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Archivo de misiones
Crisis: 7
"Al pie de la rampa"
Capitán Catherine Ford, Antropóloga (Blanca)
Dr. Jonathan Holmes, Asesor gubernamental (Jonathan)
Dra. Madeleine Monteloup Parker, Bióloga-Botánica-Zoóloga (Yolanda)
Dr. Paul Mallory Rush, Profesor de Historia (Pablo)
Dra. Dara Santer, Asirióloga (Marta)
Dra. Ana Reyes, Egiptóloga (Ana)
Sargento Marine Raymond DeLorence (PNJ-David M.)
Dr. James Lebau, Diplomático economista (Hugo)
Coronel Jeanne Riker, Estado Mayor (PNJ- Marta)
Las frías puertas de metal se deslizaron frente a ella, dándole paso hacia una igualmente fría y gris sala de doble altura, semivacía si no fuera por la presencia del imponente anillo... y más de una docena de marines. "Buen día, Sargentos," Catherine saludó a Ritter y DeLorence luego de cinco pasos que, le parecía, había escuchado diez o doce veces en el suave eco de la habitación, casi siguiendo el ritmo del coro de la canción que se repetía en su cabeza.
-Buen día, Capitán,- contestó Ritter desde su 'pecera' cristal blindado. Sin sonrisas, pero con amabilidad. El tipo le caía bien, lo suficiente como para que a Catherine no le molestara la falta de líneas de expresión en su rostro. Sin embargo, dichas esas palabras y sin motivo para cruzar más, tenían poco de que hablar. Tampoco le molestaba, y le ofreció su espalda para saludar a los marines de DeLorence y así 'liberarlos' de las obligaciones protocolarias para, finalmente, quedar de frente al Stargate.
Su presencia la había intimidado en su primer encuentro. Podía recordar, también, el temor que le había provocado la mera idea de utilizar tal medio de transporte y, también, la admiración hacia quienes habían diseñado semejante maravilla. Al verlo en funcionamiento, en cada oportunidad, esperaba que el 'agua' se derramara a sus pies.
En poco tiempo se cumpliría un año de aquella experiencia y allí estaba, tan admirada como la primera oportunidad. Inmóvil, frente a él, disfrutando de esos minutos de calma, sin preocuparse por quien la observara. Con los brazos alrededor de un rifle, esperando la hora de atravesar media galaxia, y apenas un poco más de sabiduría: sabía, ahora, que sus problemas viajarían con ella.
A su alrededor se congregaban los marines a su mando, dirigidos por el Sargento DeLorence, que les pegó un buen grito de atención en cuanto ella entro en la sala. Ellos demostrando su entrenamiento y su obediencia dejaron lo que estaban haciendo y se pusieron en posición de firmes mostrando sus rifles de asalto frente a ellos a la superior.
Estaban con los últimos preparativos, que no eran pocos. El FRED estaba a rebosar, según Ray cargado de "dodoties" para los niños. Como iban a pasar un número de días indeterminado en el exterior necesitaban todo tipo de material, en especial las aparatosas (pero luego cómodas) tiendas de campaña. El sargento aprovechó para ir mirando frente a frente a la cara a cada uno de los hombres a su cargo, quince de los mejores, sabía sin duda que responderían perfectamente a sus expectativas...
Holmes volvió a comprobar el seguro de las pistolas, se había acostumbrado desde...parecía que desde hace una eternidad, o toda la vida, a llevar dos, sabía que eso molestaba a más de una persona, pero como siempre le gustaba demasiado marcar diferencias, y llevar a la gente enfadarse con él, "Si Cristina todavía me hablara comentaría que es una manera de autocastigarme,...pero yo creo que es por que me han * dibujado así *".
Miró a los integrantes del equipo, sabía que no era su compañero favorito,... pero en el fondo le encantaba esta situación. También achacaba su mal talante a la conversación de la noche pasada. Había acompañado a Catherine a la base, en un silencio...cortante, y después no se había quedado. Encontró un bar menos recomendable que el que visito antes - supongo que en mis genes está en buscar esos sitios - y cuando ya amanecía, regresó como pudo. Utilizó el viejo truco que le enseñaron los pilotos, respirar oxigeno puro para quemar el alcohol, después un litro de café,... "Y que narices hago aquí...idiota no te engañes sabes que haces aquí." Palpó el bolsillo de su chaqueta, los puros seguían allí, una vieja costumbre que también molestaba. "Por lo menos no llevo todo mi equipo", pensaba mientras una sonrisa llegaba a su cara cuando recordaba a aquel sargento preguntándole por que cargaba con * ese pincho * a su espalda.
Miró hacia la Capitán Ford, y por una vez deseó no haber hablado,...pero ese deseo sólo lo acompañó un instante. Hasta que vio sus ojos. "Apártate de ella, lo que no puede ser no puede ser"
Después de un agradable desayuno con Ana y Dara, Madeleine recogió su equipo y se presentó en la sala del Stargate, allí estaban casi todos. Saludo a los allí presentes con un simple -buenos días-, no tenía cuerpo para nada más. Había intentado descansar toda la noche, pero estaba muy inquieta y con alguna que otra molestia y sólo logró dormir a ratos. Miró con evidente cara de enfado a Holmes y hubiera deseado sacarle la lengua como si fuera una colegiala incapaz de hacer algo bien, pero no quiso darle el gusto de que se mofara de ella. Centró su mirada en el Stargate y se mordió el labio ahora estaba allí expectante y nerviosa ante el nuevo viaje.
Cuando estaba a escasos metros de la entrada, Paul fue ralentizando la marcha para intentar no dar la sensación de prisa a los que ya pudieran estar allí. No estaba seguro de si era un deseo de llegar a tiempo o de no poder esperar a cruzar la puerta. Volver a hacerlo le causaba una profunda turbación. Justo antes de alcanzar el portón de acceso, se detuvo por un breve instante, volvió a tomar conciencia por un segundo de cuantas sensaciones e intenciones iban a conformar el equipaje en aquella travesía. La falta de sueño había sido recuperada aprovechando hasta el último segundo en la cama por lo que su estómago estaba vacío y el desayuno se transformó en una utopía. Comprobó por última vez que no se había dejado ningún elemento del equipo necesario. Tomó aire y reinició la marcha.
Al entrar en la sala Paul vio que ya había gente allí. Catherine, Madeleine y Holmes. "Bueno, al menos no he llegado el último" pensó al comprobar que Ana aún no había llegado. Se acercó a los presentes y saludó de una manera un tanto fría. Ver aquellos tres rostros juntos no le transmitía excesivas buenas vibraciones y el silencio que parecía reinar le mostraba la presencia de una tensión labrada desde el día anterior. Sin mirar a nadie en concreto lanzó un - Buenos días - que buscaba descaradamente pasar lo más desapercibido posible. Se quedó mirando por un momento el Stargate. Acto seguido resopló fugazmente como si estuviera en el club de tenis de Key Biscaine intentando buscar fuerzas para afrontar un tercer set. Definitivamente estaba tenso.
Dara entró en la sala del Stargate y de un solo vistazo pudo sentir la tensión que se palpaba en el ambiente, no sólo por la inmediatez de la partida (motivo más que suficiente) sino por eso 'otro' que llevaba flotando en la base durante las últimas horas. Dio un suspiro y se limitó a lanzar un buenos días general a todo el grupo, recorriendo con su mirada a todos sus componentes, y especialmente a los compañeros a los que no conocía. Había aprendido a no fiarse de las primeras impresiones, pero algo le decía que esta vez, no iban a cambiar.
Ana entró detrás de Dara, saludó con una sonrisa a los demás, y se soltó la mochila mientras palpaba que todos los cierres estuvieran correctos, aprovechando el tiempo mientras llegaban los que faltaban. Miró de reojo a los que estaban en la sala.
James llegó a la sala, había corrido por los pasillos, hacía años que no llegaba tarde a ningún sitio, pero claro, no estaba en un lugar cualquiera, la noche anterior se la había pasado leyendo los informes de los componentes del equipo que saldría de *paseo* desde el soldado raso hasta la capitana Ford, luego el error fue comenzar a leer su libro hasta acabarselo. El sueño le había vencido. Miró su reloj y entró en la sala, justo a tiempo por escasos segundos. -Buenos días a todos.-
James miró a cada uno de ellos, una vez encontrada la cara de Holmes se situó a su lado. Quizá lo que más le doliera de este viaje era saber que de todos los que hoy saldrían muchos no volverían a trabajar para el proyecto y que él era una de las personas que tenía que tomar esa decisión.
Para tranquilizarse James comenzó a jugar con la baraja de cartas que llevaba en el bolsillo, sin mirarla sabía que tenía en lo alto de la baraja el as de corazones, un viejo truco que le enseñó su padre, miró el circulo de metal, sería su segundo viaje, con la diferencia que ahora viajaría a otro planeta, quien se lo hubiera dicho.
En el interior de la sala de control, Riker contemplaba al grupo sin ser vista. Todos estaban demasiado pendientes de parecer indiferentes como para alzar la vista hacia su posición. Pasó una rápida mirada sobre los paneles de control. El tiempo pasado en el Comando la había familiarizado con cada pantalla, cada pitido y cada luz. Sabía que todo estaba listo.
Catherine apenas cruzó una mirada con ella, presintiendo su presencia, y se dirigió a DeLorence que, con una simple inclinación de cabeza, le confirmó que todo estaba listo. Subió unos pasos sobre la rampa, para dirigirse al equipo. *Su* equipo.
