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Crisis: 3

"Un cuaderno de dibujo y una taza de chocolate"
Madeleine Monteloup
Dra. Madeleine Monteloup Parker (Yolanda)


Nada más salir por la puerta Catherine, Madeleine se quedó pensativa. Apenas disponía de dos días para preparar la * excursioncita * a través del Stargate. Tenía mucho que preparar.

Por otra parte, la preocupación de la Capitán por la presencia de Holmes indicaba algo más que seguramente se sabría a su debido tiempo. Las últimas palabras de ella fueron suficientes para que dejara de insistir en el tema. Pero ya avisada y sabiendo que estaba por la base, se cuidaría mucho de encontrarse con él por los pasillos. Por lo que decidió quedarse a tomar un chocolate en el laboratorio pese a que quería ir a relajarse a la cafetería. Aunque sus compañeros se habían ido y la habían invitado, decidió no acompañarlos para evitar malos encuentros. No le importaba quedarse sola, lo hacía muchas veces.

Había conseguido que la dejaran después de mucho insistir, en un pequeño rincón del laboratorio en donde había colocado una mesa, sobre la cual había varios estantes repletos de libros y anotaciones. Debajo de los estantes y frente a ella, un tablero de corcho en donde había multitud de notas sujetas con chinchetas, y algunas fotos tomadas en varios planetas, en donde se mostraban especies vegetales muy interesantes de otros mundos similares a la Tierra. También se podía ver claramente una foto en la que se encontraba con su hermano Will y su sobrina. Justo debajo de ella, casi escondida se encontraba una foto de Andrew con ella en el jardín de los naranjos en Versalles. Y al lado una foto de ella con Chip, en la que se encuentra recostados sobre una palmera en actitud claramente cariñosa.

En la parte derecha de la mesa formando escuadra con la pared, había colgados unos cuantos dibujos a carboncillo de la planta del cacao y sus tres variedades. Y junto a ellas unas cuantas semillas enmarcadas del mismo. Ese era su micromundo dentro del laboratorio. Aspiraba a tener su propio despacho algún día, o alguna habitación en donde poner todas sus cosas, incluidas sus colecciones de libros sobre plantas que en breve llegarían a Guam, y que le servirían en sus investigaciones. Sus viejos libros que tan buenos y amargos recuerdos le traían.

Había conseguido el chocolate que le gustaba tanto, y podía preparar a su antojo cuanto quisiera en el mismo laboratorio sin necesidad de salir durante horas. Esto por supuesto lo había hecho a propósito para poder investigar durante horas sin necesidad de salir. El chocolate se lo habían traído desde Suiza (concretamente de Vevey) junto al lago Leman en donde se encontraba situada Cailler, la primera casa chocolatera de Europa. Lo había conseguido a través del sargento de intendencia en un campeonato de billar, en realidad fue muy sencillo.

Se sentó en el suelo junto a su rincón del laboratorio, de manera que no se la viera mucho, con su taza de chocolate apoyada en la silla y su viejo cuaderno de dibujo apoyado en sus piernas. Y mientras se bebía a sorbitos el chocolate caliente fue pasando sus hojas, en él tenía no solamente dibujos de sus compañeros, sino también de las primeras muestras tomadas en su primera salida por el Stargate. Pasando las hojas de su cuaderno, se dibujó un sonrisa al pararse en el rostro de su sobrina, Paulette, hija de su hermano Will. Era una mulata preciosa. Estaba muy orgullosa de ella, siempre llevaba su bloc consigo para tenerla un poquito cerca.

Abrió el cuaderno por el principio, para poder ver lo que había dibujado desde su primera andadura a través del Stargate. Vió los dibujos que había hecho de sus compañeros, allí estaban todos (incluidos todos los que había le hecho a Chip), la verdad es que le extrañaba mucho. Madeleine se metió la mano en el bolsillo para sacar la bola que Chip le regaló y que siempre llevaba con ella. La sacó del cajón de su escritorio. Apretó el botón oculto, y la dejó sobre el escritorio. Acto seguido le salieron unas patitas y se abrió por la mitad, comenzando a sonar el Murmullo de la Fuente de la Primavera de Vivaldi. Comenzaron a girar las florecillas que había dentro alrededor de un pequeño lago. Era una de sus creaciones, pues Chip siempre estaba haciendo cosas con todo los materiales que pillaba por la base. Se lo regaló cuando le anunció su partida hacia Nueva York. Todavía se emocionaba cada vez que la llamaba. Pues aunque había pasado cierto tiempo, siempre estaba en contacto con ella.

Siguió pasando las hojas del cuaderno hasta pararse en el dibujo del doctor Holmes. No sabía muy bien porque aún lo llevaba, quizás porque sirvió de base para hacerse una diana que tenía colgada en su habitación con la cara de Holmes. Si se acertaba en la nariz, obtenías 1000 puntos. Aún recordaba aquella salida que la desquiciaba. Con lo orgullosa que era ella, y qué fácil había doblegado su orgullo, en el fondo eso era lo que no podía soportar.

Se tomó otro sorbito de chocolate calentito, mientras pasaba página para ver un dibujo de su casa junto a la playa, un lugar cercano a Pago Bay, junto a la playa, salvaje y encantador, del cual se enamoró nada más verlo. Se encontraba al final de la calle de un pequeñísimo pueblo costero, formado por apenas tres o cuatro casas. Era una casa construida después de la Segunda Guerra Mundial como lugar de vacaciones. Ahora era todo lo que poseía en el mundo. Su otra casa la había vendido para darle el dinero Paul y que este pudiera salvar a su hija la cual padecía una enfermedad tan terrible como es el cáncer. Todo se lo había dado a Paul, y no se arrepentía por ello. Ella siempre había estado acostumbrada a una vida fácil, y ahora era el momento de demostrarse así misma que podía valerse sin la ayuda del cheque de papá. No tenía nada más que aquella casa, la cual ella misma había restaurado y arreglado. Aún le quedaban por terminar algunas cosas, y tenía a medio pintar alguna habitación. Lo hacía en sus ratos libres y era su mejor terapia para relajarse. Pronto traerían algunas cosas de su antigua casa que no había vendido, sobre todo algunos muebles y enseres personales. Llegarían al día siguiente, esperaba al menos llegar a tiempo para recibir al camión de mudanzas.


"¿En qué piensan los hombres? (Cuando piensan)"
Raymond DeLorence
Sargento Marine Raymond DeLorence (PNJ-David M.)


"Samuel L. Jackson es una nena" El sargento acompañó su aseveración con un manotazo, proporcional al tamaño de la gigantesca extremidad, que hizo saltar levemente las bandejas y vasos sobre ella. "Richard Roundtree sí que era un tipo duro de verdad. Al ritmo que va, Jackson, se pasará la vida haciendo de monje benedictino galáctico." Pocos de los marines de la sala, y menos aún los de su mesa, estaban dispuestos a discutir con él por su más que archiconocida vehemencia.

"Un tipo duro es alguien como... ¿Os acordáis del jugador aquel grande... El tipo negro que es defensor de los Cuervos de Baltimore...?"

Un marine veterano rubio sentado frente a él conocido como "Piojo" Daniels intentó dar con el nombre sin mucho acierto.

"No, joder, ¡ni de coña! Es como si me respondes Mohamed Alí... Piojo, no te has acercado ni en el tono de negro..."

Raymond se interrumpió de repente. En la mesa más cercana justo a su espalda, un novato de primer año etiquetado como Reynolds acababa de hacer un comentario, que pretendía ser algún tipo de elogio con fuerte carga sexual, sobre la anatomía de una de las oficiales de la USAF.

El tono del sargento retumbo en la sala: "¡Reynolds! Como se le ocurra volver a decir o pensar algo semejantemente irrespetuoso sobre cualquiera de sus oficiales, le impondré tal castigo que no tardará en suplicarme llorando de rodillas que le deje morir en una habitación cerrada llena de asquerosas y hambrientas serpientes alienígenas."

El sargento DeLorence no había oído a quién se refería concretamente, y prefería que fuera así. Si no probablemente no habría podido estar frente a ella sin recordar dicho comentario con el peligro que suponía. Aunque, bien pensado, ahora era aún peor porque intentaría encajar dicho comentario en todas con las que se encontrara.

