Archivo de misiones
Crisis: 6
"Confesiones"
Dr. Jonathan Holmes, Asesor gubernamental (Jonathan)
Capitán Catherine Ford, Antropóloga (Blanca)
Holmes, había aprendido en su vida que cuando quieres hacer algo y que los que te rodean no se enteren, tenías que actuar con la máxima naturalidad, había entrado en embajadas, campamentos, desiertos, selvas, edificios oficiales... y por una extraña razón, ahora se ponía nervioso por... tomar un café.
El local era bastante tranquilo, y escogieron una mesa, lo suficientemente visible para que no pareciera que ocultaban nada, pero lo suficientemente alejada para que no escucharan su conversación. Una charla que empezó con titubeos, como si ninguno supiera que decir, o como expresarse. Un par de cervezas, ya algunos chistes, más tarde, empezó a contar todo lo que tenía que decirle, poco a poco, como si de una gran ola se tratase, quería que supiese todo, le dolería, que todo acabase antes de casi empezar, pero prefería que lo conociera.
Empezó sin mencionar fechas ni nombres, y casi sin describir lugares, le habló de entrevistas en la selva, de seguir caravanas en el desierto, del frío de las ciudades del norte de Europa, de los despachos del gobierno... Cada vez se acercaba más a situaciones difíciles.
Le comentó las decisiones tomadas, en las que tenía que anteponer el bien común al individual, "...cuantas vidas valen muchas vidas". Dió vueltas y más vueltas a la conversación, mirando cómo reaccionaba, para llegar a aquella noche en Bosnia.
Catherine escuchaba, interesada y curiosa, como había aprendido a escuchar desde pequeña. Intercalaba preguntas que Jonathan respondía con paciencia. Podía sentir cómo el hombre sentado frente a ella se tensaba de a poco, como si estuviera afinando las cuerdas de una guitarra que hace mucho se halla en su funda. Podía simpatizar con muchas de sus experiencias, y asentir en perfecta sintonía contrastando su propia experiencia con la de él.
Sin embargo, llegado el momento que le pareció el adecuado, colocó su mano de forma horizontal sobre la mesa, impidiendo que el camarero apoyara sobre ella las dos nuevas botellas de cerveza para reemplazar el último par que habían vaciado. Pronunció, entonces, la palabra mágica, seguida de las otras dos que, supuestamente, tenían algo de magia también.
"Vodka, por favor."
Holmes levantó una ceja - Bueno si jugamos en las grandes ligas, que sea bateando los dos a la vez- "Para mí, Jack Daniels."
Esperó a que sirvieran sus copas, y comenzó su relato, una parte de su vida que estaba nominada como clasificada en todos los informes, un momento por el que perdió a su mejor amiga, tras atender ésta a uno de los miembros de los SAS que le acompañaba,... una noche que marcaría el resto de su vida, y de sus acciones desde entonces, saliendo en solitario o con el gurka que, al contrario del resto de los miembros de las fuerzas especiales, no lo temía.
Esperó a ver su reacción y se lamentó de no tener más alcohol en el cuerpo.
Ella, en consonacia, no podía sino desear haber pedido la botella completa.
Había vaciado el trago a mitad de la historia, y el camarero aún no había vuelto a acercarse. Apoyó los codos sobre la mesa, y sus ojos, cerrados, contra la palma de sus manos. Bajó la cabeza, despacio, como masajeando sus párpados, su frente, hasta llegar finalmente a la raíz de sus cabellos. Recién entonces abrió los ojos, contemplando el afilado borde de la mesa, y sus piernas envueltas en suave denim celeste.
"Dios mío..." En voz baja, acababa de decir las palabras que habían deseado aflorar desde que Jonathan le relatara apenas la introducción de aquella última historia. No tenía ganas de llorar, de eso estaba segura. Tampoco podía simplemente abrazarlo, ni tomar su mano, ni decirle que lo entendía y que todo estaría bien. Ni él parecía esperarlo, ni ella creía que fuera eso lo que necesitaba.
¿Qué habría hecho en esa situación, en su lugar?
Estaba convencida que no se habría quedado con los brazos cruzados, tampoco, pero llegar a tales extremos... Sin embargo, no había estado allí, no lo había vivido, y el hecho de que aún no hubiera tomado ninguna vida con sus propias manos no quería decir que no lo haría. Por definición, sabía que llegaría el momento. Se preparaba mentalmente para ello en cada entrenamiento, en cada reunión, antes de cada salida. Sin embargo, hasta que no sucediera, no podía más que alzar la vista, encontrar sus ojos, y no saber de qué se trataba. ¿Cómo una persona podía llegar a...?
Debía estar loca, pero en toda la historia aparentaba prevalecer un tortuoso sentido de justicia. De la peor clase. "¿Nunca...?" Sentía la boca seca, sin embargo volvió a comenzar. "¿Nunca recordaste nada?"
Holmes vació su vaso, la miró a los ojos, donde intentaba perderse, y no seguir mostrando ese negro lado de su vida. "Con claridad, ...no, recuerdo los gritos de aquella gente antes de que llegaramos, algunas ordenes antes del ataque, y luego...imagenes sueltas, parecía que todos se movieran a camara lenta. La cara de Morlok atacandome con el martillo que empleaba, un brazo intentando agarrar a uno de mis compañeros... y después mirar a mi alrededor, ver la cara con la que todos me miraban, y tener agarrada de mi mano la cabeza de aquel asesino. Las siguientes dos horas cuando nos lanzamos sobre la persona que dio las ordenes, son más claras, y fue cuando empecé a escuchar mi apodo por primera vez."
Paró su relato un instante, mientras el camarero servía otra ronda, una pausa que necesitaba para poner un par de ideas en su cabeza, todavía no podía notar si la había perdido, pero por lo menos era la persona que mejor lo conocía en estos momentos, y eso ya era mucho para él.
"Esta historia tiene un final anexo, tardé seis meses en encontrar al Comandante que había ordenado que no siguieramos protegiendo el convoy de refugiados, que... * estaría bien, bajo la protección de tropas regulares *, lo trasladaron a las oficinas en Bélgica, en una de las misiones de reconocimiento, mi compañero y yo, ...bueno pasamos por su casa y le dejamos claro un par de cosas, y ningún hueso sano."
"Bueno esa es mi parte más... digamos que eso es lo que me separa de todo, y lo que me asusta, es que no tengo remordimientos, que puedo dormir. Bueno y si ahora te quieres salir corriendo, lo entenderé, pero" sonrió mientras la volvía a mirar a los ojos "termina la copa, por los ...viejos tiempos y los viejos soldados."
Catherine alzó la medida, automáticamente. La vació del mismo modo, antes de cerrar los ojos con fuerza, y que sendas lágrimas se escaparan, sin que siquiera intentara justificarlas por lo fuerte del vodka. Demoró en abrirlos de nuevo, para buscar la hora en su reloj. Aún tenían tiempo. No iba a usarlo preguntándole por qué no estaba preso: conocía lo suficiente de su familia como para saber que las influencias del abuelo no se detenían en las fronteras del Reino Unido.
Podía justificarlo... hasta un punto en el que ya no podía engañarse más. Lo sabía capaz de actuar de esa forma, sin embargo ahora conocía que podía llegar a un punto en el que todas las inhibiciones culturales no podían sujetarlo. Y lo que no conocía, era si podía vivir con ello. Ni siquiera él sabía si podía vivir con ello... Al menos, reconocer su temor ante la falta de remordimiento era lo que lo mantenía humano.
Sonrió con amargura. Lebau lo conocía, y mucho mejor que ella. Finalmente, se dirigió a Jon en voz baja. "Esto es lo que vamos a hacer: vamos a pedir café, fuerte y negro, y vamos a volver a la base despacio, que no se note todo lo que tomamos." Hizo una pequeña pausa, antes de continuar. Había dejado lo más difícil para el final, pero no tenían el lujo de ninguna normalidad a la que regresar.
