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Crisis: 8

"Reglas de conducta"
Paul Mallory Jonathan Holmes
Dr. Paul Mallory Rush, Profesor de Historia (Pablo)
Dr. Jonathan 'Furia' Holmes, Asesor gubernamental (Jonathan)


Su mirada estaba fija en los pequeños relieves que asomaban débilmente en la pared exterior del templo. Parecía claro a los ojos de Paul que la erosión por la dureza del terreno había hecho estragos sobre la roca, pero aún así parecían poder distinguirse formas cuyo significado trataba de desentrañar. De uno de los bolsos de su mochila sacó la pequeña cámara de video con la que comenzó a filmar despacio y tratando de retener bien cada imagen al objeto de guardar buen recuerdo de la misma.

A medida que iba grabando comenzó a notar que no estaba solo. Por un momento apartó la mirada de la cámara para quedarse atento al suelo como si algo fuera a aparecer allí debajo. Percibió el sonido unos pasos que se acercaban a su espalda.

Holmes, seguía en su papel, el de estar en todos sitios y mirar sobre el hombro de todos, el de convertirse en un incordio y una molestia - Esta obra de teatro en la que ya se sabe el final,.tienen siempre un mal guionista -.

Había observado como el Dr. Mallory, trabajaba sobre los relieves de la pirámide, subió y se situó tras él.

" ¿Fotos de recuerdo de las vacaciones, o tenemos algo interesante? "

Paul se quedó pensativo por un momento con la mirada fija en el suelo. Había comprobado que Holmes era el autor de la pregunta. 'Vaya hombre...' pensó '...esperaba no tener que cruzarme más que lo justo con él. Supongo que todos nos llevaremos una buena ración de su *inefable* personalidad'. Devolviendo la mirada a los relieves le respondió.

"Holmes...qué...sorpresa..." su tono sonó sarcástico. "...No sabía que las inquietudes culturales formasen parte de su mundo..." su mirada seguía atenta a la grabación. "... ¿o es que acaso tiene prisa por regresar?" Le preguntó sin dejar de mirar a las paredes y con la sana y decidida intención de no ponerle las cosas fáciles.

Holmes empezó a sonreir, mientras sacaba uno de sus puros, una manía que le relajaba, pero que sabía que casi nadie soportaba. Así que lo encendió con calma antes de responder.

"Las inquietudes, de cualquier tipo, siempre son interesantes. Aunque lo más entretenido es observar como dominan las inquietudes al resto de las personas. Así como su manera de trabajar... o de vivir, se puede aprender mucho de alguien por, su dedicación"

Holmes lanzó el humo al aire, "Pero todo eso es filosofía o psicología de la hora del café, la pregunta es otra, ¿algo interesante o aprovechable, o añadimos estas piedras a la categoría de * Exposición de arte en la Sala 5 * ? "

Paul observó como Holmes encendía el puro con toda la parsimonia del mundo y mientras le escuchaba volvió a mirar las paredes el palacio con detenimiento. Cuanto más le observaba y oía más seguro estaba de que aquel era un lobo pero sin ninguna piel de cordero encima y que iba a degüello.

Al oir la pregunta sonrió cínicamente mirando a Holmes. 'definitivamente estás impaciente' pensó. "Tranquilo, Holmes, póngase cómodo... algunas cosas toman su tiempo. Pero no quiero que se deje *dominar* por su inquietud... ...Es posible que *tengamos* algo interesante entre manos" Paul pestañeó varias veces sin dejar de sonreir . "Pero claro, eso depende de que la palabra interesante signifique lo mismo para ambos."

Furia empezó a reir. " Si doctor, no dejemos que nuestras pasiones nos dirijan, sigamos siendo unos frios academicos,...pero como su * frio * trabajo, implica decisiones más importantes, podría adelantar algo, o tendremos que esperar a otro de sus libros"

Mallory sonrió nuevamente. Aquella situación, no sabía por qué, había empezado a divertirle. De todos modos y para su pena, consideraba que seguir dándole largas a Holmes no llevaría a ninguna parte. Así que se decidió a contarle lo que tenía. No es que fuera demasiado pero no iba a inventarse cosas. Según estaba el panorama no era el mejor momento para andar lanzando faroles absurdos.

"Bueno, de momento le diré que esta pirámide es *joven*. No tiene más de 1.500 años de antigüedad. A pesar de la erosión provocada por la extrema dureza del paisaje se conserva en bastante buen estado. Yo diría que es *hermana* de los grandes centros urbanos que existen en el Yucatán y regiones de Guatemala. Sus exteriores guardan un gran parecido con el templo de Kukulkan en Chichen Itza pero desde luego su tamaño es mucho mayor. Verá. entre los años 700 y 900 de nuestra era se produce un misterioso abandono por parte de los mayas de dichos centros. No hay constancia en la historia de cataclismos, epidemias, guerras o invasiones. Sencillamente es como si hubieran desaparecido. Es cierto que en su camino hacia México Cortés y los suyos recalaron en Cozumel cerca de Yucatán y encontraron pequeñas comunidades indígenas descendientes de aquellos mayas clásicos pero se trataba de comunidades pequeñas y muy desestructuradas, tribales, bien diferentes de aquella cultura. Es posible que gran parte de aquellos mayas *desparecidos* terminasen aquí. Sé que esta es una afirmación poco ortodoxa pero bueno... créame que parecen existir demasiadas coincidencias." Esto último lo dijo acompañado de una sonrisa.

"A decir verdad..." continuó Paul. "Estos relieves, como muchas decoraciones exteriores cumplen esa misma función, la decorativa. Está claro a la vista de los mismos que este palacio era la residencia de una importante personalidad... quizás quien trajo a estas gentes hasta aquí. En cuanto a su disposición... son simétricos, orientados hacia esa puerta central - dijo apuntando a la entrada principal del palacio "suele ser lo habitual. Pero fíjese... el patio es grande... y la forma... como si estuviera *enterrado*... da la sensación de ser un gran aforo en el que todo el mundo presente orientase su mirada hacia la fachada principal y en concreto hacia esa entrada. Es posible que quien diseñara esto lo hiciera con la idea de que una vez aquí todo el mundo estuviera pendiente de ese punto."

Paul se detuvo por un momento en su explicación considerando que quizás estaba siendo demasiado profuso en su disertación y enarcando su ceja derecha miró a Holmes . "Espero no estar aburriéndole."

Furia cerró un poco los ojos, su mente trabajaba en dos caminos, las posibilidades para el proyecto, y las académicas. "Doctor, recuérdeme a nuestra llegada que facilite su acceso a ciertos documentos del Vaticano, hay una serie de relatos escritas por unos monjes españoles sobre unas leyendas, que creo que le resultarán interesantes, digamos que esos y otros...documentos no son de dominio público, pero que pueden dar luz a algunas preguntas. Claro está todo lo que deduzca sobre ello y por ello, sólo servirá para *uso interno*. Felicidades Doc, es un comienzo que dará algo de *carnaza * a quien la necesita." 'Y a mi puede darme más tiempo' " Pero además de la historia, ¿hay algo tangible que podamos enseñar, algún descubrimiento o el principio de un camino que podamos seguir?. Se que no tengo que recordarle que en esta batalla estamos tras el lado debil de la linea"

Paul seguía sin poder descifrar al cien por cien el rostro de Furia. Sabía de sobra que detrás de aquella fachada inquietante había mucha oscuridad pero realmente Holmes conseguía desconcertarle y más después de su manera de terminar la frase. '¿Desde cuándo estamos tú y yo en el mismo lado de la línea?...Aquí no hay Dios que se aclare' pensó .

Nuevamente devolvió las palabras de Holmes con una sonrisa y ojos divertidos. "Prefiero no preguntar pero acepto su primera propuesta Holmes... En cuanto a lo segundo... esperemos a ver el interior y lo que tienen Ana y Dara. Aquí me temo que no vamos a obtener mucho más allá de unas hermosas estelas para museo..." dijo mientras desactivaba la cámara y la volvía a guardar en la mochila. Después de sacar una linterna de su interior y volver a cargar al hombro la mochila avanzó unos pasos hasta la puerta de entrada. Allí coincidió con Holmes. "Después de usted..." le indicó haciendo una leve reverencia.

"Por favor Doc". Contestó Holmes, "la veteranía antes que la belleza, así que pase usted delante,...además no me gusta ir el primero a sitios que no conozco".

"No esperaba menos de usted". Replicó Paul de manera sarcástica dirigiéndo sus pasos y su mirada al interior del palacio.


"Testigos de un pasado"
Jonathan Holmes Paul Mallory Ana Reyes Dara Santer
Dr. Jonathan 'Furia' Holmes, Asesor gubernamental (Jonathan)
Dr. Paul Mallory Rush, Profesor de Historia (Pablo)
Dra. Ana Reyes, Egiptóloga (Ana)
Dra. Dara Santer, Asirióloga (Marta)


Holmes seguía a Paul, ...o más bién a su linterna, se había acostumbrado desde siempre a no encender la suya si había alguien que le precediera con una luz,...una vieja costumbre que aprendió por las malas, y con un par de semanas de convalencia..."nunca muestres tu cara,...te la pueden romper".

La breve luz de la linterna le permitía abrir camino en busca de las estancias interiores del palacio. Paul sabía que llevaba a Holmes a sus espaldas. Aquello no le hacía demasiada gracia. Le consideraba un tipo demasiado "sombrío" como para tenerlo detrás de uno. Procuraba no ir demasiado deprisa sabedor de que en sitios como ese era fácil tropezar contra cualquier piedra "mal colocada" y dar con los huesos en el suelo.

A medida que avanzaba Paul percibía que el aire se iba viciando poco a poco. Afortunadamente la pirámide tenía suficientes aberturas como para ir renovándolo pero lo antiguo es como es pensaba. "También tiene sus exigencias". Procuraba mirar al frente pero no podía evitar echar rápidos vistazos a los lados con la esperanza de encontrar algo que llamara su atención. Pero lo cierto es que las paredes eran bastante lisas y apenas existían algunas líneas esculpidas en la roca como simple decoración. "Austeridad" pensó "parece que quién viviera aquí no era demasiado amigo de la pomposidad..."

Antes de llegar a una de las esquinas del largo pasillo, escucharon las voces animadas de dos de sus compañeras.

Dara y Ana habían llegado a una sala rectangular, de unos 20 metros cuadrados. Se quedaron un momento estupefactas contemplando las paredes, en ellas se veían pinturas, en las que pudieron observar imágenes que mostraban situaciones de la vida cotidiana de alguna civilización; se veía a la gente asistiendo a la celebración de ritos, fiestas, en todas ellas se veía un cuerpo de mujer con cabeza de cóndor, que oficiaba las ceremonias.

- Uau- Dijo Ana -Es impresionante.

Dara examinaba atentamente las pinturas, recorriendo con el halo de luz de su linterna las sucesivas escenas.

- No me digas porqué, Ana... Pero no esperaba "esto" exactamente...tanto...colorido...es... Impresionante.

- Mira esta - Ana le señalaba una imagen un poco más grande que las demás, en ella la especie de "mujer-condor" tenía un cuenco en las manos, parecía estar curando a la gente.

