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Crisis: 9
"Bajo la luz de las estrellas"
Dra. Dara Santer, Asirióloga (Marta)
Dra. Ana Reyes, Egiptóloga (Ana)
El día había sido largo y lleno de descubrimientos. Dara se alegraba de que, por primera vez en una misión "oficial" las hostilidades no hubieran estallado a las primeras de cambio. Sentada en la arena, frente a la imponente pirámide que había sido su campo de trabajo durante todo el día. Se encontraba algo alejada del campamento, pero lo suficientemente cerca para que sus "niñeras" no tuvieran que preocuparse de ella.
Se recostó sobre los codos recreándose, por primera vez desde que llegara en la belleza que desprendía aquella pirámide. "Lo que a la vista place". Era una de las muchas definiciones que del arte le habían dado y la que más le convencía. Sentía dentro la excitación propia del comienzo de una excavación. Comenzaba el camino para "saber" más. Sonrió feliz. Para ella, no había droga más fuerte que el conocimiento.
Echó la cabeza hacia atrás, sin poder borrar la sonrisa de sus labios, y fue entonces cuando vio a una figura acercarse. Se incorporó y se giró para ver mejor de quién se trataba. La luz de su linterna no iluminaba lo suficiente como para poder distinguir de quién se trataba en distancia. Unos pasos más y pudo distinguir que se trataba de la Dra. Reyes.
Dara alzó su brazo derecho a modo de saludo. - Hola... ven y acompañame y rato. Nos sentaremos en el porche y charlaremos de los viejos tiempos- dijo al tener a su compañera más cerca, mientras daba unos golpecitos con la palma de la mano en la arena a su lado, a modo de invitación. - Hay sitio para las dos... esto es más amplio de lo que crees.
- Hola - Saludó Ana sentándose.
- Menudo día, ¿verdad?- Dara sonrió a su amiga - Es un cambio tanta tranquilidad... aunque... bueno... tranquilidad... esos dos "observadores" son de lo más inquietante, ¿no crees?
- Sí - admitió Ana dirigiendo un breve vistazo a los marines que hacian guardia - Es necesario, no olvides que tenemos un "ascensor" goa'uld aquí al lado. - Ana sonrió a Dara mientras sacaba del bolsillo una chocolatina.- ¿quieres?
- Jamás te diría que no. Es de mala educación.- contestó poniendo cara de pilla.- Seguro que los dioses a los que honra nuestra amiga - continuó, señalando con un gesto de la cabeza la pirámide - estarán encantados de que nos demos un homenaje a su salud.
- Hay mucho trabajo de investigación aquí, nos va a llevar tiempo. - Ana le entregó una chocolatina a Dara.
- Tienes razón, pero es muy interesante, todo lo que nos estuvo contando Paul... Sólo espero que "esta vez" tengamos tiempo para poder analizarlo todo, o al menos... ¡algo!
- Tengo una sensación extraña, Dara, a lo mejor es por el doctor Lebau y el doctor Holmes, todavía no tengo muy claro que "pintan" aquí, no sé si me entiendes.
- Sí, a mí me pasa lo mismo... unos tipos peculiares, esos dos... bonitos ojos, es todo lo que me atrevo a decir... aunque tengo la sensación... no sé... como si entre ellos....
Se miraron a los ojos, se conocían lo suficiente como para saber lo que venía a continuacion.
-... ¡no se tragan!- dijeron al unísono.
- Verás - dijo Dara - sé que no hemos estado mucho con los dos, pero tengo la sensación de que Lebau quiere hacerse amiguito de todo el mundo con sus sonrisas, su interés... y Holmes... bueno, en realidad creo que Holmes disfruta siendo desagradable... ¡Por favor! A qué venía ese numerito en plan Rambo al rescate cuando les dijimos a él y a Paul que tuvieran cuidado...
- Es verdad, han venido aquí en calidad de observadores o algo así, ¿no? - Ana miró a Dara fijamente- Nosotros estudiamos la piramide, y ellos nos estudian a nosotros.....
- Pues se van a aburrir un rato largo. Aquí además de esa pirámide sólo hay arena- Dara cogió un puñado con su mano izquierda y fue soltando su contenido poco a poco- La verdad es que deben tener unas vidas muy poco interesantes para dedicarse a esto... ya sabes... no como las nuestras....
Se miraron nuevamente a los ojos y esta vez estallaron en carcajadas.
- ¿Recuerdas lo que dijo Madeleine en el desayuno? ¿lo de que Holmes era más bien arrogante y se metía en problemas? Por el momento al menos se está portando bien.... Ford no le consentiría otra cosa. - Ana hizo un gesto de negación con la cabeza al hablar.
- Tienes razón, no lo haría, aunque... imaginaciones mías o está algo intranquila... digo, más de lo que debería ¿no? Debe ser la evaluación... los exámenes siempre nos ponen nerviosos... - Dara hizo una pequeña pausa para rebuscar entre los bolsillos de su chaleco: la chocolatina le había dado hambre.- ...por cierto... ¿cacahuetes?
Ana aceptó los cacahuetes y se metió uno en la boca antes de hablar. - A mí los examenes siempre me han parecido excitantes, cuando he estado preparada para hacerlos, esto es un éxamen que no depende de nadie. Creo que el resultado no dependerá de que lo hagamos mejor o peor que otra veces....
- Completamente de acuerdo. En realidad parece que la decisión esté tomada... esos dos tipos se comportan con una seguridad, casi diría prepotencia... tengo la sensación de que pretenden hacernos creer que hay alguna esperanza cuando en realidad no la hay.- La expresión del rostro de Dara se hizo momentáneamente más seria. - Lo que más me sorprende es que el General no haga nada... bueno, o la Coronel... ¿la viste cuando salimos? Estaba tan campante, la tía...
- ¿De verdad crees que la decisión esta tomada....y es mala? Yo prefiero no pensar en ello. De alguna manera se tiene que solucionar, no creo que el general sea de los que no hace nada, y la coronel..... siempre guarda las distancias.
- Pues no lo sé... pero es que ese Holmes, entre su sonrisita, y lo que nos contó Madeleine... sólo espero que si hacen "algo" a nosotros nos dejen seguir con nuestra vida... ¿no? Aunque ¿tú crees que podrías volver a la Universidad después de todo lo que has visto y no poder contarlo?.
Ana observó a Dara, bajó la cabeza un momento, luego miró hacia lo alto de la piramide mientras hablaba. - Creo que despues lo que he visto un aula me parece el último sitio en el que quiero estar.
Dara sonrió a su amiga. La entendía perfectamente. - Bien, pues entonces ya somos dos... así que si cierran el chiringuito creo que tendremos que pedirle a "quien sea" que nos deje seguir explorando esos universos lejanos.
Las dos se quedaron en silencio contemplando el cielo. Ya sólo se oía el ruido de los envoltorios de cacahuetes y chocolatinas.
"Reflexiones"
Dra. Madeleine Monteloup Parker, bióloga (Yolanda)
Dr. Paul Mallory Rush, profesor de Historia (Pablo)
Aquella era una noche bastante oscura pero era fresca y eso animaba a un pequeño paseo,
después de un duro y caluroso día era una buena opción por lo que Madeleine
decidió darse un paseo hacia la pirámide, bajo la atenta mirada de los
marines de guardia entre los que no pudo ver a Jonás por lo que decidió
ignorarlos.
Subió con una linterna un trecho, para finalmente darse la vuelta, apagar su
fuente de iluminación y sentarse en aquellas escaleras. Desde allí se veía
el campamento. Algunos de sus compañeros pululaban por él. Elevó la vista al
cielo respirando profunda y lentamente, aspirando cada aroma para que se
quedara impreso en su mente. Nunca olvidaría ese maravillosos y extraño
cielo.
Rodeó con sus brazos las rodillas con cuidado. A pesar del frescor de la
noche
había decidido no llevarse nada para abrigarse, tan solo el uniforme
reglamentario. Necesitaba ese frío que junto con los calmantes amortiguaba
el ardor de los cardenales. Lo único que faltaba para completar su relax era
dejarse llevar por las olas de mar. Pero en aquél
desierto era poco menos que imposible, sólo con su imaginación podría
conseguir algo.
El día había sido largo, lleno de tensiones y emociones. Reflexionó sobre
todo
lo acontecido a lo largo del día. Su confesión a Catherine había sido el
alivio
que tanto necesitaba. Debía de haberle contado lo ocurrido antes de la
partida.
Que tonta había sido al pensar que Catherine no lo comprendería. Tendría que
haberla avisado cuando despertó en el hospital. Phillipe había arreglado
todo para que no se supiera que había pasado por él, le aseguró que nadie
sabría
nunca nada ni su familia sino lo decía, y claro está no lo podía decir, si
su
hermano lo supiera las cosas se podrían complicar. ¿Y Andrew?, habría
querido
poder hablar con él antes de partir, pero no había sido posible. Debía
desechar
de su cabecita su amor por él. Era un imposible. Un sueño que jamás se haría
realidad.
Sólo Chip casi lo amortigua, pero al final se marchó y llegó de nuevo la
soledad. En el fondo, quizás era lo mejor, era como una señal del cielo que
le
decía: "Aún no Maddie, aún no estas preparada, aún no es tu tiempo". ¿Y cuál
era
su tiempo?.
Se había quitado un gran peso de encima y eso la daba el respiro que tanto
necesitaba, al menos con ella ya no tenía que fingir. Catherine al igual que
Dara y Ana habían pasado no sólo a ser compañeras, sino también buenas
amigas y
debían de saber lo que había ocurrido. También tenía que pensar en alquilar
alguna de las habitaciones, no solo porque su situación económica no era
como la
de antes, había dado todo su dinero a Paul para que salvara a su hija.
Llevaba
meses de dura lucha pero lo iba a conseguir. Pero además, necesitaba
sentirse
acompañada, no quería estar sola en esa inmensa casa. Era necesaria la
compañía.
Pondría un anuncio en la base, por lo menos que trabajaran en el mismo sitio
para ir a trabajar juntos y no estar sola ni un segundo, si es que seguía
trabajando en el proyecto.