Raymond no necesitaba darse la vuelta para saber que al silencio general le acompañaba la cara pálida y asustada del novato mientras su frente se perlaba de un sudor fruto del pánico. Sin duda, no tardaría mucho en poner a funcionar sus neuronas. Comenzaría a sonreír y abriría la boca con un comentario agudo, simpático y socarrón que quitara peso a la embarazosa situación.

"Y tampoco se le ocurra nada sobre las civiles. Estúpido borrico de Texas." Rugió el suboficial a modo de puntilla. Nadie podría echarle nunca en cara que no conociera hasta el mínimo detalle de todo el personal a su cargo.

Mientras Reynolds hacia esfuerzos para no atragantarse con el aire, que dispuesto a proyectar sus palabras, se había quedado apresado en su garganta. Las conversaciones fueron volviendo a comenzar y el comedor retornó a su animada vida habitual.

(to be continued?)


"Conversando"
Madeleine Monteloup Ana Reyes
Dra. Madeleine Monteloup Parker, Bióloga-Botánica-Zoóloga (Yolanda)
Dra. Ana Reyes, Egiptóloga (Ana)


El pasillo se hallaba silencioso, Ana salió de su despacho, había revisado muchas veces la información sobre la nueva salida, las imágenes obtenidas del planeta la habían hecho pensar, pero sin llegar a ninguna conclusión, había animales y plantas, lo que le había conducido a consultar y memorizar todo lo relacionado con los animales y las plantas en la antigüedad, aunque a lo mejor no le era útil al menos había pasado el tiempo ocupada.

El marine del pasillo la miró mientras ella pasaba rápidamente de largo. Quería olvidar el sueño que había tenido, pero tener al marine *de sus sueños* allí todos los días le impedía olvidarlo.

Se dirigió al despacho de Madeleine y llamó a la puerta.

Madeleine se sobresaltó al oír que llamaban a la puerta. Y contestó -Un momento por favor.

Madeleine se levantó a carreras del suelo guardó la cajita de música en un cajón, cerró el cuaderno y se sentó rápidamente. -Adelante - casi gritó. Esperaba que no fuera Holmes, no se sentía preparada para nada ante ese encuentro. Miró de reojo quien entraba por la puerta, haciendo como que tomaba notas sobre un papel. Al entrar Ana por la puerta, se relajó.

- Hola, Madeleine, ¿cómo vas?

- Hola Ana, pasa, pasa. Estaba tomando unas notas de las últimos grabados que me han llegado. ¿Te apetece un café, un chocolate...?

- ¿café? Sí, gracias.

- Pues acércate, ven. - Madeleine se levantó y se dirigió hacia donde estaba la cafetera al otro extremo del laboratorio. Y preparó, una taza de café, que ofreció a la doctora. Ana lo cogió y tomó un pequeño sorbo.

- He estado repasando históricamente el significado de las plantas y los anímales, pero en fin, vete a saber a donde nos llevará todo eso.... ¿has pensado lo que se puede descubrir ? Si se han captado estas imágenes en esa zona seguro que habrá mas.- Empezó Ana comentando.

-Pues por lo que se, es un planeta desértico, en algún lugar de su pasado estuvo habitado y quizás era casi una selva. Algunos grabados muestran imágenes de plantas y animales que sólo podían haber vivido en lugares muy verdes. Hay hasta una variedad de la planta de la coca, muy interesante, porque es la especie primigenia de la que hay en ciertas zonas de Perú y Colombia, pero algo mayor debido a las condiciones climáticas, y con pequeñas variaciones debidas seguramente a su entorno. Pero.... eso se queda en el pasado, hasta que no vayamos allí y descubramos que pasó no sabremos nada más. ¿Has encontrado alguna imagen que te llamara poderosamente la atención?

-En realidad todas me llaman la atención. -Ana miró los grabados mientras hablaba. - Podrían llevar ahí miles de años, aunque se vea paraje desértico pudo haber un cambio climático, a lo mejor esa civilización emigró a otra zona del planeta, o se extinguió, los grabados llevan a pensar que se dedicarían a la ganadería y a la agricultura, o que la naturaleza era importante en su forma de vida.

- Si eso es lo que parece, una vida bastante sencilla. Pero ¿qué ocasionó su destrucción?, ¿se descuidaron tanto hasta el punto de destruir esa naturaleza que aparentemente amaban?. Me temo que quizás fueron destruidos. Y si hubo supervivientes quizás a estas alturas sean esclavos de los Goa´ulds o de vaya uno a saber quien.

Madeleine suspirando continuó.

- Espero al menos que no tenga que ver con esos malditos, no me gustaría encontrarme con ninguno. Pero debo reconocer que nuestra * pequeña excursión *, me atrae muchísimo. Siento mucha curiosidad por saber que nos encontraremos. Aunque la verdad siempre siento lo mismo cuando vamos a salir. ¿A ti no te pasa lo mismo?, ¿no sientes ese hormigueo por el cuerpo ante lo inesperado?.

Ana sonrió ante la pregunta de Madeleine, ¿hormigueo?, mas bien se sentía sobreexcitada.

- Algo así, sí. Yo no lo llamaría hormigueo. No se si nos tenemos que hacer muchas ilusiones, Madeleine, yo con tener unas ruinas que estudiar me doy por satisfecha. Aunque cada vez que atravesamos el Stargate no sabemos lo que puede pasar, ese es el riesgo que corremos.

Madeleine devolvió la sonrisa. Daba gusto saber que al menos en el equipo iría también la doctora Reyes, compensaba las * malas compañías *. Una persona como ella en el equipo la permitiría poder compartir conocimientos y tener a alguien con quien conversar que tuviera dos dedos de frente. ¿Quién más iría de * excursión *?. Era una pregunta que se hacía últimamente, dado que había participado en varios equipos cada salida suponía para ella une nueva aventura. Al menos esperaba que este equipo fuera el último y el definitivo.


"Filtros"
Andrew McBride-Smith
Subteniente Andrew McBride-Smith, Oficial de Inteligencia y Comunicaciones (David M.)
Mayor Leonard Valiant, Oficial en Jefe de Int+Com (PNJ - David M.)


El simpático trotecillo que le caracterizaba fue detenido en seco cuando el Subteniente McBride-Smith se encontró de frente con su inmediato superior el Mayor Valiant. Andrew más por costumbre que por creerlo necesario se cuadró y se dispuso a levantar su brazo derecho para saludar, el movimiento de la mano de su superior le anunció que evitara ese engorroso tratamiento. Valiant era uno de los oficiales más tímidos y sencillos de la USAF y probablemente el que más de la base. La cara del mayor era una mezcla de sorpresa y disgusto, parecía estar dándole vueltas a algo en su cabeza y por fin lo convirtió en ondas sonoras:

"Subteniente, ¿se puede saber por qué corre por la base?" El Mayor no hacía mucho que conocía al oficial de la Navy, y aunque sus referencias eran impecables tenía algunos problemillas con él por su adicción al trabajo y su hiperactividad. Actualmente pese a ser el que llevaba menos tiempo destinado era el oficial que tenía más proyectos a su cargo, un total de seis, y de lo más variados. Valiant no se lo hubiera permitido a nadie con anterioridad, tenía un límite máximo de 3 o 4, pero el joven había demostrado sus capacidades con los ocho anteriores que había finalizado en tiempo récord con una eficiencia loable. Además parecía que le era más fácil trabajar si tenía diferentes tareas en las que repartir su tiempo. Era sociable y caía bastante bien a sus compañeros que difícilmente seguían su ritmo, aunque había demostrado que podría trabajar en equipo mientras tuviera una carga de trabajo suficiente para dar ventaja al resto de sus colaboradores. Increíblemente le encantaba el papeleo y solía ser la alegría de las oficinas y talleres siempre de un lado para otro bromeando y animado. Leonard lo miró fijamente y no pudo evitar compartir la tenue sonrisa que se entreveía en sus finos labios.

Andrew respondió rápidamente, no era la primera vez que le hacía esa misma pregunta y siempre era capaz de encontrar una nueva y ocurrente respuesta. Conocía de sobra al Mayor, más por referencias que por trato, como para saber que era un hombre serio pero con un excelente humor. Sabía que apreciaría una bromilla siempre que no fuera ninguna falta de respeto y que era alguien con cuyo apoyo contaba, al que además apreciaba y respetaba profundamente como superior. "Buenos días, Mayor Valiant. En realidad..." Empezó a bajar ligeramente el tono de voz simulando que susurraba. "...lo hago para intentar sorprender a cualquier reetou o goa'uld invisible que se cuele en la sala de datos." Por su tono parecía que acaba de compartir un importante secreto con su superior.