-Nuevamente, buen día a todos. Creo que ya todos nos conocemos, pero para hacerlo oficial, nos acompañarán los Doctores Lebau y Holmes-, les dedicó una leve inclinación de cabeza a cada uno, aunque evitó los ojos de Jonathan -como observadores. Vamos a cruzar en parejas: Sargento DeLorence, conmigo, llevaremos el FRED. Marines Daniels, Reynolds...- enumeró a los demás, -nos siguen. Doctores, ustedes continuarán en parejas, a su gusto. Cabo Goitiers y Marine Fitgerald, ustedes cierran. ¿Comprendido?-
Tras escuchar los determinados -Sí, señora- de los marines, y dar una mirada al reloj, Catherine bajó la rampa, hacia la Sala de Control. -Estamos listos, señora,- dirigiéndose claramente a la Coronel. Ella simplemente dio una instrucción a Ritter, que comenzó el conteo de chevrones como si se tratara de un despegue de la NASA, y finalmente anunció la conexión como si de un triunfo se tratara. Seguidamente, revisó la información de la MALP y confirmó que todo se encontraba en orden. Catherine se sonrió. Ocho en punto.
- Buen viaje, señores. - fue el escueto y breve mensaje de Riker antes de que uno a uno comenzaran a subir la rampa que les llevaría a cruzar la puerta.
"Punto de inicio"
Teniente Brittany Williams, Sanitaria (PNJ, Blanca)
Subteniente Andrew McBride-Smith, Inteligencia Militar y Comunicaciones (David M.)
Las cristalinas aguas del mar brillaban, tranquilas, bajo la luz de la luna que centelleaba sobre la ondulante superficie. El suave sonido de las olas rompiendo sobre la arena dorada, era interrumpido apenas por el de sus voces. Brittany se sentía relajada, caminando descalza, con las sandalias colgando de su mano y balanceándose suavemente al ritmo de sus pasos. Quizá se estaba aprovechando de la situación, pero cada vez que cruzaba el Stargate desde UIC hacia la Tierra no podía sino sentirse liberada. Hacía ya varios meses que las cosas no eran como en un principio y, aunque esperaba el cambio, no había sido precisamente bueno para ella. Debía reconocer que sólo una razón la mantenía allí, y se encontraba caminando a su lado.
Aprovechó una pausa en la conversación para mirarlo. Veía su perfil, recortado contra las luces de los distintos bares y restaurantes que acompañaban su recorrido por la playa de la bahía Tumon. Bajó la vista apenas él se giró hacia ella, como consciente del escrutinio, y disfrazó el gesto cambiando apenas su paso mientras el agua bañaba los pies de ambos y volvía a retirarse. Se sabía ruborizada, apenas, pero no era la primera vez de la noche y, con suerte, tampoco sería la última.
Retomó la conversación donde la había dejado. - Así que, según el Cabo Foster, recibo un porcentaje increíble más de mensajes que el resto de la gente normal... bueno, tan normal como podamos ser todos en la Unidad de Instrucción. Me da pena, a veces... el Teniente Smythe está esperando familia y, según dice, los mensajes de su esposa a veces demoran mucho en llegar.- Alzó los ojos hacia los de él que, según notó, aún no se habían despegado de ella. - No es que yo sea amiga de Goring, ni nada por el estilo.-
Andrew sonrió, a ella no le tenía que mentir ni ocultar información y podía hablarle con libertad de su trabajo. - No te preocupes, mi trabajo es asegurarme de que llega la información a la UIC. El problema que tiene el pobre Smythe es que su familia vive en la otra punta del mundo (lo cual no es difícil desde la referencia de Guam) y correos tarda considerablemente, si puedes hablar con él dile que pida permiso para concertar una conexión telefónica semanal. En el caso que se encuentra es algo que puede reclamar en caso que renuncie a los días de baja por paternidad (ya sea voluntariamente o por necesidades del servicio). - Antes de seguir hablando hizo un ademán de planchar su rebelde camisa de flores al estilo más hawaiano, no se sentía muy cómodo con su atuendo ni con lo que iba a decir. Le tocaba cambiar el chip de experto técnico y burócrata a romántico enamorado, y no lo llevaba muy bien. Casi inconscientemente le tendió la mano a su acompañante. - Sobre tu saturación de mensajes e información. Por suerte tengo la prerrogativa de incluir mis mensajes personales en cada envío a la UIC, y teniendo una tan buen razón no es cuestión de desaprovecharla.
Mientras Brittany se detenía, su sonrisa se extendía para transformar su expresión en una de puro deleite. -Así que así son las cosas...- dijo, mientras tomaba la mano de Andrew con la que tenía libre antes de retomar la caminata. Era un camino que venían transitando hacía tiempo, y ese acto era fiel reflejo de su evolución natural. A tantos meses, y casi tantos encuentros, era la primera vez. En ocasiones, la joven Teniente se preguntaba qué les había hecho tomar esa ruta, llena de curvas y desvíos... pero la disfrutaba. Esperaba, sí, que éste fuera el "por fin".
- Me encargaré,- prometió solemnemente, mirándolo a los ojos -de que Smythe reciba tus recomendaciones.- Rió. -Y me seguiré comportándome de lo más extrañada cuando alguien comente sobre cuánto correo recibo.
Andrew respondió a su sonrisa como un colegial, más concentrado su cerebro en la caricia largamente ansiada que el contacto de la mano de ella producía en la suya. Como un escalofrío recorrió su cuerpo y pareció hacerlo caer de la nube en la que se encontraba para chocar con la realidad del sentido de sus últimas palabras. "En el mundo de los espías cualquier conducta es sospechosa".
- Te recomendaría que tal como están las cosas y como van a poner no des más explicaciones de las necesarias y tengas sumo cuidado a quién las das. - Su faz se tornó repentinamente de una seriedad temible mientras le daba este consejo. - El tráfico de mensajes ha aumentado considerablemente sobretodo desde y hacia el Estado Mayor y Pentágono. Me temo que nos encontramos ante otra de las famosas maniobras políticas que nos pondrán bajo el microscopio.
- Y ahora que somos parte de los "secretos" creo que tenemos bastante que perder.- Concluyó él mirándola con una especie de ansia de protegerla, consciente de la doble lectura que podía llegar a darse a sus palabras.
El súbito cambio de tono llevó a sus hombros a temblar, apenas. Observó a Andrew, como si necesitara asegurarse que estaba hablando en serio, a pesar que no lo dudaba. Consideró las opciones, para llegar a la conclusión de que si él lo decía, posiblemente tuviera razón: ella no tenía idea de qué le estaba hablando, pero sabía que el Proyecto estaba en permanente escrutinio y no precisamente para su propio bien. -No te preocupes por eso,- se acercó a él, rozando su cuerpo con el suyo mientras seguían caminando, y apretó su mano ligeramente. -Puedo ser discreta. A estas alturas...- comenzó mordiéndose el labio inferior, pero terminó con una sonrisa -deberías saberlo.
-Lo siento, no lo puedo saber todo.- Si se imponía un cambio de tema, él no pensaba quedarse atrás. Así que recurrió a un viejo truco, hablar del "weather". Teniéndola tan cerca era imposible no intentarlo...- ¡Burrr! Parece que en esta paradisíaca isla de las Marianas también sabe hacer fresquito. - Acompañó su frase con frase con su mejor actuación (aunque difícilmente le darían un Tony) mientras usaba su mano izquierda a su hombro contrario como intentando darse calor. El que la ligera brisa hubiera cesado le restó "un poco" de credibilidad... Pero esperaba contar con la "buena fe" de su público.
Era el momento exacto de patearlo, a ver si se daba cuenta. ¿No acababa de temblar ella? ¿O acaso...? Brittany alzó sus ojos al cielo en silenciosa plegaria, regaño y agradecimiento antes de detener a Andrew, soltar su mano y dar dos pasos que la colocaron justo frente a él. Las cartas geniales y divertidas que había disfrutado durante meses merecían, mínimamente, que se atreviera a tomar el paso que les ahorraría un año de tiempo.
-A ver si puedo ayudarte,- dijo, sabiendo que si bien podía contener la risa, su sonrisa la delataba. Frotó sus brazos con energía, de forma ascendente, sintiendo el contorno de cada músculo y el aumento de la temperatura de las palmas de sus manos. Llegó a sus hombros, y allí decreció el ritmo, mientras le daba la vuelta para quedar a las espaldas del Subteniente, transformando el movimiento en un suave masaje. Acercó los labios al oído, para susurrar. -¿Mejor?
Él se sintió henchido de una inmensa oleada de calurosas sensaciones, sin duda si hubiera tenido frío hubiera sido totalmente sofocado por su mero contacto. Cada poro de su piel se estremeció con fuerte caricia y cada vello se erizó como respuesta. Sin duda ella había ganado sacando a relucir los más bajos instintos de él. Cuando las ondas de su melosa voz golpearon su tímpano, él ya estaba completamente derretido.
Cuando volvió a recuperar el dominio sobre sus temblorosas manos y antes de poder, siquiera, articular una respuesta en su cerebro. Subió sus antebrazos para atrapar su esbelto talle en un sólido abrazo. A la vez que subían por su espalda para cruzarse la atraían hacia él. Sin esperar respuesta giró su cabeza (aprovechando que ella separaba la suya de su hombro y se giraba hacia su rostro) y la besó con pasión. Era como si intentaran absorber toda la esencia de lo que era el otro (o su idea de el otro) a través de la pequeña grieta en su ser que representaba la leve abertura de sus labios. Probablemente no para todo el mundo, pero el tiempo se detuvo a su alrededor... O al menos su percepción de él. Cada célula de su ser clamaba deseando fundirse con las de su pareja, los sentimientos se desataron con la fuerza destructora e imparable de un tifón.
Siglos después extenuados lograron separarse con la mera excusa de su necesidad de respirar para sobrevivir. A duras penas Andrew logró articular la respuesta, sin pensarla:
- Así está mejor...
(Best...)
"Nunca digas nunca jamás"
Doctor James Lebau, Diplomático economista, Hugo.
A James comenzaron a pasarsele los efectos del mareo de tener que cruzar la puerta, aunque a simple vista ninguno de sus compañeros hubiera dicho que sus tripas estaban más revueltas que una batidora funcionando dentro de una noria. James observo el paisaje, si es que se le podía llamar así. Desde la puerta estelar habían estado caminando para montar el campamento a una distancia no excesivamente lejana en mitad de... la nada. Básicamente la *decoración* venía a ser, arena, piedrecita, arena, un marine, arena, piedrecita, otro marine, un doctor y otra vez a empezar. Como bien dijo la capitán referiendose al planeta: *interesante*.