Lo que más la inquietaba era como refrendaría Catherine a Holmes. Había
quedado
claro que entre Catherine y Holmes había algo, por lo menos se conocían
bastante
bien, eso intuía. También intuía que había algo más, pero se negaba a pensar
en
ello. El hecho de que se conocieran de antemano por una parte la
tranquilizaba,
pero también quedaba claro que Holmes preocupaba y mucho a Catherine, y sino
Holmes el trabajo que estaba realizando.
En el fondo sabía que intentaba ayudar, pero su método la molestaba
profundamente. La verdad es que siempre estaba bastante arisca y siempre
tenía
algo que reprocharle, pero era inevitable la sacaba de sus casillas. Con
Lebau,
la cosa era diferente, era más agradable y más asequible a cualquiera. Era
una
persona bastante más legal que Holmes. Hacía su trabajo pero sin
prepotencia alguna. La verdad es que si lo único que pretendían era ayudar,
aún
no veía como lo harían ambos.
Lo mejor del día fue sin duda la compañía de Paul, al cual ya lograba
llamarle
por su nombre sin tartamudear. Y las animadas charlas con los demás
compañeros,
hablando de lo que se había descubierto.
A lo largo de la tarde se había dedicado a recoger muestras que serían
analizadas más tarde en la base. Algunas serían enviadas a la Tierra para
contrastar más tarde
los resultados. Esperaba hallar algo que sirviera de ayuda al proyecto. La
compañía del soldado Russell había sido bastante interesante. Sí alguna vez
necesitaba un polvo desesperadamente, sabría a que puerta llamar. No debía
pensar en esas cosas, pero por si acaso nunca se sabe, no se olvidaría de su
nombre.
Era una lástima que el día en aquél planeta fuera tan corto, en poco tiempo
habían tenido que recoger la mayor cantidad de muestras posibles antes de
que se
ocultara el sol. Otro resultado positivo de aquella tarde de duro trabajo
había
sido conocer al soldado Russell, el cual a su regreso iba a resultar ser una
divertida compañía después de todo.
Giró la cabeza y la dejó de lado apoyada sobre sus rodillas, cerró los ojos
y
dejó que el aire le acariciara en la cara, con sus manos invisibles, suaves
y
frías al tacto mientras sus pensamientos evocaban recuerdos de
voluptuosidades
sobre la arena de la playa. Se sobresaltó ante tales recuerdos de manera que
se
sonrojó, afortunadamente todo estaba a oscuras, nadie podía verle la cara.
Madeleine sonrió ante ese asomo de vergüenza que para nada quedaba reflejada
en
sus pensamientos.
A medida que transcurría la noche se iba haciendo más fría. En un par de
horas
la temperatura descendería aún más. Aprovecharía lo máximo que pudiera para
refrescarse antes de regresar a su tienda a dormir. Así pasaría una buena
noche.
Las caricias del aire eran deliciosas. Gozando del viento estaba cuando una
voz
sonó cerca de ella.
- Hola Madeleine - saludó sonriendo Paul - ¿Cómo estás?.-
- Paul... que sorpresa. ¿Qué haces todavía por aquí? ¿No deberías estar
durmiendo?, es bastante tarde. Y responderé a tu pregunta... si apagas la
linterna esa.
- Oh, perdona... - reaccionó Paul bajando la linterna para posarla en el
escalón
y orientarla en otra dirección.
- Me encuentro bastante bien.- Madeleine se frotó los brazos un poco, la
noche
comenzaba a ser más fría. - Sólo algo cansada, el día ha sido demasiado
largo.
Siéntate aquí a mi lado. Me estaba relajando un poco. ¿Te has fijado que
cielo
tan hermoso? Comentó a Paul.
Madeleine miró al cielo, suponía que Paul estaba haciendo lo mismo.
- Esos anillos encontrados... ¿Crees que han sido utilizados recientemente,
o
llevan tiempo sin funcionar? Preguntó ella.
- A decir verdad.... no tengo ni idea de si esos anillos funcionarían. He
estado
toda la tarde con otra cosa. Los anillos quedaron en manos de Dara y Ana. -
dijo
mirando al cielo. En verdad aquella enorme congregación de estrellas le
recordaba las noches de verano en Florida. - De todos modos por lo que pude
ver estando allí... llevaban tiempo sin ser activados. -
Paul notó que Madeleine empezaba a tener frío y no era para menos. Así que
se
quitó la guerrera y se la puso sobre los hombros para evitar que la doctora
se
enfriase. - Si vas a estar aquí mucho rato la necesitarás... - guardó un
segundo
de pausa- ¿La arena te ha ofrecido algo interesante? - le preguntó Paul
sonriendo.
Madeleine agradeció la guerrera de Paul, aún más cuando conservaba la
calidez de
su cuerpo. Cerró sus ojos y el aroma que desprendía impregnó su nariz. Desde
luego no era para nada el olor de su Paul. - No, sólo tomé muestras con mi
carabina, el soldado Russell. Hasta que no las analicemos a fondo en la
base, no
tendremos nada. - dijo casi suspirando. - Ha sido una tarde muy pesada,
pero...
he podido con ella. Y tú ¿en qué has estado ocupado?, ¿un nuevo
descubrimiento?
-
- Bueno he encontrado cosas bastante interesantes. Hemos descubierto a
*Britney*, a su malvado enemigo, un demonio esclavizador y destructor de
pueblos. Y jeroglíficos. Bueno y luego los anillos. He estado con los
jeroglíficos y ese ser demoníaco. Están relacionados. Pero aún es pronto
para
sacar conclusiones. Lo que si te puedo decir es que la sala en la que estaba
pintado ese tipo era una especie de sala de castigo. Aunque no sé,
Madeleine...
...para mi todos estos descubrimientos tienen un valor incalculable y sin
embargo; después de haber estado con Holmes detrás de mi toda la mañana,
tengo
la desasosegante sensación de que no sirve de nada... - sus ojos se clavaron
en
el suelo.
- Ese maldito Holmes, es imposible con él. Seguro que te ha vuelto loco. No
tienes que sentirte culpable por ello. El tiene ese don de sacar lo pero de
cada uno. No te dejes influir. No merece la pena yo me di cuenta hoy....
hasta hace unos días pensaba que en el fondo valía la pena. A pesar de lo
irascible que me pone... me cuidó bien durante la primera misión, se portó
como un caballero y yo como una niña malcriada. No sé... pero cuando estoy
con él, me
siento como si estuviera ante mi padre, y empiezo a reprocharle cosas sin
pararme a pensar en
más. Pero ahora sé que no es así. Así que olvídate de sus tonterías.
Madeleine le pasó la mano por los hombros a Paul para animarle. Y cambiando
de
tema le preguntó:
- Ese destructor de pueblos, ¿es ese ser con cabeza de cóndor que comentaste
durante la comida? ¿ese goa´uld?. Y si es una sala de castigo, ¿en qué
consistiría ese castigo?
Notar la mano de Madeleine en su cuello le hizo sentir un ligero sobresalto.
No
esperaba ese movimiento. Pero en el fondo lo agradecía. Hacía bastante
tiempo
que no notaba el contacto humano de esa forma cercana. Reaccionó mirando a
Madeleine y dedicándole una gran sonrisa. A decir verdad Holmes no le caía
exactamente mal, quizás le irritaba, pero lo que más le preocupaba era que
parecía no sentir interés alguno por todo aquello, aumentando aún más la
sensación en Paul de que la cosa no iba a acabar bien. Sin dejar de sonreír
le
respondió.
- En realidad son dos personas diferentes... yo diría que ambos eran
goa'ulds...
dos señores del sistema enemigos. La mujer con cabeza de cóndor parece la
chica
buena de la película y ese otro ser... su antagonista. Por lo que sé... esa
sala
donde reside ese demonio enemigo de la diosa estaría creada con la intención
de
"castigar" a los habitantes del planeta que se portasen mal y no siguiesen
los
dictados de la diosa. Una forma de aleccionar a un pueblo y demostrarle
donde
reside el verdadero poder y la condición divina de aquellos que rigen sus
vidas.
He encontrado dos glifos sobre el dintel de la puerta de entrada que aún
tengo
que traducir pero presumo que podrían revelarnos el nombre del misterioso
*demonio*. Mañana podré saber más con seguridad-
"El abrigo de la noche"
Dra. Madeleine Monteloup Parker, bióloga (Yolanda)
Dr. Paul Mallory Rush, profesor de Historia (Pablo)
Paul se quedó pensativo por un instante. No estaba muy seguro de lo que iba
a
decir. No quería entrometerse pero sabía que Madeleine no lo había pasado
bien.
Habría pagado por encontrársela con un poco de calma mediante para
poder saber de primera mano como se encontraba y ahora la tenía delante. A
pesar
de todo no quería desaprovechar la oportunidad. Continuó.
- Madeleine....yo....espero que no pienses que soy un entrometido...pero hoy
no te
he visto nada bien...y francamente tenía ganas de verte para saber como
estabas.
Por tu actitud hoy en la comida, casi he llegado a pensar que no deberías
haber
venido. Y presiento con mucho temor en mi corazón que tiene que ver con el
cardenal de tu cara. Siempre llego el último a todos los lugares...- sonrió
-
pero a lo mejor quieres contarme algo...aunque sólo sea por conversar de
algo que
no sea la pirámide...por hoy ya he tenido bastante. -
Respiró profundamente. Apartó su brazo de los hombros de Paul y los metió
bajo
la guerrera. Y comenzó una vez más su relato de lo acontecido días antes.
Retuvo
todo lo más que pudo las lágrimas. Y casi lo consigue, pero al final una vez
más
dejó que se deslizaran silenciosas por sus mejillas.
Paul asistió al relato de Madeleine con una mezcla de sensaciones a caballo
entre el desagrado y la pena. Sentía una profunda tristeza al oír aquellas
palabras en boca de ella. Con razón la había visto tan mal a lo largo de
todo el
día. Realmente no sabía qué hacer ni decir. Pero no quiso intervenir.
Sencillamente se había interesado por ella, así que no quiso interrumpirla.
Contempló como Madeleine acababa entre llantos la dramática historia de los
sucesos acaecidos en los días precedentes. En ese momento se vio impelido
interiormente a tomar cartas en el asunto. Detestaba ver llorar a una mujer.