El mayor no pudo evitar aumentar su sonrisa, sobretodo al notar la mirada suspicaz de uno de los marines que guardaban la puerta de la sala de datos al verlos cuchichear sin saber de que iba el tema. El mayor decidió seguirle el juego al oficial mientras lo acompañaba, frenando de este modo el paso del subteniente, en dirección a la puerta de uno de sus habituales lugares de trabajo. "¿En serio?" Intentó que su tono sonara más sorprendido que divertido, aunque con poco éxito.

Andrew no pudo evitar encogerse de hombros mientras alzaba las manos casi en gesto de rendición mientras declaraba sinceramente: "No, pero mierdo menos tiempo en los trayectos. Así aprovecho más el tiempo y hago algo de ejercicio." Acabó su confesión su ya disminuida panza, como si fuera un fiel reflejo de los beneficios que predicaba. Si el mayor lo hubiera conocido antes de entrar en la UIC hubiera comprendido mejor el gesto y sopesado toda la gracia de esa afirmación.

Cuando el subteniente fue a buscar su tarjeta de identificación el mayor se le adelantó y paso la suya, mientras intentaba convencer a los marines de que no era necesario su marcial saludo. Sabía que era una causa perdida, pero su humildad no le podía dejar de perseguirla día tras día. Sabía por algunos amigos que tenía en el Estado Mayor que los militares de la Navy eran menos dados a todas esas costumbres que tanto le disgustaban, pero era imposible quitar esa rigidez de los duros y estoicos marines.

Con un gesto de su superior Andrew fue invitado a entrar y mientras atravesaba el umbral comenzó a pensar que información debería sopesar hoy y que proyecto era el que requería con más urgencia su peregrina atención. Desde detrás Leonard le observaba a sabiendas que era testigo del arranque de su tarea, como quién está presenciando el principio de una carrera con impaciencia y cierta emoción latente.

(Everyday)


"Logística de opinión"
Raymond DeLorence Catherine Ford
Sargento Marine Raymond DeLorence (PNJ-David M.)
Capitán Catherine Ford, Antropóloga (Blanca)


La Capitán Ford había salido del ascensor para tomar el camino más largo; por detrás del muro ciego tras el que se hallaba el Stargate, cruzando por el medio de la enfermería, el pasillo secundario de ingreso a la Sala del Stargate hasta el fondo, donde se hallaba en ese momento. En el otro extremo, cerrada, podía vislumbrar la puerta del despacho de la Coronel Riker. Tomó aire, y caminó casualmente hacia su oficina, donde cerró la puerta tras de sí apenas entrar.

Dirigió una mirada rápida al reloj, verificando que había llegado con apenas segundos de diferencia con el visitante que esperaba; el único hombre del Comando que, de no conocerlo, la haría cambiarse de vereda con urgencia si lo viera caminando por la calle. Apenas si alcanzó a llegar a su escritorio cuando dos contundentes golpes de nudillos, que más parecían destinados a derribar la puerta que a anunciar una inminente llegada, la interrumpieron. Catherine se sentó mientras contestaba con un simple "Adelante, Sargento".

La puerta se abrió ligera y suavemente unos escasos centímetros, como si cediera al ataque por sorpresa. Un potente chorro de voz la atravesó como un asesino que se infiltra sutil y sigilo para asestar una certera y mortal puñalada: "Con el permiso de usted, Capitán Ford" Era una voz grave, ronca y algo rasposa con un divertido acento que arrastraba las erres y jugueteaba con las ese convirtiéndolas casi en un silbido.

Con un empellón la puerta fue abierta, aunque una firme mano de aparente sólida y rugosa madera color nogal la detenía en un ágil movimiento antes de golpear la pared. Con un paso marcial, sincronizado con el movimiento de su brazo izquierdo, el sargento de los marines se introdujo en la habitación. Con el siguiente paso la puerta encajó en el dintel, de una forma rápida y sorprendentemente silenciosa. Parecía una entrada largo tiempo ensayada, lo seguro es que no era la primera vez. Las distancias estaban tan exactamente medidas que la puerta no había pasado a más de un par de escasos centímetros de su espalda.

"Me han informado que habia solicitado usted de mi presencia. A sus órdenes siempre, Capitán" Concluyó firme, con aire serio pero con una sonrisa socarrona. La expresión de la cara del sargento se borró de una forma tan repentina como su entrada. Una estatua inmutable sustituyó su lugar dentro del pulcro uniforme de camuflaje selvático a la espera de las palabras de la oficial.

"Le han informado bien, DeLorence," le respondió ella, deteniéndose a examinar por un instante aquellas facciones que parecían talladas en nefrita. Finalmente, se inclinó apenas hacia adelante con un seguro ademán. "Por favor, tome asiento." Dadas las circunstancias, prefería tenerlo a su altura y en una posición más relajada, especialmente dadas las novedades que tendría que compartir con él.

Raymond se sentó. Mientras, pensaba que ya era bastante malo recibir órdenes de los "mosquitos" de la USAF, como para que encima la mitad del elenco femenino de la oficialidad fueran féminas. Menos mal que el retiro estaba cerca y era el mejor destino que había tenido en años. Seguramente no era peor que estar casado y les sentaba mucho mejor el uniforme (y no digamos los trajes civiles en los permisos) que los otros cientos de chiquillos con aires de grandeza que había tenido que aguantar en su vida en El Cuerpo. Además habían demostrado que las hembras eran más eficientes y daba más importancia a cuestiones como la habitabilidad o el estado de ánimo de la tropa, que con los achaques de los años habían cobrado gran importancia para él.

"Ya debe saber que el Comando vuelve a la actividad en dos días," comenzó la Capitán, apoyando los codos sobre el escritorio y entrelazando los dedos de sus manos elegantemente. El sargento hizo un leve gesto de asentimiento aunque en realidad no estaba muy al día con las misiones extrabase. "Puede consultar mayores detalles más tarde, pero espero poder compartir la información más relevante en este momento." Incapaz de permanecer sentada tanto tiempo, Catherine se puso de pie y se dirigió al botellón de agua. "¿Puedo ofrecerle algo para tomar? Aunque no tengo más que agua," sonrió de lado mientras llenaba su vaso.

"No, gracias Capitán. Lo siento, pero acabo de tomar un leve refrigerio aprovechando un descanso." Respondió lo más cortesmente que le permitían sus rudos ademanes militares y adelantando levemente una mano con la palma extendida en señal de parada.

Ford asintió, y vació su vaso de tres tragos antes de continuar; el café que había tomado antes le había dado sed. "El destino es un planeta bastante poco interesante, perfecto para un paseo inofensivo que mantenga entretenida a la mayor cantidad de personas posible durante un par de días. La mayoría del personal serán civiles, incluyendo alguna visita de fuera del Comando, y que estaremos -me incluyo- extasiados de felicidad al cavar pocitos, tomar muestras, desacomodar las piedras y sacar fotos. Lo que significa que necesitamos quien esté a cargo de seguridad y logística... y ahí entran usted y sus chicos, aunque imagino que hace rato se dio cuenta."

"Disculpe Capitán mi atrevimiento, ¿puede dirigirme a usted con total franqueza?" Cualquier que escuchara estas palabras, esperaría justo después de la confirmación una terrible retahila de insultos de esas que le caracterízaban con sus subordinados.

Los ojos de Catherine se cerraron por un instante, al escuchar aquellas palabras. Las esperaba; el problema era que no sabía exactamente lo que vendría después. Sabía que en algún momento llegaría cierto comentario, tan sólo no cuándo. Al menos se había preparado mentalmente para él, por lo que asintió mientras respondía con un "Por supuesto, Sargento" que seguramente no sonaba del todo convencido.

"¿Cómo de poco peligroso es el planeta?" El sargento DeLorence esperó un momento como si consultara su archivo mental, uno que Catherine aprendía a temer a medida que más contacto tenía con él. "Antes de ir a ningún lado me gustaría saber que datos se tienen y como se han obtenido. Si mal no recuerdo existen informes de planetas aparentemente pacíficos que no han revelado su peligrosidad hasta, incluso, varios meses después. Y habiendo sido analizados a fondo por los mejores expertos disponibles." Raymond hizo un patente esfuerzo en no parecer impertinente aunque si se evaluaba su tono reprobatorio parecía que no había tenido mucho éxito.