"Y vamos a hacer de cuenta que el día de hoy no pasó... porque, ahora, no puedo enfrentarme a todo esto."
Holmes asintió, pensaba callarse, y seguir callado hasta que la dejara en la base, hacer caso a su poco sentido común y no destrozar, más lo que ya había destrozado...claro que después de cruzar ese punto de no retorno, poco quedaba ya, así que por lo menos terminaría de decirlo "OK, como quieras, no pretendía en ningún momento que me concedieras el perdón, no pretendía, que me comprendieras, para mi desgracia, ni yo me comprendo, sólo quería que supieras todo de mi...no quería empezar algo para que se destrozara, prefiero nunca empezarlo...y no me digas que este día no pasó, por que tienes algo de mi que puede que no te guste,...pero que nadie más tiene."
Llamó al camarero, y pidió los cafés, quería besarla, pero no podía forzar a que sintiera nada por el y no quería un beso por compasión.
Confundida, sólo podía pensar en irse. Caminar por la playa, llorar un poco... desahogarse de una forma que no podía hacer frente a él, y mucho menos de regreso en la base, expuesta a todo, y a todos. Se dispuso a sufrir el silencio, porque no había palabras que pudiera decir... para explicarle que estaba equivocado. Que tan sólo necesitaba tiempo, porque cambiaba de opinión cada tres segundos, y ya se había arrepentido de lo que había dicho. Que él no necesitaba su perdón. Por el contrario... lo había herido, y quería el suyo.
Pero el nudo en su garganta ya se había cerrado.
"Desvío"
Capitán Catherine Ford, Antropóloga. (Blanca)
Dr. Paul Mallory Rush, profesor de Historia. (Pablo)
Sentado sobre la mesa de su despacho y con los pies apoyados en la silla
Paul tenía ante si las fotos del informe que no dejaba de mirar intentando
concentrarse en vano ante lo que había vivido en tan pocas horas. Por su
mente pasaban todo tipo de ideas y pensamientos. No conseguía concentrarse
en aquella tarea que le habían encomendado en el último momento. A rachas se
sentía como si le hubieran metido en el campo a falta de pocos minutos y con
una desventaja insalvable en el marcador. La sombría presencia de Holmes. La
cara de Madeleine....
Definitivamente no lograba ver con claridad las cosas. Todo pasaba tan
rápido para él. Decidió abandonar la tarea y miró el reloj. "Bueno, creo que
es hora de que rellenemos un poco el estómago". Estaba bastante cansado pero
pensó que todavía le quedaría un último suspiro para volver a revisar las
fotos en su habitación, así que decidió guardarlo todo en la carpeta y
llevárla consigo.
Se puso firme y caminó con paso lento y pesado hacia la puerta. Cerró tras
de si con un gesto de cansancio. De repente sonrió pensando "ahora sólo
falta que me digan que no hay nada para cenar...". Entonces cayó en la
cuenta..."Tal vez este sea un buen momento para llamar a casa. Me imagino
que se andarán preguntando dónde estoy"...
Afortunadamente llevaba el móvil en el bolsillo. Después de todo el
maremágnum que había descubierto en aquel lugar había conseguido no
olvidarse el teléfono. Se sorprendió. Llegó a la altura del ascensor justo
en ese momento se abrió la puerta y pudo ver a Catherine cuya cara parecía
más maltrecha aún que la de Paul.
Levantó la mano en la que llevaba la carpeta.
- Catherine... ¿cómo va todo? -
Ella sintió que se había topado con una barrera. Se detuvo, sintiendo cómo
la inercia jugaba contra su cuerpo, a sabiendas que, con menos decisión,
terminaría estrellándose contra el de Paul. Instintivamente, se llevó una
mano hacia el pelo, intentando alisarlo aunque sabía que no era una decisión
sabia: sin ondular, tenía que pasar derecho a la peluquería y cortarlo... o,
al menos, conseguir con qué atarlo. Pero no se sentía en condiciones
siquiera de tomar esa pequeña decisión. Aún estando, ya, tristemente sobria.
- ¿Así de fea estoy?- contestó, algo mortificada pero con picardía. No sabía
de dónde la sacaba, tampoco... acababa de dejar a alguien muy importante en
la superficie, y seguramente se arrepentiría el resto de su vida. Sin
embargo... -¿Ya cenaste?-
Paul frunció un poco el ceño....daba la sensación de no ser exactamente la
misma Catherine de hacía unas horas. "Me parece que no soy el único
*perjudicado*" pensó. - No aún no... yo iba a llamar por teléfono a mi
familia...ya sabes....por lo de *la abducción* pero me imagino que podrán
esperar media hora más sin llamar a la policía. - terminó la frase sonriendo
sin demasiada gana.
-Entonces vamos-, Catherine lo tomó del brazo para hacerlo girar 180 grados
y soltarlo una vez satisfecha que estaba certeramente dirigido hacia el
comedor. No quería cenar sola... en realidad, no quería cenar. Pero no
hacerlo sería un error, y desechar esa excelente oportunidad de compartir
aquella indeseada comida con alguien, uno aún peor, considerando que viviría
a raciones por varios días. Su mayor error estaba en la superficie, no tenía
por qué agregar más, diecitantos niveles hacia abajo.
"Pobre Paul..." pensó, mientras lo miraba. Además de prácticamente obligarlo
a acompañarla, sería bueno que le proveyera de alguna clase de conversación.
Se tomó de lo primero que pudo. -Veo que no te has dado descanso con el
trabajo,- indicó, en obvia referencia a la carpeta que había utilizado como
si fuera una señal de ¡Alto! hacía instantes. -Con razón recién ahora se te
ocurre llamar a tu casa.-
Paul se sintió sorprendido por el movimiento de Ford que casi le pareció
brusco. No obstante la siguió intentando evitar mostrar cualquier tipo de
reacción. Definitivamente algo no andaba bien con Catherine.....no era la
misma de la mañana. Pero estaba tan cansado y confuso que ni siquiera se
atrevió a preguntar. Limitate a comer algo que buena falta te hace, pensó.
- Bueno, con tan poco tiempo antes de la salida no me queda otra opción.
Aunque creo que básicamente aquí ya está todo dicho - sentenció mirando
hacia la carpeta. - mañana empezaremos a saber cosas de verdad. - Sus ojos
parecían no querer saber más nada de nada y miraban ahora al frente. -
Bueno, a decir verdad....con el día que llevo preferí apagarlo...y me
pareció que este sería un momento adecuado para llamar... de todos modos
presiento que se me echarán todos encima en cuanto descuelguen el teléfono,
así que antes de morir, lo haré con el estómago lleno... - sonrió mientras
la miraba con gesto divertido. Intentaba aferrarse al sentido del humor por
absurdo que le pareciese. Siempre había sido su último remedio...y no quería
que en aquel momento le fallase.
Y funcionó, ya que Catherine le sonrió genuinamente mientras ingresaban al
comedor y retiraban sus bandejas. -Es lo mismo si lo apagas de nuevo, porque
supuestamente, la señal no llega hasta aquí abajo.- Agitó la bandeja en el
aire, aunque en un acto medido. -No me preguntes, funcionan los bípers pero
los celulares deben estar bloqueados o algo así... y yo estudié antropología
en la universidad,- se justificó.
Mallory se rió al oir el final de la intervención de Ford. La salida de tono
le había caído de lo más simpática. Casi se podía decir que era lo que
esperaba oir....o lo que le faltaba por oir. Catherine le resultaba
agradable... ...y consideró que no era una mala compañía para la cena.
"Después de todo y conociendo la comida de estos sitios....mejor con una
cara bonita al lado" pensó.
Se acercaron al mostrador para elegir la comida. La Capitán suspiró ante la
variedad, recordando los *buenos* tiempos de la UIC, donde el menú ofrecía
tan pocas alternativas que simplemente dejaba que le pusieran lo que había y
se callaba sus quejas. Los diferentes platos eran demasiados para su gusto.