Dara contempló la escena con interés. Los colores vivos hacía que fuera sumamente atrayente. Podía contemplar la figura de la mujer que se inclinaba solícita sobre los cuerpos de los desfavorecidos para, al parecer, sanarlos. Era una escena que se repetía en varias ocasiones. Caminó hacia su derecha, atenta a las escenas que se sucedían. Le parecía haber visto...

-Ana... ven aquí... mira, aquí hay otra escena similar... Pero, fíjate en lo que tiene en sus manos.- Dara se acercó a la pared, para inspeccionar la pintura mejor. -Juraría que es...

Las dos doctoras se miraron sorprendidas por el descubrimiento. Si sus ojos no las engañaban lo que tenían delante era un dispositivo de curación goa'uld. Y si eso era así, entonces...

- ¿Entonces es una goa'uld?- Ana observaba las caras sonrientes de los que recibian la "cura", parecían gentes felices.

- O eso o lo disimulaba muy bien.- contestó Dara sin salir de su asombro. Se alejó unos pasos para tomar perspectiva y comprobar si podía identificar más dispositivos en las pinturas. Mientras se alejaba, Ana bajó los ojos hacia el suelo de la estancia...

- ¡ DARA! - Ana la cogió por un brazo y se arrimó a la pared, empujando a Dara con un gesto brusco.

- ¡¡AUS!! ¿Pero qué te pasa? ¿Quieres acabar conmigo?- Dara dirigió su mirada más enfadada a su hasta ahora amiga.

- Observa el suelo.- Habían estado situadas justo en el centro de un gran círculo marcado en el suelo. - Perdona, pensé que podía ser peligroso estar dentro de ese "círculo", fue un impulso....- Dijo Ana.

- Un "fíjate en el suelo, hay un círculo sospechoso" hubiera bastado, ¿sabes?- recrimió Dara sin abandonar el tono de reproche. Se frotó el magullado brazo.- Chica, un día de estos tus impulsos van a acabar conmigo... -

Dara se situó junto a Ana en el borde del círculo.- ¿Crees que pueden ser anillos goa'uld?- como respondiendo a su pregunta ambas alzaron la vista al techo esperando quizás, ver colgados los aros que podrían trasladarlas a quién sabe qué lugar. Por instinto más que por otra cosa, retrocedieron un paso.

-Deberíamos informar a Ford, ¿no crees?- tomó su radio para hablar con la capitan e informar de sus descubrimientos, pero el sonido de unos pasos la interrumpieron.

- Veamos que progresos han hecho por aquí dentro - comentó Paul justo antes de doblar la esquina para encontrarse con sus colegas.

Ana y Dara les vieron entrar en la estancia, gritando al unísino -¡ALTO!.

El grito de sus colegas le frenó en seco y lo dejó inmóvil mirándolas fijamente con cara de sobresalto y los brazos estirados casi en cruz abiertos con el objeto inconsciente de frenar a Holmes por si no había oído el aviso. - ¿Qué?....¿Qué pasa? - preguntó Paul sin apartar la mirada de las doctoras.

Furia ya se encontraba con una de las pistolas en la mano antes de oir la pregunta de Paul, lo apartó hacia un lado y escrutó la sala, no descubrió nada fuera de lugar,...bueno más fuera de lugar que todo lo que se presentaba ante sus ojos. Míró a las doctoras, y guardó la pistola, esperando no haber causado más mala impresión de la que ya gozaba,...o quizás si. - Señoritas, no deberían de asustarnos de esa manera, somos personas de corazón fragil - Se giró hacia Paul y le ofreció su mano, -Lamento el empujón, espero que disculpe las maneras, pero me enseñaron a disparar primero no se conoce la situación, ya sabe trabajo mucho con políticos.

Paul aceptó la mano de Holmes con cara de pocos amigos. - Ya... - Componiendo un poco la figura observó el interior de la estancia en la que Dara y Ana permanecían quietas y con el gesto desencajado ante la repentina aparición de Holmes arma en mano al oir las voces.

- Mirad el suelo - Señaló Ana.

Un enorme círculo se abría ante sus ojos. No estaba seguro de lo que era. Lo rodeó mirándolo y al momento dirigió sus ojos a los de las doctoras con gesto de reproche. - con un "cuidado con el suelo, hay un círculo sospechoso" habría bastado. ¿No os parece? ¿Qué créeis que puede ser esto? - preguntó Paul mirando extrañado el círculo. - No suele haber estructuras de este tipo en los templos mayas -

- Podría ser un circulo de anillos goa'uld- Le contestó Ana - los utilizan para trasladarse de un lugar a otro, no como los stargates ..- hizo un gesto con la cabeza - Es a más corta distancia. No estamos muy seguros de como se activan, hay varias formas, pero será mejor no pisarlo por si acaso....

La mirada de Mallory estaba fija en Ana...justo un segundo antes de entreabrir la boca al contemplar que un par de centímetros a su derecha una imagen pintada en la pared había llamado toda su atención. Miraba fijamente frunciendo el ceño. "vaya vaya... ¿es posible que sea nuestra megaestrella del pop?" pensó. Estaba ya a la altura de las doctoras que le habían seguido con la mirada. Parpadeó un par de veces como si intentara capturar en su mente lo que estaba viendo. Apuntó a la figura femenina con cabeza de cóndor. - Holmes.... a lo mejor esto si le parece interesante.- Al instante volvió su cabeza hacia las doctoras. Una de las cuales había comenzado a hablar acerca de las pinturas para informar a los recién llegados.

Furia observó le dibujo que le señalaba Paul -Puede ser un comienzo Doc,.pero es sólo un dibujo, recuerde que tengo que llevar algo que se pueda contar medir o pesar,.y si puede disparar mejor que mejor, si ya se lo que me va a decir,.pero estas son las reglas-

Se giró para mirar más detenidamente el circulo de la sala, llegando cerca del mismo - Esto Doc,.esto si es interesante,.pero no nos sirve de nada si no encontramos el botón de encendido -

"Créame...si yo supiera como hacerlo funcionar le enviaría ahora mismo a cualquier lugar lejos de aquí" pensó Paul sin dejar de mirar a los frescos. Avanzaba despacio observando la pared con detenimiento. Había numerosas escenas en lo que parecía ser una especie de enorme cuadro costumbrista. En casi todas la protagonista era la misma... aquella misteriosa figura femenina que Paul no pudo evitar asociar con una goa'uld recordando su primera y última clase en la UIC. Tras de sí sentía la conversación que Holmes había entablado con las doctoras pero poco a poco su ensimismamiento ante lo que percibían sus ojos iba creciendo y dejó de prestar atención.

Dara seguía con la radio en sus manos, mientras los demás seguían examinando las pinturas.

-Será mejor que llame a la Capitán.- anunció - Le interesará esto. ¿Capitán? Hemos encontrado algo aquí dentro... bastante "curioso", debo decir.-

-Enseguida los busco.- Llegó la voz de Ford desde el aparato.

La voz a través del aparato de radio hizo reaccionar a Paul. Notó que Ana estaba a su lado observando las pinturas y sin alzar mucho la voz, como susurrando, le preguntó alzando levemente la vista para simular echar un vistazo a toda la estancia. - ¿No te parece que falta algo aquí? -

Ana miró a Paul primero, luego observó la sala antes de contestar. - ¿En que estas pensando?.

Mallory se quedó mirando a Ana por un momento intentando ordenar ideas en la mente. Echó un último vistazo a la pintura en la que la figura femenina erigida en protagonista parecía emplear un extraño aparato con el que daba la sensación de estar practicando una sanación. Tomó aire antes de volver a profundizar en los bonitos ojos verdes de la doctora.

- Ambos sabemos que resumir en pocas palabras la cosmología y mitología mayas sería imposible. La nómina de dioses es interminable. A saber con cuál de ellos se podría identificar ella - su mano derecha hizo ademán de apuntar a su espalda. - No obstante, todos ellos tienen un elemento esencial en común...su dualidad...pueden ser benévolos o perversos según vayan las cosas y por ello exigen un alto precio - se quedó un momento en silencio - sacrificios, rituales con ofrendas humanas. Son una parte esencial de los mayas. Sé que estas imágenes son reales pero. ¿No crees que son demasiado....felices?. Su deseo, su ansia por conocer eventos del futuro y hacerse acreedores de la benevolencia de los dioses les empujaba a los sacrificios humanos. -

Su mano derecha asió ligeramente el brazo izquierdo de Ana como si quisiera llevársela con él. Trató de ser sutil en la maniobra. Le hizo dar unos pasos junto a él hasta que llegaron a una de las pinturas en las que parecía verse una especie de procesión ceremonial con rostros alegres y casi danzantes. - ...Espero que no pienses que soy un loco. - sonrió mirándo a Ana con cara de no haber roto un plato en su vida.

Ana siguió las indicaciones, mirando bien las imagenes que le mostraba.

- ¿Ves esta imagen?. Mira esta figura... la que destaca por delante de las demás. ¿Ves sus adornos?. Es un sacerdote, eso está claro... Pero observa el adorno principal sobre su cabeza. La calavera. No es un sacerdote cualquiera... es un *Ah-nacom*, un sacerdote, de los muchos que había por aquel entonces pero con la particular misión de presidir sacrificios humanos. - Paul se descubrió sumergido en los ojos de Ana como si acabara de despertar de un trance justo con el fin de su explicación.

Soltó su mano del brazo de la doctora casi sintiendo cierto temor ante la idea de poder estar incomodándola. - Este caballero de aquí indica que hay algo más... - Paul se rascó un momento el cabello como buscando aclarar de nuevo las ideas. - Bien...ehm...creo que seguiré registrando el palacio en busca de esa *otra versión* - terminó sonriendo.

Ana observó como Paul se alejaba, miró a la imagen del "Ah-nacom", se estremeció. Sacó la libreta y se puso a tomar notas de las imagenes. Tenían mucho trabajo por delante.


"Alguien con quien hablar"
James Lebau
Dr. James Lebau, Diplomático economista (Hugo)
Marine Gary Gilliam (PNJ-Hugo)


James observó durante un buen rato como trabajaban los soldados, al parecer estaban investigando los subsuelos de la zona mediante sondas y registrando los patrones meteorológicos. James no terminó de entender muy bien para qué y eso no le servía de mucho. Las presiones eran muchas y tenía que encontrar algo que por lo menos sirviera de excusa para retrasar el casi seguro cierre del proyecto y el buen o mal tiempo del planeta no le serviría, así que como no encontraran petróleo o el líquido famoso que tanto ansiaban los *serpientes* poco podía sacar de allí.

De repente uno de los soldados se puso a golpear una de las pantallas.

-¡Maldito trasto! -grito.

Uno de sus compañeros le calmó rápidamente haciendo un leve gesto disimuladamente para recordarle que James estaba por allí. En esos momentos un joven soldado pasaba por la puerta de la tienda.

-¡Eh, Lentes! -chilló uno de los soldados. El joven entró la cabeza en la tienda.

-¿Qué os duele chicos? -preguntó.

-La maldita pantalla que se ha quemado, ves a avisar al sargento haber si hay una de repuesto, y no tardes mucho.

-Sois lo peor, espera un momento -el chico desapareció para volver al cabo de prácticamente un cuarto de hora, entre sus manos llevaba una caja de cartón- aquí tienes tu maldita pantalla y esta vez no la rompas.