El
había cometido el error de provocar el llanto en una años atrás y aquella
sensación le angustiaba.
Aún estando sentado a su lado la abrazó y le susurró al oído - Oye peque...-
aquella persona bajita envuelta en su guerrera le provocó una repentina
ternura.
- ...en dos días ya me has llorado dos veces. Y no es que me importe... el
verte cada día. Pero lo que no estoy dispuesto a admitir es que siempre que
hablemos terminemos así. Si aquel día no te hubieras lanzado al agua...
ahora
mismo no podría estar aquí abrazándote para que sepas que no estás sola sea
cual
sea tu situación... -
Paul permaneció abrazando a Madeleine, aunque en esos momentos no estaba
seguro de
quién de los dos necesitaba más el abrazo. Sí ella por su situación o él por
estar vivo gracias a ella. - aunque nos conozcamos sólo de tres días y un
chapuzón... me tienes a tu lado.- susurró mirando al cielo estrellado y
limpio.
Madeleine permitió que Paul la abrazara hasta que cesaron las lágrimas. Al
contrario de lo que ella había pensado en un primer momento, que todo lo
olvidaría rápido, se había dado cuenta de que no era así. Cada vez que
narraba su espantoso
relato comenzaba a recordar más escenas de aquella tormentosa noche
haciéndose
más doloroso. Sin embargo si conseguía quitarse un gran peso de encima.
A medida que las lágrimas cesaron lentamente se separó de Paul. Con las
manos
apoyadas contra su pecho y la cabeza apoyada en su hombro respondió a las
palabras de Paul.
- Paul... gracias por ser tan comprensivo y por brindarme tu apoyo. Siento
que
me veas en estas condiciones, pero el día como ya te dije ha sido muy duro y
muy
largo. Después de descansar esta noche seguramente mañana me encontraré
mejor.
Los médicos me dijeron que tardaría un tiempo en desaparecer todos los
hematomas,
pero que afortunadamente había tenido suerte, supe defenderme bastante bien
teniendo en cuenta quien era mi contrincante. Pero me siento como una tonta,
no
debería dejar las puertas y ventanas de casa tan abiertas a la ligera. Pero
como
todo me pareció tan tranquilo... vivo bastante apartada del pueblo, junto a
la
playa. Debí de comprarme una casa algo más cerca de una zona poblada.-
Madeleine suspiró debía de presentar un aspecto bastante lamentable.
Afortunadamente había sido con Paul con quien había tropezado. Si hubiera
sido
Holmes, seguramente en esos momentos no se encontraría abrazada a él, sino
atacada de los nervios. Sólo el pensarlo le ponía nerviosa. Holmes le había
dado
como plazo hasta al día siguiente para regresar a la base por cuenta propia,
había sido bastante claro. Le importaba más su trabajo. Pero confiaba en la
palabra de Catherine, y eso era suficiente.
Madeleine se separó un poco de Paul, de manera que su rostro casi se
encontraba
a la altura del suyo y continuó hablando: - Paul, no sé si mañana podré
seguir
aquí, quizás regrese a la base... ese maldito Holmes me ha dado un
ultimátum.
Pero no quiero regresar, sólo cuando lo hagamos todos. El trabajo me esta
ayudando mucho, está tarde apenas sentí molestias, bueno... ayudaron los
calmantes pero... la verdad es que tengo miedo de regresar a mi casa. Estoy
tan
desesperada...-
Madeleine agachó la cabeza manteniendo sus manos apoyadas en el pecho de
Paul y
dejó escapar una leve risa y continuó con su disertación. - ... que hasta le
pedí
al soldado que me asignó Catherine para que me ayudara que se fuera a vivir
conmigo en régimen de alquiler, y el pobre chico pensó que me estaba
insinuando... Dios mío esto te parecerá una tontería, pero me aterra
regresar.
Philipe me aseguró que todo está bajo control, pero realmente aún no sé como
lo
ha solucionado... si Will... mi hermano se enterara se volvería loco.
- Paul..¿qué puedo hacer sino? Estar encerrada en la base todo el día no es
solución. Ni tampoco el tener escolta todo el día.-
Paul la miró fijamente y vaciló un segundo antes de responder. -
Personalmente
ninguna de las dos opciones es lo mejor, pero creo que es preferible la
escolta a
la soledad. Si te atacó de esa manera estando sola... Entiendo tu temor. Lo
mejor sería desde luego que regresaras a la base... aunque si no quieres,
nadie va
a obligarte - sonrió - Eso de buscar compañía para tu casa... es buena idea
a
medias... si ese tipo es tan peligroso quizás no sea suficiente. En
cualquier
caso, yo estoy a tu disposición para ayudarte. ¿Alguien más de la base o del
equipo viven fuera de la base?. Quizás fuera buena idea trasladarte a casa
de
alguien conocido donde estar segura mientras se aclara todo este asunto- Sus
ojos
parecían querer dar una solución que terminara con todo aquel problema de
antemano pero siempre le pasaba igual. Lo suyo no era resolver de un plumazo
las
cosas... todo tenía un camino lento y angosto para él.
- Creo que voy a poner un anuncio y a ver quien se presenta de la base, si
es
que seguimos en ella cuando acabe esta maldita auditoría.
- Paul, muchas gracias por interesarte por mi, después del día que llevas de
tanto trabajo, espero no haberte importunado con mis cosas. Ahora estoy
mucho más
aliviada. Es como ir a la consulta del psicólogo, a base de repetir las
cosas y
enfrentarlas se supera todo.-dijo con tristeza. Madeleine recordaba los
meses
siguientes a su divorcio, fueron terribles para ella, pero al menos ya los
tenía
superados.
En la cabeza de Paul resonaron las palabras de Maddie acerca de poner un
anuncio
para alquilar una habitación de la casa. "Tal vez no fuera mala idea" pensó
"No
tengo nada en contra de la base, pero..." - Claro que no me importunas. Sólo
desearía que todo pudiera arreglarse para ti cuanto antes... -
- Creo que ya es hora de retirarnos a descansar. Ya es bastante tarde, a
estas
horas todo el mundo estará en su catre, espero al menos no encontrar a "el
que no
debe ser nombrado...". Mañana tienes que terminarme de contar que nuevos
descubrimientos has realizado.
Paul se incorporó y le tendió la mano a Madeleine para que no tuviera
excesivos
problemas a la hora de continuar el descenso. - Tienes razón, mañana será un
día
complicado. Algo así como el de hoy pero mejor, seguro. No te preocupes
mañana te
contaré con detalle lo que aparezca. Por cierto... - Paul había estado
rumiando
la idea durante ese breve instante. No era habitual en él tomar ese tipo de
decisiones *precipitadas* pero le pareció que la situación lo requería y
francamente, a Madeleine le debía todo. - ... Ehm... - le costaba decidirse
por
completo, aunque al final lo hizo -... quizás no es necesario que pongas ese
anuncio... si no tienes inconveniente estaría encantado de ser tu huésped -.
"Ahora es mi responsabilidad ayudarte" terminó la frase mentalmente.
Madeleine estaba encantada ante la propuesta de Paul totalmente inesperada,
se
quedó durante unos segundos mirando hacia donde estaba él, suavemente le
apretó
la mano, esperaba con ese gesto dar a entender que se lo agradecía, se había
quedado sin palabras.
Casi de inmediato encendió su linterna y comenzó a descender de la pirámide
de
la mano de Paul. Hasta que se acercaron al campamento, momento en el cual la
soltó. Se volvió hacia él, y a la tenue luz del campamento vió su cara.
Realmente
parecía fatigado también había sido un mal día para él. Le dio las gracias
por
todo y se despidió de él en la puerta de su tienda con una sonrisa.
Madeleine
dudó un instante miró a su alrededor y se lanzó a darle un rápido beso en la
mejilla. Susurrándole: - Que descanses Paul... -, para acto seguido
desaparecer
por la puerta de la tienda.
Aquel beso le había pillado completamente desprevenido. - Que... que
descanses -
le respondió con la voz entrecortada viéndola entrar en la tienda. Después
sonrió
muy levemente. Desde el primer momento se lo había parecido pero ahora
estaba
seguro. Maddie era alguien especial en todos los sentidos. Se dio media
vuelta y
notó que el frío le estaba helando los brazos. "Oh... se ha quedado con mí
guerrera" pensó cerrando los ojos con gesto divertido justo antes de apretar
él
paso para llegar a su tienda y poder repasar las traducciones antes de
dormirse.
"Un viaje a las leyendas", Parte I
Dr. Jonathan 'Furia' Holmes, Asesor gubernamental (Jonathan)
Capitán Catherine Ford, Antropóloga (Blanca)
Catherine salió de la tienda primera, despacio y sin hacer ruido, intentando no despertar a nadie. El amanecer apenas amenazaba, con el cielo de color azul marino y un levísimo tinte naranja oscuro hacia el este, aunque el resto continuara negro, ya sin notarse el brillo de ninguna estrella. Saludó al marine de guardia con un ademán, antes de ponerse las botas, derrochar un poco de agua lavándose la cara y cargar sus cosas para acercarse a la tienda del equipo, donde no sólo brillaba la luz de una lámpara, sino que podía adivinar a la distancia el olor del café. El aire estaba muy frío aún, pero pronto la temperatura se elevaría.
La débil luz de la tienda ayudaba poco, a revisar las notas tomadas ayer, actuaba escribiendo sobre el * pad* por costumbre, sabía que tendría que tomar un par de decisiones esa mañana, y quería unir todo los puntos del dibujo, los nuevos descubrimientos, y la situación de algunos elementos del equipo creaban * situaciones interesantes* "Esto va a complicar un poco las cosas, veremos como reacciona Cat". Holmes sonrió al pensar en ella, hasta que se dio cuenta de la *cara de idiota*, y cambió otra vez a la concentración sobre la agenda electrónica.
Ella lo vio de costado al entrar en la tienda, y se dirigió a la cafetera casi sin hacer ruido. Parecía concentrado, totalmente perdido en lo que fuera que estaba haciendo. Catherine dejó su equipo silenciosamente sobre el piso, pero se permitió hacer un poco de ruido al sacar la taza metálica de su mochila, para sonreírle su -Buen día,- apenas él se giró hacia ella. -¿Más café?- preguntó, apuntando a la taza vacía que estaba al lado de él, sobre la mesa, que seguramente había llenado (y vaciado) varias veces antes de su llegada.