Al menos, esa noche. Miró discretamente al profesor de historia, observando
sus elecciones y esperando que la tentaran a pedir lo mismo.
Paul ojeaba aquel desfile de platos algunos mejor identificables que otros y
al final vio que la mejor alternativa sería la ensalada y como segundo plato
un poco de pollo....si es que aquello era pollo...
Una pieza de fruta y un botellín de agua completaban lo que había de ser una
cena medianamente tranquila o eso esperaba. Sus ojos se trasladaron entonces
hacia Catherine. - Bueno....dentro de unas horas llegará el gran
momento....¿está lista para lanzar la moneda al aire? - Su cara trataba de
reflejar bien a las claras la segunda intención de su pregunta.
Ford le sonrió, aunque con cara de circunstancias. -No,- respondió
simplemente, antes de evaluar su fuente, idéntica a la de su compañero
excepto porque había cambiado la fruta por yogur. -Pero no lo vas a tomar en
contra mía, ¿verdad?-
Paul comenzó a caminar lentamente hasta llegar a la primera mesa que tuvo a
mano. Tenía ganas de sentarse. Se sentía agotado. - No seré yo quien
reproche nada a nadie...de momento. Acabo de llegar - dijo mientras se
sentaba observando la comida con cierto desinterés aunque con una clara
intención de dar rienda suelta a su apetito.
Ella apoyó su bandeja antes de sentarse y tomar el tenedor. No estaba segura
aún de tener hambre, pero iba a hacer su mejor intento. -Me gustaría pensar
que esto no está sucediendo... creo que hoy ha sido el día más largo de mi
vida.- Elevó en el aire, apenas, el tenedor aún vacío. -Y no puedo decir que
entienda exactamente lo que pasa.- Bajó la voz, y se inclinó hacia él. -Nada
de *arriba*... éso es lo que no entiendo.-
Paul no estaba seguro de querer oir nada más acerca de conspiraciones y
asuntos relacionados con jefes de no sabía dónde. Pero...ahora mismo se
sentía esclavo de sus preguntas y no le quedó más remedio que asumirlo. -
¿por qué dices eso? -
Catherine meneó la cabeza. Ese tema la preocupaba desde el primer momento,
aunque se lamentaba de habérselo mencionado a Paul. Parecía que el pobre
hombre estaba destinado a ser su paño de lágrimas desde que lo buscara esa
mañana, y aún no había siquiera arañado la superficie de sus
problemas. -Porque... esperaba que me dijeran algo, además de que brindemos
nuestra colaboración. Esperaba...- dejó el tenedor sobre la bandeja,
mientras suspiraba. -Obviamente, espero demasiado,- finalizó, ya en tono
normal, y encontrando los ojos de él. Sonrió, restándose importancia. -No me
hagas caso, ha sido un mal día... y mañana seguramente será otro pero, al
menos, va a ser...-
¿Divertido? Difícilmente.
Rompió el sello de su botella para servir en los dos vasos, dándose tiempo a
buscar una palabra que no la hiciera sentirse una mentirosa. -...distinto.-
Paul tenía muy claro que Catherine no atravesaba un buen momento. Saltaba a
la vista. Y lo cierto es que él tampoco se sentía hecho un primor. Pero
después de dar un trago y comer un par de bocados comenzó a pensar de la
manera que siempre le había caracterizado y trató de restar hierro a todo el
asunto. "Creo que por el bien de los dos" pensó. - Bueno....por lo menos
creo que nos podremos sacar unas fotos de lo más resultonas... - miraba el
plato de ensalada con cara de resignación y una sonrisa. - ...No te
aflijas....yo sigo pensando que podemos encontrar algo. -
-Y si no lo hacemos,- replicó Ford, -igual no vamos a caer sin pelear,
¿verdad?- Alzó su vaso y lo inclinó ligeramente hacia Paul. -Por mañana...
que será otro día.-
-Por suerte.-
"Lazos de unión"
Dr. Paul Mallory Rush. Profesor de Historia (Pablo)
Después de aquel día tan extraño y lleno de movimiento había conseguido encontrar un momento para aislarse de la *nueva* realidad que le tocaba vivir y el solitario exterior de la base en medio de una noche estrellada se presentaba como el mejor escenario para llamar a casa justo antes de regresar a su habitación a intentar conciliar el sueño. A fin de cuentas, pensó, a estas hora en Florida ya estará asomando el sol y papá y mamá andarán ya casi a punto de desayunar.
Paul conectó su teléfono móvil carente de vida durante todo aquel día al objeto no terminar medio trastornado entre los que le habían llamado y quienes seguramente se estarían preguntando dónde andaba metido. El sonido de bienvenida del pequeño aparato le indicó que todo estaba listo para llamar a casa.
Tras marcar el número y esperar unos cuantos tonos una voz muy familiar respondió al otro lado del aparato. Paul se sintió feliz de poder hablar con alguien verdaderamente cercano.
- Papá, soy Paul. ¿Cómo estáis? -
La voz al otro lado del aparato pareció sobresaltarse al escuchar aquellas palabras.
"Paul, hijo....¿dónde estás?. Llevamos llamándote al móvil y a tu casa de Houston desde ayer pero nada. ¿Se puede saber dónde diablos te has metido?"
Paul sonrió. Se sentía muy contento por escuchar la gruñona voz de su padre. Esperaba algo así desde el mismo momento en que se encontró a solas con su teléfono y aquello, después del duro primer día en la base, parecía casi un premio para él.
- Tengo una buena noticia para ti, papá. No estoy en Houston. Estoy otra vez en Guam, con tu gente. Me han vuelto a llamar.-
La voz de su padre se tornó entonces más conciliadora y casí risueña.
"¿En serio?. Bueno. Al menos ellos te podrán meter en cintura. Aunque creo que tu madre no recibirá las noticias con el mismo agrado hijo mio"
Paul se rió abiertamente y sin ningún pudor. Sentía muy cercana la voz de su padre a pesar de estar separados por todo un océano.
Pero para él era como encontrarse a la puerta de casa con las maletas como si regresara de un largo viaje.
- ¿Qué tal están las cosas por allá?. ¿Y Amanda y William? -
"Todo sigue muy bien. Aquí todos estamos estupendamente hijo aunque inquietos porque no sabíamos nada de ti. Creo que Amanda tiene muchas ganas de hablar contigo aunque me parece que no con mucho cariño de por medio...Sé que hablaste con ella cuando estabas en Tokyo por lo de las torres..."
¿Es que no va a perdonarme nunca?. Pensó Paul mientras su sonrisa se agriaba ligeramente.
"...Y William sigue con Joan como siempre y esa preciosa nietecita mía que cada día que pasa está más grande y preciosa. Haber cuando
sigues su ejemplo..."
Paul volvió entonces a reir con gesto entre divertido y resignado. Su padre estaba siempre que podía con la misma cantinela de los hijos y la familia perfecta y siempre había considerado que Paul era la oveja negra de la familia por no ser capaz de alcanzar ese nivel que él consideraba el ideal para sus hijos.
- Papá...ya estás con lo mismo...deja que William se encargue de eso. ¿Quieres?....parece que se le da muy bien. -
La voz del padre de Paul interrumpió con precipitación las excusas de éste.
"Paul, hijo, tengo a tu madre aquí rondándome y deseándo hablar contigo"
- Pasámela - La sonrisa de Paul se extendió hasta dejar bien visibles su dientes y cerrados sus ojos.
" Paul...hijo...¿Cómo estás?. Me tenías muy preocupada. ¿Dónde estás y qué es eso que no me voy a tomar tan bien como tu padre?"
Paul no podía dejar de sonreir.
- Mamá, estoy bien. Me encuentro de nuevo en Guam, he venido...-
Pero no pudo continuar. la voz de su madre parecía entonces pasar de la duda a la indignación aunque contenida.