"Sargento, cualquiera diría que tiene serias discrepancias con la forma de llevar adelante este Proyecto," comentó la Capitan, sin evitar que las comisuras de sus labios se curvaran hacia arriba, en un gesto que demostraba que no se trataba de una reprimenda.

"Usted sabe que sí." Dijo él, casi en un susurro bromista intentando no interrumpir a la oficial. De todos era sabido las incoherentes ideas de Raymond de invadir mundos usando la puerta como plataforma. Las típicas ocurrencias estúpidas que podrían llegar a ser realidad de dejar a los marines el control del comando.

Ella volvió a su asiento, para encontrarse con la mirada del hombre a la misma altura. "Poco peligroso en cuanto a que ni MALP ni UAV han detectado ningún signo de ocupación," apoyó las palmas de sus manos sobre el escritorio, "no existen peligros climáticos ni geográficos aparentes, y los sensores no detectaron ninguna amenaza conocida contra nuestra salud. Así de poco peligroso es... o mucho."

Catherine despegó las palmas, apenas lo suficiente para tamborilear suavemente con los dedos sobre la pulcra superficie antes de inclinarse hacia atrás y apoyar su espalda contra el respaldo de su silla. "Lo usual, Sargento," finalizó, observándolo unos instantes, considerando cuán ofensivo sería preguntarle si deseaba recomendar a uno de sus pares para tomar su lugar.

El sargento sonrió mostrando unos fuertes dientes aparentemente labrados sobre marfil que destacaban sobre su oscuro rostro. "Si es lo usual me deja usted mucho más tranquilo." Una pequeña risilla socarrona escapó del fondo de su garganta. "¿Se tratará de una mera misión de cuidar niños o hay que dar buena impresión ante algún político o alto mandatario?" Al considerar que se estaba tomando muchas confianzas decidió suavizarlo con unas buenas y verídicas excusas "Es que los ánimos de la tropa están por los suelos después de los sucesos de los últimos días. Será difícil evitar problemas con toda esta tensión, sobretodo si se sienten observados."

La cara de circunstancias de Catherine debió actualizar al sargento antes que sus palabras. Ése era el tema que había estado temiendo, sin embargo, ya frente a él, le resultaba mucho más fácil tratarlo. "Fundamentalmente, cuidar niños. Pero como pronto la noticia va a correr por la base, no tengo problemas en informarle oficialmente que el Segundo Comando está siendo evaluado con el" omitió 'supuesto' "objetivo de mejorar su desenvolvimiento. Aún no media resolución de nuestros superiores en contra, así que en lo que a nosotros respecta, será como si no estuvieran allí." Odiaba la posición en la que se encontraba, pero hasta no mediar un plan de acción concreto, no tenía más remedio. "Nosotros hacemos nuestro trabajo, ellos el suyo."

DeLorence sopesó los comentarios de su oficial. No pudo evitar recordar el desafortunado incidente con Reynolds. Sacudió la cabeza para intentar expulsarlas, pero no fue capaz, durante un rato evitó mirar a Ford. "Tal vez podríamos seleccionar a un grupo de los más capaces, además me consta que hay varios de los más veteranos que agradecen la oportunidad de las salidas al campo. Estar esperando a que algo salga de la puerta en cada activación puede llegar a ser verdaderamente frustrante." Raymond reunió el valor para mirar a los ojos casi negros de la hermosa mujer de York. "Usted dígame cuantos necesita y en menos de una hora los tendrán en formación frente a la puerta si es necesario." Imprimió a sus palabras la suficiente convicción como para hacer creíble que podría reunir un gran ejército invencible en unos minutos.

Ford le sonrió. Para tener una cara que daba miedo, una actitud y un lenguaje que había tenido ocasión de 'disfrutar' durante algún entrenamiento, DeLorence tenía un corazón de oro. "Eso puede esperar hasta pasado mañana, a las ocho. Creo que con..." realizó un cálculo rápido, considerando la cantidad de civiles que participarían de la excursión más algún otro 'colado' que seguramente sería añadido a último minuto, antes de decidir un número. "Quince serán suficientes. Sin embargo, si desea llevar a alguien más, lo dejo a su criterio. Toda la información del planeta está disponible para que los ponga al tanto. ¿De acuerdo?"

"Completamente, mi Capitán. Si no ordena nada más." Raymond hizo el ademán de levantarse mientras esperaba la orden de retirarse, algo en la mirada de la oficial le hacia sentirse incómodo. Tal vez no fuera su mirada, si no la posibilidad que que pudiera leer sus actuales pensamientos.

Las cejas de Catherine se contrajeron ligeramente, como si la suma de los distintos aspectos del lenguaje corporal del Sargento no terminara de dar el número correcto. Sin embargo, el gesto fue pasajero, mientras asentía con la cabeza y lo invitaba hacia la puerta con un gracioso ademán. "Gracias por todo, DeLorence. Puede retirarse."

(Just beginning)


"Nuevo destino"
James Lebau George Hammond
Dr. James Lebau, Diplomático economista (Hugo)
General George Hammond, OC Comando Stargate (PNJ-Blanca)


Tras varias horas de viaje, había tenido que pasar tres días por la ciudad debido al atentado, la base se había encontrado en alerta máxima y no se permitía entrar o salir a nadie, pero por fin James llegó a la base. Le costó casi una hora pasar todos los controles de seguridad, pero finalmente estaba allí, después de que tantos años atrás hubiera oído hablar del proyecto, por fin, se encontraba en las instalaciones del proyector Stargate, bajo miles de toneladas de tierra.

James fue conducido a través de los túneles, pasadizos y ascensores, hasta llegar a la base *habitable*, las plantas donde se encontraba el personal de investigación, los despachos y el famoso stargate. El sargento le condujo marcialmente hasta el despacho del general Hammond, James miró su reloj, puntual como siempre. Hacía unos días que había recibido un mensaje del general para que fuera a verle a la base y ahora allí se encontraba. Tras darle su nombre a la secretaria esta llamó al general para avisarle de la visita, con un gesto dió paso a que James entrara. Este abrió la puerta para encontrarse al general levantándose para saludarle.

"General, me alegro de verle de nuevo. No sé levante por favor." James le dió la mano.

A medio incorporarse, apoyándose fundamentalmente sobre el escritorio con la mano izquierda y en una posición poco grácil para un hombre de su contextura, Hammond se las ingenió para estrechar con firmeza la mano de Lebau sin perder dignidad. "Me alegra recibirlo finalmente en la base, Doctor. Por favor, siéntese."

"¿Qué tal se encuentra general? ¿Y sus nietas? Deben de estar ya enormes."

Hammond asintió, marcando un punto en el aire con su mano derecha. "La más pequeña ya está así de alta," sonrió, evidentemente orgulloso, perdiendo durante ese instante la solemnidad de su cargo para convertirse en un simple abuelo. "Y así de alta es también la montaña de travesuras que pueden hacer en sólo una hora," finalizó, ampliando la sonrisa, aunque luego bajó la vista hacia la -pequeña en comparación- montaña de carpetas de tapas rojas que adornaban su escritorio.

James no pudo hacer otra cosa que sonreir al ver la cara del general, o mejor dicho de *el abuelo*, una leve imagen paso por su cabeza, fugaz, donde el se econtraba muchos años en el futuro con dos jovencitas jugando a sus pies, no dejó que estas imagenes se pudieran notar en ningún gesto de su casa, demasiadas partidas a poker y conversaciones diplomáticas le daban la experienciea.

Hacía cinco años Hammond había ofrecido a Lebau sus condolencias, y ciertamente no podía corresponder con una pregunta de las mismas características. Decidió, entonces, comenzar a abordar *el* tema de su encuentro, aunque fuera por una tangente.

"¿Cómo le sienta el nuevo trabajo, Doctor?"

"Pues si le soy sincero no lo sé. Todavía es demasiado pronto para poder tener formada una opinión muy clara al respecto. Aunque hay muchas cosas que no me terminan de quedar claras. General, ya que vamos directos al grano. ¿Por qué desean cerrar el segundo comando y la unidad de instrucciones? Cuando hable con usted hace años el proyecto parecía viable. He leido los informes preliminares, me resulta una maniobra política de lo más extraña."