Holmes colocó su sonrisa ladeada, y poniendo su acento escocés le respondió - Si señora, un poco más por favor, han encontrado glóbulos rojos dentro del café que recorre mi cuerpo-, se levantó y fue a su lado hasta la cafetera, -Se ha levantado hoy temprano capitana-, y bajando más la voz, pese a que no había nadie en la tienda añadió -y he de comentarte algo que llevo dentro desde hace tiempo... que bien te sienta el uniforme, y el traje de fiesta, y los vaqueros, y... creo que sabes qué te quiero decir-, subió un poco más el tono de su voz, -y siguiendo con el asunto del informe, hay un par de cosas que quería comentarte, tanto de los últimos descubrimientos, como de los miembros del equipo, así que cuando tengas un momento espero que me acompañes- y volviendo a bajarlo -pero si puede ser más de un momento , mejor-.
Catherine se encontró bajando la vista, para no encontrar sus ojos mientras sonreía ante los cumplidos, sus mejillas ganaban un poco de color y se ocupaba llenando las dos tazas con café. -Doctor Holmes, que no le hagan creer que no sabe matizar las malas noticias,- le dijo, mientras le alcanzaba su taza y permitía que la tomara junto con su mano, demorando el contacto varios segundos más de lo estrictamente necesario. Bendito fuera ese instante de intimidad. -De seguro que esta habilidad le resulta muy útil en las reuniones de Consejos del Senado...- prosiguió, jugando al *usted*, -aunque debo resultar mucho más fácil de complacer que ellos.-
Furia aumentó su sonrisa -Será mejor para nuestra relación que no le comente lo que hay que hacer para complacer a un senador,...es ese tipo de cosas que a veces me impulsan a iniciar una carrera política, pero aunque no se lo crea Capitana,...el complacerla por muy difícil que sea, es un placer-
Ella rió suavemente y llevó la taza a su boca para saborear el líquido fuerte y amargo que contenía. Amaba aquella bebida, aunque sabía que era el desayuno equivocado, y siempre lo había sido. Sin embargo, jamás había podido abandonarla, y podía más que entender por qué Jon la favorecía. El único lugar donde la tenía prohibida era aquella ciudad industrial donde había nacido, y donde varios pares de ojos y otras tantas bocas no perdían oportunidad de recordárselo.
-Ésta era mi parada técnica,- dijo finalmente, saliendo de su corta distracción para recordar que él estaba allí... aunque no se podía decir que lo hubiera olvidado. -Quisiera subir a la pirámide, a ver la sala donde estuvieron ayer, antes que vuelva a llenarse de gente. ¿Me acompañaría... Doctor?
-Marque el camino Capitana, siempre es una delicia seguirla.
-Ya va... ya va,- contestó ella, riendo. Vació la taza, la limpió y la guardó, para dedicar unos segundos a la tarea de colocarse el chaleco, usualmente complicada para el principiante, pero decididamente rutinaria para el que llevaba algo de experiencia al respecto. Demoró unos segundos más verificando sus armas y municiones y, finalmente, aceptó su (innecesaria, pero bienvenida) ayuda para colocarse la mochila. Giró la cabeza apenas hacia la derecha, sintiendo su cercanía una vez que no se retirara de su espalda tan rápido como hubiera sido *correcto*. -¿Estamos listos?- le preguntó.
-Si, preparados para todo- le susurró al oído. La siguió mientras salían de la tienda, un poco más retrasado que ella al caminar. Al girarse Catherine lo vio sonriendo. -Antes de que me preguntes, ...estaba admirando lo bien que caminas, sinceramente, no me había fijado lo bién que moldea la figura esta ropa-
-Mentiroso.-
** Å **
La escalada había sido silenciosa, algo que Catherine no podía sino agradecer. Se le había presentado igual de larga y extenuante que el día anterior y, al igual que entonces, no quería hacerlo notar hasta recobrar el aliento. La Capitán saludó con una seña al marine que se hallaba de guardia en el otro extremo; si bien no alcanzaba a ver de quién se trataba aunque la oscuridad de la noche recedía. Los dos bajaron hacia el patio para acceder, así, al pasillo-galería que los conduciría a su destino. Aunque lo había evitado hasta ese momento, Catherine encendió la linterna que llevaba prendida en el chaleco, prefiriéndola a la que había dejado adosada al fusil desde el día anterior.
Tras pocos pasos, se confió lo suficiente como para animarse a escuchar su propia voz. -Quizá ésta sea la mejor oportunidad que tengamos para conversar sin interrupciones... Mencionaste algo de descubrimientos y miembros del equipo.- Lo miró, adivinando su perfil recortado en la oscuridad. -Ya sabes, las malas noticias primero.-
Se encontraban en la misma sala rectangular que recorrió el día anterior, 20 metros cuadrados que enmarcaban las pinturas que reflejaban la cultura de aquellos antiguos habitantes, con la mujer con cabeza de cóndor que permanecía en el lugar de honor de todas ellas. El gran círculo que llenaba la estancia, los miraba desde el suelo, y Holmes no pudo sino volver a sentir ese aviso de peligro en la nuca.
-Las malas noticias vienen de un frente, uno de los miembros del equipo, ...no se encuentra en la mejor de sus formas, hable...con esa persona para que te lo comentara primero, si yo te digo quien es, bueno sabemos que tendremos que hacerlo oficial, el otro asunto no es tan malo, es más creo que podremos, usarlo para bien. Paul identifica los antiguos habitantes de este planeta como los de una región que...en fin simplificando, su teoría coincide con unas viejas leyendas recogidas en un par de libros muy poco conocidos de la biblioteca más privada del Vaticano, y no me preguntes como he llegado a leerlos, el poder estudiar esas leyendas, bueno ayudaría a la buena imagen y oportunidades del portal de Guam, sería como todo.... secreto, pero me da un poco de oxigeno, si a eso le unimos el secubrimiento de su * nuevo amigo *, todo daría un nuevo empujón, depende de como enfocar toda la información, espero que no se combierta en material de museo -
Catherine se quitó la mochila, y la dejó en el piso antes de desprender la linterna del chaleco y utilizarla para observar mejor las pinturas. Tenía la sensación de que, pronto, la sala se iluminaría; la disposición aparentaba estar diseñada para captar las primeras luces del sol, y quería estar allí para presenciarlo. -Ese miembro del equipo, sin nombres, lo sé, puede no estar en la mejor de las formas pero está habilitado para estar aquí. En cuanto a lo otro,- se calló, acercándose a una de las coloridas figuras para observarla mejor, mientras recordaba las palabras que había escuchado un día antes, de labios de la Coronel Riker.
-Me gustaría escuchar esas leyendas, aunque...- Dejó de prestar atención a la pintura para volverse a verlo, iluminado por el haz de su linterna. -¿Hasta qué punto crees que tu informe será... relevante?-
Holmes se extrañó de su pregunta, ladeó un poco la cabeza por la luz. -¿Un interrogatorio Capitana?, ...no se que responderte, se que soy una pieza de esta partida, se están moviendo fuerzas a unos niveles ...está todo pactado Cat, sabes como es todo esto, y además no me extrañaría que estos pactos dieran lugar a otros y otros, ya sabes acción reacción cambio de la situación y vuelta a empezar, ya se que todo esto lo detestas, pero yo,...bueno soy bueno en estos juegos y creo que podré variar algunas corrientes, ...parece una pregunta muy directa para tu estilo,...¿ocurre algo?-
Ella bajó la vista, consciente que él no podía observarla bien, oculta tras la única fuente de iluminación de la sala. -Puedo ser directa a veces, tengo mis días,- suspiró y volvió su atención a las pinturas. La respuesta de Jon le resultaba coincidente con él y lo que le había dicho hasta ese momento, pero no cerraba con la certeza de Riker. Obviamente, ella sabía algo que él no. Lo que no podía asegurar era de qué lado estaba la Coronel. Esperaba que del de *los buenos*.
-¿No vas a contarme aquellas leyendas...? Extraoficialmente, claro,- preguntó intentando cambiar de tema. Dio dos pasos hacia la izquierda, y luego un tercero. Las imágenes que le habían comentado le llamaban la atención, y tenían algo que ver con aquella escena de *curación*. La figura que se inclinaba sobre los *enfermos* con el cuenco en las manos le gustaba mucho más que aquella donde parecía tener un dispositivo Goa'uld de curación. A pesar de la desproporcionada cabeza de ave de rapiña, y de la obvia simplicidad con la que el artista había plasmado su obra bidimensional, la escena tenía algo... conmovedor.
Todavía un poco cegado por la luz de la linterna de Catherine, Holmes pudo ver como se dirigía hacia la pared,... pasando por encima del circulo... Sin pensar, saltó hacia ella - Cat, sal de...- su frase la cortó el tropezar con la mochila que su compañera había depositado en el suelo, enviándola con fuerza contra la pared, pero siguió hacia delante con el ímpetu de la carrera.
El grito la tomó desprevenida, así como también la sensación que erizó los cabellos de su nuca, seguida por un sonido que no había escuchado nunca antes: el de los anillos activándose. Casi en cámara lenta pudo observarlos emerger del suelo, envolviéndolos a ambos, la luz explotando entre uno y otro...
...para luego volver a descender al piso, y desaparecer bajo él. La inercia, o lo que quiera que fuera, se mantuvo: Jonathan llegó hasta ella, empujándola fuera del círculo y haciéndola chocar contra la pared justo en frente de ella. Pudo escuchar el ruido de la linterna al estrellarse, y el de los cristales cayendo al piso. Entre la magnitud de la sorpresa y el impacto sufrido por su cuerpo, le tomó quizá unas milésimas de segundo de más aprovechar el momento del movimiento para girar, liberándose de él y alzando el fusil, para comprobar que podía ver sin ayuda de la linterna.
Estaban solos.
Dondequiera que estuvieran, esto es... Comprobó que no era una nave y que, allí, ya era de día.