-Gracias 'Lentes' -dijo mientras cogía la pantalla y la desenvolvía.

El chico se quitó la arena de la ropa y fue entonces cuando reparó en la presencia de James, se le acercó y le tendió la mano.

-Hola.

James se le quedó mirando sorprendido y le estrechó la mano. -Hola, encantado de conocerte -después de parpadear un par de veces el chico continuó hablando.

-Mi nombre es Gary pero todo el mundo me llama 'Lentes', le importa si me siento.

-Claro que no, adelante -después de tanta *hostilidad*, el arrebato de amabilidad había cogido desprevenido a James, pero era de agradecer el poder hablar con alguien-. ¿Y por que te llaman 'Lentes'?

-Básicamente por dos razones: a, mis gafas, b, por mi afición a la fotografía -de uno de los bolsillos sacó una pequeña cámara compacta-. Siempre llevo una cámara conmigo, suelo encargarme de los *reportajes gráficos* en muchas ocasiones. Lo único malo es que *el comité de censura* se encarga de las fotos y nunca puedo guardar un recuerdo, que le vamos a hacer.

-Ya veo. Dime ¿llevas mucho en el proyecto?

-Entre hace poco. Puedo serle sincero.

-Claro -respondió James.

-No se ofenda, pero si he venido a hablar con usted es por que no creo que sea justo que este ahí tirado mirando como trabajan los demás y ya está, pero por favor no me venga con un interrogatorio.

-No pretendía interrogarte. Sólo hablar.

-Ya claro. Yo le hago un trato, demos una vuelta por el campamento y hablamos, pero me reservo el derecho de no responder a lo que quiera.

-Me parece bien, tus compañeros empezaban a resultarme muy aburridos.

-Pues si que ha tardado en darse cuenta -los dos rieron y salieron de la tienda.

Durante unas horas, James y Gary estuvieron hablando y paseando por el campamento, el chico era joven pero de conversación agradable y parecía que allí sería el único que estaba dispuesto hablar sin forzar un interrogatorio. Daba la impresión que lo habían enviado adrede para entretenerlo, pero no importaba, lo que le importaba era poder saber más de como funcionaba aquello y el chico, inexperto, hablaba más de lo que creía. Eran muchos años de experiencia en política para poder extraer de una palabra toda la información necesaria.

-¿Así que eres un poco el chico para todo?

-No exactamente. Soy un soldado como otro cualquiera, llevo poco en el cuerpo, apenas dos años. El problema es que una vez montado el campamento, a no ser que me asignen al grupo de *excursión*, normalmente yo no tengo mucho trabajo que hacer excepto las tareas básicas de un soldado de rutina, vease: guardias, limpieza y demás. A no ser que necesiten alguien para hacer una foto digna del National Geographic que entonces me llaman a mí.

-Y ahora mismo, en todo este rato que llevamos hablando, ¿no has tenido ninguna tarea rutinaria de soldado que hacer o es que te has escaqueado? -Gary miro a James sin saber muy bien que decir, pensando la respuesta correcta-. No te preocupes chico, no le des más vueltas, vamos a seguir andando y charlando. Cuéntame cómo acabaste aquí.


"El lado oscuro"
Jonathan 'Furia' Holmes Paul Mallory
Dr. Jonathan 'Furia' Holmes, Asesor gubernamental (Jonathan)
Dr. Paul Mallory Rush, profesor de Historia (Pablo)


La longitud del pasillo lleno de entradas a lo que pensaba serían distintas estancias le hizo ver que su búsqueda no iba a ser fácil. O quizás si. Parecía una cuestión de suerte. Francamente habría preferido que una de las doctoras le acompañara con objeto de tener otra opinión profesional, pero de nuevo Holmes iba a su espalda. No era gratificante pero no había otra opción.

A medida que avanzaban por el pasillo la luz de la linterna se hacía cada vez más importante. Paul imaginaba que Holmes iría escrutándole con la mirada, no podía evitar pensar en la sensación de sordidez que le transmitía, pero aún así entornando la vista trataba de concentrarse en su aparente deambular.

Furia, seguía su camino con parte de su mente en otro lado, desde que Paul, comentó que saldría a explorara las otras salas, se unió a él, pese a que sabía que no le gustaba su compañía "Pero sabiendo lo que estoy haciendo aquí, creo que a nadie le gustará", además no quería encontrarse con Catherine, quería retrasar su conversación lo más posible.

- ¿Este tour cultural por la piramide tiene una finalidad Doc ?, o ¿sólo pretende llenar los documentales del canal Discovery?, espero que su teoría tenga exito, todo lo que pueda combatir con ...ellos, puede ser interesante para nosotros.-

- Tenía la sospecha de que no tardaría mucho en preguntarme. - respondió Paul enarcando una ceja e iniciando el rosario de lamentos internos por tener que seguir aguantando los *ácidos* comentarios de su acompañante pero intentando en lo posible de mantenerse pendiente de los muros del pasillo y sin dejar de atender a cuantas puertas iban encontrando. - Este *tour cultural* como usted lo llama busca tener un conocimiento amplio, concreto y claro de lo que hay aquí dentro, con el objeto de obtener información que pudiera ser relevante. Información es poder. ¿No?. Pues eso... Ni más ni menos... - hizo una pausa para sonreir maliciosamente mientras orientaba la linterna al interior de otra sala. - Si no le gusta.... siempre puede dar media vuelta. -

- Por favor Doc...como despreciaría yo su gratificante compañía, y sus extensas y claras ...explicaciones. La verdad es que pedí que me dispararan,...pero ya sabe somo es el ejercito, nunca te dan o que pides -

Paul se asomó a las primeras salas pero el foco de luz le descubría una y otra vez pinturas similares a las encontradas por Ana y Dara. Rápidos vistazos instigaban la sensación de que no era en aquellas estancias donde debía buscar. "No, aquí tampoco...", pensó justo después de asomar su cuerpo levemente al interior de una de las habitaciones y comprobar que no había indicios de *oscuridad* en las paredes. "...tiene que estar por algún lado".

En uno de los giros, de los interminables giros que daban por los pasillos, encontraron una sala distinta,...bueno más bien,...igual pero distinta, las pinturas que la cubrían no presentaban el mismo diseño, que las anteriores.

Sin prestar demasiada atención a los movimientos de Holmes, Paul se quedó quieto apuntando con la linterna las paredes de aquella sala. Recorrió la pared lateral izquierda de la sala con el foco de luz a media altura. No se veía demasiado. Parecían haberse internado bastante en las dependencias del palacio. Hileras de jeroglíficos pintados en la pared en tonalidades oscuras y algo deteriorados por el paso del tiempo eran toda la decoración de aquella sala. La pared derecha parecía ser un calco de la izquierda. Cada jeroglífico tenía el tamaño de un bañón de baloncesto. Respetando una cuadrícula imaginaria, los jeroglíficos se superponían entre si hasta el techo de la habitación formando una especie de mosaico.

Sus formas eran muchas y muy diversas y a Paul le sonaban familiares. "Creo que empezamos a entendernos" pensó. Dio un par de pasos hacia delante apuntando hacia la pared del fondo y observó que los jeroglíficos se reproducían por toda la pared como si de una enorme secuencia de imágenes se tratase.

Algunos de los glifos iban acompañados de puntos y líneas y las cadenas se separaban en determinados momentos. En su observación detenida y en silencio había ido acercándose hacia una de las paredes laterales con el objeto de observar más de cerca cada uno de los jeroglíficos. Sus formas eran muy variadas y Paul podía entender algunos pero no los suficientes como para poder dar de inmediato un contexto que diera significado a aquellas grafías. - Me parece que vamos a tener que estar aquí un tiempecito Holmes. - dijo de repente observando con cuidado las cadenas de imágenes.

- Me lo imaginé al ver su cara de felicidad, así que espero que me ilumine son su sabiduría.

- Aquí si hay algo concreto ya que tan interesado está en lo tangible. Grafías, texto, información puntual. No estoy muy seguro aún de qué puede tratarse. La escritura maya es compleja... ...una combinación de símbolos y elementos fonéticos. - Avanzaba lentamente siguiendo la pared tratando de observar minuciosamente cada una de las imágenes buscando algún punto de partida o algún elemento que le revelara al menos de qué tipo de información se trataba. - Necesito su ayuda. El orden de la grafía es diferente al habitual, parte de esta pared y parece seguir por el fondo hasta terminar en la otra pared junto a la puerta de entrada. Vaya un momento hasta el fondo y busque por allí un signo consistente en dos líneas paralelas como un signo de igual y cuatro puntos encima. Si se repite más veces, avíseme. -

Paul sonrió divertido por la situación de estar dándole una orden a Holmes y trató de aprovechar al máximo aquella inusual escena. Veía en el rostro de Jonathan que aquello no le hacía demasiada gracia y por un momento sintió en su interior un perverso regocijo producto, sin duda, de su experiencia como profesor ante sus alumnos justo antes de un examen. - Adelante... *hop hop hop*. - le animó moviendo la mano izquierda con la palma hacia delante y la luz de la linterna dando buena cuenta de su rostro.

- Como no profe...espero que no me trate totalmente como a una becaria, no crea que me impresionaré por su * gran cultura * - Encendió su linterna y empezó a recorrer la sala, siguiendo las indicaciones de Paul - Digame Doc ¿ se apasiona así por otras cosas,...o sólo por las piedras pint...- En ese instante descubrió algo, un pequeño trozo de pared que era distinto, que no seguía la norma. - Creo que debe de ver esto Paul, no conózco mucho esta civilizacíón, pero se reconocer un trampa, o una puerta oculta desde que la veo -

Paul apuntó en la dirección de Holmes con la linterna y avanzó acelerando el paso hasta donde éste se encontraba. - Vaya, esto es nuevo -. Puso su mano sobre la madera de la portezuela, camuflada bajo las líneas de jeroglíficos y trató de empujar sin emplear demasiada fuerza, la justa para darse cuenta de que algún tipo de cierre mantenía la misma cerrada. Miró a Holmes que manipulaba unos pequeños relieves situados justo al lado de la puerta. - ¿Reaccionan? -. Le preguntó sospechando que aquel pudiera ser el mecanismo que abriera la puerta.

- SI Doc...reaccionan,...y procure no babear demasiado, parece un muchacho frente al poster de Miss Julio-. Con una leve presión, la piedra empezó a moverse mostrando una estrada profunda y oscura. -Detras de mi, dejaremos que la belleza entre primero, conozco este tipo de sitios, y no me sirve de nada tan emocionado,...apague la linterna y si me pasa algo, salga de aquí como si le mordieran el trasero.- Puso su linterna en la pistola y avanzó un par de pasos, hacia la profundidad.

- ¿Miss Julio?. - Paul sonrió divertido. - No conocía esas aficiones en usted... procure centrarse en las escaleras, no quisiera tener que recogerle en pedacitos abajo del todo. - La luz de la linterna de Holmes le mostraba la angostura de las escaleras. No había decoración...Seguramente, pensó Paul, por el aspecto de las escaleras y lo *secreto* del lugar las decoraciones estuvieran al final. Lo que no conseguía imaginar era lo que iba a aparecer ante sus ojos.