"¿Cómo que en Guam?. ¿Otra vez?. ¿No deberías estar en Houston?. No veas las horas que nos has hecho pasar. Aquí tu padre ya empezaba a soltar pestes porque no dabas señales de vida y a mi ya me conoces....¿pero se puede saber qué pasa contigo?"
Paul trató de tranquilizar a su madre como pudo. Era consciente de que no se había tomado muy bien el inesperado giro en su ruta pero sabía que su reacción era más producto de la incertidumbre de aquellas horas de ausencia que otra cosa.
- Mamáaa... escúchame. Tan sólo he estado unas horas desaparecido. Tranquilízate. Los militares volvieron a llamarme cuando estaba en Los Ángeles de camino a casa y tuve que salir pitando para aquí y con lo puesto...pero no te preocupes parece que ellos se encargaron de resolver mi situación en Houston. Tranquila. ¿Vale?. Y dile a papá que no gruña tanto o su úlcera se resentirá.-
"Hijo mío. Cuidate mucho por favor y llámanos de vez en cuando. ¿Quieres?. Por cierto. Sé que Amanda te contó lo que pasó con Sarah en NY...."
- Ya mamá....- Paul se puso serio de golpe al volver a oir una vez más un nombre que al parecer todo el mundo se empeñaba en mantener vivo en su memoria. Intentando recomponer el tono afable prosiguió - ...Todo está en orden. Afortunadamente para ella todo quedó en un susto. Y no te preocupes, os llamaré siempre que me sea posible. Dile a Amanda que la llamaré pronto y a William....bueno a William dale un abrazo fuerte y dile que tengo muchas ganas de verle. Manda otro abrazo para Joan y Amber. Mamá, ahora debo irme. Cuidaos mucho los dos. Os quiero. -
Paul se quedó pensativo y nostálgico mientras su madre le volvía a recordar la consigna de cuidarse mucho y le mandaba un último abrazo de su parte y otro de la de su padre antes de que la señal se cortara y los deshumanizados tonos de la línea telefónica le devolvieran al pequeño pedazo de tierra rodeado por una inmensidad de agua que le separaba de los suyos. Momento era ya de buscar un poco de descanso.
"Repaso previo"
Sargento Marine Raymond DeLorence (PNJ-David M.)
Haciendo gala de toda la mala leche que le caracterizaba el Sargento DeLorence se intentó colar a hurtadillas de una forma sigilosa aunque simulando un paso marcial, justo por la puerta opuesta a la que se suponía que debería usar. Por supuesto fue 'Piojo' el primero en detectarle y con un codazo sacó de su ensimismamiento al Cabo Goritiers que estaba charlando con algunos de sus compañeros.
El cabo dio la voz de atención y en cuestión de pocos segundos todos los marines estaban en una perfecta formación de a dos todos firmes en la Sala del Stargate. Sin duda, hacían una bonita composición las dos filas de siete humanos vestidos de verde que Raymond tenía frente a sí. Saludo al Cabo y le hizo una seña para que se integrara a la formación. Tras la orden de descanso, carraspeo y empezó a moverse frente a ellos dispuesto a que recibieran su perorata.
- A ver 'nenitas'... - Su entonación fue más bien socarrona que despectiva y comprobó que cada uno de sus hombres la hubiera recibido con un rostro serio y estoico, ellos sabían tan bien como él que era una prueba más. - ... Ustedes quince han sido seleccionados entre lo mejor que puede ofrecer el Cuerpo de Marines de los Estados Unidos, eso sí, dentro de la escasa muestra de la que se puede disponer dentro de esta base ultramegasecreta. Así que no se les suban los humos, esto no es un honor, es la mayor 'putada' del jodido mundo. - El sargento hizo una ligera parada coincidiendo con el final de uno de sus desplazamientos a la derecha, dejó el pie adelantado como pivote para girar y con un movimiento perfecto cambio de dirección.
- Su tarea además de tediosa es de vital importancia. Se trata de proteger a un grupo de civiles, cuya misión (además de la de crearles innumerables problemas), es la de explorar un emplazamiento arqueológico de esos... O algo así. Bueno, pero esa solo es la misión de la parte 'buena' de los civiles. Otro grupo de cabrones politicastros de Washington al que sin duda habrán visto deambulando con sus libretitas por la base, tienen la fantástica misión de evaluarnos. A todos. A los civiles y a nosotros. Así que al que meta la pata, le corto los 'huevos'. - Previendo más que viendo la leve sonrisa de la marine Fitgerald, el sargento remató. - ... O lo que se tercie.
Tras otro giro en el que dio brevemente la espalda al grupo para darles un respiro, continuó. - No quiero ni un puto fallo, ni uno pequeñito. Nada, por muy infinitesimal que parezca. Adrian quiero que vuelva a coser ese botón. Si el tercero empezando por arriba, no necesita mirarlo, sabe de sobra cuál es. No quiero ni una mota de polvo. - Sacó un par de defectos más al grupo, sabía que eran menores y nadie de fuera se daría cuenta de ellos, pero no quería que se confiaran lo más mínimo. Los políticos tienen mentes retorcidas y se fijarían en estupideces que ellos no eran ni tan siquiera capaz de imaginar en sus peores borracheras.
- Se reunirán conmigo aquí dentro de una hora exactamente con todo el equipo que tenemos asignado, que joder que no es poco. Tengan el máximo cuidado, ya saben como de bordes son los científicos con sus aparatejos del demonio. - El sargento recordó que antes tenían que hacer otra cosa e intentó enmendarse. - Pero no os las prometáis tan felices, pequeñuelos... Una hora es demasiado relax, en cuarenta minutos estaremos todos en el arsenal para recoger y revisar las armas y la munición. Las de todos, incluso las que llevarán los civiles. - Tras un último repaso mental, miró a la cara del grupo. Todos parecían ansiosos por largarse, ninguno tenía el brillo característico de la duda cuando fue sometido a su estudio. Así que concluyó: - Cómo sé que no hay ninguna duda, podéis retiraros. Tenéis un montón de tiempo para realizar los preparativos.
DeLorence esperó a que todos abandonaran la sala. Todos excepto el cabo Leonard Goitiers que le esperó. Mientras salían el cabo y el sargento fueron comentando algunos de los pormenores de la misión.
(Ready, steady...)
"Bajo el fuego"
Subteniente Andrew McBride-Smith, Inteligencia Militar y Comunicaciones (David M.)
Casi acarició con la nariz el silenciador de su H&K USP .45 Tactical mientras se recostaba hacia atrás con las piernas flexionadas. La pared era cómoda o acolchada mucho más de lo esperado. Aunque su espalda hubiera encontrado un tacto más duro y frío como cabía esperar por la textura de hormigón y acero de la base, no por eso hubiera disminuido el grado de ansiedad y nerviosismo que tenía atenazado a Andrew.
Movió los dedos y se asomó por la esquina, no se veía a nadie en el cruce. Pero un ruido no muy lejano de pasos le puso sobre aviso. Necesitaba un plan. Sabía que no quedaban muchos, tal vez una media docena escasa, pero podían darle problemas. Sabía que no eran humanos, y al contrario que estos era fácil que no cometieran fallos. Necesitaba un plan a prueba de tontos, que no confiara en un error táctico de su oponente. Sabía poco de los invasores, los bors o como se llamaran eran famosos por sus capacidades de combate y su inteligencia estratégica. Para Andrew eso solo significaba que seguro que disparaban muy bien y eran difíciles de emboscar, además de que si cometía algún error lo detectarían y eliminarían.
Sus compañeros habían hecho un buen trabajo antes de caer, la verdad es que McBride no se podía permitir pensar en ellos, no podía dejar que nada lo distrajera. Ahora estaba solo él en una clara inferioridad numérica y el destino de la humanidad podía depender del resultado. La cuenta atrás continuaba inexorable y sabía que era a lo que se exponía, al menos debería retrasarlos.