Lo único que resultaba interesante en aquel lugar exceptuando evidentemente que se encontraban a millones de años luz de distancia de la tierra y que acaban de cruzar un portal construido por alguna raza alienigena desconocida, hay quedaba eso, era la enorme piramide que se hallaba no muy lejos de donde estaban montando la base, a James le recordaba una de esas piramides Incas o Mayas, cuando visitó Perú estuvo en una de ellas, le tenía cierto parecido. A lo mejor el famoso *El Dorado* no se encontraba en la tierra por que estaba en algún planeta lejano.
La base estaba practicamente terminada de montar, los soldados trabajaban rapidamente terminando de ultimar los detalles de esta, mientras los doctores revisaban sus aparatos, James no tenía muy claro que tipos de cosas se estudiaban de un planeta como este, vale que se quisiera estudiar la piramide, pero que se podía extraer de un planeta que a simple vista parecía desertico, ¿petroleo? o quizá era que el Stargate se hallará en lo que sería una especie de desierto del Gobi P5S-365iano.
Para ser un desierto no hacía excesivo calor, en cuanto les designaron una tienda donde poder ponerse con los ordenadores y los papeles la sombra ofrecia un abrigo y convertía la temperatura en algo incluso agradable, James bebió un trago de su cantimplora. Era la hora de ponerse a trabajar. Le apetecía charlar, conocer más al personal.
James salió de la tienda, hacía años que no se ponía un traje militar del desierto, pero como bien decía Peter Pan: *Nunca digas nunca jamás*.
"Ascensión a la esperanza"
Capitán Catherine Ford, Antropóloga (Blanca)
Dr. Paul Mallory Rush, Profesor de Historia (Pablo)
Dra. Ana Reyes, Egiptóloga (Ana)
Dra. Dara Santer, Asirióloga (Marta)
5 marines (PNJs, David M.)
Dr. Jonathan Holmes, Asesor gubernamental (Jonathan)
El grupo de civiles iba en el medio flaqueado por los militares.
Mientras la capitán iba a la cabeza, dos parejas de marines cubrían los
lados mientras que el Cabo Goitiers estaba en la retaguardia. Todo
parecía tranquilo y desértico, pero nunca se sabía.
Si desde lejos la pirámide parecía grande, a sus pies lo era mucho más,
aún. Catherine observó que no había calculado erróneamente la proporción
de los escalones. Las huellas eran algo más anchas que las de, digamos,
la famosa pirámide de Chichén, no sólo entraba un pie completo sino que
las contrahuellas estaban bastante mejor proporcionadas para un ser
humano normal que no adoraba serpientes emplumadas, si bien no pasarían
ninguna inspección municipal.
La Capitán hizo el ademán de acomodar la mochila, preparándose más
mental que físicamente para la escalada, antes de levantar la pierna
derecha y apoyar su pie, apenas inclinado, sobre el primer escalón. Ya
no había vuelta atrás: con un marine al lado, no sólo que no podría
darse el lujo de pararse a respirar, sino que ni siquiera podría
mostrarse agitada. A menos que alguno de ellos lo hiciera antes, claro.
Aunque podría poner la excusa de mirar hacia atrás y ver qué tal la
llevaban los civiles... 'No seas floja,' se reprochó mentalmente.
"Increíble" se dijo Paul a si mismo al contemplar las dimensiones de
aquella estructura. Desde que vio las fotos las ideas y las
interrogantes de habían agolpado en su cabeza sin orden alguno pero
estar allí delante era completamente diferente. Sus ojos habían
permanecido atentos desde el primer momento en que aquella pirámide
apareció a la vista. Había pasado las últimas horas tratando de asociar
ideas respecto al origen de la construcción y otras similares que había
estudiado, aunque en la distancia, tiempo atrás.
Sus ojos fueron descendiendo progresivamente desde la cúspide hasta la
base en la que por delante todo parecía listo para emprender la marcha.
En ese instante, Paul buscó en el bolso superior derecho del chaleco y
encontró algo que había conseguido poner a buen recaudo de los
enrevesados cierres de la mochila. Un pequeño bloc de notas y un
bolígrafo e hizo unas breves anotaciones. No podía acceder a la cámara
de video, habría sido demasiado aparatoso en ese momento pero si podía
registrar sus impresiones en papel justo un pequeño instante antes de
comenzar aquel ascenso.
Ana mantenía la vista fija hacia arriba, el edificio era imponente,
observó los detalles que había apreciado de lejos y en las fotografías,
miró hacia lo alto, estaba deseando llegar allí arriba. Emprendieron la
marcha. Ana caminaba mirando hacia arriba, con cuidado de no tropezar y
mantener el ritmo. La mochila le pesaba un poco pero ya estaba
acostumbrada. Se felicitó a sí misma por los entrentamientos de los
últimos meses.
Así que era allí arriba donde iban a subir. 'Y con este sol de
justicia'. Dara contempló la imponente pirámide escalonada mientras se
ajustaba la visera. Sacó las gafas de sol de uno de los bolsillos de su
chaleco. Más que la luz del sol, lo que le molestaba era su reflejo en
el mar de dunas que rodeaba la pirámide. No iban a conseguir el éxito
sin esfuerzo, desde luego. Seguro que cuando llegara a lo alto de la
pirámide se arrepentiría de haber subido. Sonrió pensando que al próximo
que la llamara ratón de biblioteca lo traería de misión por las orejas.
En cualquier caso, y con todas las quejas que se callaría y las que no,
lo que era seguro es que no cambiaría el cansancio que estaba a punto de
sentir por nada del mundo.
Se puso las gafas y sólo entonces recogió nuevamente la mochila que
había dejado momentáneamente en el suelo, para llevarla a su espalda,
ajustándose las cintas. -Pan comido.- murmuró para darse ánimos.
La original intención de contar los escalones se vio malograda por su
pésima capacidad de distraerse con el tema de su elección cuando más lo
necesitaba. Catherine se acomodó la gorra, aprovechando para secar el
sudor de su frente, mientras perdía la cuenta por cuarta vez, y recién
estaban llegando a la mitad de la escalera. Se aseguró que la sombra de
la visera diera sobre los lentes, aunque no estuviera perfectamente
derecha "a lo marine". Más arriba podría enderezarla. Escalón tras otro
desaparecían bajo sus pies, mientras el metal del fusil seguía ganando
calor del sol y sus propias manos, y comenzaba a darse cuenta que
quitarse la camisa, aunque tuviera la remera negra reglamentaria debajo,
no sería una opción. Al menos, no hasta que tuviera oportunidad de
conversar con uno de los asesores del gobierno que los habían
acompañado... Giró la cabeza hacia él, que había decidido no
acompañarlos, pero mantuvo la frialdad como para hacer de su gesto una
mirada abarcativa, que comprendiera a todos los miembros del equipo,
antes de volver a mirar al frente. "Un millón trescientos mil uno..."
Holmes recibió la mirada de la capitana, sabía que llegaría el momento
en que tendrían que conversar, era necesario ya que por desgracia ella
estaba al mando del equipo y él era el evaluador. Por un instante se
dirigió hacia la piramide, luego empezó a centrase en lo que debía de
hacer. - Todo a su tiempo, lo primero ahora es ...ser profesional-. Y se
giró dirigiendose hacia la zona donde se instalaban las tiendas, el
tremendo calor hacía difícil estar bajo el sol y quería tener la cabeza
fría para continuar con su cometido.
** Å **
"Ana, Dara, Paul, esperen aquí un minuto." Ford se quitó la mochila, que
dejó sobre la superficie de piedra, y preparó su rifle. La linterna estaba
lista para ser encendida. "Goitiers," comenzó con el cabo y terminó de
nombrar al resto de los marines, "vamos." Los seis bajaron juntos hacia el
patio del palacio, y les dio algunas instrucciones, para finalizar señalando
el extremo opuesto de la pirámide. "Anderson y Spader, conmigo. Los demás
con Goitiers. Nos encontramos allí..." Entró al pasillo y giró a la derecha,
seguida de los dos marines, mientras Russell, Shanks y Goitiers lo hicieron
en la dirección contraria para comenzaron a revisar, la sucesión de
habitaciones que se abrían al corredor.
Iban con rapidez; lo más importante era asegurarse que no hubiera nada
obviamente extraño o peligroso para que luego los civiles hicieran su
trabajo. La diferencia entre la luz exterior, la media luz del pasillo y
relativa oscuridad de las habitaciones ciegas que abrían a él, le daban
una impresión entre familiar, y extraña. Notó los colores que se
develaban bajo la luz de la linterna que llevaba adosada al rifle, pero
no quería ni podía demorarse a revisar las habitaciones... eso debería
esperar.
Paul permaneció atento a los movimientos de los marines hasta que
desaparecieron dentro de la construcción. Después se dio la vuelta para
contemplar por un momento el paisaje. "Seguro que media Florida se
trasladaría aquí a disfrutar de su jubilación" pensó observando el
inmenso mar de dunas que se extendía hasta el horizonte. Tras el breve
paréntesis contemplativo Paul sintió intriga por saber quien era la otra
mujer que les acompañaba. Ya conocía a Ana del día anterior pero salvo
el nombre, que acababa de oir en boca de Ford, no sabía nada acerca de
aquella persona de rasgos delicados y mirada un tanto enigmática que
completaba el trío.
- Perdone...¿Dara? - le dijo sonriendo y tendiéndole la mano - Yo soy
Paul Mallory. Encantado de conocerla. Con Ana...- sus ojos se
desplazaron por un momento buscando los de la doctora Reyes - ...tuve el
gusto de hablar ayer brevemente pero no sabía nada de usted. -
Dara estrechó la mano que le tendía su compañero -Encantada... Paul...