Al final de la escalera, el aire de la nueva sala, no demasiado grande, estaba muy viciado, sin duda por haber estado tanto tiempo cerrada. Paul hizo una mueca de desagrado justo antes de encender su linterna cuando Holmes se lo indicó.

La iluminación era escasa. Unas minúsculas aberturas en la roca permitían la entrada de líneas de luz que alcanzaban determinados puntos de la pared en la que Paul al apuntar con la linterna observó una serie de imágenes totalmente opuestas a las encontradas por Santer y Reyes. - Bueno...no es exactamente lo que estaba buscando pero se acerca... -. Paul se acercó a una de las paredes laterales a observar con más cercanía.

- ¿Ha visto esto Holmes?. - Las pinturas no dejaban lugar a dudas. Aquella sala parecía estar dedicada a un ser maligno. Una especie de demonio devorador de hombres. Al menos así aparecía en una de las imágenes. En otras se le veía en terroríficas poses desgarrando los cuerpos de aldeanos indefensos. - ¿Se imagina pertenecer a este mundo y ver semejantes decoraciones con tan sólo esos rayos de luz? -

- Doc,...de verdad, empiece a salir más, empieza a asustarme- Recorrió la sala con su linterna, tod parecía estar en su sitio, pero como siempre no se podía estar seguro en estas situaciones. - Bueno, señalaré la posición del descubrimiento de su nuevo amigo - Paul casi no le escuchaba. -vale,...le dejaré a solas,..procure no *emocionarse * demasiado, le doy diez minutos, mientras voy a coger aire-

Su mirada estaba tan concentrada en la pared del fondo que Paul apenas si conseguía oir lo que Holmes le decía. "Seguro que alguna sutileza de las suyas" pensó. Parece que entre los jeroglíficos de la sala del nivel superior y este hallazgo tenía bastante en lo que trabajar, así que se puso manos a la obra sin demorarse más. A pesar de la tremenda fascinación que le causaba la visión de aquel ser plasmado con demoníacas facciones en el mural del fondo de aquella sala.


"Paseando a Miss Mounteloup"
Madeleine Monteloup
Doctora Madeleine Monteloup Parker - Bióloga (Yolanda)
Marine Jonás 'Calabazas' Russell (PNJ, David M.)


Cuando llegó Madeleine al campamento, lo primero que hizo, fue tomarse uno de los calmantes que Catherine le había dado. A continuación se fue a la tienda que le correspondía y aprovechando que no había nadie, se cambió y se puso algo más ligero que había traído en su mochila, una casaca corta de lino, color caqui de cuello mao. No quedaba muy bien con el pantalón militar, pero era mucho más fresco que la camisa militar. Con un pañuelo de lino alrededor del cuello, la melena y un poco de maquillaje apenas se notaba nada, y estaba realmente a gusto. Dudaba entre ponerse un chambergo o no, pero no era de buena educación comer con sombrero en la mesa, por lo que decidió dejarse el pelo suelto. Además la mesa estaría a la sombra de eso estaba segura. Ya más animada se unió al resto del grupo para comer. Estaba bastante sonriente y se sentó a comer al lado de Paul evitando en lo posible dirigirse a Holmes, aunque de vez en cuando le lanzaba alguna mirada de reojo que era captada por Holmes a lo que ella respondía desafiante.

La conversación a lo largo de la comida giró claramente entorno a los pequeños descubrimientos hechos durante la mañana.

Una vez terminó cada uno reanudó sus quehaceres. Madeleine fue a buscar el equipo necesario para tomar las muestras. Cuando se preguntaba como iba a hacer para llevar todo se presentó ante ella un marine.

- La Doctora Moteleoups, supongo. - Dijo el marine de poco más de metro ochenta con una leve sonrisa torcida y aire cómico. Su sonrisa hacía juego con una nariz rota y una leve cicatriz en la mejilla derecha, sus ojos azules inquietos le daba un aspecto de nervioso diablillo. - La Capitana Ford me mandó que viniera a acompañarla a su "excursión".- Hizo especial hincapié en el género de su oficial y no pudo reprimir una mirada de arriba a abajo a la civil con cierto aire de lascivia. Se puso firme a la espera de más órdenes, como intentando disimular su desliz.

Madeleine miró al que iba ser su acompañante durante la tarde, y enarcó un poco la ceja ante la mirada de este la cual no le gustó mucho.

- Muy bien marine, la "excursión" como la ha llamado va a dar comienzo... ahora mismo. Coja esa mochila y ese maletín - dijo señalando a los objetos ya preparados al lado de la puerta. - Y sígame. Ya empezaba a salir por la puerta cuando se volvió de improviso y le dijo: - ¿Cómo se llama marine?

- Russell, Jonás. Señorita - Dijo no sin cierto tono picarón.

- Para usted doctora Monteloup, marine Russell... y espero que cambie ese tonito conmigo, no quisiera dar parte a su superior la Capitán Ford. Durante las próximas horas voy a ser su superior y espero que acate ese rango. ¡Ah!, y no se olvide de la pala a lo mejor la voy a necesitar, y sino puede con todo hágamelo saber. A lo mejor necesita la ayuda de mami para ello.

Madeleine se dio la vuelta y salió sonriendo alegremente por la puerta. Por fin iba a encontrar alguien con quien descargar la ira que llevaba dentro. Y un buen mulo de carga a costa del ejército le iba aliviar esa carga. Prometía ser una "excursión" bastante entretenida.

- Creo que está usted equivocada, "doctora". - Dijo el marine con un tono tan helado que podría congelar las venas del más pintado. - Puede que tenga que ser su asistente, su niñera e incluso su burro de carga. Pero nunca jamás en su corta vida, se atreva a insinuar que se ha ganado de alguna manera el privilegio del mando. Y Dios quiera que nunca necesite de mi ayuda en batalla, que entonces sabrá lo es recibir órdenes. - Su cara era una rígida máscara como la de cualquier suboficial instructor de los que salen en las películas. - Ahora si es tan amable indíqueme hasta donde debo transportar estos bultos. Y le recomiendo que coja algo por poco pesado que sea, sobre todo si es frágil, porque necesito una mano libre para usar mi arma y no dudaré en desprenderme de lo que sea para conseguirla. Se me ha encomendado ayudarla con el equipo pesado y servirle de protección, no ser su "negro particular". Por si no lo sabe los "soldados" ganaron hace muchos años una guerra para abolir la esclavitud. Si quiere dar parte de mí, siéntase completamente libre de hacerlo, pero no espere hacer amigos con ello...

Madeleine se puso seria. - Muy bien, de acuerdo, soldado Russell, es cierto que no tengo porque darle órdenes, y es cierto, que quizás me he pasado... de la raya. Pero si puedo dar parte por emplear un tono como el que usted ha utilizado hace un momento. Usted se encargará de ayudarme y de protegerme en caso necesario, pero creo que no le han dado ninguna orden de emplear un tono como el que ha usado conmigo, va en contra de las normas entre el personal de la base militar, y aunque yo no soy militar mientras esté trabajando para el ejército y mal que me pese, formo parte del mismo, por lo tanto para usted seré doctora Monteloup, no "señorita" ni nada por el estilo. Comprendido.

Madeleine le quitó de sus manos el bolso contenedor de muestras y dejó al soldado Russell la mano libre que tanto necesitaba para defenderse en un planeta que sólo era desierto. ¿A quién iban a encontrar en semejante lugar?

- Al menos donde yo estudiaba "Señorita" era un trato respetuoso. Porque Doctora, no tengo porqué saberme su vida y milagros... - Seguía rezongando el marine mientras acababa de cargar bultos. - ¿A quién pretende curar con estos trastos, doctora? - Concluyó todo serio mientras dejaba de observar extrañado todo lo que cargaba y admiraba "el paisaje" que se le planteaba delante mientras la civil camina por delante de él dándole lo mejor de su espalda.

"¿Curar con estos trastos? Encima de salido es medio lelo" pensaba Madeleine mientras salía del recinto sin responder a la pregunta del soldado.

El material no era muy pesado pero era ligeramente aparatoso de transportar, Russell se preguntaba como se habría planteado una mujer tan pequeñita el llevar todo aquello sin ayuda, Tampoco le extrañaba mucho, era por todo el mundo bien sabido que las mujeres estaban todas locas y que no se atenían a la lógica normal. No había más que ver el "chollito" que le había encomendado la "cachonda" de la Capitana.

Madeleine imaginaba el rastro de babas que dejaba Russell. Si ya tenía bastante con lo suyo además tenía que cargar con un salido mental. En su cabecita ya estaba maquinando como tocarle las narices al soldadito salido que le había tocado en suerte. Desde luego iba a sudar la gota gorda bajo un sol de justicia, así estaría ocupado en algo mejor que en calenturientos pensamientos.

Finalmente, la pequeña comitiva formada por ambos partió del campamento y comenzaron a alejarse de la pirámide para adentrarse algo en el desierto. Había decidido tomar muestras en varios lugares. Ella se dedicaba a montar el equipo para la extracción de muestras mientras le indicaba al soldado Russell donde cavar con la excusa de que era necesario para tomar muestras. Y ella cada vez que socavaba la superficie tomaba muestras de ese lugar las ponía en los contenedores y los sellaba. Pero mientras él excavaba en lugares en los que ella solo tomaba muestras de los montones de tierra formados al cavar. Ella extraía por otro lado muestras a mayor profundidad, no era mucha pero si la suficiente para obtener algo interesante. El equipo no era de los más grandes y pesados sino fácil de manejar, pero era una auténtica lata montarlo y desmontarlo. Al menos mientras Russell cavaba ella pensaba que su cabeza calenturienta estaría ocupada. Sin embargo, de vez en cuando miraba de reojo al soldado Russell al cual le pillaba tanto miradas de lascivia, como miradas a su alrededor en busca de un imaginario peligro.

Aunque ella le ignoraba por lo menos una cosa demostraba el soldado Russell, estaba absolutamente entregado a su protección y colaboraba con ella, al principio sólo cavando, pero poco a poco comenzó a ayudarla a montar el equipo. No era tan mal tipo después de todo. Estaba sudando como un cerdo, pero para nada se quejaba de su trabajo, simplemente la ayudaba en todo lo que le pedía. Después de ir de aquí para allá tomando muestras dobles, sellando y etiquetando un montón de contenedores Madeleine decidió que debían tomarse un respiro. Le indicó que se acercara y se sentara con ella a tomarse un tentempié. Se acercó al soldado Russell y le acercó la cantimplora y unas chocolatinas de las que ella solía llevar en su mochila.

- Tome, no es bourbon pero le saciara la sed.- Y le dio a continuación las chocolatinas. - Son de chocolate noir, espero que le gusten, me las traen expresamente de Europa.

Madeleine se sentó a su lado y le preguntó:
- ¿Lleva mucho en el ejército?

Jonás se relajó un instante, aceptó el regalo de la doctora y se apoyó en una piedra cercana. No abandonó del todo su posición de vigía alerta pero se tomó un pequeño respiro.

- No mucho. Hace poco que firme mi tercera renovación... - Continuó, más haciendo cálculos mentales para sí mismo que hablando con la doctora. - ... Con lo que eso indica que dentro de poco cumpliré los cinco años de servicio.