Miró como andaba de munición. Acabó guardando la H&K porque pese a ser muy buena para infiltrarse, le iba a servir de poco con lo que le restaba del cargador. Buscó con la izquierda su querida MP5, pero obtuvo otra decepción con las 3 o 4 balas que le restaban. Con frustración la arrojó al suelo, eso sí, intentando no hacer ruido. Sacó su última esperanza: la Desert Eagle, no le cabía duda de que no era reglamentaria, pero era lo único que podía salvarle la vida. Tenía su carga completa y otro cargador en caso de que lo necesitara. Poco a poco se fue haciendo la luz al final del oscuro túnel. Acarició con cariño y suavidad el pulsador de su arma, usando la sensible yema de su índice.
Tenía que atraerlos hacia allí sin delatar completamente su posición, así que era un buen momento para darle un uso ?creativo? a su última granada. La verdad es que añoraba una M249 con la que poder prescindir de elaboradas complejidades, pero no había tenido mucho tiempo para elegir en su breve paso por el arsenal. Un soplido fue su forma de intentar exorcizar todos los malos espíritus que parecían estar sobrevolando su cabeza, se guardaría la anilla para el futuro.
3, 2, 1... ¡Comienza el espectáculo! Intentando no demostrar su 'habilidad' como jugador de baloncesto, si no su destreza como jugador de bolos, Andrew apuntó a la pared opuesta del pasillo que se perdía a su izquierda. Lo principal era evitar que un estúpido rebote le devolviera el artefacto explosivo y que a ser posible se perdiera bastante lejos... Se apoyó en la pared cercana y abrió la boca a la espera de la inminente detonación.
Tras el estallido todo ocurrió como había previsto. Los terroristas salieron corriendo en dirección al pasillo donde había explotado la granada dándole la espalda. Espero a que pasaran todos, los cinco, y antes de que se perdieran por la esquina pero tras estar casi seguro de que no venía nadie más detrás comenzó a desatar su ira. Cada disparo de su arma era una sentencia de muerte, si acertaba... para sus enemigos, si falla... no cabía duda.
Un certero disparo a la cabeza eliminó al oponente más a la izquierda, que nunca sabría que le pasó. Dos disparos a mitad y en la parte superior de la espalda eliminaron al siguiente. El tercero ya se había girado cuando recibió un impacto en el cuello, McBride lo sentía pero no podía permitirse acabar con su sufrimiento. Un afortunado disparo en la mano desarmó al cuarto y un disparo a la derecha del esternón acabó el trabajo. Andrew no pudo menos que sorprenderse de su puntería cuando el último de sus enemigos cayó al suelo agarrándose el abdomen con un inmenso boquete, que él había provocado más por instinto que por hacerlo de forma consciente.
Cuando la pared enfrente suyo y no muy lejos de su cabeza se agujereó y comenzó a oír disparos, se dio cuenta de su error. "Ningún plan sobrevive al campo de batalla". No había tenido en cuenta a otro de los invasores que venía más rezagado y que intentaba usarlo de diana. Un rápido giro de muñeca e intentó devolver el fuego, mas tres chasquidos después pudo constatar que no le quedaban más balas. Un ardiente pinchazo en el brazo izquierdo le hizo caer en la cuenta de la urgencia de su situación.
Volvió marcha atrás de vuelta a su escondite, zigzageando mientras intentaba con la izquierda recargar su arma. Movía la cabeza hacia los lados siguiendo sus movimientos, como si eso le ayudara a esquivar la lluvia de balas que caía sobre la pared de su izquierda. Cuando llegaba al final casi al doblar la esquina ya tenía su arma lista, se lanzó hacia su cobertura mientras disparaba dos tiros. Su objetivo era más hacer desistir a su perseguidor que eliminarlo de pura chiripa.
Mientras se levantaba con otro movimiento de su mano derecha y se preparaba con la izquierda para echar a correr casi se cae para atrás del susto. Justo enfrente suyo había otro de los terroristas apuntándole con un AK 47. Sabía que no podía hacer nada, intentó apartarse sin éxito. La lluvia de proyectiles le atravesó desde el pecho a la cabeza. Lo siguiente que vio fue su cuerpo caer desde fuera de él y como la pantalla se llenaba de nombres y estadísticas.
- Maldita sea... - Andrew no pudo evitar que su repentina derrota y el cabreo subsiguiente casi le hiciera tirar el ratón e inconscientemente pulsara con su pulgar izquierdo el espacio que le hacía aparecer de nuevo en el arsenal. - ... esta vez casi lo consigo.
(Game Over)
"La versión oficial"
Coronel Jeanne Riker, Estado Mayor (Marta)
Capitán Catherine Ford, Antropóloga (Blanca)
Dedos ágiles enlazaron los cordones de la bota en cada borde metálico, logrando la tensión ideal antes de atarlos con un nudo perfecto. Catherine observó el resultado, satisfecha, antes de levantar la otra pierna y apoyarla sobre el banco del vestuario, para realizar el exacto mismo procedimiento que apenas si le tomaba segundos. A sus espaldas se encontraba su mochila, con el equipo completo y, dentro de su casillero entreabierto, el chaleco, la zat, y la Beretta y el rifle, limpios y aceitados.
Estaba aprovechando la relativa tranquilidad de la hora, particularmente para evitar el aglutinamiento que surgiría a último minuto, o quizá simplemente para estar sola mientras los demás disfrutaban del desayuno en el comedor. Si bien le hubiera resultado natural mentirse que la noche anterior no había dormido, la realidad era que pocos momentos de vigilia habían interrumpido sus pesadillas. Afortunadamente, se sonrió con cierto dejo de tristeza mientras se incorporaba, existía el maquillaje.
Le tomó pocos segundos más cargar todo, para llevarlo a su oficina. Maquillaje o no, aún no quería ver a nadie, así que lo mejor sería retirarse a la relativa seguridad de ese ciego cubículo donde podía, sencillamente, decidir no enfrentar la realidad por unos minutos más. Realizó la travesía por los pasillos con rapidez, para aminorar la marcha frente a la puerta de la Sala del Stargate. Podía observar cómo se abría la puerta del despacho de la Coronel Riker, y se repitió la excusa que había creado, con anterioridad, ante la posibilidad de que alguien le preguntara qué hacía allí... con todo lo que llevaba cargando, aún con tiempo de sobra antes de las ocho.
Se detuvo al ver salir la figura de la mujer, se aseguró de tener libre el brazo correcto, y la saludó.
Riker no se sorprendió de ver a la Capitán Ford a hora tan temprana. Había aprendido que era una mujer conciezuda en su trabajo. Decidió retrasar unos minutos su visita a la cantina para mantener la conversación que la decisión del General de que lo acompañara en su visita al Comandante en Jefe de la Flota del Pacífico había aplazado.
- Capitán.- dijo al tiempo que le devolvía el saludo. - Veo que comienza su jornada temprano... en cualquier caso me alegro de haberla encontrado. Quería hablar con usted antes de la partida del equipo.
La Coronel señaló el interior de su despacho en un gesto que no dejaba lugar a dudas. Se mantuvo junto a la puerta esperando a que la Capitán entrara para cerrar la puerta tras de ella.
- ¿Y bien, Capitán? ¿Qué opina de nuestros nuevos visitantes? Si no estoy equivocada, conocía al Doctor Holmes por su paso por la UIC (corríjame si me equivoco)... y el Doctor Lebau. Dos personas muy diferentes... digamos que tienen... formas diferentes de enfocar las cosas.- durante su breve discurso la Coronel había mantenido la mirada fija en Ford, intentando obtener información de sus reacciones.
Catherine asintió. -Es correcto, Coronel,- le confirmó a Riker lo que ya sabía, pero decidió no ofrecer información de más. Por todo lo que sabía, si se dejaba ganar por la paranoia, todo el mundo debía saber que ella y Jonathan no sólo se habían conocido en la UIC, sino que habían continuado conociéndose fuera de ella... incluso que eran amigos. Palabra clave: *eran*. -¿Me permite hablar con franqueza?-
- Adelante, Capitán.