Apuesto a que podrá explicarnos muchas cosas acerca de nuestra "amiga".-
dijo señalando el interior de la pirámide.- Ana me explicó que lo suyo
son las culturas precolombinas...- añadió a modo de justificación.-Lo
mío siempre han sido los desiertos...- El sonido del radio la interrumpió.
Catherine dejó la relativa oscuridad del interior y pestañeó un par de veces
antes de poder distinguir claramente las figuras de sus compañeros, que
había dejado en el lado opuesto al que se encontraban ahora. El encuentro
con el grupo de Goitiers no había tendio mayor novedad. Accionó el radio.
-Chicos, el Hyatt abre sus puertas, sean bienvenidos.-
"Debilidades"
Doctor Jonathan Holmes, Asesor gubernamental (Jonathan)
Doctora Madeleine Monteloup Parker - Bióloga (Yolanda)
Una vez más Madeleine se maravillaba, el viaje por el Stargate seguía siendo algo extraordinario. El latido de su corazón se aceleraba a medida que se acercaba a la puerta para cruzarla. Junto a ella iba Paul, el cuál también parecía maravillado.
Tras el inmenso frío al cruzar la puerta llegó el calor del desierto. Sofocante, terriblemente sofocante. Madeleine llevaba el pelo suelto y un chambergo, que al parecer quizás no le sirviera de mucho. Pero había sido el mejor disfraz para tapar si cabe aún más que los temidos moratones vieran la luz y pusieran en guardia a sus superiores. Había que añadir al molesto calor del sol, su resplandor que sobre las arenas del desierto cegaba, por lo que para evitar las molestias se puso las reglamentarias gafas de sol que tan bien le quedaban a Kurt Russell en una película de ciencia ficción que vió una vez sobre un viaje por las estrellas.
A través de aquellas gafas pudo observar la aridez del desierto, parecía no albergar a algún tipo de vida. Pero ya se encargaría ella de encontrar algo aunque fuera diminuto. Tampoco parecía haber pozos de agua cercanos. Menos mal que tenían provisiones de sobra. Observó como muchos de sus compañeros comenzaba a quitarse la ropa. Pero eso era algo que de momento Madeleine no podía hacer. Tendría que aguantar por lo menos hasta que estuvieran montadas las tiendas, o evitar el trabajo más pesado argumentando que se iba a la pirámide para ponerse a observar los bajorrelieves * in situ * de inmediato, así podría buscar alguna sombra de la pirámide para evitar el sol más directo.
Se trasladaron al punto en el que decidieron situar la base de operaciones, y los soldados debidamente aleccionados comenzaron a montarla. Sin embargo viendo al resto de los soldados y los compañeros ya en continuo bullicio, Madeleine se sentiría terriblemente avergonzada dejando que sus compañeros trabajaran por ella, por lo que decidió finalmente dejar su equipo a un lado y ayudar en el montaje de la base, en concreto en el área de investigación soportando el calor estoicamente.
El calor comenzaba a resultar muy agobiante y con el trabajo físico de abrir los equipos montarlos comenzaba a sentirse mal. Se dirigió a su mochila y buscó en ella unos calmantes pues los dolores con el calor y el duro trabajo comenzaban a aparecer. Pero después de revolver en su mochila recordó que se los había dejado en el baño de la base.
"Mierda Madeleine, acabas de condenarte, ¿y ahora qué?, ¿cómo mitigar este dolor que va en aumento?." Madeleine se sentó sobre sus rodillas dando un puñetazo sobre la arena que ocasionó que le dolieran aún más los brazos. Si no tomaba unos calmantes en la tarde no podría ni respirar. Bebió de su cantimplora un sorbo de agua. Al menos bebiendo el agua a chorritos se haría más llevadero el calor.
Después de un buen rato la tienda del laboratorio estuvo montada gracias ala colaboración de un par de soldados y de todo el grupo. De vez en cuando Paul la animaba a seguir adelante, presentía que él se daba cuenta de que no lo estaba pasando bien. Sin embargo, el actuaba restándole importancia y haciéndole más llevadera su cruz.
Ya montada la tienda, se comenzó a instalar el material de laboratorio. Madeleine quería supervisar que todo el material estuviera en perfectas condiciones, y a pesar del calor y los dolores que ya eran muy fuertes siguió con ello.
En la tienda, ya sola y a la sombra decidió ponerse a sacar todo para tenerlo preparado para analizar de inmediato cualquier cosa que se encontraran. Al intentar llevar una caja con material de investigación que comprendían apuntes de análisis de la MALP y de la UAV, el dolor en los brazos se hizo insoportable. Dejó caer la caja y contuvo un gemido. El contenido de esta quedó desparramado por el suelo. Se dejó caer en él de rodillas y conteniendo el dolor comenzó a guardar todos los papeles en la caja. En esto se encontraba cuando escuchó una voz a su espalda que la hizo volverse un tanto sorprendida. Sin duda era él, casi se había olvidado de su existencia centrándose en el trabajo, pero claro teniendo en cuenta que lo supervisaba todo era de prever que tarde o temprano se inmiscuyera en sus cosas.
- ¿Necesita ayuda Doctora?-. Holmes llevaba un rato observando la eficacia de la instalación del campamento, después de ayudar a instalar la tienda, pudo observar a los integrantes del equipo, desde hacia un rato le parecía que Madeleine se encontraba mal, una sensación que le acompañaba desde su encuentro en la base.
Allí estaba en la puerta de la tienda sonriendo como siempre hacía. Estaba segura que cuando sonreía así algo ocultaba, y no sabía que había visto exactamente. Le devolvió una gélida mirada, y comentó:
- Te divierte verme por los suelos, ¿verdad?. Supongo que te habrás reído de mi torpe caída, esa es tu especialidad -. Madeleine le tanteó, y como siempre negando con la cabeza se reprochó el tutearle, pero era algo casi inevitable, y por momentos aumentaba esa forma de dirigirse a él. Y siguió recogiendo papeles del suelo. - Podrías ayudarme, hay mucho que hacer si quieres colaboración por mi parte, ¿no es acaso eso lo que tenemos que hacer?, * colaborar con el enemigo * - dijo enfatizando las última palabras.
Holmes se acercó y empezó a recoger todo el desparramado equipo. -Más correctamente es *colaborar con el enemigo *, pero me pregunto quien es tu enemigo en realidad-. La miró a los ojos. -Creo que necesitas más ayuda que para recoger este estropicio, hay algo que debiera saber, o en que te debiera de ayudar... -. Dejó un instante para que valorara sus palabras. -No se si sabes lo que se está jugando aquí, pero te considero una persona inteligente.si es necesario que se sepa algo, mejor ahora, a que nos estalle en la cara dentro de unos días-.
Madeleine interrumpió la recogida de papeles y alzo su cabeza encontrándose con los ojo de Holmes, unos bonitos ojos por cierto. Le miraba con cierto recelo, sopesando cada una de las palabras que había pronunciado. ¿Su enemigo?, pues lógicamente era él, y el de todos, no sólo de ella. Pero no claro, no se refería a ese * enemigo *. Entendía muy bien a lo que se refería, pero por nada del mundo quería hablar del tema y menos en ese momento y mucho menos con Holmes. Contarle su situación sólo significaría un problema más que añadir a los que ya tenía. Pero el semblante de Holmes ya no era el que segundos antes mostraba, ahora reflejaba cierto interés y preocupación, pero Madeleine no estaba segura de que estuviera tan interesado en su situación como en el desarrollo de su trabajo, no había que engañarse, él la veía como un obstáculo, y ella no iba a ponérselo fácil. Además lo de la caída parecía no habérselo tragado. "Muy hábil Holmes, muy hábil...", pensó.
Suspirando Madeleine le respondió: - Jonathan... agradezco tu preocupación por mi pero no hay nada que pueda estallarte en la cara. Mi trabajo no se ha visto mermado, ni siquiera he bajado el ritmo, estoy algo cansada por el calor y el estrés de la salida... llevo unos días trabajando duro, tan solo necesito descansar un poco. Ni siquiera voy a subir a ver la pirámide, me quedaré abajo para poder seguir estudiándola desde aquí, luego más tarde en cuanto anochezca cenaré algo y después de unas cuantas horas de sueño estaré como nueva. Sólo necesito eso, descansar -.
Recogió los papeles y ya con todos ellos en la caja apenas podía casi ponerse de pie, pero tenía que aguantar el tipo, por momentos el calor era más sofocantes y no estaba segura si llegaría a desmayarse. Tendría que aguantar cuanto pudiera. A pesar de todo prosiguió mirando tristemente a Holmes:
- Y... Furia, si sé lo que se está jugando aquí y lo importante que es, yo misma he puesto mucho en este juego, ni te imaginas cuanto he dado de mi. No creas que lo sabes todo. Deberías hacer mejor tu trabajo, si pensabas trabajar con nosotros, deberías haber intentado saber más acerca de nosotros. No siempre soy tan bocazas..., y en la misión no debía de haberme comportado... de la forma en que lo hice... -. Madeleine le miró pensando que si hubiera sido Holmes su rescator las cosas hubieran sido bien distintas. En la UIC, a lo largo de toda la misión, a pesar del énfasis que puso en hacerle la vida imposible, había cuidado bien de ella, en sus estúpidas caídas siempre la había ayudado a levantarse, y cuando creyó que tenía el pie torcido, la ayudó. Pero lo que había ocurrido era demasiado íntimo para confiarle a un hombre hasta al que hace poco había considerado su pesadilla. Aunque pensándolo mejor aún lo era, no había que dejarse engañar por esa mirada de angelito.
Continuó diciendo: - Si quieres ayudarme acércame esa cantimplora estoy que me muero de sed, y pon esta caja en la mesa, estoy agotada -. Ante estas palabras Madeleine intentó levemente sonreír a Holmes, pero siguió sin moverse del suelo.
Furia cogió la caja sin esfuerzo, se había dado cuenta de lo difícil que era para ella levantarse, al comprobar el poco peso de la caja, dedujo que estaba más mal de lo que aparentaba.