Madeleine le sonrió y le dijo.
- Será mejor que deje la pala a un lado, ya no será necesaria, le voy a enseñar a montar mi pequeño equipo. No sirve para "curar", pero hace cosas interesantes como extraer muestras en apenas un metro de profundidad. Sólo en los extractos térreos más recientes.

Madeleine consideraba que el esfuerzo por ayudarla del soldado había merecido que dejara de tocarle las narices haciéndole cavar inútilmente. Y además, pensaba que un cuerpazo como el del soldado Russell no podía estropearse más con el sol. Aunque el tono de su piel tostada era muy atrayente.

Mientras le explicaba como montar el equipo le preguntó: - ¿Y qué piensa hacer cuando acabe su servicio a la patria?

Jonás sonrió mostrando su blanca dentadura de la que se sentía muy orgulloso, era como si le preguntara por el fin del mundo - Jubilarme, claro. ¿Hay algo mejor que hacer tras una vida de servicio a tu país? - Tomó una pausa para pensar realmente en su futuro y luego desdeñó las nubes que se formaron en su cabeza. - ¡Bah! Prefiero vivir el presente que plantearme quimeras, todavía soy muy joven para eso...

Madeleine le miró de reojo pensando que era un poco asno. Pero parecía buena gente. De repente se le ocurrió una pequeña idea, un cuerpazo como ese sería el guardaespaldas perfecto para ella.

- Oye Jonas, ¿puedo llamarte Jonas? ¿Tienes alojamiento en la base?, quiero decir... er... ¿vives en la base o fuera de ella? Lo digo, porque alquilo una habitación en mi casa muy barata... y quizás te gustaría irte a vivir allí. Un soldadote como tu dispondría de buenas vistas, y una habitación para ti solito.

- Me llamo Jonás, creo que es nombre bíblico. Y sólo te permitiré que lo uses si me dejas llamarte "señorita" - El joven sonrió deslumbrando con el reflejo del potente astro rey. - Pues realmente me acabo de venir a Guam y no estaba muy seguro de si instalarme en la base o buscar un piso compartido. Lo de vivir con una señora mayor no me lo había planteado, ¿qué sería, algo así como tu "manceno"?

Madeleine dejó lo que tenía entre las manos, miró al soldado Russell. Se preguntaba si es que el chico era así de nacimiento o el ejército le habría vuelto así. - Oye... Jonás... por quién coño me has tomado. "Una señora mayor", habló el espabilado, si tan mayor soy deberías dejar de babear por mi trasero, "una señora mayor" debería de darte repelus. Acaso tengo aspecto de ancianita devora hombres y asalta cunas.- gritó al final Madeleine la cual se puso las manos en la cintura bajó la cabeza y empezó a moverla negativamente. Esta situación que la hacía salirse de sus casillas y gritar casi histéricamente le recordaba enormemente a otra situación sostenida con Holmes en la UIC. Finalmente respiró hondo y profundo. Y pausadamente siguió: - Vamos a ver Jonás no quiero que te acuestes conmigo, sólo quiero alquilarte una habitación, nada más, por hacerte un favor. ¿Entiendes?

Madeleine dudaba que esa cabezota suya comprendiera exactamente que lo que le pedía no era ni más ni menos que la acompañara, pero nada más.

- Pues es una pena, me gustaba más la primera opción. - El marine sonrió con aire inocente como si fuera una broma sana que no podía hacer mal a nadie, en su cabeza (al menos) así era. - No te quería llamar "vieja", lo siento, no quería ofenderte. Estás realmente muy buena y te conservas muy bien, sea cual sea tu edad. Pero si alguien me insiste tanto en su título de doctorado comprenderás que sumando dos y dos no puedo echarle menos de treinta años, y eso siendo uno de los típicos "cerebrines" que suelen rondar por esta base. - El chico al ver el brillo en los ojos de Madeleine tuvo la sensación de que no se había explicado bien. - No te quería llamar golfa ni nada así, es que normalmente la gente que conozco de un día no tiende a ofrecerme su casa sin más. Y menos una hembra con ese cuerpazo. - Tras oír las palabras que salían por su boca no pudo más que taparla con su mano izquierda y quedarse callado, ya que veía difícil arreglarlo sin liarlo más. Haciendo acopio de todo su entrenamiento se dispuso a aguantar el chaparrón que esperaba que le viniera encima.

Madeleine le miró con la boca abierta, pretendía hacerse la ofendida, pero desde luego no era así como se sentía. No le quedó otra opción que sonreír. Acababa de darse cuenta de que no era más que un chiquillo. Se puso algo seria y le dijo: - Veras Jonás... seré sincera, han intentado robar en mi casa y me da miedo estar sola. Es muy grande y tiene un frigorífico enorme que puedes llenar si quieres de cervezas, y puedes invitar a tus novias a la casa cuando quieras., Y no necesitas liarte con una vieja por muy buen cuerpazo que tenga. ¿Qué te parece la propuesta? Si te sientes incómodo con ella, pues no pasa nada, quedaremos igualmente como amigos y si alguna vez necesitas un lugar donde ir con tu chica serás bienvenido.

- Jo lo siento. No quería insultarte ni nada por el estilo. Me encantaría tener una novia como tú, como ves no soy muy hábil con las mujeres... - Al final el chico cambio su faz de pesadumbre y como intentando olvidar lo anterior continuó: - Si salimos de ésta me sentiré muy honrada de compartir techo contigo y ser tu guardián en el tiempo libre que me deje mi trabajo. Te presentaré a mis amigos, seguro que te caen bien. Te ayudaremos a arreglar lo que te hayan roto y haremos una fiesta. Y ya negociaremos el alquiler, que este curro tiene sus pegas, pero pagan muy bien. Debe ser por eso de que es secreto y demás. Tú lo sabías, ¿verdad?

Madeleine no pudo por más sonreírle al soldado Jonás, le había caído bastante bien.
- Muchas gracias Jonás, los desperfectos ya estarán arreglados cuando regresemos. Pero podríais, tus amigos y tú, ayudarme a terminar de pintar la casa. Y respecto a la fiesta... será un placer invitaros a su inauguración. Aunque van a ir unos cuantos "carcas" también. - Ante este último comentario le guiñó un ojo.

Y siguieron a lo largo del resto de la tarde con la recogida de muestras, sólo que a partir de ese momento todo fue mejor entre ambos. Desde luego había sido un acierto, debería de agradecerle a Catherine su carabina. Después de todo la tarde había sido provechosa. Al menos no sentiría miedo teniendo próximo a ella un cuerpazo como aquel que sin duda alguna sabría defenderla si volvía a ocurrir algo grave.

(Y comieron lombrices...)


"Cartas marcadas"
Brittany Williams Andrew McBride-Smith
Teniente Brittany Williams, sanitaria (PNJ, Blanca)
Subteniente Andrew McBride-Smith, Inteligencia Militar y Comunicaciones (David M.)


De: bwilliams @ uic.mil
Fecha: 15 de Septiembre, 2001
Para: amcbridesmith @ sgc2.mil
Asunto: Informe de situación

Estimado Subteniente,

Me gustaría poder decir "Vini, vidi, vici", pero la verdad es que no hay mucho que hacer excepto llegar. Nada que ver, nada que conquistar, excepto los ánimos que se pueden ver rodando en el piso. Nunca me di cuenta de cuán dependientes nos hemos hecho del acceso directo a la información hasta que vine aquí, y ahora más que nunca. Te imagino sentado frente a un ordenador, capaz de hacer todo lo que aquí no... y en esos momentos no te quiero tanto.

Sin embargo, tenés una cualidad que te redime. Los mensajes que cruzaron conmigo alegraron este día... casi no puedo esperar los que llegarán mañana.

Unas horas más aquí y espero haber superado la tristeza de la despedida. Sobre todo, porque son unas cuantas horas menos hasta que volvamos a vernos. Seguramente esperas que te diga que la idea me llena de espiritual dicha y gozo, pero en realidad estoy pensando en algo más mundano... así que preparate para un serio juego de poker entre los dos.

Apuesta mínima: una prenda de vestir.

Atentamente,

Teniente Williams

***
De: amcbridesmith @ sgc2.mil
Fecha de creación: 15 de Septiembre, 2001
Fecha de recepción: 16 de Septiembre, 2001
Para: bwilliams @ uic.mil
Asunto: Re: Informe de situación

Mi querida rompecorazones (iba a poner matasanos para designar tu profesión, pero me parecía poco original),

Te puedes imaginar el desolador panorama que dejas aquí. Lo peor es que no solo yo estoy triste y hundido, si no que todo a mí alrededor es depresión y desánimo. La base parece el escenario de una mala película de zombis, todo el mundo caminando con desgana y con unas terribles ojeras. El estado de alerta no hace más que crispar los nervios a todos, en los últimos dos días ya he presenciado más discusiones fuera de tono y peleas que en todo el tiempo que llevaba aquí.

El fin de semana se presenta terrible en todas las cadenas no dejan de repetir las imágenes del atentado, centrándose en detalles de gente cayendo por las ventanas y cosas peores. Es mi idea del infierno, que pase algo malo y te hagan revivirlo todos los días hora tras hora. Me alegro que estés aislada de todo esto y que os enteréis tan solo por las gotas de información que os dejamos llegar.

Se han descubierto muchas cosas, la mayoría hacen que no nos sintamos muy orgullosos de nuestro empleo, sobretodo del mío. Según parece derribaron otro avión de pasajeros que iba directo a la Casa Blanca y el que chocó contra el Pentágono debía ir tocado, por eso fueron tan mínimos los daños. En mi entorno empieza a haber rumores de que la CIA ya tenía información al respecto, aunque con nuestro pasado común con Bin Laden es difícil olvidar que la CIA lo convirtió en lo que es.

Aquí en la base todo es tabú, yo creo que hasta para hablar del menú de cafetería hay que pedir permiso. Me gustaría poder volver a la UIC, más por la compañía que por el trabajo, te sabes hacer echar de menos. No me importa que siguiera lloviendo a mares, daría lo que fuera por volver a pasear contigo, espero que alguien acepte mi oferta por, por ejemplo, un brazo.

La verdad aunque mi trabajo de esa ración de poder que tu comentas, en estos días es todo un suplicio. El mar de información es terrible y casi todo es supersecreto, nos miran con lupa y encontrar un momento de desahogo para escribirte es costoso ya que trabajamos a doble turno. Pero nada impedirá que intente llegar a ti, ni el fin del mundo. En cuanto abran de nuevo "la puerta" intentaré conseguir un permiso para ir a buscar cualquier excusa a la UIC.

Siento mucho la limitación de comunicación que tenemos, la verdad es que en estos malos momentos se hace aún más patente. La normalidad de poder acabar el trabajo e ir a tomar un café con aquella que más quieres en el mundo es un lujo que no podemos más que soñar. Por muy gratificante que sea este trabajo las contrapartidas son terribles, creo que todos las sabíamos cuando nos enrolamos, pero eso no las hace más llevaderas.