Ford se acomodó el rifle, ya que aún no había decidido descargar sus cosas en ningún lugar de la oficina, antes de empezar a hablar. -Parece que nos hubieran enviado una rutina de "policía bueno-policía malo", señora. Aunque todavía no los he visto en acción juntos, y aparenta que no se llevan fantásticamente bien, uno busca crear conflictos, aunque tiene uno interno con respecto a su... sus convicciones. El segundo promete *ser justo*, pero tras pasar un tiempo juntos ayer dejó entrever que podría ser cierto lo que todos pensamos: ésta no es una *simple* evaluación.-
Protegía a Jon, que le había dicho la verdad desde un principio, pero no podía dejar de hacerlo. También estaba, en cierta forma, ponendo a Lebau en evidencia. Irónicamente, su accionar bien podría ser un ejemplo de honor entre ladrones pero no iba a agregar, a todo lo sucedido el día anterior entre Jonathan y ella, la destrucción de su confianza. La Capitán tomó aire, que realmente necesitaba.
-Además de colaborar con ambos y esperar que dicten sentencia... ¿hay algo que podamos hacer?- Su mirada, finalmente, impregnó la pregunta con un matiz cercano a la desesperación.
Riker dejó pasar unos segundos antes de responder a la Capitán. Había algo en su tono de voz que le hablaba de algo más que los posibles temores que le producían la *evaluación*, como todo el mundo había dado en llamarla.
- Lo que puede y debe hacer, Capitán, es hacer su trabajo tal y como sabe que debe ser hecho.- su tono era firme y seguro, aunque se suavizó para añadir- No hay ninguna *sentencia* pendiente de ser dictada... y créame cuando le digo que no debe preocuparla lo que el Dr. Lebau y el Dr. Holmes puedan decir o hacer, porque lo que puedan hacer o decir es... poco relevante.
Hubiera añadido algo más, pero no podía. Había observado las reacciones del personal de la base en las últimas horas y no le gustaba la sensación que flotaba en el ambiente, los rumores generados a partir de la difusión del memorando.
- Lo que menos necesito es que el oficial al mando de esta misión no se vea capacitado para afrontar una situación tensa, Capitán. Lo único que puede hacer fracasar nuestra misión es un fallo en la propia misión. Nada más.
¿Nada más? ¿ Nada más? Ése era el momento exacto para ahorcar a su superior, pero Catherine acusó recibo de sus indicaciones con un simple pestañear de ojos. Podía ver dibujado un inmenso signo de interrogación en el aire. No se habría sentido más descolocada si la Coronel le hubiera preguntado la raíz cuadrada de dos.
Poco relevante.
- Comprendo, Coronel.- Que estamos todos locos.
- Eso es todo, Capitán. La veré en la rampa de salida. Puede retirarse.
-Gracias, señora,- respondió Ford antes de dirigirse a la puerta, que se encargó de abrir por su cuenta a pesar de que no era pequeña hazaña. No estaba muy segura de estar agradecida pero, más o menos, lo estaba. No podía asegurar, eso sí, que entendiera, pero podía apreciar que Riker acababa de responder a uno de los interrogantes que la perseguían desde hacía dos días.
Quizá, incluso, acababa de recibir la respuesta al segundo...
"Bajo el microscopio"
Capitán Catherine Ford, Antropóloga (Blanca)
Subteniente Andrew McBride-Smith, Inteligencia Militar y Comunicaciones (David M.)
Tras mucho pensarlo y tomar definitivamente una decisión Andrew llamó a la puerta. Lo estaba haciendo por el bien de ella. - ¿Da usted su permiso, capitán?... -
Catherine dudó un instante, con la mano sobre el teclado del teléfono, antes de decidirse a colgar. - Adelante, Teniente, - lo invitó a pasar. No necesitaba mirar el reloj para saber que tenía tiempo.
El subteniente espero a que la capitán le diera permiso para comunicarle el asunto que le había traído a su despacho. - Me temo que podríamos podríamos tener un problema... -
¿Otro más? - ¿Quiere tomar asiento, McBride?- La Capitán acompañó la invitación con un gracioso gesto hacia la silla que se encontraba vacía frente a ella, la única opción del Subteniente naval, considerando que la otra sostenía el peso de su equipo. Él negó con la cabeza apoyándose sin más sobre la mesa para ayudarse a buscar los papeles que necesitaba, no quería parecer amenazante, pero dada la urgencia que lo había traído hasta el despacho de la capitán no podía andarse con miramientos.
- Concierne a Maddie... quiero decir a la Doctora Monteloup. He encontrado una serie de datos llamativos que me llevan a pensar que puede tener algún tipo de dolencia o problema de salud que no conocemos, o incluso una adicción. - Andrew sabía la seriedad de sus palabras y por eso las soltaba como si fueran plomo. No era típico de él que perdiera su jovialidad, pero estaba hablando de alguien que los dos conocían bastante bien y que sin duda les preocupaba.
- Hace unas horas recibí el último pedido de suministros de Enfermería. Había una anomalía notable, se trataba de una repetición en el pedido de analgésicos de hace unos días. - El subteniente aprovechó para darle a la Capitán Ford una copia del mensaje con el dato que mencionaba resaltado por un círculo rojo. - Hablé con la gente de Logística y la de Enfermería y descubrí que se trataba de que había un error en el inventario. No sería nada importante excepto que cuando me reveló este dato el Cabo Delany me comentó, casualmente, que lo había descubierto al ir la Doctora Monteloup. Más por curiosidad y por seguir la conversación que por ser necesario para mi trabajo, me interesé por el problema de salud de Madeleine. George, el cabo Delany, me dijo que ninguno que el supiera... Aunque tal vez le había tratado otro enfermero. En el listado ponía que no hacía mucho que tenía anotada otra entrada similar.
Andrew no pudo evitar demostrar una cara de disgusto y preocupación, al pasarle una copia del lista de la enfermería. Cuando estaba con gente que conocía y en estos casos le costaba poner cara de póker, muchos pensaba que era parte de una estrategia para conseguir la empatía del oyente, él quería creer que no.
Ford observó de qué droga se trataba, y pudo comprender la preocupación de Andrew. No estaban hablando de aspirinas... y ella conocía los efectos que podía tener una adicción en una persona: lo había sufrido en carne propia, y ni siquiera había sido necesaria una droga para vivir ese infierno. En el caso que tenía entre manos, conocía lo suficiente para saber que quizá no fuera necesario mucha cantidad para generar dependencia. El Subteniente continuó hablando.
- Realmente estoy preocupado. He hablado con los demás sanitarios y nadie recuerda haber tratado a Madeleine de ningún golpe o dolor. Como se trataba de algo normal nadie le dio más importancia. - Andrew sabía que ahora le tocaba meterse en aguas pantanosas, así que repaso sus palabras en su cerebro antes de exteriorizarlas. - Dado nuestro estado actual creo que no se puede dejar ni un pequeño detalle sin controlar. No si quisiera que esto pudiera plantear algún posible problema en la inminente salida, además de que considero que usted es la que tiene más posibilidades de resolverlo.
Catherine tragó saliva, y asintió. No hacía falta saber cuántas veces Madeleine hubiera pedido la droga en enfermería: si no la necesitaba, ya podía contar una vez de más. Un problema de un miembro de su equipo era, por definición, su problema. - Gracias por venir a hablar primero conmigo. Yo... -
Realmente, no sabía qué decir. Tampoco sabía, exactamente cómo encarar esa situación pero encontraría la forma. - Voy a revisar esto a conciencia. Es un mal momento, - admitió, refiriéndose específicamente a la salida. ¿Podía dejar a Madeleine en la base, a último minuto? ¿Debía? Sabía que una decisión apresurada sería la peor que podía tomar hasta tener más información.