"Madrugada de Bronx"
Marine Ramón "Bronx" Brown (PNJ, Delfar)
Ya casi estaba amaneciendo, le quedaba poco de guardia y aún se mantenía sin problema en la semineblina del despertar en horas intempestivas. Ramón encendió otro cigarrillo, de esos suyos tan fuertes como baratos, era el último (prometía para sus adentros) de esta guardia. Al acabar le esperaban un par de horas de descanso antes de volver a las labores de niñera. Le tocaba esperar el relevo de "Baby" Fitgerald, esperaba que al menos fuera tan puntual como de costumbre...
Sumido en sus pensamientos y deseos de finalizar su labor tardó en darse cuenta que dos personas subían por la pirámide. Traían buen ritmo, se acababan de levantar seguro. Con la escasa luz que empezaba a dar el cielo a penas podía distinguir más que sus siluetas. Una era una hermosa figura femenina, demasiado cargada con mochila y demás para ser "Baby", el otro bien podía haber sido el "Sarge" por lo que oculto su mano izquierda con el pitillo mientras se ponía en la actitud propia del guardia. Estaba claro que no era el sargento por su forma de caminar. Cuando estuvieron más cerca no tardó en reconocerlos.
Saludó a la Capitán Ford tras tirar discretamente el cigarrillo y cambiar el arma de mano en un rápido y marcial movimiento mientras se ponía firme. El politicastro con el que ella iba era el que peor rollo le daba, aunque parecía ser el que tenía más experiencia militar. Al parecer según comentaban haber oído algunos de sus compañeros tenía fama de ser un cabronazo entre los doctores, aunque con esas fuentes de información nunca se sabe.
Cuando iba a empezar a contar los segundos que le quedaban de guardia para distraerse intentando evitar la casi ininteligible conversación de la pareja visitante, oyó un ruido no catalogado que lo sacó de su estupor. Como "chico bueneducado" como decía su abuela Priscila antes de entrar avisó:
- ¿Capitán, se encuentran bien? ¿Capitán? ¿Capitán Ford? - Su tonó subió en volumen, preocupación e inseguridad. Solamente esperaba no meterse en ningún problema.
Brown entró en el interior de la cámara. Pese a los primeros rayos de luz que entraban por algunos huecos e iluminaban los dibujos había zonas en una molesta penumbra. Encendió la linterna de su P90 y se preparó para cualquier amenaza mientras entraba en la sala apoyando la espalda en la pared más cercan. Rastreó todo a su alrededor, nada excepto un pequeño bulto: la mochila de la capitán. Ramón apenas se dio cuenta de como el polvo en suspensión empezaba a depositarse de nuevo en el suelo. Las dos personas, que hacía escaso minutos había llegado, habían desaparecido sin dejar rastro, ni tener otra posible ruta de escape.
Ramón maldijo su suerte y a quién eligió los nombres en clave para los puestos que tanto le molestaban, seguro que habías sido el Sargento DeLorence con su retorcido humor: - Aquí el Cóndor Vigía a todos los puestos. Atención. La Capitán Ford y uno de los políticos acaban de desaparecer en el templo de la cúspide. Avisen al Sargento. Recomiendo el Estado de Máxima Alerta. Cambio.
El Cabo según recibió el mensaje envió un acuse de recibo y partió presuroso a despertar al Sargento DeLorence, no faltaba mucho para su turno pero sabía que las nuevas no iban a ayudar el agrio carácter que solía tener al despertarse.
(Red Alert!!, Red Alert!!)
"Un viaje a las leyendas", Parte II
Dr. Jonathan 'Furia' Holmes, Asesor gubernamental (Jonathan)
Capitán Catherine Ford, Antropóloga (Blanca)
-Pero donde...y cuando estamos-...Después de volver a guardar la pistola Holmes se volvió hacia Catherine -¿Estás Bien?, ...voy a llamar por radio para ver si nos reciben- Y recordando donde estaban, añadió, -Y salgamos de este circulo, no quiero ir a otro lugar sin saber antes a donde me lleva-
-Posiblemente de regreso, pero intenta no estrellarme contra algo otra vez,- lo reprendió Catherine, aún aturdida pero no tanto como para dejar de asegurarse que no se acercara a ella a una velocidad similar a la de hacía pocos momentos. -Detrás mío, saca tu Glok... aquí sí podría haber gente.- Caminó hacia el vano por donde provenía la luz, antes de girarse hacia él, decidiendo que estaba positivamente enfadada.
-¿Cómo se te pudo ocurrir hacer algo así? ¡¿Estás loco?!-
Holmes giró la visera de su gorra, cruzó los brazos sobre su cuerpo y le respondió - Si * Doña Perfecta *, supiera donde pone sus bonitos pies, no estaríamos aquí,..¿se supone que tu eres la persona con más experiencia de este equipo y no miras por donde vas?. La próxima vez dejaré que te manden a otro lado,...pero claro entonces me gritarás por no sacarte del lío, tendría que saber que no aceptas que haga las cosas a mi manera-
-Por supuesto, *señor*, que si hubieras hecho tus deberes sabrías que los anillos no se activan porque se les ocurre. Y no habiendo nadie aquí, creo que hubo una única forma en la que podrían haberlo hecho. Y no fue porque yo estuviera parada allí, sino porque...- El tono de su voz se había elevado lo suficiente, y Catherine se interrumpió. Cerró los ojos, tomó aire, contó hasta diez, y volvió a mirarlo. Debía priorizar, y podían seguir discutiendo después.
-Mejor contemos municiones y agua, salimos a ver quién vive... o buscamos la forma de activar los anillos otra vez.-
-No. Mis *deberes* me piden que llame por radio, y no intentes variar esto a tu gusto como siempre...como la última noche en la capital,...la señorita sabía el camino y por eso llegamos 15 minutos tarde,...eres única para pintar las cosas de tu color...así que vigila mientras intento que nos localicen-...Y después de calmarse un poco continuó, -Claro está si puedes hacerlo mientras me chillas-
Los ojos de Catherine refulgieron de ira. -No tengo la bola de cristal, como el *caballero* que sabía que Canal Road estaba bloqueada y no me lo dijo. Pero haga lo suyo, *General*, no permita que lo interrumpa,- le respondió antes de ofrecerle su espalda y asomarse, con cuidado, al vano. Él tenía razón, establecer una comunicación con los demás era lo primero, pero la había sacado de quicio. O quizá ella lo había hecho sin ayuda. De todos modos, necesitaba enfriar su ánimo para poder pensar.
Si bien el sitio donde se encontraban era muy similar al que había resultado el origen de su viaje, la sala contigua, que se hallaba vacía, era mucho mayor. Las pinturas que adornaban los muros eran tan coloridas como las del palacio en la pirámide, aunque estaban mucho mejor iluminadas. El vano siguiente, amplio, abría indudablemente al exterior.
La Capitán eligió su camino con cuidado, pegando su espalda a los muros hasta llegar a la fuente de iluminación. Se detuvo antes de mirar hacia fuera, necesitaba acostumbrar sus ojos a la luz del día que, en aquel lugar, ya había comenzado. Lo que significaba que estaban, mínimo, a medio huso horario de distancia.
Nada, sólo estática, lo había intuido, pero quería hacer algo para tranquilizarse un poco, sabía que no era un buen momento para Catherine, pero no podía evitar una pelea,...y en cierto modo no la podía evitar con ella.
Comprobó su munición, y la siguió, al llegar a su lado intentó que su tono fuera menos *enfadado* -¿Algo nuevo?, creo que sería mejor que yo fuera delante y tu me cubrieras, sirvo mejor en...las distancias cortas-
Catherine negó con la cabeza. -No funcionó la radio,- estableció. -Por qué no me extraña,- se encogió de hombros. Tenía sed. Su cantimplora, afortunadamente, estaba en el chaleco, y estaba casi llena. Pero esperaría, porque sabía que apenas se distrajera con ello, Jonathan saldría del templo (si es lo que era) sin esperarla.
-Yo voy delante, vos me cubrís a mí, y... dejame ver, primero.- Con la espalda apoyada sobre el muro, se deslizó hacia abajo. Se colocó la gorra con la visera para atrás, y asomó su cabeza lo suficiente como para tener una visión de lo que les esperaba afuera. En el mismo acto reflejo volvió a ocultarla, para asomarse un poco más obviamente esta vez, aunque también por pocos segundos.
A raíz de lo observado, decidió que podía darle el gusto, por una vez. Giró a mirarlo, y se colocó la gorra correctamente. -Si te vas a poner insoportable, supongo que puedo cubrirte... por esta vez.-
Holmes empezó a sonreír, le guiñó un ojo -Gracias Capitana- . Sacó las dos Gloks y después de una breve mirada salió fuera, poniéndose en cuclillas y manteniéndose en todo momento pegado a la pared "Otra vez en un sitio donde no me han invitado,...las malas costumbres no se pierden". Levantó un brazo y le señaló a Catherine que lo siguiera.
Ella verificó que la situación era tal cual la había visto. Ese lugar, al igual que la pirámide, estaba abandonado. Señaló silenciosamente hacia su izquierda y luego a sí misma, para luego hacerlo hacia la derecha y a él. Jonathan asintió y se dirigió a ese lado de la estructura, mientras ella hacía lo propio para el otro lado, tan rápida y silenciosamente como pudo. Se detuvo al llegar a la esquina para ver si la situación cambiaba hacia atrás. Pero no era así. Regresó con él.
No encontraban nada por el momento, lo primero que le extrañó fue la vegetación, algunos árboles, que el poco viento movía muy levemente sus ramas. "Desde aquí se impone la sutileza." Guardó una de las pistolas y esperó a que Catherine llegara a su lado. Frente a ellos se extendía una pequeña plaza, se señaló y marcó el otro lado, no creía que hubiera nadie en el lugar,...pero no quería correr riesgos y más con ella. Un poco agachado se lanzó a la carrera, rodando casi al llegar hasta la pared, desde ese punto pudo ver la parte alta del edificio, que le recordó extrañamente a las fotografías de las mastabas de Egipto. "Vaya, un enigma más para nuestro querido profesor". Llegó hasta el borde de la pared y miró tras la esquina, una calle se extendía ante él. Retrocedió y avisó a su compañera.
