la alerta máxima en la base. La tristeza y la tensión se palpaba en el ambiente.

Salió de su despacho al pasillo, necesitaba hablar con alguien, quien fuera, pero tampoco quería ir muy lejos, echó a andar hasta llegar a los ascensores, sin rumbo fijo, pasó al lado de uno de los marines de guardia, el marine la miró. Ana pensó que debía parecerle extraño ver a alguien pasear por dentro de la base, pero le daba igual lo que pensara, entonces el marine se dirigió a donde ella estaba.

"¿Necesita algo, doctora?" le preguntó a Ana.- "No, solo estoy moviéndome un poco por aquí...." En cuanto lo dijo pensó lo tonta que había sonado su respuesta.

"Comprendo" dijo el Marine. Aunque Ana no tenía muy claro qué demonios tenía que comprender el marine, si ella misma no entendía que estaba haciendo paseando por la base.- "Bueno....ehh, adiós" le dijo al marine y girándose tomó rumbo de vuelta al despacho.

El marine se quedó allí en su puesto observando irse a la doctora.


Fecha real: 11-10-2004
 

Stargate: Alianza es un juego de rol por e-mail, basado en la serie de televisión Stargate SG-1.
Stargate, Stargate SG-1 y Stargate Atlantis son propiedad de MGM-UA Worldwide Television, Showtime,
Gekko Film Corp., Glassner/Wright Double Secret Productions y Stargate SG-I Prod. Ltd. Partnership.