- Traeré el agua ahora mismo, disfruta de las vistas mientras tanto-. Mientras depositaba la caja sobre la mesa, empezó a decidir que hacer, sabía que tenía que informar a Catherine, si lo hacía ella tendría que actuar en consecuencia, "Obligada como oficial al mando,.fenomenal, por si las cosas no estaban bastante tensas.además este asunto, y claro eso se reflejaría en el informe. a no ser que..."
Regresó con la cantimplora junto a Madeleine, la ayudó a levantarse, y la acompañó hasta la mesa. -Doctora -, "vaya que oficial parece cuando empiezo la conversación de manera tan formal", - seré directo, creo que no se encuentra en buena forma,.ni física ni sicológica, normalmente esto ya sería un problema, pero ahora es una catástrofe, así que me gustaría que se planteara el retirarse de esta misión, su estado actual puede reportar otro tipo de inconvenientes,.ya se que no soy ni su amigo, ni santo de su devoción, así que no creo que me cuente nada ni quiera mi ayuda, pero piense en lo que le digo, y que sea rápido, espero que mañana ya tenga una decisión tomada. Y ahora si me disculpa, .-. Inclinó la cabeza en un saludo y se dio a vuelta, mientras añadía esta acción a las demás en que " bienestar de la mayoría es superior al de la minoría, .o al de uno solo".
"Puntos de inflexión"
Doctor Jonathan Holmes, Asesor gubernamental (Jonathan)
Doctora Madeleine Monteloup Parker - Bióloga (Yolanda)
Madeleine logró alcanzar una manga de su camisa e impedir que se marchara. - Doctor Holmes, no piense por un momento que se va a librar de mi porque piense que estoy mal. Psicológicamente me encuentro perfectamente y físicamente sólo necesito... descansar. Me echaré un rato y luego continuaré con mi trabajo - . Se mordió el labio y prosiguió: - Si quiere realmente ayudarme no comenté nada a nadie ni siquiera a Catherine, no querría preocuparla por nada del mundo, bastante tiene con esta maldita auditoría. Y lo que me pasa a mi considero que en estos momentos es irrelevante. No es nada grave se lo puedo garantizar... - .
Madeleine dudó unos segundos si contarle lo que había pasado, pero contarle a Holmes algo así suponía abrir su corazón y desde luego ya estaba bastante escarmentada al respecto, pero decidió contarle una verdad a medias y suspirando añadió: - Siéntate un momento tengo algo que contarte.- Madeleine esperó a que se sentara a su lado y prosiguió: - Fue practicando Karate hace unos días - . Se desabrochó parte de la camisa y enseñó a Holmes algunos moratones. - Tenía el Karate bastante oxidado y se me ocurrió que un amigo practicara conmigo. Le pedí que me entrenara aunque fuera muy duro. Y ahora estoy como si un tractor me hubiera pasado por encima, por eso no quiero que en parte digas nada a nadie, no quiero que nadie se preocupe por mi por haber sido tan cabezota. Nunca he sido tan cabezota como lo soy ahora, al contrario siempre he sido muy comprensible, pero en estos meses han ocurrido muchas cosas y no sé... Sólo necesito descansar un poco -. "Esto no se lo va a tragar, ni siquiera tu te lo tragas".
Madeleine se le quedó mirando, otra vez volvía a ocurrir, no lograba comprenderlo, pero cada vez ocurría lo mismo. Siempre acababa por tutearle. Sin embargo continuó:
- Si, realmente no eres santo de mi devoción, desde nuestro primer encuentro en la UIC, eres demasiado bocazas... pero he de reconocer que me has sorprendió bastante, quizás es eso lo que me molesta de ti, que no eres lo que pareces, estoy segura que hasta Catherine se ha dado cuenta, que hay algo poco claro en ti ... eso y.., que no fueras el * chulipla * que yo esperaba. Y se que debo darte las gracias por tu ayuda en aquella espantosa selva...aunque en el fondo he de reconocer que no echo de menos aquellos días-, "¿o sí?, - e igualmente te agradecería mucho que esto no saliera de nosotros. - Madeleine le miró un poco angustiada, esperaba que tomara la pequeña tregua que le lanzaba al sincerarse con él, si seguían las cosas por los derroteros marcados por Holmes volvería a la base, y no estaba dispuesta a que eso ocurriera.
Furia, se giró la visera de su gorra hacia atrás, y empezó a hablar de manera muy lenta y pausada: -Doctora,.he estado en más de una pelea para saber, que esos golpes no son un simple accidente, si hay algo que deba de notificar, existen cauces reglamentarios y legales que han de utilizarse, en segundo lugar, esta * auditoria * como la llama es muy importante,.y afecta a todos los miembros aquí presentes, así que lo que le pase a alguien del mismo, si es * relevante *, y mi trabajo tiene unas funciones, y no actuaría en consecuencia con el, ni podría exigir a los demás que siguieran las normas si yo no las cumpliera,.no es que me guste ser la * sagrada inquisición *, pero es mi función, así que no me pida que no informe a la oficial al mando,.y no voy a decir * lo siento * sonaría fatal,.sólo que tiene hasta esta noche para comunicárselo usted misma.-
Se levantó , pero antes de irse apoyó sus manos en la mesa y añadió -- - Si hay algo que quieras añadir, sabes donde localizarme,.como tu has dicho.por el * puente de mando *-.
A continuación se dirigió hacia la pirámide, quería concentrase en otro punto de su misión,.y cada vez la sensación de que estaba personalizando todos sus actos, empezaba a molestarle.
"¿Cuando empecé a comportarme como un novato?. Para que me pregunto, siempre hay un principio para romper las reglas", y empezó a subir los escalones de piedra Maddie lo vió alejarse. Tendría que averiguar más de Holmes. Había oído en la base ciertos rumores que decían que Lebau y Holmes se conocían de tiempo atrás, si hablara con Lebau, quizás averiguara algo de su pasado y podría comprender ciertas actitudes de semejante gallito. En el fondo la situación le entristecía, ¿o era lo contrario?. Fuera como fuera la guerra seguía abierta entre ambos, no habría puntos de inflexión.
"Arena y soldados"
Dr. James Lebau, Diplomático economista (Hugo)
James observó como el grupo se alejaba del campamento en dirección a
la pirámide, había preferido quedarse en el campamento, ya que Holmes
subiría a la estructura y se encargaría de evaluar la acción de campo
en ella, él se encargaría del campamento.
Básicamente la totalidad de los que quedaban en la base eran soldados,
muchos de ellos sin duda deberían de tratarse de científicos
militares.
Cuando James perdió de vista al grupo decidió dar un paseo preliminar
por las instalaciones, el campamento estaba bien surtido y el tiempo
de montaje había sido mínimo, se notaba el entrenamiento y la
preparación de los hombres. Todavía se negaba un poco a creer que todo
aquello fuera a desaparecer por mucho que fuera a decir en el informe.
No sabía muy bien que era lo que tenía tramado Holmes y quizás eso era
lo que más miedo le daba, para bien o para mal algo iba a ocurrir y el
actuar a ciegas era algo que no le gustaba nada. Prefería trabajar
sobre seguro, pero en este caso no podía hacer nada. La experiencia le
decía que lo mejor era no preocuparse al respecto, estar atento,
trabajar como lo haría de normal y esperar a ver que ocurría.
James se acerco a una de las tiendas, allí habían varios ordenadores
funcionando y un grupo de militares trabajando en ellos, al entrar
saludo y se sentó en un lado. Por lo menos allí había sombra y el
fuerte sol no le abrasaría la cabeza.
-Espero no molestar.
Un par de soldados negaron con la cabeza, otros ni siquiera se
dignaron a contestar. Era lo peor de estar en el grupo de los *malos*,
nadie se creía que tus intenciones fueran buenas.
"Revelaciones"
Capitán Catherine Ford, Antropóloga (Blanca)
Doctora Madeleine Monteloup Parker - Bióloga (Yolanda)
La escena le llamaba la atención. Una mujer, con lo que seguramente se
podría considerar las vestimentas típicas, se encontraba en una posición
extraña... seguramente bailando. El estrecho tablero horizontal de una de
las caras de la pirámide, donde se encontraba, y la altura del grabado en la
piedra no le habían permitido apreciarlo en el comienzo, pero estaba rodeada
de otras personas, seguramente danzantes también, aunque ella era el centro
de la atención. Parecía llevar un tocado de hojas y flores, que podrían ser
tanto naturales como de otro material; la piedra no la ayudaba a discernir.
Catherine acarició la figura con la mano, con cuidado, luego de sacar la
última fotografía. A sus pies se encontraba la hoja de papiro que más
temprano había apoyado sobre la figura, para luego grabar la imagen con
grafito sobre ella. Si bien el papiro no era un material exactamente
convencional para llevar de expedición, ella siempre se las ingeniaba para
hacer caber en su mochila un tubo de cartón con varias hojas. Así había
conseguido el regalo de cumpleaños de Ana, el anj y el ojo de Horus, que
había grabado en las ruinas de un planeta cuya designación se le escapaba.
En aquella ocasión su colega, la Capitán Marks, había hecho reproducir los
mismos símbolos sobre piedra por un artista local de Agana.
La figura de la danzante le encantaba, a pesar de la obvia desproporción,
podía imaginar la clase de noche donde una comunidad se había reunido a
festejar...
Un sonido le llamó la atención. Alguien estaba caminando en la otra cara de
la pirámide. Catherine guardó la cámara y el papiro dentro de su mochila, de
la que aún no se había desprendido, pero no se la puso sobre los hombros,
sino que cargó su rifle y semi arrastró la carga hacia la esquina, para ver
de quién se trataba.
Madeleine estaba bastante congestionada, a pesar de la escasa sombra que
producía ese lado de la pirámide el calor era demasiado, y ella estaba
bastante cansada, no había podido tomar sus calmantes porque se los había
olvidado en la base, y llevaba todo el día aguantando. Tan sólo unas cuantas
aspirinas habían aliviado muy poco el dolor muscular, pero el clavo de la
cabeza aún no se había ido. No solo había sacado fotografías de los relieves
sino que además se molestaba en dibujarlos en un cuaderno de dibujo.