Ella asintió, y bajó corriendo, aprovechando el impulso del descenso para llegar hasta Jonathan. -A que no hay nadie,- susurró antes de volver a tomar aire. No se molestó en verificar la respuesta. -¿Te parece una recorrida rápida por estos edificios... o casas... o...?- se encogió de hombros, antes de lamentarse. -La cámara de fotos quedó en la mochila...- Se contuvo de agregar un sarcástico "y ya sabemos dónde quedó la mochila." Allí, también, habían quedado cuatro litros de agua, su ración del día y algo más. -Me gustaría quitar eso del medio... y encontrar una fuente de agua antes de volver a la sala de los anillos.-
Holmes, asintió -Quien sabe, puede que el restaurante de moda en este planeta esté a la vuelta de la esquina, así podré invitarte a algo más que barritas energéticas- Guardó su otra pistola -Ahora necesito velocidad y equilibrio, más que potencia de fuego,...además confío en que me cubras las espaldas,...por mucho que te enfades conmigo.-
Y sin esperar una respuesta, y con una sonrisa en la cara, volvió a correr, esta vez hacia las casas justo al fondo de la calle, pero esta vez no se apretó contra la pared. Un leve rumor le llamó la atención, sonaba dentro de una de las casas grandes. Traspasó la puerta y a un lado del jardín, de una pequeña fuente, brotaba un constante hilo de agua. Pese a no estar cuidado desde hacía tiempo, todo el lugar seguía siendo hermoso, con árboles que le recordaban a los manzanos, del que pendían frutas - si es que son frutas, digamos que no las comería pero... - No había terminado su frase y ya estaba alargando su mano, para coger una de ellas.
-Jonathan, no estamos tan desesperados.- Catherine estaba a punto de perder la paciencia con su compañero, si no lo había hecho hacía rato ya, fuera porque realmente le molestaba todo lo que estaba haciendo, o porque no tenía cerca a DeLorence o cualquier otro marine para que hiciera uso de la fuerza física, la única forma que creía posible de mantenerlo bajo control. Aquella pequeña fuente de agua, sin embargo, estaba haciendo maravillas para tranquilizarla. Se acercó a ella y dejó que sus dedos jugaran con el precioso líquido. Era perfectamente cristalino, y estaba frío. Muy frío. Retiró su mano y miró a Jonathan. -Esperame un minuto, y trata de no comer todo lo que encuentres sin pedir permiso a los dueños.-
Era su turno de no esperar respuesta antes de salir nuevamente a la calle y dejar de mirar su alrededor inmediato para concentrarse en lo que podía ver a la distancia. Las había visto antes, pero recién ahora les prestaba atención: la cadena montañosa que, sólo con mucha suerte, era la misma que habían visto a lo lejos desde la pirámide, tenía aquí una diferencia: los picos estaban nevados. Eso no le aseguraba exactamente nada, tampoco, y en verdad esperaba regresar a la *civilización* antes de tener que tomar agua de allí. Bebió de su cantimplora, sintiendo bastante poca culpa, antes de regresar al jardín.
Holmes estaba sentado junto a la fuente, tenía una de las frutas en la mano y la miraba con una sonrisa, - ¿Sabes Cat?, parece una manzana, huele como una manzana,...y me gustaría saber si su sabor es el de una manzana, pero creo que mi límite de locuras está cubierto por hoy- Dejó la fruta a su lado, - No hay nadie, pero es un sitio estupendo para que nuestro amante de las pirámides se emocione, supongo que tendremos que volver enseguida,...si no alguno de tus marines puede pensar que te he raptado y no doy una moneda por mi cabeza...¿tendremos que usar otra vez el * transporte * o podremos regresar andando? -
Catherine se sentó a su lado. -Ni siquiera sabría hacia dónde ir,- confesó. -Sé que es para allá- señaló hacia el templo donde habían aparecido, donde se ubicaba claramente el oeste -pero muy en líneas generales. Podríamos tener que desviarnos hacia el norte o el sur... y no encontrarlos jamás.- Inclinó la cabeza para mirarlo. -Por no mencionar que aquí ya había salido el sol cuando en la pirámide apenas si estaba amaneciendo, así que la distancia no puede ser menor a 500 kilómetros, quizá más, no soy muy buena para estas cosas... Considerando el desierto y demás, es preferible usar los anillos, o quedarnos aquí hasta que nos encuentren de alguna otra manera.-
- Bueno, tu eres la * Jefa * - Volvió a sonreirle -¿Podemos gastar un par de minutos estando a solas, o ya quieres volver?-
Era imposible dejar pasar el trasfondo de aquel ofrecimiento, pero la Capitán no podía dejar de ser quien era. En ese momento, y aunque solos, tenía un equipo del que encargarse, dondequiera que estuvieran. - Ahora soy la jefa...- respondió a su sonrisa con una propia. -Es bueno saberlo, estaba por iniciarte un sumario por insubordinación- rió. -Creo que vamos a estar solos por un rato. Podrías contarme esa historia que me debes de regreso en el templo, mientras busco cómo hacer funcionar los anilos.- Se puso de pie y le tendió la mano. -Quizá peque de orgullosa, pero me gustaría que volviéramos por nuestra cuenta. ¿Vamos?-
"Cadena de mando"
Sargento Marine Raymond DeLorence (PNJ-David M.)
Dra. Ana Reyes, Egiptóloga (Ana)
Dra. Dara Santer, Asirióloga (Marta)
Dra. Madeleine Monteloup Parker, bióloga (Yolanda)
Dr. Paul Mallory Rush, profesor de Historia (Pablo)
Al oír las voces en el exterior Ana abrió los ojos y se incorporó, miró alrededor pensando qué podía ocurrir. Se levantó apresurada y asomó la cabeza, un marine que había fuera la informó que debía acudir de inmediato a la tienda-comedor, se giró y vio que Dara y Madeleine la miraban. - Venga chicas- les dijo- Algo pasa ahí fuera, habrá que enterarse.
Madeleine dejó que se vistieran lo más rápido posible para poder quedarse a solas en la tienda y vestirse sin que hubiera testigos de sus hematomas. Una vez que salieron de la tienda, se vistió rápidamente poniéndose alrededor del cuello su pañuelo de lino. Esta vez dejó su cabeza al descubierto sin su chambergo, confiaba en que no se notara mucho lo de la mandíbula, por si acaso se dio rápidamente un poco de maquillaje para taparlo. Debían estar reunidos todos incluida Catherine en la tienda, ella les comentaría que pasaba. ¿Habría algún nuevo e interesante descubrimiento?
Ana y Dara se vistieron lo más rápidamente que pudieron y en pocos minutos entraban en la gran tienda, a su alrededor el personal parecía estar intranquilo.
- Esto tiene mala pinta - le susurró Ana a Dara.
- Esto lo que parece es un golpe de estado... por el amor de Dios... ¿qué habrá pasado? ¿Y dónde está Catherine?
Ana miró con atención a toda la sala, la capitán no estaba en ningún sitio. - Ahora vendrá a informarnos, supongo. - Se quedaron quietas en un rincón esperando el desarrollo de los acontecimientos.
La voz del marine resonó en el interior de su tienda como un estruendoso trueno que desata una tormenta. - Ya va, ya va... - protestó Paul maldiciendo la actitud de aquellos militares autoritarios y bocazas. "Ya ni en un planeta alienígena lo dejan dormir a uno en paz" pensó. Se levantó y se vistió apresuradamente pero con el gesto contraído por el sueño. No le gustaba despertar de golpe y mucho menos a gritos. Pero lo cierto es que le llamó la atención la actividad que parecía provenir del exterior. No era normal a efectos de decibelios. "¿Qué estará pasando?". Se asomó tras la lona de la tienda y vio a todo el mundo, incluidas Dara y Ana, acudiendo a la tienda principal del campamento.
Apretó el paso y entró poco después de éstas últimas tratando de pasar lo más desapercibido posible. Aquello no olía bien. No veía a Catherine por ningún lado. Se inquietó. No sabía muy bien que estaba pasando así que Paul decidió quedarse verlas venir. Dio unos pasos a su derecha tras entrar y se quedó con la espalda escasos centímetros de la lona.
Madeleine entró la última en la tienda y se situó junto a Paul. Observó que el ambiente era bastante tenso y que no había llegado todavía Catherine y Holmes.
Ya había llegado todo el mundo y todos los marines que no estaban en sus puestos o descansando al salir de su guardia flanqueaban la gran tienda que hacía las veces de comedor, la mayoría dentro, unos pocos fuera. El Cabo Goitiers entró apresurado, hizo una seña con la cabeza al marine Daniels y se frenó en seco. Casi al unísono ambos marines gritaron a la vez.
- ¡Atención! - Debido a la escasa acústica del recinto parecía que se les saldrían los pulmones por la boca, mientras todos los militares golpeaban sus tacones entre sí a la vez que se ponían firmes como estatuas con la habilidad y diligencia que dan años de experiencia y práctica.
No llegaron a pasar unos minutos cuando el sargento entró por la "puerta" de la tienda más cercana a lo que había llamado "Centro de Mando". Su cara era de "menos amigos" que de costumbre, cualquier bulldog rabioso tendría mejor aspecto que él y seguro que sería menos peligroso. Algunos jirones de su escaso pelo se rebelaban intentando escapar, sin duda esta mañana no había tenido mucho tiempo para asearse. Lo mejor era hacer como los demás y ahogar sus bostezos en café. Acababa de volver de hacer un rápido vistazo/investigación previa y aún seguía rumiando su mala suerte. Estaba claro con quién lo iba a pagar...
- Descansen. - Con un movimiento de su mano hacía el cabo dirigió su primer ladrido a los marines. Echó un vistazo a su alrededor como haciendo un censo de todos los habitantes que aún quedaban en el campamento.