James se recostó en el asiento esperando la respuesta, Hammond y James se habían conocido en la Casa Blanca hacía ya ocho años y no terminaba de enterlo, por eso estaba allí antes de lo que debería, a James le gustaba trabajar sobre seguro, teniendo el máximo de puntos aclarados y estaba seguro de que el general no era partidario de cerrar los otros grupos.

"Desde mi punto de vista, no es la viabilidad lo que está en discusión, Doctor," contestó el General, mirándolo a los ojos. "Sin embargo, no es la primera vez que esto se discute, y sabemos muy bien que no será la última." Sacudió la cabeza, ese tema siempre sería la espina en su costado. "Las presiones de distintos grupos de intereses son muy fuertes, y aunque aparenta que todos tuvieran el mismo objetivo, las estrategias para lograrlo no están basadas en el mismo código de ética." Esa mención le parecía importante. Lebau había demostrado que la suya no era muy diferente de la propia, por lo que al menos sabía que en ese nivel estaban de acuerdo.

"Me preocupan las repercusiones que pueden sucederse," continuó Hammond. "Si se cerrara el Segundo Comando, Doctor, la Unidad de Instrucción o ambos, perderíamos una ventaja táctica para nada despreciable, sin contar con que existe la posibilidad que el Stargate fuera requerido de regreso o que su uso posterior -porque no dudo que existan ya planes para ello- pusiera en peligro las relaciones con nuestros aliados. Como sabe, ya pasamos por esa experiencia." Suspiró, aunque más que suspiro se oyó como un suave bufido. "En cualquier caso, no estaremos sino dando pasos hacia atrás."

"Comprendo general, estoy seguro que desde que se descubrió el Stargate ha sido un pastel deseado por todos: CIA, NSA, NID, otras facciones del ejercito. La USAF ha demostrado hasta ahora funcionar bien, de la manera correcta. Pero siempre habrá gente que quiera resultados más rápidos sin importar los costes o por encima de quien se haya de pasar." James se rascó la barbilla pensativo. "Si se cerrase el Segundo Comando pasaría a manos de alguno de estos grupos, dudo mucho que fuera a las fuerzas terrestes, por ejemplo, eso sería más fácil con una orden directa del presidente. Pero si se envía un grupo *neutral* y se demuestra que la USAF no está haciendo las cosas correctamente, que dos Stargates, tres si contamos la unidad de instrucción son demasiado, sería fácil que cambiara de manos."

"Además, siempre ha habido mucha discrepancia al hecho de que fueran militares los que tuvieran el poder absoluto del proyecto." James miró al general "Si he de serle sincero a mi tampoco me hacía excesiva gracia, pero el tiempo me ha demostrado que usted siempre ha obrado como debía general y temo que al mando de otra persona las cosas no fueran así." James comenzó a tambolirear los dedos sobre su pierna, hablaba en voz alta lanzando sus pensamientos al aire. "Siempre he odiado que se juegue de esta manera, no se si realmente el segundo comando o la unidad de instrucción funcionan como deberían, pero es la excusa perfecta."

Hammond asintió con la cabeza, pausadamente, sopesando nuevamente todas las variables que conocía, coyo resumen Lebau había realizado con eficaz precisión. Lanzó la pregunta parsimoniosamente, a sabiendas de que ello no la haría menos directa.

"¿Cuán *neutral* es el grupo, Doctor?"

"Esa es un pregunta muy delicada General. Como en buena partida de poker los jugadores permanecen siempre con las caras inexpresivas. A ciencia cierta no sabría decirle, no conozco en exceso a *El Grupo* pero si he tenido contactos con el Doctor Holmes, un hombre eficiente, pero sus metodos se asemejan más a los del NID o la CIA que a los *nuestros*. Ello no indica nada, por supuesto, son meras divagaciones." James se rasco la barbilla y se inclinó un poco hacia delante. "Pero digame General. ¿A quién contrataría usted si estuviera en la misma situación? ¿A alguien que usará unos metodos parecidos a los suyos o a alguien que utilizara unos metodos totalmente opuestos?" de nuevo volvió a reposar la espalda sobre el asiento y subió los hombros en un claro y viejo gesto que indicaba *a mi no me preguntes* "Esta claro que yo no sé nada, ni he oído nada, sólo son conjeturas que quizá se vean influenciadas por hechos del pasado... o quiza no."

El General sonrió. Había aprendido a tomarse las cosas con calma mucho antes de estar a la cabeza del Proyecto. "Indudablemente, su pregunta se responde sola, Doctor. Precisamente por eso lo mandé llamar antes que llegaran sus compañeros." Tomó un poco de aire y entrelazó los dedos de las manos. "No me cierran los números: cinco personas en la Montaña Cheyenne y tan sólo una en Guam, cuando es el destino de Guam el que está en juego..." frunció los labios y meneó la cabeza en clara señal de desaprobación en cuanto al criterio con el que se estaba manejando todo el asunto.

"Así que, yendo al grano, las cabezas del Proyecto queremos tenerlo a usted también en Guam. Si se ponen de acuerdo con el Dr. Holmes, elaborarán un solo informe. Si no, cada uno puede elaborar el propio. Si bien no espero milagros, me gustaría, como mínimo, equilibrar la balanza." Rió por lo bajo. "Nuestro servicio de traslado es incomparable, como bien podrá imaginarse..."

James sonrió "Estoy seguro que su servició de traslado es el más rápido y eficiente General. Y entonces cuando dice que sale el autobús." James aún amplió más su sonrisa. "Será un terrible dolor de cabeza trabajar codo a codo junto al Dr.Holmes, no lo pongo en duda, pero será un placer ayudarle en todo lo posible General."

"Le estaremos muy agradecidos por la molestia, Doctor. En cuanto a su salida," hizo un amplio ademán para separar sus manos y observar la hora del de su muñeca, ignorando el reloj de pared perfectamente a la vista de Lebau, "lo espero a las 5 pm. Con la diferencia horaria, llegará justo a tiempo para desayunar."

James se levantó para estrechar la mano del General y despedirse. "Perfecto, no hay nada como un buen desayuno militar para empezar el día."


"Empieza lo bueno"
James Lebau
Doctor James Lebau, Diplomático, Hugo.


La rampa se encontraba frente a James, los soldados apostados a los lados, como tantas veces habían hecho, a pesar de la repetición una y otra vez de la maniobra estaban atentos, eran profesionales, siguiendo la rampa con la mirada se veía el circulo metálico, por qué era metálico ¿no? En unos minutos aquel aro comenzaría a girar con un característico sonido, luego tras completar la serie de símbolos y haber *marcado*, una explosión de energía azul, como si de una extraña ola que se resistiera a cumplir con las normas físicas se abalanzaría hacia él para luego volver a *caer* al aro.

Entonces el pequeño lago de agua reflectante esperaría, impasible, James subiría la rampa y se zambulliría para ser desintegrado en millones de particulas, sonaba peligroso, pero no lo era, o así se pensaba, siempre y cuando el otro lado estuviera abierto y no obstruido. En nanosegundos James se encontraría al otro lado, sin haberse dado cuenta de nada, sin sentir nada, excepto un ligero mareo y quizá y ocasionalmente un poco de nauseas. Millones de quilómetros recogidos en menos de un parpadeo. Quién pudiera tener uno en casa.

James había leido el informe cientos de veces, aún así, no podía evitar los nervios, a su espalda pudo oir al sargento hablando por los altavoces, "Conexión establecida, buen viaje."

Cerró los ojos hizó un pequeño gesto para despedirse *del planeta* y comenzó a subir la rampa. Ahora, empezaba lo bueno.


"Receta para un desastre"
Catherine Ford Jonathan Holmes
Capitán Catherine Ford, Antropóloga (Blanca)
Dr. Jonathan Holmes, Asesor gubernamental (Jonathan)


Las mañanas tenían ese... aire a mañana, fuera en una casa, un campamento, la playa, la montaña, e incluso dentro de una. Para Catherine, todo sonaba como si estuviera envuelto en una manta. Todo también se veía borroso, pero eso seguramente era porque aún tenía sueño. La base apenas estaba despertando, notó, retribuyendo saludos mientras caminaba por los pasillos del último nivel, con una sonrisa en los labios y su bolso colgando descuidadamente del hombro.