No sé si aceptar tu reto de una partida de póquer, deberías saber que humildemente llevas las de perder. Estoy pensando en darte una ventaja de dos a una y que cada una de tus prendas valga doble, aunque será un placer "desplumarte" en el sentido más literal. No puedo dejar de soñar con ese momento, sobretodo en las frías noches que se acercan. Bueno, al menos sabes que tienes un tiempo para aprender. Pregunta a los cabos Foster y Sanders (sobretodo a este último) que te den consejos, que nuestras timbas hemos tenido.

Añoro verte y detectarte por otras formas de percepción que no son la vista también. Espero que esto se arregle pronto y la separación solamente nos ayude a apreciar los momentos compartidos. Yo estoy alquilando una noche de por lo menos 40 horas para poder pasarla contigo, pero si te parece poco amplio el plazo ;)

Todo totalmente tuyo (sí, también de cintura para arriba; la parte que no sirve para nada ;)


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"Cuando las paredes hablan (I)"
Paul Mallory
Dr. Paul Mallory Rush, profesor de Historia (Pablo)


"No sea necio Mallory, vaya más allá, no se limite a describir...¡reconstruya!". Ese fue el primer pensamiento que asomó a la mente de Paul, una vez en soledad despojado de la presencia de Holmes. La frase apareció bien clara en su memoria. No en vano el profesor Meyer se la había repetido hasta la saciedad durante el primer curso en la Universidad.

- Está bien - musitó entre dientes. Dio unos pasos hacia atrás hasta estar casi bajo el dintel de la puerta, observó detenidamente las pinturas en las paredes reteniendo en su memoria todos los detalles, hasta el más mínimo de ellos. Obtuvo un contexto combinando lo que su retina captaba y la estructura de la sala con sus pequeñas aberturas en la pared, tomó aire por un momento y cerró los ojos.

"Demonio, oscuridad, miedo, penumbra, muerte..." poco a poco fue repitiendo las palabras en su mente. Las primeras sensaciones que le transmitía todo aquel conjunto artístico. Fue dejando a un lado cualquier otra cosa que no fueran aquellas palabras. Pronto, aplicando sus conocimientos, imágenes fueron apareciendo a modo de flashes.

- ¡No, por favor, soy leal, no! - La voz fue asociada a un asustado aldeano que la mente de Paul dibujó con gesto aterrorizado y cuerpo contraído por el pánico. Podía ver la sala casi a oscuras. Sólo iluminada por dos antorchas junto a la entrada.

- ¡Ahora aprenderás lo que le pasa a los infieles. Él acabará con todos vosotros por vuestra insolencia! -. Gritó otra voz. Ésta, Paul no la pudo identificar en su cabeza. Pero se hacía una idea en su mente de que pudiera tratarse de un jaffa de la diosa que Dara y Ana habían encontrado.

Con los ojos cerrados visionaba la escena tratando de obtener un sentido acorde al lugar. Su mente parecía dibujar las imágenes con soltura. Un ciudadano, probablemente joven, acusado de practicar algún tipo de herejía. Condenado al encierro en aquella oscura sala. A solas con el demonio que devoraría su alma por su pecado.

El joven es dejado solo en la sala y encerrado...Su rostro sigue reflejando miedo, pavor. Las imágenes de las paredes ayudadas por el crepitar y el danzar del fuego parecen querer abalanzarse sobre el pobre desgraciado que llora y grita agazapado contra una esquina de la sala.

Paul trataba de imaginar sus gritos y súplicas desatendidas por haber cometido a saber qué tipo de sacrilegio. Se lo imaginó aterrorizado entreabriendo los ojos justo en el momento en el que las llamardas de las antorchas y un hilo de luz que entra desde el exterior resaltan el dibujo de la demoníaca figura pintada en el fondo de la sala. Con sus fauces llenas de dientes afilados a punto de desgarrarle el corazón.

Las escenas le muestran al pobre joven cuál será su destino y el de toda su gente si osan desafíar el poder de la diosa.

Paul abrió los ojos de repente observando la sala. "Una sala de castigo" pensó. Parecía claro. La oscuridad, la agresividad y crudeza de las imágenes lo reflejaban. El deseo de medrar por la vía del miedo. Sin duda alguna, Paul estaba seguro de haber desentrañado la función de aquella sala. Había tratado de seguir la consigna del profesor Meyer y la experiencia parecía haberle dado la razón al viejo profesor. Paul sonrió. "Bien..." pensó "...ya hemos reconstruido el contexto profesor. Ahora pasemos a las escenas."

Estuvo varios minutos recorriendo las imágenes. Parecía no quedar lugar a dudas de la existencia real de aquel personaje. En las pinturas aparecían reflejados objetos voladores que parecían *escoltar* a aquella figura en sus macabras maniobras de destrucción. "Un demonio destructor" sentenció en su cabeza "un goa'uld enemigo de la diosa". En otras escenas aquel sujeto infernal aparecía rodeado de otros *monstruos* de menor tamaño, que Paul asoció con jaffas asesinando o encadenando a inocentes aldeanos.

Muerte o esclavitud. Parecían las dos opciones preferidas de aquel falso dios. Pero hubo un dato que le llamó la atención. En casi todas las pinturas aparecían arboledas densas a ambos lados como acotando cada escena. Paul retuvo este dato en su mente. "Árboles pintados en un planeta desértico...podrían ser reminiscencias del pasado o bien un acontecimiento real...es posible que la gente de este planeta formase parte de una *segunda oportunidad*.". No le quedó claro, pero decidió darle relevancia al hecho. Tal vez estas enseñanzas fueran algo más que eso. También podrían ser una historia dentro de la historia misma.

No pudo evitar pensar que tal vez sin quererlo hubiera descubierto el destino de aquel pueblo que siglos atrás habitó en aquel planeta arenoso. "Podría ser, no es descartable".

Sacó una pequeña grabadora de voz que llevaba consigo y grabó todo lo observado, vivido y sentido en aquella sala justo después de hacer una descripción detallada de la misma y sus pinturas. Luego ayudado por la luz de la linterna y como pudo pese a la escasez de luz grabó con su videocámara toda la estancia intentando dar buena cuenta de la lúgubre decoración.

Una vez completado el registro de los datos terminó acercándose hasta la imagen que presidía la estancia. Aquel demonio perverso y cruel cuya cabeza parecía la de algún fantástico animal con boca de gran felino y ojos rasgados. - Fuiste tú quien acabó con esta gente. ¿verdad? - dijo en voz baja mirando fijamente a los ojos de la figura que parecían cobrar vida por momentos.

Permaneció un instante quieto como si deseara por un momento que aquella figura le respondiera. Al cabo de esos segundos Paul reaccionó alumbrando el reloj de su muñeca. No estaba seguro de cuanto tiempo le había tomado la observación. Pero si estaba convencido de que volvería a visitar a aquel siniestro personaje. - Volveremos a vernos muchacho, pero será después de que coma algo... ...francamente no sé tú, pero yo si no desayuno primero, luego me cuesta un horror entenderos. - dijo sonriendo.

Se separó un par de pasos sin perder de vista la pared del fondo de la sala justo antes de dar media vuelta para dirigirse a las escaleras que le llevaran al nivel superior. En ese momento se detuvo. - Vaya...daría algo por tener ojos en la nuca -. Desde que entró allí no se había apercibido de ello pero más valía tarde que nunca. Sobre el dintel de la puerta había esculpidos dos grandes glifos. Paul los tenía *capturados* en el cerco luminoso de la linterna.

Volvió a posar su mochila y sacó de nuevo la pequeña grabadora . - Nota final, sobre el dintel de la puerta hay dos petroglifos tallados en la piedra original. No me son familiares, pero procedo a grabarlos para su posterior traducción. No estoy muy seguro pero es posible que tengan relación con el nombre del protagonista de la sala. Parece que una de las aberturas en la pared está expresamente orientada hacia la inscripción. Quizás algún tipo de *mensaje subliminal* o el deseo de que quien fuese traído aquí saliera con el nombre del malvado personaje bien grabado en la mente. Es una buena teoría pero no descartemos que los de Taco Bell anduvieran ya por la zona sembrando esto de publicidad. - A Paul le gustaba darle un tono cómico, o al menos así se lo parecía, a sus investigaciones y estudios. Sentía que era la mejor forma de disfrutar aún más de su trabajo. Amén de ser un apasionado de las reglas mnemotécnicas por absurdas que pudieran parecer.

Volvió a guardar el equipo y comenzó a subir las escaleras pensando que la pausa para comer estaba bien ganada y que por la tarde se dedicaría a los jeroglíficos del nivel superior. A medida que ascendía, cada escalón parecía acercale aún más a la realidad. Holmes y su *irreverente* marcaje, Catherine y el deseo de salvar su sueño, Madeleine dando claras muestras de no encontrarse bien. Y el resto del equipo, todos a la caza de una puerta hacia al futuro.

No podía evitar pensar en las constantes consignas de Holmes sobre lo prioritario en aquella búsqueda. En su mente llegaba incluso a formularse la pregunta de qué estaba haciendo él en realidad allí si lo que verdaderamente importaba eran armas o tecnología alienígena o a saber qué clase de elementos. Pensó nuevamente en los jeroglíficos mientras subía los últimos peldaños. Quiso sentirse reconfortado a pesar de la situación. En su interior comenzó a flotar un esfuerzo más de optimismo. "Menos mal que las paredes de este palacio no han dicho aún su última palabra".


"Cuando las paredes hablan (y II)"
Paul Mallory
Dr. Paul Mallory Rush, profesor de Historia (Pablo)


La comida al lado de Madeleine le había dado nuevos bríos. Por fin había podido comer algo y recuperar fuerzas, así como renovar su interés. Trataba de dejar atrás cualquier atisbo de duda para centrarse por completo en los jeroglíficos. Aún así el rostro de Maddie se dejaba notar en sus pensamientos. Era palpable que no se encontraba bien. "Con suerte más tarde podré verla y charlar un poco con ella, espero" pensaba.

Había ido al campamento para traerse un par de libros que había solicitado formasen parte de toda la impedimenta a desplegar para aquel cometido. Ambos eran un par de ediciones basadas en los caracteres originales del Chilam Balam, el libro maya de las profecías, traducido y comentado. Como punto de inicio parecía interesante. Jamás se ceñía a una sola fuente, dos como mínimo y si la mesa está llena de opiniones mejor. En este caso había pensado que dos puntos de vista lo más opuestos posibles serían suficientes. Lo que ya no podía saber con seguridad era que terminarían siendo de ayuda.

El calor apretaba de lo lindo. No era para menos. Con razón aquello era un enorme desierto. Entró de nuevo en el palacio convencido de que la sala de la diosa y los anillos estaban en buenas manos con Dara y Ana. Aquellas escrituras le llamaban más la atención sobre todo constituyendo antesala de aquel siniestro lugar en el que reinaba el misterioso ser que por la mañana le había servido de materia.

Mientras se dirigía a la sala en cuestión intentaba pensar en el posible nombre de aquella figura. Eran tantos los dioses que parecía una tarea complicada saber de cuál se trataba. "Quizás el dios Q, dios de la muerte, preside los sacrificios, podría ser... pero no sé... ...incluso a él se le veneraba. Tenía un ejército de sacerdotes a su entera disposición. A este en cambio, parece que se le repudia por completo y se le confina a una miserable sala en el fondo más recóndito de un palacio." Divagaba en su discurrir por el largo pasillo interior del palacio ajeno a cualquier tipo de actividad o sonido.