- No sé si todos ustedes lo saben, pero les he hecho despertar y traer aquí a todos porque tenemos un BUEN problema. - Hizo una ligera parada, que parecía crear una pausa semidramática que parecía incentivar la bondad del problema que había resaltado su entonación. Tal vez buscaba la forma más suave de decirlo o la forma de no insultar a nadie por haberle metido en ese lío. - La Capitán Catherine Ford y el asesor Jonathan Holmes han desaparecido. - Las palabras parecían salir por sus anchos labios como quién huye de una prisión tras largo tiempo de encierro. De repente se lanzó a escupir su frustración, primero parecían excusas luego parecían bombas:
- Se levantaron temprano esta mañana y fueron a la pirámide, el marine de guardia oyó un ruido y luego solo encontró la mochila de la oficial. No somos policías ni estamos preparados para esto, he echado un vistazo pero lo único que puedo concluir es que en la pirámide (al menos en la parte que conocemos) no están. Por eso espero que ustedes, expertos en otros campos científicos y con mejores capacidades de investigación puedan ayudarnos. Pero antes de eso creo que se imponen unos cuantos cambios.
Siento decir que esta jodida desaparición no viene más que a reforzar mi opinión de que esto no puede ser así. En este campamento no hay disciplina ni se siguen las normas básicas de desenvolvimiento en entorno hostil, los putos bichos que estén ahí fuera... - Acompañó su subida de tono con un brazo señalando hacía la tienda, más o menos por donde debía estar la pirámide. Mientras su mirada intentaba atravesar a todos los civiles que aún quedaban a su cargo. - ... se deben estar partiendo su escamoso culo con nosotros. Ya está bien. Como mando actual de la misión y dados los últimos acontecimientos estoy autorizado a establecer una serie de normas mucho más rígidas y estrictas y a tomar medidas extremas contra los infractores. No pienso perder a nadie más. Desde ya estamos en alerta máxima.
Ahora les voy a imponer una serie de normas. No son negociables y han de ser cumplidas al pie de la letra. Tienen la posibilidad de no estar de acuerdo, pese a estar bajo un régimen militar son civiles, el que quiera podrá irse a casa inmediatamente con su mamá. En unas horas tengo que establecer conexión con la tierra y explicar nuestra situación actual, así que no supone ningún problema devolver a quién no soporte la presión. Se acabaron las niñerías.
Quiero que me escuchen atentamente, porque esto será como los mandamientos para ustedes. Se supone que han recibido un entrenamiento especial, así que no los considero totalmente una causa perdida. Solo tienen que recordarlo y mejorarlo.
Existen tres zonas de seguridad donde hay guardia permanente. Estas son: el Stargate, el campamento y la parte superior de la pirámide. Mientras permanezcan en una de esas zonas y a la vista de la guardia de turno, no tiene porqué haber problemas. Cualquier desplazamiento debe ser notificado y aprobado por el centro de mando, no es una broma, nadie se moverá sin autorización expresa. Ya esta bien de paseítos románticos nocturnos y de desaparecer en las entrañas de la pirámide sin avisar a nadie, es vergonzoso que se dediquen a esquivar a los guardias y no les informen de sus movimientos, estamos aquí para su seguridad, no por gusto. Además nadie irá solo y si van a moverse de una zona de seguridad a otra o fuera de ellas deberán requerir que un marine les acompañe, no sabemos que demonios puede haber ahí fuera.
En la medida de lo posible intenten estar en los grupos más grandes posibles. Creo que la mayoría de nuestra misión está cumplida así que no creo que suponga un problema que frene mucho sus avances. Quiero informes de situación cada hora. Cada grupo deberá informar de sus miembros y de cualquier posible novedad que nos afecte a todos.
Se acabaron las mariconadas. No somos las chachas ni las señoras de la limpieza, no sé si en los castillos en los que acostumbran a vivir siempre tienen el servicio pendiente de ustedes, pero desde que se embarcaron en este comando ustedes son unos marines más, o incluso menos. Se acabó el andar arrojando basura y colillas por el suelo. Para el que no lo sepa no es solo una grave falta de respeto, si no que puede ser causa de un consejo de guerra. Una de nuestras prioridades es que cuando abandonemos este planeta no quede ni rastro de nuestra presencia, y quiero constatar que no están ayudando mucho. Me voy a poner más jodidamente borde que la puñetera Reina de Inglaterra con los papelitos en el centro de Londres.
Se les supone un entrenamiento para actuar y defenderse como militares, pero pese a toda su experiencia, no lo son. Me da igual que lo hayan sido en cualquier momento de sus cortas vidas. Se acabó el ir haciendo de rambos por ahí. He sido notificado de que se ha visto en un par de situaciones a uno de los civiles esgrimiendo su arma y actuando en plan de escolta, eso se acabo. Desde ya los marines tienen órdenes estrictas de abatir a cualquier civil con un arma en la mano si no es requisito imprescindible de la situación o no ha sido autorizado. Nos enfrentamos a enemigos que se pueden meter dentro de cualquiera y no pienso arriesgar a todo el grupo por un estúpido "cowboy".
Espero haber dejado claros todos los puntos. Ahora tienen la oportunidad de preguntar cualquier cosa que no les haya quedado clara, pero les repito que no es negociable. En este momento no me importa quién hizo qué, simplemente no quiero que se repita. Y quiero que cada uno de ustedes me confirme que lo ha entendido.- El sargento finalizo su monólogo pasando su mirada sobre todos los civiles como esperando su reacción.
Tras estas palabras el silencio embarazoso se hizo notar. Ana se sintió como si estuviera aceptando una regañina injusta de un profesor, de todos los marines que había conocido este sargento le resultaba especialmente poco agradable, y el "sermón" que acababa de oír le hacía pensar que su primera impresión era la correcta, el sargento estaba dictando las normas y ordenando. Si lo que quería el sargento era caer mal y ejercer presión sobre el personal, lo estaba consiguiendo.
Ana levantó la voz, modulándola sin querer con la misma fuerza y entonación del sargento, como decía su madre, allá donde fueres...haz lo que vieres. - Disculpe, sargento, ¿dónde han desaparecido?, ¿dónde se ha encontrado la mochila?
- Eso lo trataremos en un momento, Doctora. En este momento lo prioritario es saber si les han quedado las normas o requieren alguna. Actuación. - El tono del sargento era serio pero no tan alto, ni ofensivo. No pareció darle importancia al extraño tono de Ana, pero se notó que la llamaba doctora al no ser capaz de recordar su nombre o apellido.
Dara estaba bastante indignada con el tono empleado por el Sargento, que más bien parecía salido de una película de serie B donde los marines convierten en hombre a un jovencito granjero de Arkansas. Aguantó sus ganas de replicarle sabedora de que sería como enfrentarse a una pared. Aquel hombre podría salvarle la vida, estaba más que segura, pero jamás "escucharía". Ponía la mano en el fuego.
Al igual que Dara y Ana, a Madeleine le desagradó mucho el tono empleado, y les lanzó a ambas una mirada y un gesto de daba a entender que estaba con ellas. Era un desagradable.
- Habrá que subir a la pirámide entonces, si es que queremos averiguar cómo han desaparecido.- dijo Dara omitiendo deliberadamente cualquier alusión a su comprensión de las normas.- Quizás allí seamos de alguna utilidad.- añadió con ironía.
- Estoy de acuerdo, pero volvamos al tema que estamos tratando. ¿Han entendido las normas? - El sargento parecía un tanto impaciente, no entendía como un grupo de "genios" no fueran capaces de entender unas instrucciones tan simples, si fueran un grupo de marines estaba seguro que ya hubiera recibido un "Sí, señor" gratificante.
Madeleine se dedicó a escuchar atentamente las palabras del sargento, al cual había visto a penas un par de veces pulular por el campamento. Escuchándole le recordó al sargento Tom Highway. Lo cual no le hizo bastante gracia. Sumado al hecho de que Catherine había desaparecido se sentía bastante mal. Pero pensando en Holmes, no pudo por menos que decir irónicamente a Paul:
- Si están en una guarida de lobos, Jonathan será el mejor de su especie. - Y sin embargo, a medida que hablaba, sus pensamientos se llenaban de angustia y preocupación no solo por Catherine sino también por Jonathan, y eso la irritaba bastante. Se cruzó de brazos y frunció el ceño.
Paul bostezaba aburrido por la arenga de aquel tirano crecido por el repentino vacío de poder y el sueño que aún le controlaba. Aquel sargento era igual que una patada en los dientes, pero aún era muy temprano para indignarse. "Maldito Murphy y sus leyes. Catherine, vaya faena nos has hecho, nos has dejado en manos de Hitler" pensó. Cuando oyó las palabras de Madeleine a la que había visto entrar y situarse a su lado no pudo reprimir una sonrisa sorprendida y una mirada cómplice a su compañera. Compartía su opinión aunque por lo acontecido en esos momentos no estaba el horno para bollos.
Madeleine afirmó en tono irónico. - Sí, sargento. ¡Qué bien!, ahora que papá está en casa se acabaron las travesuras, niños.-
Paul miró de nuevo a Madeleine pero esta vez con un gesto de entre la sorpresa y el horror. La agarró por el brazo con cuidado y cuando ésta se volvió bruscamente y con gesto airado, Paul meneó la cabeza en señal de reprobación. - Maddie, no creo que este sea el momento - le susurró. Pero ya era tarde, el sargento había podido oír perfectamente el comentario de la doctora.
El sargento sonrío, ese era el tipo de lenguaje que él entendía, si no viniera de una jovencita de poco más de medio metro hubiera supuesto un desafío. Se puso repentinamente serio y dijo:
- Vaya, parece que tenemos una voluntaria para volver a casa... - Casi no dio tiempo a nada porque cuando empezó a reírse casi todo el mundo se dio cuenta que no era en serio, pero mereció la pena por ver la expresión en la cara de la hermosa jovencita.
Madeleine se quedó mirando con cara de mala leche al sargento. "Lo que faltaba además se cree gracioso", pensaba.
- Como ya lo hemos aclarado todo ahora les voy a explicar el plan de acción. Nuestra prioridad es encontrar a los desaparecidos, así que nos dividiremos para aprovechar las cualidades de cada uno y para cubrir más terreno. Es necesario un grupo de investigación en el lugar donde fueron vistos por última vez, para intentar esclarecer que ha pasado. Mientras tanto una patrulla de cinco marines bajo el mando del Cabo Goitiers peinaran la zona en espiral partiendo de la pirámide a ver encontramos cualquier rastro que pueda ayudarnos. A mí me toca la "agradable" tarea de informar a la base. - Su rostro se torció en un extraño mohín que reforzaba su ironía.- Solo preciso saber si lo han entendido y que se empiecen a mover, ¡ya!