Abrió la puerta de su oficina, para comprobar que allí, también, olía a mañana. Usualmente no se detenía en esas consideraciones y se dirigía hacia la cafetera, pero aún estaba rota. Ni siquiera había vuelto a llenar el formulario para pedir que la arreglaran, se había descompuesto el mismo día que...

La sonrisa se desvaneció de sus labios. Dejó caer el bolso al lado de su escritorio para dejarse caer ella, a continuación, sobre la silla. No podía dejar gracias por haber cancelado el entrenamiento de esa mañana, a pesar de que el motivo no terminara de agradarle, realmente consideraba que no tenía por qué servir de anfitriona para ningún compañero de Jonathan, por excelentes referencias que el hombre trajera.

Mientras realizaba esas consideraciones, se encontró abriendo la gaveta superior del escritorio, aunque no recordaba haber sacado la llave de su bolsillo para hacerlo. En algún momento se enteraría qué había en el interior de la pequeña caja que le había dado Holmes, pero no estaba segura que fuera ése. Tampoco podía determinar qué momento sería ése... por algún motivo, prefería mantenerla cerrada.

Holmes seguía repitiendo la conversación mantenida con el General hacía pocos minutos, normalmente le encantaban las discusiones, y nunca dejaba de entrar en una,... o de terminarla de cualquier manera.

Empezó a caminar sin rumbo, y cojeando cada vez más por una base que ya conocía demasiado bien, mientras pensaba en los alumnos que le habían puesto el mote de Tellerand - Si vieran como camino ahora,...y lo que estoy haciendo, seguro que tendría que darles la razón -, . Cuando se dio cuenta, se encontraba en el pasillo de la oficina de la capitana Ford, metió las manos en los bolsillos y se dio la vuelta, un paso después su celebro emitió una orden rabiosa, volvió a girarse, recorrió rápidamente la distancia que lo separaba de la puerta, la abrió sin llamar y la cerro tras de si. Ford estaba sentada en su mesa, al verla por un instante le falló la decisión, pero fue sólo un instante "Cat, tenemos que hablar"

La súbita entrada de Holmes la sobresaltó. Catherine sintió algo trabado en la garganta, como la vez que la atraparon mientras trepaba la cerca de pequeña, cuando se suponía que debía estar practicando sus primeras multiplicaciones. Cerró la gaveta sin desviar la mirada de su visitante, los latidos de su corazón acelerados y esperando que no se le notara tanto el aire de culpabilidad como en aquella oportunidad, hacía tanto tiempo.

Esperaba encontrarlo, pero no de esa forma, quizá más tarde... La había tomado desprevenida y en esa oportunidad, al contrario que la mañana anterior, no se sentía cómoda. La situación no se lo permitía. Tragó saliva.

"Hablar... ¿oficialmente...?"

"No, si quisiera eso... ya te enviaría un memorando". Holmes volvió a sonreir. "Se que no te puedo obligar a quedarte *en tierra* en este viaje, eres tan tozuda como yo, ...y que no puedo sentarte detrás de una mesa. No se como voy a conseguirlo, pero conseguiré que parte de este personal sea reasignado a Cheyenne, sólo quería que lo supieras".

Volvió a girarse para salir, y antes de llegar a la puerta añadió, "Viene uno de los miembros de mi equipo, te caerá bien, es todo un idealista y no un pragmático como yo, quieren dar a los militares un poco de esperanza... aunque... bueno ya sabes como es esto. Voy a llenar mi cuerpo con un poco más de cafeina, ...si luego quieres hablar, ya sabes donde encontrarme."

"Podemos hablar ahora," consiguió decir la Capitán antes que la mano de Jonathan tocara el picaporte. "A menos que estés demasiado ocupado firmando el certificado de defunción de esta parte del Proyecto, o reasignando a su personal." Enfatizó ligeramente las últimas cuatro palabras, a sabiendas que ello no debía, no podía ser parte de ninguna influencia que él pudiera tener. No sabía si estaba indignada, furiosa o simplemente desilusionada. Ciertamente, una situación como aquélla era lo que menos se le había cruzado por la cabeza. No con él, al menos. Desde que se conocieran en la Unidad de Instrucción, el reencuentro fortuito durante la fiesta de inauguración del presidente a fin de enero y las otras oportunidades, donde el azar había estado lejos de ser la causa, jamás... "Pero si estás ocupado..." Dejó la frase abierta, cambiando de idea acerca de continuar la conversación. Si su intención había sido lanzar la bomba y huír, bien por él.

Holmes volvió a mirarla, había tenido una semana bastante cargada y sin dormir, la negociación en aquel planeta que salió mal, la comisión, el volver a verla en estas circustancias... sabía que no era el mejor momento, pero no tenía ganas de aplazarlo. Se apoyó en la puerta.

"La verdad es que no quiero fallarte, uno de los motivos por los que estoy aquí es por ti, no quiero que pierdas tus sueños, que te aparten de algo que significa tanto para ti, por eso te ofrecí ese puesto, y por eso... bueno variaré ciertos puntos en el informe, te has convertido en alguien muy importante,... sólo quería que lo supieras".

Catherine se quedó observándolo, seria y casi inexpresivamente, en la posición que estaba al retarlo, prácticamente, a enfrentarla. Tenía que reconocer que lo había hecho bastante bien. Las palabras correctas, en uno de los lugares menos indicados que pudiera imaginarse, por no decir en el peor momento posible. Se suponía que le dijera algo así en un ambiente iluminado por tan sólo el reflejo de la luna... quizás algunas velas... "...y se suponía que a esa altura de los acontecimientos yo debía estar medio borracha, también..."

Parpadeó, dándose cuenta que lo último se le había escapado en voz alta. Suprimió el deseo de retirar lo dicho mientras se ponía de pie y caminaba alrededor de su escritorio. Una vez que comenzaba a tocar la orquesta, bien podía bailar. "De todos modos, no estamos hablando de eso." Se paró frente a Jonathan, a una distancia que consideró bastante segura como para evitar el contacto directo, pero accesible para perderse en sus ojos. "Si no quieres fallarme... no nos mezcles en esto." Hizo una pausa, tan corta como un suspiro. "Y podrías, también, tenerme un poco de fe. No necesito salvador... y tampoco quiero uno."

Holmes empezó a sonreir, "Vaya, cuando me convierto en un autentico caballero rechazan mi ofrecimiento", dio un paso hacia ella "No creo que pueda evitar el querer cuidarte, aunque tenga toda la fe del mundo en ti". El siguiente paso fue fácil, se encontró besándola, después la miró a los ojos y para romper la tensión en un momento en el que no sabían como responderían, añadió "Ya sabes, si me necesitas silba, ...estaré cuando me necesites". Y empezó a caminar hacia la puerta.

Catherine le permitió desprenderse de ella, saboreando aún el cálido aliento, con sabor a café, en su boca, lo necesario para terminar de despertar esa absurda mañana. La distancia, ciertamente, no había sido lo suficientemente segura. Habría sido inteligente mantener algún mueble entre ellos. "Espero no volver a verte hasta mañana, a las ocho, en la Sala del Stargate. Con el equipo completo," alcanzó a indicarle, mientras sonreía. Tenía ganas de reír, y también podía sentir la urgencia de desesperar, esperando a que su corazón volviera a colocarse en su lugar habitual.

Holmes salío al pasillo, pero antes de cerrar la puerta miró a Catherine y con su mejor acento escocés le comentó "Si, * Patrón* a sus ordenes, a las ocho con todo el equipo". Cerró con suavidad, y siguió camino a la cafetería - Bueno ahora intentemos poner en orden, algunas ideas, ...aunque va a ser difícil -


"El visitante"
Madeleine Monteloup
Dra. Madeleine Monteloup Parker - Bióloga - Botánica - Zoóloga (Yolanda)


(17:00)

Eran las 5 de la tarde y llegaba casi por los pelos a su casa. Allí se encontraba ya el camión de la mudanza, debía de haber llegado hacía un buen rato, pues los transportistas se encontraban apoyados en la vaya de la entrada de la casa claramente cansados de esperar. Había salido de la base casi a hurtadillas para evitar encontrarse con Holmes, y lo había conseguido. Cuanto más retardara el encuentro mejor para ella.

Catherine le había concedido la tarde libre para poder instalar el mobiliario. Pero tendría que terminar de preparar todo para la salida al día siguiente. Pero no le importaba, pues estaba acostumbrada a trabajar duramente y a contrarreloj. Últimamente y desde que Chip se marchó se dedicaba casi exclusivamente al trabajo, empezaba a convertirse de nuevo en una obsesión.