Aprovechando que lo soldados se encontraban a bastante distancia Madeleine
se había desabrochado la camisa, dejándose ver debajo una camiseta blanca de
tirantes algo ceñida y bastante escotada.
El calor era insoportable, miró de reojo, y observó que los soldados estaban
distraídos hablando, con lo que cogió la cantimplora y se la echó por la
nuca y el cuello, el frescor era mucho mejor que un calmante. Se quitó el
chambergo y se puso una cola de caballo. No se atrevió a quitarse la camisa
por si acaso los soldados se acercaban, pero si se animó a sacarla por fuera
del pantalón y a desabrochársela entera. También se dobló las mangas
bastante para poder estar mas cómoda. Mucho más repuesta siguió dibujando en
su cuaderno. Estaba sumergida en un grabado de una escena que representaba a
una serpiente cuando de repente una voz conocida la sobresaltó.
-Hola Maddie,- saludó la Capitán. Miró hacia arriba, luego hacia abajo, y
comprobó que estaban... lo más solas que podrían estar, con cantidades de
grabados sobre plantas y flores... y quizá algún que otro animal de
apariencia extraña. Dejó la mochila sobre la piedra, para sentarse en el
tablero, lo más cerca del borde posible, para que sus piernas se
balancearan, sus pies libres y lejos de la superficie horizontal más
próxima. Dejó de mirar la punta de sus botas para observar a Madeleine.
-¿Cómo estás?-
"¿Maddie?, desde cuando Catherine me llama Maddie, aquí pasa algo raro. ¿Con
quién habrá estado hablando?", pensó Maddie, la cual estaba lívida por el
sobresalto. Miró a Catherine y la sonrió tímidamente. - Hacía tiempo que
nadie me llamaba así, me ha sorprendido Catherine. Estaba dibujando algunos
grabados a lápiz, suelo hacer fotos, pero al dibujarlos se me quedan
grabados más fácilmente en la memoria, y trabajo mejor con ellos luego.
¿Quieres ver alguno de los que hice? He descubierto escenas increíbles. Aquí
hay material para mucho tiempo. Reflejan un alto conocimiento tecnológico
casi equiparable al nuestro, al menos en la época en la que se hicieron
estos grabados - . Madeleine le acercó el cuaderno, esperaba que al
distraerse con su cuaderno Catherine no se fijara mucho en ella y pudiera
taparse un poco.
Alto conocimiento tecnológico... Ford pestañeó, resistiéndose de caer por
aquella tangente. -Me gustaría ver tus dibujos, sí,- contestó mientras
estiraba su mano para tomar el cuaderno que hojeó apenas, antes de volverse
hacia la doctora. No estaba en su naturaleza dar muchas vueltas, y tampoco
era capaz de diseñar entramadas estrategias de conversación para sacar
información en un juego de "mentira-verdad." -Tomé una decisión esta mañana,
y quería conversar sobre ella. ¿Te sentarías conmigo?
Madeleine miró a Catherine la cual estaba bastante seria, su pequeña
estrategia parecía no haber dado resultado por lo que asintió con la cabeza
y se sentó a su lado. Ya intuyendo cual sería la respuesta preguntó mirando
hacia el horizonte: - ¿Qué quieres saber exactamente Catherine? -. El examen
iba a ser bastante duro, pero mejor ella que no otro.
Podía, en esa situación, elegir entre varios caminos, fundamentalmente dos.
El largo, o el corto. La Capitán se decidió por este último. -Ayer visitaste
la enfermería, ¿verdad?- Era más afirmación que pregunta, pero la observó
asentir. -¿Para qué son los calmantes?
- Los calmantes son para...-, Madeleine que apenas se había abrochado un par
de botones de la camisa, se los desabrochó y se quitó al camisa. Debajo de
la camisa, llevaba una camiseta blanca de tirantes. Y debajo de esta se
podían apreciar bastantes moratones que recorrían parte de su cuerpo desde
el cuello hasta los brazos, al final de los cuales se podían ver las
muñequeras que llevaba, y debajo de estas las vendas. Sin duda alguna se
apreciaba que podía haber más pero la ropa tapaba el resto - ... son para
esto-.
Catherine contuvo la respiración. De todo lo que esperaba, y luego de la
conversación con McBride-Smith había, incluso, considerado la opción de que
fueran para un tercero, esto no entraba exactamente dentro de las
posibilidades que habían pasado por su cabeza en el corto tiempo que había
pasado desde que el Subteniente golpeara la puerta en su oficina y ese
momento. Quería hacer preguntas, pero Madeleine continuó hablando, así que
decidió no interrumpir.
- Fue hace dos noches. La tarde que me diste libre para poder atender la
mudanza de mi casa fue bastante agitada. Casi hasta la noche no terminé de
colocar cosas. Después cené un sándwich frío y me bañé en el mar cómo hago
todos los días, el agua me encanta. Cuando entré en la casa tenía un
invitado inesperado... Pero no, no fue él... Le eché de mi casa, es un viejo
conocido. Al que no soporto, aunque mi padre desde que me divorcié se empeña
en atarme... Phillipe Lagrange -.
- Estaba nerviosa por la discusión y decidí subir a mi habitación a echarme
un rato y a escuchar a Corelli....., me relaja mucho este tipo de
música..... Cuando entré en la habitación me di cuenta de que algo no estaba
bien. Sobre la cama había un vestido que hacía años no usaba. En concreto
desde la noche de un baile de instituto. Pensé que había sido Phillipe, pero
no, algo no encajaba- .
- Me acerqué despacio hacia el vestido, y antes de llegar a la cama alguien
me cogió por detrás y me puso una navaja en el cuello. Su fragancia, la
empuñadura de la navaja hicieron que me diera cuenta de quien era. Pensé
que era alguna broma e intente separarme haciéndome la enfada... Pero me
retorció el brazo y me empujó contra la cama. Arrojó a un lado la navaja y
sacó una pistola. Quería que me desnudara y me pusiera el vestido. Decidí
seguir con el juego, parecía que estaba borracho... Me puse el vestido para
él. Y el encendió la música... la que bailamos en el instituto el día que
rompimos porque intento agredir sexualmente a mi mejor amiga de entonces-.
Madeleine miró a Catherine, - Sí le conocía, se llama Arthur, es el mejor
amigo de mi hermano y nuestras familias se conocen de siempre-. Madeleine
tomó aliento mientras ya un río de lágrimas asomaba a sus ojos.
- Se acercó a mi, me dijo que estaba preciosa y que esa noche iba a ser
suya, qué después iríamos a casa de nuestros padres y les daríamos las
buenas nuevas de que nos amábamos y nos íbamos a casar que cuando
cumpliéramos 18 años iríamos juntos a la universidad... No estaba bien,
estaba bastante mal... Estaba no sé como decirlo... Fuera de si. Intenté
hacer que se moviera de la puerta para poder escapar, pero se dio cuenta y
se arrojó sobre mi besándome a la fuerza. Me sujetó las piernas, iba a...
Dios mío... pero con una llave de Karate me libré de él y me puse en
posición para luchar con él. Creí que podía, pero.... el lleva desde que era
niño practicando artes marciales, es muy bueno y yo no llevo tanto. No le
dedico tanto tiempo, prefiero la natación, aunque a partir de ahora me
entrenaré más-.
- Luchamos un rato, seguramente él tendrá tantos moratones como yo. Pero
estaba casi sin fuerzas. El resistió mucho más. Consiguió vencerme
empujándome hacia la terraza, menos mal que tenía las puertas de cristal
corridas, siempre duermo con la ventana abierta, ... quizás ahora ya nunca
vuelva a hacerlo. Caí de espaldas, intenté levantarme y él me dio un
puñetazo en la mandíbula, no quería... ¿cómo dijo?.... estropear mi cara
bonita. Estaba medio consciente ya no sabía muy bien que estaba pasando, lo
único que sentía era su brusco tacto recorriendo mis piernas... -. Madeleine
pasó las manos alrededor de sus rodillas y se agarró con fuerza a ellas
estremeciéndose, estaba nerviosa y medio gimoteando, pero tomó un poco más
de aire y continuó con su relato. -.... Cogió un cuchillo y me rasgó el
vestido. Hice un último esfuerzo e intenté darle una patada, pero me pilló
la pierna y me inmovilizó. Creí que ocurriría lo peor, pero cuando ya había
perdido toda esperanza y cedía a lo que él quería, me desmayé-.
- Lo siguiente que recuerdo es que estaba en una cama de hospital. Y
Phillipe junto a la cama, con un semblante bastante preocupado. Si supieras
como es él, entenderías que nunca ha dejado que su rostro reflejara
sentimiento alguno, pero allí denotaba mucha preocupación. Pensé que había
ocurrido lo peor. Pero me tranquilizó y dijo que olvidara todo, que no me
había pasado nada. Y que se encargaría de solucionar todo, y así lo ha
hecho. La verdad es que no recuerdo más allá del puñetazo fueron muchos
golpes, lo único que no presenta hematomas es la cara, el resto del cuerpo
es puro cardenal. No tengo nada roto afortunadamente me defendí bastante
bien, algunas torceduras en las muñecas pero con las muñequeras que llevo
bajo la camisa apenas se nota. Apenas un poco hinchadas las manos. Me cuesta
coger peso y me molestan un poco, pero con los calmantes apenas se nota.
Pero me dejé los calmantes en mi cuarto, con la salida se me olvidaron por
completo, de ahí que necesite unos cuantos, el dolor va siendo bastante
fuerte y después de montar el campamento y todo los necesito, podría
aguantar hasta la noche, tengo que tomarlos durantes unos días nada más
hasta que remita el dolor-.
- Sé que debería haberlo dicho antes, pero con la misión, estaba emocionada.