Por fin llegó a la sala y depositó todo lo que portaba menos la linterna en el suelo, en el centro mismo de la habitación. Echó un nuevo vistazo alrededor. Como si intentara asegurarse de que todo seguía en orden. Se agachó por un momento para sacar de la mochila un par de cuadernos y algunos bolígrafos y lapiceros. La falta de luz no iba a poner las cosas fáciles.

Lo dejó todo en el suelo. Pensó que lo más oportuno sería escudriñar primero todo el texto en busca de constantes, patrones que le proporcionaran un punto de inicio. Signos idénticos en posiciones parecidas a modo de referencias. Algo parecido a lo que había intentado hacer con Holmes antes de descubrir la portezuela secreta hacia la habitación del nivel inferior.

Comenzó por la pared ubicada a la izquierda de la puerta de acceso, tal y como había determinado por la mañana. Allí estaba el punto de arranque. Se detuvo en aquella especie de línea de salida. Meneó la cabeza intentando relajar los músculos del cuello. Las traducciones nunca habían sido santo de su devoción. Se había esforzado mucho por enfrentarse a cuantas le habían salido al paso a lo largo de su carrera pero no terminaba de acostumbrarse. No obstante no se dejaba llevar por el desánimo. Hasta la fecha se contaban con los dedos de una mano aquellas que habían conseguido salir indemnes de su asedio. Se sintió preparado y comenzó.

Fijó la linterna en la primera línea de jeroglíficos. La superior. Se concentró en los tres primeros. Le sonaban. Comenzó a caminar siguiendo la línea despacio, viendo pasar uno tras otro los símbolos. Al cabo de unos pasos, ya casi en la esquina de la habitación se detuvo. Un símbolo basado en puntos y líneas le indicaba que hasta allí llegaba la primera frase. "Bien" pensó. "Veamos el inicio de la siguiente". Fijó el foco de luz sobre los siguientes símbolos. Curiosamente eran iguales a los tres primeros. - Bueno, gracias al escriba por la deferencia - susurró. Continuó hasta la siguiente frase y así sucesivamente. Recorrío varias veces la sala yendo de un lado para otro en busca de finales e inicios de frase. Los comienzos eran asombrosamente iguales.

"Vale... por lo menos tenemos por dónde empezar." Regresó al centro de la sala donde estaban los libros, cuadernos y bolígrafos. Posó la linterna un momento, tomó los libros, un cuaderno y dos bolígrafos y volviendo a coger la linterna tuvo que hacer malabarismos para evitar que algún objeto terminara en el suelo. - Menudas condiciones laborales... - protestó sonriendo.

Se arrodilló en el suelo dejando los objetos allí. Se sentó en el suelo y abrió los libros. Alumbró los primeros jeroglíficos y con un cuaderno apoyado en el regazo hizo un breve esbozo del primero de ellos. Después se concentró en el dibujo y se acercó los libros para comenzar a pasar páginas. "Parecen glifos identificativos de una autoridad religiosa" pensó. "Veamos..." pasaba páginas sin descanso "...no, no, no....¡alto!... a ver... las formas parecen coincidentes. Un rostro masculino, un sol y unas flores." - Claro...el Ah chilam...el adivino. ¿Profecías?. - De nuevo tomó la linterna y apuntó hacia los primeros jeroglíficos. - Si, eso parece. Bien, veamos el siguiente, debería ser su nombre. Ese me sonaba. El mismo rostro, una nube y un pájaro... - Paul sonrió mirando de nuevo el símbolo - ¡Encantado Nube-Pájaro!...yo soy Paul Mallory. ¿Qué te cuentas? - Se sentía feliz. Había comenzado con buen pie.

Pero aquello no había hecho más que comenzar, desde el suelo comenzó a llenar los cuadernos de garabatos, esbozos de símbolos, tachones y traducciones. Aquellas que creía tener aseguradas eran rescatadas a otro cuaderno con el objeto de clarificar las ideas. Apenas si se daba cuenta de que el tiempo estaba pasando. Había conseguido concentrarse como nunca. Incluso se diría que en medio de aquella oscuridad estaba a gusto. Observaba símbolos, los reproducía, buscaba en los libros y volvía a mirar los originales para asegurarse, la marcha parecía firme, pero no siempre tan llana. Había escollos en el camino. Algunos símbolos fuera de contexto parecían resistirse a su ejercicio.

"Esto no parece que debiera ir aquí". Volvía a comenzar la línea y otra vez regresaba al mismo callejón sin salida. La frase parecía tener sentido pero allí aparecían de nuevo los aquellos elementos extraños. Decidió tratar de dibujarlos con el máximo detalle, incluso obteniendo tomas con su videocámara ayudado por la luz de la linterna. "Sigamos. Esta pared parece inacabable." Resopló.

Se frotó los ojos. Miró el reloj. "Caramba...seguro que ya han cerrado el complejo y yo aquí" pensó. - Bueno, veamos lo que tenemos hasta la fecha. -. Paul buscó el cuaderno donde tenía las frases que había conseguido traducir completamente. Sin darse cuenta había llenado los alrededores de su improvisado centro de traducción en un reguero de papeles llenos de anotaciones, cuadernos y bolígrafos desparramados. Logró encontrar por fin el cuaderno que buscaba.

Lo iluminó con la linterna. Tuvo que entornar un poco la vista. La falta de luz le había obligado a hacer tal esfuerzo que al relajarse para observar con detenimiento aquellas anotaciones notaba que los ojos le estaban pasando factura. - Espero que las Fuerzas Aéreas me paguen la cirugía láser cuando salga de aquí - dijo en voz alta.

Abrió el cuaderno y comenzó a leer los resultados:

"Ah Chilam Nube Pájaro dice: Una nube negra, proclama el poder de la diosa, condena a los impuros al dolor de la destrucción.

Ah Chilam Nube Pájaro dice: El demonio oculto en la oscuridad hará sangrar las estrellas en el fin de los días y, en la muerte, los cuerpos sufrirán la ira del destructor.

Ah Chilam Nube Pájaro dice: Nadie sobrevivirá a la gran furia del malvado señor de la noche que anhela los dominios de la diosa.

Ah Chilam Nube Pájaro dice: La diosa Pájaro del Sur lo manda. Maldice al enemigo o el enemigo caerá sobre ti arañando tus entrañas.

Ah Chilam Nube Pájaro dice: Sólo los impuros que se alejan de la diosa conocen el verdadero nombre del demonio y sufren bajo su maldad.

Ah Chilam Nube Pájaro dice: Ni el padre sol ni la madre luna darán su cobijo a los renegados y malditos.

Ah Chilam Nube Pájaro dice: La luz de las siete luces abrirá el camino de la salvación.

Ah Chilam Nube Pájaro dice: Seguid el camino de la diosa y encontraréis la liberación. "

Al terminar la lectura muchas ideas se le venían a la cabeza y quiso aprovechar el momento para que no se escapase ninguna. Encendió la grabadora de voz y comenzó a hablar:

- Vale. La mayoría de los jeroglíficos traducidos hasta el momento representan a las claras advertencias de tipo profético. Seguramente al objeto de inculcar temor en las gentes de este lugar y mantener así a la parroquia unida. Llama la atención el uso de palabras muy expresivas referidas al poder de destrucción del enemigo de la *diosa*. Un demonio oscuro que hace sangrar estrellas y descarga toda su furia contra los fieles a *Britney*. El fin de los días. Muy típica alusión de carácter apocalíptico. Pero mucho más explícita que sus homólogos terrestres. Se habla específicamente de *final de los días*, del apocalipsis. Los mayas entendían ese aspecto más como el final de un mundo, pero en un sentido cíclico. *Arañar las entrañas*...pueden ser todos ellos términos empleados con carácter enfático. Seguramente buscando causar un profundo temor. Pero podría ser a la vista de la sala del nivel inferior que tuvieran poso de realidad. Hasta es posible que quizás el destino de estas gentes fuera inconscientemente cifrado en estas paredes. En cualquier caso parece claro el carácter maligno del individuo. Existe una especie de paralelismo interesante entre el deseo de mantener a la ciudadanía dentro del redil y la necesidad de resaltar la maldad de este enemigo. Quizás se pretendiera matar dos pájaros de un tiro. Obtener lealtad y advertir de un peligro latente a la vez. -

Paul continuó su disertación ante la grabadora. - Hay algunas cosas de lo más curiosas en la traducción. Por un lado esa referencia a la diosa como *la diosa pájaro del sur*. Sorprendente. Parece que la diosa tenía cabeza de cóndor. Es llamativa la referencia. ¿Conocimientos geográficos importados de la Tierra?. Un cóndor andino. Esto hay que tratarlo con detenimiento. Podría ser relevante. La diosa pájaro del sur.... Nota: avisar a Catherine de esto. - Paul se quedó pensativo por un momento antes de continuar.

- Si. Yo creo que este dislate *geográfico-galáctico* o lo que sea tiene relevancia. Ahora mi favorita, Sólo los malutos conocen el verdadero nombre del demonio y sufren bajo su maldad. Apuesto el sueldo a que esto tiene que ver con el tipo de abajo y los dos relieves que hay sobre el dintel de la puerta. Mañana esto es prioritario. -

- Otra frase que llama la atención y sorprende es la de la luz de las siete luces... ...el stargate supongo... como el camino de la salvación. ¿Un medio de huída?. Supongo que si el demonio es tan malo como lo pintan, cualquier forma de largarse de aquí habría sido una salvación, pero es posible que esto escondiera algo más. Otro punto a considerar con calma. Nota: avisar a Catherine de esto. Y la última de las frases traducidas, que casualmente es la última del conjunto textual. Seguid el camino de la diosa y encontraréis la liberación. Parece pura doctrina. Es la frase final. Una especie de despedida-resumen de las enseñanzas que aquí se encuentran. Mañana volveremos sobre estas inscripciones para terminar la traducción de las mismas -

Paul apretó el botón para poner fin a sus anotaciones verbales. Consideró que había empleado bien la tarde. Había conseguido, con excepciones, desentrañar parte de aquellas inscripciones. Además el tiempo se le había pasado volando. Hora era ya de poner punto y final a aquel canal de información. Recogió todo y echando un último vistazo volvió a salir de la sala pensando, como en él era habitual, en los resultados obtenidos.


"Paz interminable"
Jonathan Holmes Catherine Ford
Dr. Jonathan Holmes, Asesor gubernamental (Jonathan)
Capitán Catherine Ford, Antropóloga (Blanca)


Ya hacía frío. Saliendo de su tienda, Catherine se permitió temblar mientras subía el cierre de la parka, aunque pasó de colocarse la capucha. Tampoco hacía tanto frío, pero podía apreciar cuánto había bajado la temperatura desde la puesta del sol. Caminó algunos pasos, aún indecisa sobre qué hacer. Estaba cansada, aunque no podía decidirse por dormir. Continuó, sin prisas, entre las otras tiendas, hasta dejarlas atrás.