-Si necesito algo... Cuento con vos,- afirmó, finalmente, mirando a Andrew a los ojos.
- No lo dude ni por un momento, Capitán Ford. Estoy a su entera disposición. - Se suponía que parte de su trabajo le convertían en un experto en crisis, fueran del tipo que fueran...
(More trouble's coming)
"Hallelujah"
Capitán Catherine Ford, Antropóloga (Blanca)
El cajón se abrió sin ofrecer resistencia ante la solicitud de Catherine. Acababa de terminar una conversación con su madre y, aunque no había mirado la hora, sabía que habían pasado al menos quince minutos desde que levantara el auricular. Estaban acostumbradas ya a esos llamados previos a una salida. Sin demasiadas preguntas, excepto las que una hija podía esperar, y responder con evasivas.
"¿Te destinaron a... un desierto?"
"No puedo decirte..." Su pobre madre, de seguro, pensaba en Afganistán. Si supieras...
"¿Vas a volver para Acción de Gracias? ¿O para Navidad?"
"Me gustaría, mamá."
"¿Con alguien?"
"No creo..."
¿Qué más podía decirle?
Retiró la caja, que había permanecido libre de papeles sobre ella durante las pasadas 48 horas, y la depositó sobre el escritorio antes de echar una mirada asesina al televisor, que había encendido apenas se retirara McBride. MTV estaba dedicando un segmento a música de películas, y podía escuchar la voz Rufus Wainwright y ver una serie de imágenes de él... y de un ogro verde suspirando por una princesa. Lo apagó sin pensarlo dos veces. Conocía la canción de memoria, pero en ese momento no necesitaba escuchar la estrofa que, seguramente, la haría arruinar su maquillaje... "perfecto para tomar sol en el desierto," si alguien tenía el mal tino de preguntar.
Volvió a mirar la caja, luchando contra el deseo de distraerse con algo más. Ya no le sobraban los minutos, y lo mejor sería... no sabía bien qué, pero necesitaba dejar ese momento atrás, de una vez. Lo había postergado lo suficiente.
La tapa cedió con facilidad, para mostrar una nota escrita a mano, sobre opalina blanca. Pudo notar que se trataba de alguien que escribía poco... como para no fuera para firmar sus informes. Conocía la letra, no tuvo que llegar al final para saber que había salido del puño de él.
Ya conoces la historia... Siempre ha dado suerte, logra que la persona que lo lleve encuentre lo que quiere... y a quien quiere.
Catherine se sintió saltear un latido. No se trataba de cualquier regalo. Había oído de él, de labios del abuelo de Jonathan, durante un corto encuentro casual en un exclusivo club de D.C. el verano anterior. No recordaba cómo había nacido la conversación; ni siquiera por qué habían conversado luego de aquél "...este club ha dejado de ser lo mismo cuando dejaron entrar a mujeres..." que tanto la había hecho reír en lugar de ofenderla.
Separó con cuidado el papel de seda, recordando el momento.
"Fue un antepasado, espía..."
"Sí, se lleva en la sangre," había acotado Jonathan.
"Estaba en misión en la corte de Federico de Prusia, en 1757, unos días antes de la batalla de Rossbach. Consiguió la espada mientras arrebataba a un francés el orden de batalla de ese ejército, cerca de esa ciudad. Era de acero español..."
"El mejor acero forjado para espadas," interrumpió Jon, nuevamente.
"Luego, un orfebre la convirtió en brazalete, para... bueno... alguien especial."
"Una amante."
Mirada asesina del abuelo. "Desde entonces ha pasado de generación en generación. Esto es, si mi nieto no lo ha perdido."
Jonathan sólo había reído.
Las distintas capas de papel de seda fueron haciendo lugar, lentamente, a la última. Catherine observó el legado, que ahora se encontraba en su poder.
Se trataba de una banda ancha, de unos cuatro centímetros. Había sido modelada a martillo, y se notaba su antigüedad, aunque no sabía bien si tomaba esa decisión basándose en el diseño, o en que conocía la fecha en la que la pieza había sido creada. Llevaba grabada la figura de un dragón, al que había visto antes, también, en algún papel con monograma. La cabeza se elevaba, de perfil, sobre el resto de la composición, orgullosa como los pocos miembros de la familia Holmes que había conocido, y su fino cuerpo se retorcía, formando cuatro círculos encastrados entre sí... sólo las alas escapaban a la compleja forma.
Podía afirmar que no se trataba de cualquier regalo. Era, afirmativamente, una declaración mucho más extensa y profunda que la de cualquier otro simple obsequio.
Catherine quería protestar, pero no tenía tiempo, y mucho menos contra quién hacerlo. Tomó el brazalete en sus manos, sintió su peso, su frialdad y, finalmente, se dio por vencida. Debía hablar con Jonathan y... devolvérselo.
Consideró colocarlo en uno de los bolsillos de su chaleco, pero el bulto se haría evidente. La mochila... abrirla tan sólo sería un problema. Además, no le daría muchas oportunidades de retirarlo sin que alguien la viera. Finalmente, se decidió por la alternativa que había desechado en un principio. Le tomó segundos asegurarlo alrededor de su muñeca izquierda, tras el reloj, sintiendo el metal frío ponerse en contacto con su piel antes de comenzar robarle su calor. Segundos más, y había vuelto a abotonar el puño de la camisa, ocultándolo completamente.
Con el corazón latiendo deprisa, como si hubiera hecho algo que no debía, se puso de pie y guardó la nota en la caja, y la caja de regreso al cajón. A continuación, cargó su equipo, dio una última mirada alrededor de la oficina para asegurarse de dejar todo en orden, mientras se acercaba a la puerta. Como burlándose, podía escuchar a Wainwright en su cabeza.
Maybe there's a God above
And all I ever learned from love
Was how to shoot at someone who outdrew you
And it's not a cry you can hear at night
It's not somebody who's seen the light
It's a cold and it's a broken Hallelujah
Maldijo en voz baja mientras apagaba la luz y salía al pasillo, camino de la Sala del Stargate.
"Una mezcla muy peculiar"
Dra. Madeleine Monteloup Parker - Bióloga - Botánica - Zoóloga (Yolanda)
Dra. Dara Santer, asirióloga (Marta)
Dra. Ana Reyes, egiptóloga (Ana)
Ana salió de la habitación todavía con el pelo un poco húmedo, se había levantado temprano, había dejado sus cosas preparadas y se había dado una ducha. En el pasillo estaba el marine observador en su situación habitual. Ana se dirigió a la puerta de al lado y dió un golpe seco con los nudillos, después abrió la puerta, mientras preguntaba:
- ¿Ya estas lista?
- Si no lo estuviera, ¿importaría, listilla?- contestó Dara aparentando estar enfadada.- Y sí, lo estoy. ¿Lista para comer? Y por cierto, buenos días. ¿Qué tal ha dormido hoy la señorita?- continuó tomando a Ana del brazo y acompañándola hacia afuera.
- Buenos días - Ana sonrió a Dara mientras salían ambas al pasillo - ¿dormir? Me costó un montón.... Toda la noche dando vueltas en la cabeza a datos y datos, no podía desconectar. Creo que son nervios....
- A mí me ha pasado lo mismo. Espero que esta vez no haya ningún contratiempo.
- Esta vez irá todo bien, ya lo veras. Se trata de tomar medidas de precaución, y para ello esta Ford, ¿verdad? - Ana era optimista y confiaba en la capitán.
- Verdad. Y mejor no pensemos en eso, o no cruzaría. Vamos a la cafe. Con un poco de suerte estará Nates y nos enteraremos de algo más...
- A ver si hay suerte.
Entraron en la cafetería y observaron la sala con atención. Se dirigieron a las mesas de café y Ana preparó un café con leche para ella y un café americano que le tendió a su amiga.
- Gracias.- dijo Dara aceptando el ofrecimiento de su compañera.- No veo a Nates... pena... habrá que buscarse otra fuente...