Los datos eran tan interesantes que no podía faltar a ella. Y decidí no
decir nada. Hice mal lo sé. Pero esta tarde la dedicaré a investigar y a
estudiar lo que vayamos encontrando. Prometo irme a descansar pronto, pero
por favor Catherine...- Madeleine la miró con los ojos inyectados en
lágrimas y le suplicó: - ... no me hagas regresar, en estos momentos me
derrumbaría si volviera, el trabajo me ayuda mucho, y además tenemos esa
maldita auditoría, quiero ayudar y con mi trabajo lo puedo hacer...
descansaré cuando me digas, seguiré a pie juntillas los descansos marcados,
pero no me hagas regresar no lo soportaría... estaré más segura aquí que
allí-. Madeleine se agarró a Catherine suplicándola, se abrazó a ella
y terminó por desahogarse llorando desconsoladamente. Era lo que necesitaba
desde hacía muchas horas. Un hombro sobre el que llorar y sacar todo el
dolor que llevaba dentro. Era mejor terapia que la de un psiquiatra. Al
menos ahora ya no tendría que soportar el gran peso que había llevado los
últimos días, y tendría alguien con quien hablar de ello.
Fue fácil para Catherine responder a la acción de Madeleine. La dejó llorar,
palmeando suavemente su espalda como si hiciera falta para demostrarle que
seguía allí, que no se había perdido en el relato, y que le quedaba una mano
libre mientras enjugaba sus propias lágrimas. Se despreocupó del protocolo,
las reglas de confraternización y la mar en coche, mientras sentía cómo los
sollozos de la doctora bajaban lentamente de intensidad y volumen hasta que,
finalmente, cesaron.
No podía creer cómo se había permitido pasar de la dicha a la duda y, casi,
la desesperación tantas veces en un sólo día, cuando eventos como aquél
habían pasado frente a su nariz, prácticamente, y se había permitido no
notar un miserable detalle. Con movimientos cuidados, Catherine buscó un
pañuelo en su bolsillo y se lo ofreció. Debía haberla dejado en la Tierra,
sin embargo... ¿Quién era ella para decidir dónde debía estar una persona
luego de sufrir tal experiencia? ¿Quién, para decidir castigarla aún más? Y
si debía ser brutalmente objetiva, Madeleine estaba cumpliendo con su
trabajo tan bien como cualquier día "normal". Continuando en esa tónica...
si el salvador de Madeleine hubiera cercenado la cabeza del agresor, ¿lo
condenaría? De haber estado allí, ¿hasta qué punto podía asegurar que era
capaz de mantenerse en control? Si estaba fríamente furiosa en ese
momento... ¿que podría haber pasado, "en caliente"?
-No voy a mandarte de vuelta.- Defendería su decisión si llegaba a ello,
pero esperaba que Jon y Lebau... miró alrededor, y asintió: no estaban
dentro de su campo visual. Se volvió hacia ella y la miró a los ojos. -De
regreso, veremos qué se hace. Pero ahora no te preocupes por eso, Maddie.-
- Catherine muchas gracias por escucharme, que esto no salga de nosotras, el
trabajo me sentará bien y me ayudará mucho. -Y poniéndose la mano en el
corazón y haciendo el gesto de los jóvenes Scouts añadió .- Prometo seguir
los descansos al pie de la letra. De verdad que el médico dijo que no tenía
nada roto, los moratones son más escandalosos de lo que parecen, peleé
duro-.
Ford puso cara de circunstancias. Que saliera o no de ellas no dependía de
mantener cerrada su boca, sino de que los archivos del hospital no llegaran
a manos de la base del Proyecto, que los archivos de la enfermería de la
base no llegaran a manos de alguien que hiciera más preguntas que
McBride-Smith... y fundamentalmente, que ambos archivos no se reunieran en
las mismas manos.
-Sabés que contás con mi apoyo. Y voy a ver qué calmantes tenemos... no
podemos sacar los más fuertes, pero si hay ibupofreno podremos retirar
suficiente entre las dos sin necesidad de justificarlo al regreso.- Volvió a
apretar, suavemente, el hombro de Madeleine con su mano. -Las mujeres
tenemos esa ventaja, nadie hace muchas preguntas,- sonrió, esperaba que de
forma reconfortante.
Madeleine devolvió la sonrisa a Catherine. Al menos podía contar con alguien
como ella. Ahora esperaba que el doctor Holmes se olvidara de ella y la
dejara tranquila con su dolor. ¿cómo lo conseguiría? Esperaba que las
explicaciones dadas a Holmes fueran suficientes y él las creyera. Sin
embargo debía decírselo también a Catherine para que estuviera al tanto. -
Catherine una cosa más... Jonathan sospechaba que no me encontraba bien,
Habló conmigo esta mañana en el campamento, le tuve que enseñar algunos
moratones. Le dije que había estado practicando Karate, y que con lo terca
que soy me empeñé en luchas fuerte. No sé si lo creerá pero de momento no ha
dicho nada. Quería que lo supieras.-
Jonathan otra vez... Catherine se olvidó de respirar un instante, agradecida
a todos los cielos que él no estuviera más envuelto que eso en la situación.
Sabía que podía ser metido, y a pesar de que no se llevaran de maravilla, él
y Madeleine habían sido compañeros en la Unidad de Instrucción. -Si hay más
preguntas, de Jon...- se corrigió rápidamente -cualquiera de los asesores-
miró alrededor otra vez, reprochándose mentalmente el lapsus -que imagino
que no han visto nada, no des explicaciones. Son asuntos tuyos. Si te
molestan, los mandas a la mierda. O conmigo,- sonrió -que será más o menos
lo mismo.
Dio vuelta la página del bloc de dibujo de Madeleine, recordando vagamente
los retratos que les había hecho Williams en la Unidad de Instrucción. No
todo el mundo tenía ciertos dones... ella, de seguro, no podía dibujar una
línea recta sin "ortopedia".
-Ahora sí... me gustaría saber sobre el "alto conocimiento tecnológico" de
la gente que construyó esto...
Madeleine se quedó unos segundos algo atónita pensando en las palabras de
Catherine, "¿Jon?, ¿le ha llamado Jon? No me imaginaba a Catherine con
Jonathan.."., pensaba Maddie mientras le devolvía una sonrisa. -
Directamente les mandaré a ti si se pasan Capitán. - Esto último lo dijo
Madeleine saludando al estilo militar de forma un tanto divertida. Todas las
tensiones acumuladas se habían evaporado hasta parecía sentir menos dolor.
"Entre hipótesis"
Capitán Catherine Ford, Antropóloga (Blanca)
Doctora Madeleine Monteloup Parker - Bióloga (Yolanda)
Ya para cambiar de tema, ya para no recordar más dolor, Maddie dedicó a
Madeleine todo lo que había recopilado a lo largo de su trabajo en esa cara
de la pirámide. Ya sin necesidad de taparse, al menos delante de Catherine
dejó la camisa desabrochada y el pelo recogido en una cola de caballo. Le
enseñó lo que había dibujado sobre los animales tan parecidos a los de la
Tierra y las escenas domésticas encontradas. Cómo teñían los tejidos en unas
bateas. Algo que parecía ser una lavandería de las que se pueden encontrar
en cualquier ciudad. Y algo que le llamó poderosamente la atención acerca de
la hoja de coca. Fabricaban algo parecido a cigarrillos, tal y como los que
mucho fumadores usaban a diario. Y no sólo lo usaban en reuniones sociales,
sino en celebraciones y ocasiones especiales. Era algo realmente increíble.
Desde luego si podían alcanzar ese nivel había que presuponer que eran
bastante avanzados. Seguramente en los alrededores se podrían encontrar
yacimientos arqueológicos importantes.
Maddie preguntó a Catherine si en la parte superior de la pirámide habían
encontrado algo, y si se podía acceder al interior de ésta.
"La pirámide en sí pareciera no tener nada... en la parte superior hay una
estructura similar a un palacio, que abre a un patio rehundido," contestó la
Capitán. "Básicamente, nada del otro mundo: un pasillo que se abre al
patio... una especie de galería si se quiere, con cantidades de habitaciones
que abren al pasillo, sin otra ventilación. Algunas pinturas, también. No
las vi bien, la verdad es que quería mirar estos bajorrelieves y ya hay
bastante gente allí, que seguro sabe mucho más que yo," finalizó, con una
sonrisa.
"Sin embargo, este planeta está conectado con la red de Stargates, de alguna
manera han tenido que pasar Goa´ulds por este lugar. Quizás en el pasado, y
bien fueron expulsados, o abandonaron el planeta. Tiene que haber algo que
indique su presencia de alguna manera. Pero no he dado hasta el momento más
que con escenas de la vida diaria. Lo máximo que encontré fue como una
especie de ritual en el que se ve que utilizaban hojas de coca." Madeleine
abrió su cuaderno y pasó algunas páginas. Al llegar a una en concreto se la
mostró a Catherine. "Y además debían de tener conocimientos médicos y debían
de saber cuales son las propiedades de la coca. Porque en algún bajorrelieve
se ve que hacen como un preparado y se lo dan a lo que parece un enfermo en
una especie de camilla, míralo... ", siguió pasando un par de hojas más
hasta que lo encontró, "... aquí está", dijo al fin cuando llegó al dibujo
que quería mostrarle.
"Que conocieran algunas de las propiedades de la coca ya es una avance... la
coca tiene 14 alcaloides que se usan en farmacología, y que tiene distintas
aplicaciones médicas importantes. Si encontramos algo que indique alguno de
esos alcaloides, sabremos que tenían conocimientos en química, pero claro,
si estuvieron sometidos a los Goa´ulds, no necesariamente el pueblo tenían
esos conocimientos, sólo los Goa´ulds los poseían.". Madeleine miró a
Catherine. "¿Catherine, sabes si vamos a iniciar alguna excavación para
estudiar las posibles ruinas de este lugar?"