El cielo límpido de P5S-365 se extendía, más oscuro que cualquier otro que hubiera visto. El de la Unidad de Instrucción contaba con dos lunas, lo que no permitía que se apreciaran las constelaciones como en éste. Aunque, claro, no podía reconocer ninguna. Pero podía inventar. El jinete sin cabeza... la cabeza del jinete... la osa con los ositos. Se sonrió. Si les daba nombres, ¿podría registrarlos?

Un suave brillo en la distancia borró la sonrisa de sus labios. No estaba en el cielo, sino a mitad de camino, en una esquina de la pirámide. Miró hacia atrás, para darse cuenta que sí, tanto era lo que se había alejado del campamento. Volvió su mirada hacia la brasa que ardía, rojiza... y se decidió a hacer lo que debía. Aprovechó la distancia para cuestionar su acción una y mil veces. ¿Debía hacerlo, en verdad? ¿No podía buscar otro momento, otro lugar...?

Sin embargo, ninguna de esas preguntas la desvió de su ruta. Llegada al pie de la pirámide, llegó hasta la escalera central de esa cara para emprender la escalada con tranquilidad. No contó el tiempo, pero finalmente la dejó para caminar, con cuidado, por el tablero horizontal que separaba talud y talud, un nivel más bajo que el de su objetivo. Mantuvo sus ojos en él a cada paso, hasta que el suave sonido de sus botas sobre la arena suelta captó su atención, y se encontró mirándolo a los ojos.

Holmes, sabía que este momento tenía que llegar, quería evitarlo, pero también sabía que necesitaba que sucediera, se enfrentaba al motivo por el que descargaba su mal humor y su ironía con todos, por no poder enfadarse más por lo mostrase a otra persona, por no saber controlar la situación.

Pero se sentía molesto, y para su desgracia , sabía lo irritable que podría llegar a ser, no quería que ella pasase por esto, pero su orgullo tiraba de su lengua, por mucho que le gustase aquella mirada.

" Buenas noches Capitana, ¿haciendo la ronda para ver si todos los niños están en la cama? "

Catherine acusó recibo del trato formal con una mueca, que esperaba pasara desapercibida por la diferencia de altura y la falta de luz. "Supongo que podemos decir que algo por el estilo," dijo, sin detenerse, mientras alcanzaba su posición y caminaba justo bajo sus pies. Se detuvo al llegar a la esquina, para negociar el giro de noventa grados con cuidado. "Te agradecería si contaras hasta cien y me alcanzaras en aquella escalinata... aquí estamos a la vista. Y, por favor, no dejes tiradas las colillas."

La vió alejarse, y pese a que todo le decía, que la dejara, que saliera en otra dirección, que no le dirigiera la palabra,...contó - Pero sólo hasta 75, ya está bién de seguir la estela marcada -, dejó caer su puro al suelo, lo apagó con su bota y llegó hasta su lado, metió sus manos en los bolsillos, no sabía si para no cruzarse de brazos delante de ella, o para evitar abrazarla.

"Y bien,...qué he roto esta vez, o quizás también quieres borrar nuestros encuentros en la capital". No podía evitarlo, las palabras le salían cada vez con más cinismo, estaba en piloto automático y eso por lo menos le protegía.

La Capitán suspiró audiblemente, antes de sentarse en uno de los angostos escalones. Quería decir algunas cosas, pero ninguna de ellas salió de su boca. Miraba, a propósito, al horizonte que no alcanzaba a divisar en la oscuridad de la noche. "¿Así van a ser las cosas, de ahora en más?"

Holmes se sentó a su lado, se apretó con fuerza el puente de la naríz, la cabeza le martilleaba quejándose por la falta de sueño. " Este distanciamiento no lo he creado yo, tu has puesto las cosas bien claras, y como todo lo respeto,...eso no tiene que gustarme ". Ladeó la sonrisa y la miró " Te entiendo, yo no se si no hubiera salido corriendo...claro que con esta rodilla mejor ir caminando. Pero dime, ¿que querias?"

Ella se mantuvo firme en su postura de no mirarlo. Quería tiempo, quería...

Pero todo ello parecía incluso perder la urgencia de la necesidad que había sentido en aquel momento, tan lejano: a millones de estrellas de distancia. "Obviamente, no esta... paz armada. Pero puedo respetarla, también." Volvía a sentir el nudo, cerrándose sobre su garganta, a tal punto que las palabras no le provocaban sino dolor. Su propio cuerpo se rebelaba contra ella: ése era un buen momento para ponerse de pie y descender, pero sus piernas se mantenían fijas en su lugar. En cambio, se arremangó con alguna dificultad la manga izquierda del abrigo, para desabrochar el botón de la camisa de su uniforme.

Notó su gesto, y antes de descubrir su manga, sabía lo que le mostraría. No sabía que brillaba más, si su piel, o el brazalete que le había regalado. Cambió su tono de voz, un poco más bajo "Te queda mejor de lo que imaginaba, parecía que se inspiraron en ti para crearlo."

Maldito fuera. El nudo en la garganta de Catherine se tensó aún más al oír esas palabras. Quería llorar, pero sus ojos estaban secos... sólo que no tan secos. Se forzó a no parpadear. "Siempre estuvo en tu familia," comenzó, apenas girando la muñeca para comenzar a pelearse con el seguro. "Y con las cosas como están entre nosotros..." no podía terminar, y el brazalete no quería cooperar con ella para permitir que el gesto acarreara la fuerza que ella no sentía.

Lo miró, para bajar la vista inmediatamente e intentar de nuevo, no podía sentirse de esa forma, y sin embargo tampoco quería pedirle ayuda para abrirlo. Temía su contacto, y también que supiera que no se atrevía a retirar lo dicho. Aún no. Quizá nunca. El seguro, finalmente, cedió a su constante presión, quizá habiendo jugado trucos con ella y su visión disminuída... no sólo por la oscuridad. Se volvió hacia él. "Creo que sería mejor que lo conservaras. Por que yo," un dejo de osadía tomó el control, con una sola palabra, "todavía..." para abandonarla después.

"Si lo que intentas es devolverlo, creo que no puedes, el remitente no lo aceptará". - Un poco de ironía para romper el momento de tensión,...pero que diablos, ya que está todo estropeado,...- " No, es tuyo, me enseñaron que los regalos se entregan sintiendo, y que luego no se recuperan. No estoy así por tu actitud Cat, sino por el no poder controlar la situación, por mostrar todo lo que soy y no quedarme con una carta en la manga. No quería que siguieramos sin que me conocieras, y así son las cosas. Soy como soy y no creo que pueda cambiar, ya sabes un buen niño por un mal camino. Sólo quería que lo supieras."

Dejó que su sonrisa creciera un poco, la miró a los ojos y continuó " Sigo sintiendo lo mismo que cuando te lo entregué, y eso no va a cambiar por que quieras salir corriendo. Espero que pueda hacer más por ti, de lo que tu me dejas que yo haga. Así que si era eso lo que querías decirme ya tienes tu respuesta, a todo, si no hay nada más volveré a dar una vuelta, para estirarme un poco más"

"¿No puedo detenerte un minuto más?" Catherine sostuvo el brazalete contra su muñeca, ofreciéndosela para que lo ajustara. Había resultado más fácil ponérselo que quitarlo, pero ya no confiaba en su coordinación para dejarlo como estaba.

Holmes cerró el brazalete denuevo, demorandose bastante tiempo para asegurar el cierre, lo suficiente para apretar con fuerza su muñeca.

Ella aprovechó el momento para poder hablar. Era extraño, pero ya no le costaba. Ni siquiera recordaba por qué tenía tanto temor a volver a encontrarse con él. ¿No sabía ya, todo esto? "No creas que no te admiro por contarme, estoy segura que no te fue fácil. Y sí..." suspiró. "Me asusté. Pero no sé si fue por eso, o por todo lo que está pasando, o por la suma." Buscó sus ojos, para continuar la confesión. "No sé por qué te dije eso ayer, pero ni quiero, ni voy a olvidarme de nada. Sí estoy convencida que..." bajó la vista, "nos vamos a meter en problemas. ¿Sos consciente que, antes que todo esto termine, vamos a pelearnos varias veces más?"

" ¿Y tu eres consciente de que nos seguiremos peleando siempre? ". La abrazó lateralmente, y colocó la cabeza de Catherine sobre su hombro "¿de lo inaguantable que puedo ser?". "Pero recuerda que resolver los problemas es nuestra profesión, y que además no encontraría nada más agradable, que enfadarme contigo...Bueno aunque si me pongo a pensar, se me ocurren cosas más agradables"

Ella sonrió, acomodándose para poder mirarlo mientras él la abrazaba con más fuerza, encontrando sus ojos, antes de cerrar los suyos y disfrutar de ese instante.


"Avanza el tiempo, no el informe"
James Lebau
Dr. James Lebau, Diplomático economista (Hugo)


James no había dormido bien, el calor, la arena, todos los aspectos posibles se habían aliado para hacer a James la noche insufrible.

Todo el día siguiente se lo paso de nuevo en el campamento, charlo con varios soldados de la base, de como habían llegado hasta el puesto, de sus tareas, primero las preguntas rutinarias, en las que todos los soldados respondían serios y marcialmente, luego, James pasaba a las preguntas *de relax*. Cómo estaba la familia, preguntaba por las aficiones y demás, cosa que hacía que los soldados destensaran los músculos y sonrieran al hablar de sus hijos o de su equipo favorito de la NBA. De esta manera y uno a uno pudo llegar a hablar con prácticamente la mitad de la base.

Al único que no vio durante todo el día fue a Gary, debía, suponía James, encontrarse en la pirámide con el resto del equipo. Al igual que Holmes. Durante la cena del día anterior había estado conversando con Holmes, la cosa no avanzaba demasiado, parecía que habían encontrado un par de hallazgos que podrían ser productivos pero todavía no era suficiente.

James rezaba por encontrar el preciado líquido que tanto gustaba a los goa'ulds y que los científicos terrestres andaban como locos por unas muestras y poder hallar propiedades beneficiosas. Si por ejemplo lo encontrarán en el planeta sería la excusa perfecta para mantener la base estable y un buen apoyo para mantener el proyecto abierto. Mejor esa opción que la de encontrar el arma de destrucción definitiva como deseaba Holmes. Es cierto que eso era un *si* seguro a mantener la base abierta, pero no era muy del agrado de James.

El día había transcurrido rápido y la noche ahora adornaba el cielo, había infinidad de estrellas, de las cuales lo más probable es que no conociera ni una, o quien sabe si una de esos pequeños puntos blancos era el Sol. James cerró los ojos y se tumbó, estaba sobre una de las dunas cercana al campamento, se había fugado para relajarse y centrar sus ideas, pensar en algo nuevo. Tumbado en la arena contemplo las estrellas.

-Si aquí hay una puerta estelar es por que en este planeta y una civilización humana había algo lo suficientemente interesante para los goa'ulds y lo que fuera interesante para ellos, lo podía ser para nosotros.

El principal problema de esa teoría es que, fuera lo que fuera tan interesante, quizá, o ya no estaba o se había acabado. Los resultados de las investigaciones geológicas, meteorológicas y demás no daban muy buenas esperanzas, todo dependía de lo que encontraran o dejaran de encontrar en la pirámide.


Fecha real: 27-01-2005
 

Stargate: Alianza es un juego de rol por e-mail, basado en la serie de televisión Stargate SG-1.
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