Se disculpó ante los transportistas por la tardanza, y durante las dos horas siguientes se dedicó a marear a estos hasta que consiguió que le colocaran los muebles donde quería. Finalmente descargaron el resto de las cajas y después de una buena propina les despidió. Decidió abrir las cajas de los libros y dejar el resto para cuando regresara de la misión. La primera caja que abrió le recordó mucho a Paul, pues aún tenían impregnados los libros el olor a su antigua casa. Los fue colocando en las estanterías clasificándolos mientras. Cuando hubo acabado con ellos, decidió que ya era muy tarde. Se preparó un sándwich de pollo rápido y se sentó en las escaleras del porche de su casa con la cabeza apoyada en una de las columnas de madera. Mientras contemplaba el cielo no dejaba de pensar en lo cerca que se encontraba de él.

Contemplando tan hermoso cielo, llamó como hacía siempre a su hermano para anunciarle que se marchaba de viaje como casi siempre en su secreto trabajo, y que tardaría en comunicarse con él. Y como siempre el tan comprensivo nunca la preguntaba por el mismo. Después llamó a Chip con el cual si podía hacer referencias a la misión sin nombrarla pues ambos sabían de que iba el asunto. Aún se encontraba en Nueva York, para él era una nueva a ventura. Pensaba llamar también a Andrew, pero no estaba segura en donde podría encontrarle.

Finalmente dejó el plato sobre las escaleras y el móvil, y se fue acercando a la playa atravesando el jardín que separa la casa de la playa. Siguió acercándose por el camino de piedra que le seguía hasta que este terminó y sintió la arena bajo sus pies. Se quitó la ropa y se sumergió en el mar. Durante unos segundos permaneció con la cabeza bajo el agua. Ese silencio la encantaba. Terminó por sacar la cabeza fuera del agua y se dejó flotar sobre las tranquilas aguas mientras contemplaba el hermosos cielo estrellado el cual cada día le era más cercano.

Después de un rato salió del agua. Recogió su ropa por el camino y entró en la casa. Se disponía a subir por las escaleras, cuando un olor a tabaco penetro por su respingona nariz, miró hacia ambos lados y descubrió que olor provenía del humo que sobresalía de uno de los sofás. Apretó la ropa con una mano contra su cuerpo mojado intentando taparse lo mejor posible y con la otra disimuladamente cogió el abrecartas que había junto al teléfono, y se acercó sigilosamente hacia el individuo preparada para cualquier ataque. En ese momento la persona que se encontraba allí se levantó del sillón y se situó frente de ella.

- Tienes una bonita casa, Maddie. Comentó él mientras se acercaba a ella y le quitaba el abrecartas de la mano.

- Esto no lo vas a necesitar, dijo enseñándole el abrecartas.

Madeleine, tan solo le respondió:

- Tendré que cambiar la cerradura. Se dio la vuelta y subió a su cuarto, se puso un albornoz y bajó descalza las escaleras de nuevo hasta el salón.

- ¿Y qué mórbidas y oscuras intenciones te han traído por Guam?.

El visitante se acercó hacia ella sonriendo.

- Tú me has traido.

Se miraron a los ojos, los de él eran fríos y burlones y los de ella chispeaban de ira.


(9:00 de la mañana del día siguiente)

Llevaba ya desde las 7 de la mañana en la base preparándolo todo para la salida al día siguiente. El trabajo era lo único que en esos momentos la confortaba. La visita la noche anterior no había sido nada agradable y le había dejado mal sabor de boca. Tan solo le faltaba encontrarse con Holmes para completar el feo cuadro.

Se levantó de su silla y fue a servirse una taza de chocolate caliente. Cómo hacía Harry Potter después de encontrarse con un dementor, siempre se tomaba chocolate para reconfortar no solo el cuerpo sino el alma. Casi no podía coger la jarra de chocolate, aún le dolían los brazos, y tenía unos cuantos moratones que tardarían un tiempo en desaparecer. El dolor de cabeza y de su cuerpo le indicaban que el efecto de los calmantes estaba pasando. Pero el tiempo como siempre curaría las heridas. Su mecanismo de defensa había reaccionado bastante bien olvidando temporalmente lo acontecido horas antes. Pero ahora con el dolor empezaba a recordar vagamente algo. Al menos con el maquillaje no se notaban los moratones del cuello y la mandíbula. Tendría que pasar por la enfermería para que la dieran otros calmantes.

- Madeleine, llamó uno de los doctores que trabajaban con ella. ¿Puede decirme si este es el cultivo adecuado a la preparación que nos recomendó?

Madeleine se sobresaltó ante la pregunta y la sacó de su ensimismamiento, pero reaccionó rápidamente con una sonrisa mientras contestaba al doctor. Con el trabajo evitaría recordar otras cosas.

- Por supuesto, aunque seguramente sea el adecuado. Me fío de usted. El último cultivo que preparó para la última misión fue todo un éxito.

- Me va a sonrojar doctora, sonrió tímidamente el joven doctor.

Por lo menos nadie parecía haberse dado cuenta de los moratones que tenía y no tendría que responder a preguntas inoportunas.


"La llegada"
James Lebau Catherine Ford
Doctor James Lebau, Diplómatico, Hugo
Capitán Catherine Ford, Antropóloga, Blanca


¿El General? De reunión con otros Generales, junto con nada más y nada menos que el Comandante en Jefe de la Flota del Pacífico. ¿La Coronel? Por todo lo que sabía, estaba con el General. Catherine no podía dejar de pensar que lo habían hecho a propósito, aunque la lógica dictaminara que los tiempos de ningún Comandante en Jefe eran dictados por...

Todo podía, seguramente, reducirse a la suerte (toda ella, buena y mala) que la perseguía desde hacía pocas horas. No podía sino esperar a dejar de tenerla. Al sonido de activación del Stargate se le sumó otro, más fuerte, de las sirenas que anunciaban una llamada entrante. Corrió fuera de su oficina, maldiciendo por lo bajo al haberse demorado sin un motivo justificado, como no fuera presenciar un argumento entre lógica e intuición dentro de su propia cabeza. Tomó la curva del pasillo a la carrera, pasó la entrada principal de la Sala de Control y se deslizó los últimos dos metros, para frenar frente a la puerta de la Sala del Stargate y tras el último marine que corría a tomar su lugar.

Con los segundos contados, acomodó un mechón de su cabello, estiró la camisa del uniforme (que tampoco podía haberse arrugado mucho en la hora y media que la llevaba puesta), y entró en la Sala con el paso más digno que pudo falsificar, justo en el instante en el que se iluminaba gracias a la activación exitosa del Stargate. Observó el cierre del iris, mientras los protocolos habituales tomaban efecto.

Como si su aliento no estuviera apenas acelerado, Ford miró al Sargento Ritter, atento a su ordenador y protegido tras el grueso cristal. Si bien no articuló palabra, su lenguaje corporal era más que obvio; estaba esperando la confirmación del origen de la visita. Se imaginaba que la Mayor Harlan debía sentirse más o menos así cada vez que se activaba el Stargate en la Unidad de Instrucción. Aunque sabía quién llamaba, nunca existía la total seguridad...

Finalmente, el ordenador de Ritter confirmó la señal de radio proveniente del otro lado, y lo anunció por el altavoz. Catherine autorizó la apertura del iris, preguntándose qué pasaría si no hubiera nadie que los autorizara. ¿Se atreverían a abrirlo solos? ¿O esperarían a escuchar el ruido de golpe que, según sabía, era todo lo que quedaba de quien cruzara con el iris cerrado, antes de reaccionar? Se sonrió de lado, mientras avanzaba hacia la base de la rampa para recibir al invitado.

Tras cruzar el iris James se notó totalmente desorientado, el hecho de pensar que su cuerpo hubiera sido descompuesto en millones de partículas para recomponerse a millones de quilómetros no ayudaba en absoluto. A pesar de ello mantuvo el temple y como si no hubiera ocurrido nada continuó con la misma velocidad y seguridad con la que había cruzado el stargate.