Ford se encogió de hombros. Por lo que sabía, podría llegar a ser la última
vez que cualquiera de ellas pusiera un pie fuera de la Tierra... o podría
llegar a ser una de tantas millones de veces. A pesar de la cierta confianza
que le había dado Riker esa mañana, el análisis posterior a sus palabras le
había hecho reconocer la absoluta ambigüedad con la que se había manejado su
superior. Si iba a confiar en algo, sería en su tono de voz, pero si debía
analizar las palabras de la Coronel, podía comenzar a llorar allí mismo.
"Si lo que llevemos les parece de interés, es posible... pero aún así, los
costos quizá no lo justifiquen. Excavar todo este desierto, por la
posibilidad de que haya una ciudad enterrada en algún lugar..." suspiró. "No
creo que haya tanta suerte, Maddie. De todos modos, quedarán nuestros
informes para el futuro..." ...si es que hay alguno, completó en su mente.
Maddie igualmente suspiró, "debemos buscar algo, lo que sea, no me resigno a
formar parte de la comida de esos buitres burócratas". Maddie se sentó en el
suelo. "Tiene que haber algo Cat...algo...lo que sea, que nos pueda servir,
para poder restregárselo a Lebau y a Holmes en sus narices".
"¿Y si fueramos a buscar por los alrededores de la pirámide? De todas
formas seguiré indagando en los bajorrelieves. ¿Vamos a seguir mirando un
rato más?. Cuatro ojos ven más que dos."
Catherine asintió. "Yo al menos, voy a dedicarme a mirar un rato más... y
grabar mis observaciones. Más tarde podemos comparar notas, y ver además lo
que los chicos están analizando ahora allá arriba," señaló con el dedo,
refiriéndose claramente a Ana, Dara, Paul... y compañía. "De todos modos, no
esperábamos gran cosa de este lugar... desde un principio. Era una misión de
exploración de rutina, así que haremos lo nuestro, a pesar de las
*visitas*."
La Capitán devolvió a Madeleine su bloc de dibujo y se puso de pie con
cuidado. "¿Vas a tomar las muestras del suelo por la tarde? Así, al menos,
podríamos saber con certeza si alguna vez hubo vida en este lugar... o si
esta estructura se construyó nada más que para satisfacer algún capricho."
"Si, me pondré a ello después de comer". Madeleine se levantó igualmente con
cuidado. "Me quedaré sólo un rato más y subiré un poco a ver si más arriba
veo o descubro algo interesante. Y Cat... gracias por todo." Madeleine se
despidió de su capitán con una sonrisa, y continuó buscando más datos.
Había que reconocer que se había quitado un peso de encima, al menos con
ella no tendría que disimular nada y podría tener momentos de respiro.
Decidió dibujar unos bajorrelieves más de la vida cotidiana de aquellos
pobladores en los que se veía a una niña dando de comer a unos gatitos. "Hay
cosas que nunca cambian", susurró Madeleine mientras sonreía al dibujar
aquellas imágenes grabadas en piedra.
Finalmente, después de unos cuantos dibujos y fotografías, el cansancio
pudo más que su curiosidad y decidió regresar al campamento. Ya era la hora
de comer y además tenía que tomarse los calmantes pues no aguantaría mucho
más.
(Dedicated to Sirius)
"Necesidades del servicio"
Teniente Brittany Williams, Sanitaria (PNJ, Blanca)
Subteniente Andrew McBride-Smith, Inteligencia Militar y Comunicaciones (David M.)
(Pasada la medianoche del 12 de Septiembre de 2001)
Mientras la hermosa arena giraba y la mar amenazaba con abordar a la pareja
que permanecía abrazada cada vez más a su alcance un repelente sonido rompió
la quietud. La luna pareció eclipsarse por una nube de mal augurio. Lo peor
fue cuando al molesto pitido se unió otro...
Andrew salió a la superficie de los ojos de Brittany en los que estaba
sumergido. Su respiración era entrecortada y forzada y su cuerpo ardía con
la pasión del momento. El ruido que salía de algún punto cerca de su cintura
era como un jarro de agua helada.
- Creo que es tu teléfono. - Dijo intentando tirar balones fuera. De los dos
sonidos uno le era molestamente familiar, pero estaba decidido a no soltar a
su presa.
Ella deseaba gritar de frustración. -No puede ser...- Al principio, no le
había parecido que lo fuera, sin embargo la segunda vez estuvo segura. Se
apartó pocos centímetros de Andrew, bajo protesta, y abrió el aparato para
comprobar que su pantalla brillaba, y que el origen de la llamada la hacía
una que no podía ignorar. Eso explicaba por qué reconocía el sonido, una vez
sí, la otra no.
-Es el tuyo también,- lo miró con tristeza mientras apretaba un botón y se
llevaba el aparato al oído, sintiendo un poco de frío, esta vez en serio, al
perder el cálido contacto con Andrew. -Williams.
Se dejó arrastrar por la obviedad, una vez perdido el contacto ya era un mal
menor el responder a la llamada del deber. Se apartó a regañadientes un par
de pasos para poder hablar sin molestar y sacó su "querido zapatófono". No
necesito mirar el nombre de "BASE" que amenazaba con saltar de la pantalla
monocromática, sabía que si los llamaban a los dos solo podía ser para
fastidiar. Estaba harto de ese tipo de llamadas, eran las que hacían zarpar
los barcos antes de puerto y las que significaban la posibilidad de haber
perdido a un compañero (o un permiso). Con desgana paso a responder,
probablemente el pringado encargado de llamarle no estaba tampoco de buen
humor:
- Subteniente McBride-Smith al aparato. - Espero a los saludos de cortesía
obligados y a las presentaciones innecesarias pero también obligadas. Lo que
vino después fue un mazazo, el fin del mundo. Sin duda no era lo que
esperaba ni de lejos. - ¿Puede decirme algo más Teniente? Entiendo...
Estaremos... digo estaré ahí en unos cuarenta minutos. - Andrew esperó a que
Brittany acabara su llamada, sabía que ninguno de los dos podía aportar
mucha información al otro. Y él solo quería volver a abrazarla.
-Estoy en camino,- Brittany finalizó su conversación y cerró el "aparato del
demonio" con un golpe seco. Estaban bajo ataque... de quién, dónde, cómo,
eran detalles que no le habían dado. Giró para mirar al Subteniente,
mientras ambos terminaban de digerir que su noche estaba arruinada y su
potencial, perdido. Se acercó a él, súbitamente insegura. -Tenemos que
irnos,- dijo, innecesariamente, extendiendo su mano hacia Andrew. Necesitaba
de, al menos, ese mínimo contacto.
Andrew aprovechó el gesto para agarrarle la mano y tirar de ella y la
estrechó con un cariñoso abrazo, intentando no excederse con la fuerza. Dejó
reposar su cabeza sobre el hombro de ella y suspiró. El mundo real se había
vuelto contra ellos, les había recordado que eran militares y tenían unos
deberes, y de la peor manera posible. No sabía exactamente que había pasado
pero no podía ser nada bueno. Con el escaso margen de tiempo que tenían para
volver a la base, disfrutaron un breve minuto del contacto y luego se
separaron.
- ¿Compartimos un taxi hasta la base? - Obviamente Andrew había olvidado
todo a su alrededor, incluso que Brittany había alquilado un SUV cuando
salieron de la base para que pudieran desplazarse con más comodidad y
rapidez.
Brittany rió ante el lapsus, mientras volvía a tomarlo de la mano, ya sin
vacilaciones, para volver sobre sus pasos hacia el área donde habían
estacionado. - ¿Un taxi? - siguió riendo, a pesar de que, seguramente, la
situación no daba para ello. Podía esperar a terminar de amargarse una vez
llegados a la base. Especialmente, si se trataba de un simulacro. - ¡¿Un
taxi?!
Se las ingenió para obligarlo a tomar sus zapatos, y así poder buscar las
llaves en la pequeña cartera que colgaba de su hombro. Al encontrarlas, las
hizo tintinear alegremente en el aire. - ¿Teniendo esto? Se nota que te
gusta ser peatón,- lo empujó suave y alegremente a un lado. A pesar de que
la noche no iba a terminar como esperaba antes de ser tan bruscamente
interrumpidos, no podía sentir que nada estuviera precisamente mal porque,
simplemente, Andrew estaba allí con ella. Le ofreció las llaves, esperando
sonar tentadora. - ¿Nos arriesgamos a que nos detenga la policía...?
- Total. No sé que más da un carnet que otro, es que os gusta gastar el
dinero a lo tonto. - Dijo mientras se acercaba a coger las llaves con un
gesto de naturalidad. - El carnet militar es mucho más útil y nos lo dan
gratis, yo nunca he tenido ningún problema... Y en autobús menos. - Dijo con
una sonrisa, debía ser un bicho raro, pero sus principales vehículos eran un
tractor y luego un barco y los guardias no tienen tendencia a pararlos en
sus respectivos elementos.
Ella meneó la cabeza, realmente el chico no tenía remedio. Sin embargo, lo
dejó tomar las llaves mientras llegaban de regreso a "tierra firme" y se
detenía para ponerse las sandalias mientras él abría la puerta y la sostenía
para ella. Se acercó a Andrew y rozó sus labios con los suyos mientras le
quitaba las llaves con una sonrisa.
- Gracias,- le dijo, mientras entraba y se acomodaba en el asiento del
conductor, especificando con sus acciones que no pensaba correrse al lado
del acompañante. -Pero no estoy *tan* loca.
Andrew dio la vuelta por delante del coche al tener el paso obstaculizado y
se sentó en el asiento del copiloto. - Yo sí, ... por tí. - Y la besó
dulcemente en la mejilla.
Brittany sonrió, mientras lo miraba de lado, sintiendo complicidad y, por
qué no, algo de frustración. Esa noche había sido el "por fin", y podría
haberlo sido más aún, de no ser por la triste realidad. -Ojalá esto sea un
simulacro,- expresó su deseo en voz alta mientras accionaba el encendido y
ponía reversa.
- Ojalá se hubieran olvidado de nosotros. - Mirando a su acompañante pensó
más allá y buscando un poco de complicidad rectificó con una sonrisa
pícara: - Ojalá que acabe pronto.
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