- Mira, ¿no es esa Madeleine?
Ana miró a donde le señalaba Dara, allí estaba Madeleine . - Sí, vamos con ella. Espera.... - Ana tomó un plato y le puso bollitos para llevárselo a la mesa. - Ya está, vamos.
Se dirigieron hacia la mesa de la bióloga y tras un cálido "buenos días" le preguntaron si podrían compartir mesa con ella.
Madeleine se encontraba medio dormida, pensando en los últimos dos días. Había dormido bastante mal, no sólo debido a la paliza recibida, sino a causa de las pesadillas. Aún estaba algo aturdida por lo ocurrido. Había madrugado más de lo que tenía pensado, así le dio tiempo a una nueva ducha que la despejara y a maquillarse suficientemente bien para que nadie se diera cuenta de lo de la mandíbula, que empezaba a denotar peor aspecto. El maquillaje, la camisa militar bien abrochada además del resto del equipo evitaban bastante que se le notara. Por si acaso decidió llevarse un poco de maquillaje escondido en la mochila.
A esas horas de la mañana apenas había personal en la cafetería, debía ser de las primeras en desayunar. Se había sentado delante de un desayuno con huevos y bacon que apenas había probado y miraba somnolienta al vacío, cuando de repente unas voces conocidas la sacaron de su ensueño. Eran Dara y Ana que venían a desayunar. Respondió un tanto adormilada a sus buenos días, y les hizo sitio para que se sentaran.
-¿Has oído los rumores que corren por la base? ¿Hay unos tipos que van a venir en la misión... llegaron ayer, creo..? - Preguntó Dara.
Ana asintió y miró a Madeleine con interés. ¿sabría ella algo?
Madeleine respondió, - Sí, los conocéis de la UIC, uno de ellos es el Doctor Holmes, otro es el Doctor Mallory, a los demás los conoceremos esta mañana. Holmes es el guaperas con sonrisa cínica que quiso introducir una botella de Whisky en su primer día en la UIC, seguro que habréis oído el incidente, personalmente creo que si logró su objetivo. Es un hombre con muchos recursos -. Madeleine expresó con cierto tono irónico el último comentario el último comentario.
Ana pensó que el tal Holmes no le caía bien a Madeleine, reservaría su opinión hasta echarle un buen vistazo, parecía que era un tipo interesante al menos.
- Al doctor Mallory le conocí ayer, al otro no, ¿qué especialidad tiene? ¿cómo fue lo del Whisky?
Madeleine miró un tanto perpleja a la doctora, cuando estaba con ellas se olvidaba de que no habían estado con ella en la UIC. Se recompuso rápidamente. - Chicas, se me olvidaba que no estuvisteis conmigo en la UIC. Mallory es la persona a la que insensatamente rescate en mi primera misión -, Madeleine se sonrojó bastante al decir estas palabras. - Y el doctor Holmes.... - dijo Madeleine suspirando. - Es una pesadilla -. Madeleine se quedó pensativa durante unos segundos moviendo negativamente la cabeza. - Lo tenía que haber supuesto nada más verle entrar con aquella cínica sonrisa, intentó colar una botella de Whisky, pero Harlan se la pilló, yo estoy segura de que consiguió pasarla, no sé porque, pero creo que lo logró. Es algo intuitivo. Pero... hay que reconocer que no está nada mal-.
Madeleine siguió suspirando, - Cuando estábamos en aquella selva, su proximidad me intimidaba, pero ahora la echo de menos, a veces quiero estrangularle, y otras desearía.... - se dio cuenta de que estaba hablando sola, con una mano apoyada en la cabeza. Cuando se dio cuenta se intento recomponer lo mejor posible. Pero seguramente debía de estar muy ruborizada. Se quedó mirando a las doctoras, las cuales la miraban divertidas. Lo cual hizo que se sonrojará más y terminara por esbozar una sonrisa con ellas. Había que reconocer que ambas eran muy agradables.
- Vaya, vaya... Interesante tipo ese Holmes, por lo que veo. - dijo Dara sonriendo con complicidad - Así que debería ser uno de esos tipos despreciables a los que romperías la cara por su arrogancia, pero al que acabas sonriendo como una tonta cuando te dice un cumplido... ¿me equivoco? - y bajó la vista hasta su taza, pensando en que si era así y alguna vez el tal Holmes pasaba por Nueva York podría presentarle a un amigo.
- No Dara, no andas descaminada. Es algo arrogante, pero jamás sonreiría ante un cumplido de él. Seguramente ese cumplido será malintencionado. Tendrá alguna cínica doblez. - Madeleine se dio cuenta de que Dara seguramente habría tenido un mal encuentro con alguien parecido, sintiéndose solidaria con ella también bajó sus ojos hasta el plato. Había cosas que era mejor no hablar allí. Las invitaría a la inauguración de su nueva casa, así podrían relajarse y hablar mas tranquilamente de chica a chica. Algo que empezaba a echar de menos dado que sus mejores amigas la habían dado una puñalada por la espalda. Confiaba en que con Dara y Ana, las cosas no fueran por los mismos derroteros, claro que sin ningún chico de por medio, la cosa cambiaba.
- Ahora lo que más me preocupa, es el examen al que nos van a someter. Tendremos que hacer todo lo posible y tener los ojos bien abiertos para encontrar algo en esa pirámide que nos ayude. Chicas tendremos que esforzarnos al máximo, lo peor es tener que colaborar con esas dos niñeras que nos han puesto.- Y nuevamente suspiró.
- Así que tenemos a un pomposo sabelotodo y a un estudioso de Hernán Cortés. Lo unimos a una botánica, una asirióloga, una egiptóloga - al mencionar sus especialidades Dara fue señalando con un dedo a cada una de ellas- un par de militares y a algún otro incauto al que hayan pillado por los pasillos dispuestos a viajar miles de millones de kilómetros dando sólo un paso para examinar una pirámide semienterrada en el medio de un desierto y... ¿qué tenemos?
"Desde el otro lado"
Coronel Jeanne Riker, Estado Mayor (PNJ Marta)
- No se preocupe, señor. Está todo listo. El equipo saldrá en..- la Coronel consultó su reloj de pulsera-.. poco más de diez minutos.... Sí, señor, los asesores saldrán con ellos.... No, General...no creo que sea necesario... mantendremos la reunión cuando regresen, tal y como habíamos quedado... De acuerdo señor, le veré entonces.
Riker colgó el teléfono. Permaneció unos minutos sentada. Los codos apoyados en el escritorio, las manos entrelazadas y los pulgares bajo la mandíbula. Repasaba los acontecimientos de las últimas horas. La evaluación que estaban sufriendo los dos Comandos, tanto el de Cheyenne como el de Guam. Podía confesar abiertamente que la presencia de esos dos civiles, Lebau y Holmes, no le gustaba demasiado y no le agradaba en absoluto que se creyeran con derecho a evaluar 'su' base y 'su' personal.
Evitar el contacto con ambos había sido algo deliberado, y aunque la Coronel no había estado de acuerdo en un principio, siguió las órdenes del General. Su superior tenía sus razones y una vez puesta al tanto de todo, entendió sus razones.
En cualquier caso, el asunto estaba prácticamente solucionado. En esos momentos la dichosa evaluación no le preocupaba más que cualquier revisión mensual, bimestral, trimestral o de la frecuencia que fuera que el Ejército hacía a su base. Al fin y al cabo, algunos sueldos necesitaban ser justificados.
Riker se levantó para ir a ver la salida del equipo, como hacía habitualmente. Con cada misión, sentía la necesidad de estar ahí. Nunca había garantías de a dónde los enviaban. Nunca sabía qué se podían encontrar del otro lado, no importaba lo que se hubiera estudiado todo y que se hubieran tenido en cuenta todas las variables. El otro lado era imprevisible, y eso lo sabía por propia experiencia.
Con paso firme se dirigió a la sala de control. Todo empezaba de nuevo.
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