Con miradas rápidas analizó el lugar, excepto por el hecho de que las caras de los allí presentes erán distintas de los que les había despedido, casi podría haber jurado que se encontraba de nuevo en la misma base. El principal hecho que le negaba esta sugerencia era el encontrar en frente suyo a una mujer militar, capitán por lo que pudo ver en las insignias de su hombro, lo que más le llamo de ella, como probablemente le pasaba a todos las personas con las que se topara eran sus ojos, definitivamente aquella mujer no se parecía en nada al General Hammond.

James se dirigió hacia la mujer que allí le esperaba mientras observaba como los soldados le seguían con las miras de las armas, como si un sólo hombre pudiera conquistar toda la base el sólo... por lo menos un solo hombre humano.

Catherine extendió su mano derecha para estrechar la del recién llegado cuando se acercó lo suficiente como para tomarla. El corazón se le había estrechado un poquito mientras el hombre bajaba por la rampa, mientras se preguntaba por enésima vez, qué hacía allí ella, y no cualquier otro. Ni sus gestos ni su voz, en cambio, reflejaron el conflicto interno que tenía todo que ver con ese hombre y, al mismo tiempo, absolutamente nada.

"Doctor Lebau, bienvenido a Guam, soy la Capitán Ford," le sonrió formalmente mientras el Stargate se desactivaba y los marines bajaban las armas. Declinó hacer algún comentario sobre su primer viaje por el extraordinario instrumento alienígena, aunque cualquiera que no abriera la boca y babeara en esa circunstancia había, según ella, aprobado el examen. Aparentar que no había pasado nada, una muy buena nota.

"Encantado Capitán." Fue la escueta respuesta de James esperando ver cómo transcurría la situación y actuar según las circunstancias.

"Entiendo que el General estará de regreso en una hora, mientras tanto se me encomendó recibirlo..." Comenzó a caminar, junto a él, hacia la salida. El hombre pareció leer claramente su intención antes de dar el primer paso, ya que comenzó a caminar en el mismo instante que ella. Un buen lector del lenguaje corporal, notó Catherine, pero claro, no era de extrañarse dados sus antecedentes. "No porque no haya nadie de más rango que pueda hacerlo," ¡mentirosa!, se regañó, mientras ampliaba su sonrisa, "sino porque tendrá oportunidad de realizar otro viaje mañana por la mañana, y estoy a cargo de esa pequeña expedición. Resulta de lo más oportuno que podamos presentarnos desde su llegada, ¿verdad?" Se detuvo apenas llegados al corredor, pero no le dio oportunidad de responder. "¿Qué prefiere hacer primero?" continuó, en tono perfectamente casual. "¿Desempacar, realizar la visita guiada de rigor, o...?" Dejó el final abierto, esperando que el (ahora podía notar que nada, nada mal) diplomático tomara su decisión.

James miró su mochila y el pequeño maletín que llevaba. "Me bastará con una taquilla donde dejar la mochila, el maletín viene a ser como un apéndice más de mi cuerpo. Y si no le importa, si que me gustaría esa pequeña excursión después de dejar la bolsa, aunque si prefiere dejar algún sargento a cargo de esto, no pasaría nada, comprendo que deba estar muy ocupada preparándo la salida." su mirada recorrió a la capitana, para ser militar, se le notaba la experiencia recibiendo personal, además de un trato protocolaría muy adecuado, era extraño sólo un rango de capitán actuaba como si de mayor rango se tratara.

"De lo que sí me gustaría que me hablara mientras me acompaña hasta la taquilla o el lugar donde dejar la bolsa, es de la excursión, en que consistirá. Tengo ganas de ver a sus hombres en funcionamiento, había oído hablar de ellos hace varios años pero nunca habia tenido la oportunidad de verlo por mis propios ojos."

James se rascó la barbilla distraidamente. "Oh, y que no se me olvide, tras el recorrido turístico, me harían un favor si me pudieran indicar donde encontrar al doctor Holmes. Tenemos muchas cosas de las que hablar."

La actuación perfecta llegó a su fin, notó Catherine mientras sentía que la que calificaba como su absolutamente maravillosa sonrisa sufría algunos cambios, como algún pequeño tirón en las comisuras de los labios. Decidió, también, no intentar ni ocultarlo ni explicarlo: conociendo las nociones básicas que la mayoría de la gente tenía del asesor, tenía amplias posibilidades que aquél gesto involuntario se confundiera con lo mismo que para el común de los mortales.

James pudo fijarse en el gesto, años de jugar a poker y tratar con diplomáticos había hecho que se fijará en los más pequeños gestos que podían a llegar a delatar estrategias enteras. Creyó conveniente no hacer ningún comentario, y guardar como una nota mental el hecho por si más adelante le fuera necesario utilizarlo.

"Los detalles gruesos de la salida ya están listos, Doctor," dijo Catherine, mientras lo conducía hacia el ascensor más cercano. "Para los finos, tengo el resto del día. Vamos a comenzar por su habitación; queda en el piso de arriba, puede dejar lo que desee allí y luego continuamos." Llegados al ascensor, pulsó el llamador y se giró hacia él mientras esperaban que se abrieran las puertas. "¿Le dieron el curso de armas en el SGC?"

"Me temo que no Capitán, mi estancia en el SGC fue más bien breve y nunca hubo la necesidad de ello." respondió simplemente James.

"Muy comprensible," concedió ella. "Al terminar la visita y entregarle el equipo que va a necesitar lo pondré en contacto con el Teniente Robertson, no tomará más de una hora y prefiero que todos los que cruzan la puerta conmigo sean capaces, mínimamente, de manejar un arma." Las puertas del ascensor se deslizaron silenciosamente a los lados, y ambos entraron. La Capitán pulsó el botón que los llevaría al nivel 18 superior. "Luego de eso, le entregarán la Beretta. Puede mantenerla en la taquilla que está en su habitación, como verá, no vamos armados por los pasillos." Se encogió apenas de hombros mientras el ascensor comenzaba a moverse. "Bueno, no nosotros," se explicó, refiriéndose claramente a los marines que montaban guardia en los extremos de cada pasillo.

James la miró de soslayo y con un leve suspiro claramente fingido respondió. "Si no hay más remedio. Nunca he sido amante de las armas, más bien todo lo contrario, comprendo que puedan ser necesarias en casos extremos, pero sencillamente, prefiero que sean los que saben usarlas quien lo haga. Pero si es extrictamente necesario, así lo haré."

"No es obligatorio, pero... nunca sabemos qué nos espera allá afuera. Le agradezco que no se niegue a ello." Catherine había entrado en régimen de nuevo, así que abordó la última parte de lo que consideraba no podía dejar de mencionar en ese momento sin que fuera muy evidente la omisión. "En cuanto al Doctor Holmes, podemos buscarlo. Aunque si no tiene apuro, seguramente lo encontrará al mediodía en el comedor, está en este mismo nivel," explicó casualmente mientras terminaban el corto viaje y abandonaban el ascensor. "Por aquí, por favor," dio ese tema por finalizado. "Creo que no me olvidé de nada... excepto del lugar a donde vamos, ¿verdad?"

James sonrió a Catherine complicemente. "Así es capitán... es lo único que falta por contarme."

"El planeta donde iremos es..." Catherine le lanzó una mirada de soslayo, casi riendo. "Interesante, o aburridísimo. Espero que después comparta sus conclusiones conmigo, Doctor."

"Mmm, eso es todo lo qué puede decirme. Esta bien, me gustan las sorpresas, nunca he salido del planeta, seguro que será interesante por muy aburrido que sea el paisaje." James volvió a mirar a la capitán y le sonrió ampliamente. "Y no se preocupe por mis conclusiones, no son justamente estas las que debería temer."

No, claro que no, coincidió la Capitán para sus adentros. Se demoró algo más de diez pasos en encontrar los ojos negros de Lebau, con cara de circunstancias. "En realidad, el paisaje es..." tomó un instante para encontrar la palabra adecuada, "arrobador." Se detuvo, y señaló la puerta que tenía a su izquierda. "Llegamos, Doctor. Lo espero aquí, y luego le mostraré más del planeta que visitaremos en la Sala de Conferencias. Será nuestra segunda parada."


Fecha real: 18-12-2004
 

Stargate: Alianza es un juego de rol por e-mail, basado en la serie de televisión Stargate SG-1.
Stargate, Stargate SG-1 y Stargate Atlantis son propiedad de MGM-UA Worldwide Television, Showtime,
Gekko Film Corp., Glassner/Wright Double Secret Productions y Stargate SG-I Prod. Ltd. Partnership.