Sobre los grupos, son ustedes libres de subir a la pirámide o quedarse aquí. Aunque agradecería cualquier ayuda que pudieran aportar a la investigación. Sobre la pregunta de la doctora el soldado Fonseca les acompañará hasta la sala donde se les vio por última vez, creo que la conocen, se encuentra en la cúspide de la pirámide. Allí está también la mochila, no he querido tocarla para evitar perder cualquier posible pista. - El sargento no se molestó en dejar claro que sabía apartarse cuando molestaba.
- Sargento, en esa sala hemos estado trabajando la Dra. Reyes y yo... quizás sería una buena idea que volviéramos.- utilizó su tono más conciliador. No habló de anillos, ni de nada más... sería como echar margaritas a los cerdos.
Una leve sonrisa atravesó el rostro de ébano del marine: - Sí, Doctora, eso tenía entendido. Por eso preferiría que se encargaran ustedes dos de la investigación, ayudadas por el personal que consideren necesario.
- Perdone sargento - interrumpió Paul pareciendo recuperar la plena consciencia tras el paréntesis de somnolencia. - Si la doctora Reyes y la doctora Santer se encargan de la *investigación* podríamos la doctora Monteloup y yo revisar otra de las estancias. Verá, aún no he concluido el trabajo y necesito la ayuda de Ma... de la doctora. - Paul pensaba que su solicitud, dadas las circunstancias podía estar fuera de lugar pero consideraba por otra parte que la situación no debía frenar, al menos no completamente, el ritmo de los trabajos iniciados el día anterior. A él aún le quedaban algunas cosas pendientes. - No nos llevará demasiado. En cuanto concluyamos nos pondremos al servicio de Da... de las doctoras Santer y Reyes para lo que necesiten. - El sueño todavía le impedía alcanzar el nivel de solemnidad impuesta por el sargento.
- Está bien. - Dijo finalmente el sargento. - Necesitarán entonces otro marine para que les acompañe. Fitgerald, Fonseca, acompañen a los doctores a la pirámide. - La pareja de marines se adelanto y se unió a los civiles que empezaban a prepararse.
Madeleine respiró aliviada y se unió al grupo situándose junto a Paul. Ana tomó la cabeza y echó a andar con el resto del grupo hacia la subida de la pirámide. Junto a ella iba muy seria Fitgerald manteniendo el paso, detrás cerraba el grupo Albert todavía un poco dormido. Mientras salían DeLorence daba las últimas indicaciones al Cabo Goitiers antes de separse, el cabo se encargaría de la búsqueda mientras el sargento tenía que ir a informar a la base.
"Nada por aquí, nada por allá"
Doctor James Lebau, Diplomático economista (Hugo)
James salió de la tienda de campaña tras la charla del sargento, se
había quedado apartado mientras oía. La situación no era nada buena
pero que nada, no se podían imaginar hasta que punto.
"Maldita sea Jonathan espero que esto sea algún plan tuyo... algún
estúpido plan tuyo "pensó James.
Si esto se reflejaba en el informe, y saldría reflejado, se podía dar
por cerrado definitivamente el proyecto, la capitán al mando y el
asesor encargado del informe desaparecidos, quizá secuestrados por el
enemigo o algo peor... malo malo.
Los doctores habían decidido subir hasta la pirámide, James en cambio
optó por quedarse en el campamento, no podía hacer nada allá arriba
excepto molestar y estaba muy interesado en las noticias que
recibirían de la tierra tras el informe que tendría que enviar el
sargento.
De nuevo entró en su tienda, movió el montón de papeles que tenía
sobre la mesa, en todos estos días no habían encontrado nada para
salvar el proyecto y ahora esto, James apoyó los brazos y la cabeza
sobre la mesa, o ocurría un milagro o "ellos" volverían a ganar.
Odiaba que ocurriera eso, en tantos años pocas veces habían sido las
que consiguiera una victoria contra "ellos".
Tenía que hacer algo.
"Informe de rutina"
Coronel Jeanne Riker, Estado Mayor (PNJ - Marta)
Subteniente Andrew McBride-Smith, Inteligencia Militar y Comunicaciones (David M.)
Sargento Marine Raymond DeLorence (PNJ - David M.)
- Activación extraterrestre. - Repitió con tono aburrido el oficial McBride. Sabía de sobra que sería la información rutinaria que tenía que dar el grupo que había partido a P5S-365. Las alarmas y demás procedimientos de seguridad de costumbre empezaron a llenar el ambiente como intentando levantarle el ánimo. - Cerrando el iris. - Sólo un cabo del equipo técnico estaba con él de guardia y repetía las palabras más por rutina que por informarle. - Recibiendo señal de vídeo...
Tras un par de ajustes y ver en la pantalla la información relativa al grupo de Ford se sorprendió de ver la fea y seria cara del sargento DeLorence ocupando casi toda la pantalla.
- Aquí el Sargento DeLorence del SG-117, por favor respondan. - Por el tono del marine y su aspecto parecía que más bien deseaba lo contrario.
- Aquí el Subteniente McBride-Smith desde el Segundo Comando, le recibimos fuerte y claro. Cambio. - Andrew era especialista en llevar a la mayor exponencia la máxima de las Comunicaciones de "lo más breve posible y con la información imprescindible". Nada era más frustrante que intentar comunicarse con él por radio fuera de los estrictos parámetros militares.
- Bien... Aquí el SG-117... - El sargento parecía tener problemas para transmitir su informe, Andrew pensaba que no era difícil decir que el mundo de arena era más aburrido que la programación de la televisión pública. Pero algo en el rostro del marine le hizo suponer que debía estar atento, que algo iba mal, sobretodo cuando tosió por segunda vez aclarándose la voz y miró hacía atrás, seguramente a la persona que había marcado. El subteniente aprovechó para alejar el zoom y dar un mejor plano con el sargento en primer término y otros dos marines junto al DHD. - Tengo que informar que hemos sufrido dos bajas...
Andrew nada más oírlo y sin dejar de atender al resto se giró a su izquierda y con una seña le dijo a su compañero en el puesto: - Jones, vaya a avisar a la Coronel Riker.
El sargento se dio cuenta de la gravedad de lo que había dicho e intentó atenuarlo: - Bueno, exactamente no son bajas. Han desaparecido. Exactamente se trata de la Capitán Catherine Ford y el asesor Jonathan Holmes...
La mandíbula de McBride hubiera golpeado la consola si se hubiera tratado de un dibujo animado. Mientras tanto el ordenador no dejaba de mostrar los datos y los informes sobre los hallazgos del grupo en el planeta.
La Coronel llegó a la sala de control y se dirigió McBride, quien le puso al tanto de la desaparición de dos de los miembros de la expedición, incluida la Capitán Ford. Riker se volvió hacia la pantalla que seguía mostrando el incómodo gesto del Sargento DeLorence. Tomó los auriculares de Jones.
- Sargento, soy la Coronel Riker, ¿cuándo y cómo han "desaparecido"?
El subteniente más recuperado contempló la tensa faz de la Coronel. Tenía un perfil severo pero en cierta forma atractivo, de formas agresivas pero muy femeninas. Sus verdes ojos enarcados en sus cejas casi pelirrojas le daban sin duda un aire decidido y una fuerza que le era muy útil en el mando. El sargento no necesitaba verla para sentir un nudo en la garganta, el oír su nombre y escuchar su voz ya era bastante para él:
- Aún estamos investigando, Coronel. Lo que sabemos es que se levantaron temprano y se dirigieron a lo alto de la pirámide, a una sala que han estado investigando las doctoras Reyes y Santers. Si lee su informe hablan de algo llamado "anillos" que la capitán consideraba digno de echarle un vistazo por ella misma. - El Sargento se tensó a la espera de más preguntas, sus conocimientos técnicos eran limitados y la mayoría había tenido que memorizarlos para este preciso momento sólo hacía unos instantes.
Riker cerró los ojos mientras tomaba lentamente aire. Alzó la mano para presionar con índice y pulgar el puente de su nariz ganando segundos mientras pensaba a toda velocidad. Su oficial había desaparecido, dejando al frente del campamento a un marine ejemplar, pero cuya especialidad no era, ni muchísimo menos, lidiar con civiles. Si la situación no fuera dramática, la podría haber encontrado divertida.
Andrew se quedo mirando a la mujer, su oficial superior, sobre la cuál recaía en ese preciso momento un terrible peso. Era una de las personas más importantes de la base, y seguramente con la investigación de la que eran objeto era una de las que más presionada se tenía que sentir. Además las nuevas noticias no ayudaban mucho.
-Muy bien, Sargento. Quiero que rastree la zona en busca de la Capitán y del Dr. Holmes, especialmente dentro de la pirámide. Es posible que haya alguna trampa, alguna salida, alguna estancia que no haya sido detectada anteriormente. Si es necesario quiero que se revise piedra por piedra, pero quiero tener la certeza de que no se deja nada sin revisar.
Riker hizo una pausa para tomar aire. Aprovechó el momento para echar un rápido vistazo al breve informe al que se había referido momentos antes DeLorence. Hablaba de una sala y la posible presencia de anillos de transporte goa'uld. Estaba por confirmar su existencia... O tal vez no.
El subteniente se hizo a un lado e hizo una seña al cabo para que fuera a realizar la ronda de mantenimiento aprovechando que había bastante personal en la sala. Además así dejaba sitio a la Coronel para que se manejara a su antojo con el terminal.
- Sargento, ha hablado de unos anillos, ¿verdad?- Riker vio en la pantalla como asentía DeLorence.- ¿Sabe cómo funcionan esos anillos?
- Lamento informarle que no tengo mucha idea, excepto la explicación de que son como un ascensor. Pero las doctoras que tienen más experiencia en el tema están ahora mismo estudiándolos. - La cara del sargento reflejaba una gran edad y un hondo pesar.
- Verá, se trata de un mecanismo de transporte similar al Stargate, pero a más corta distancia. Si resultara que en esa sala hay unos anillos de transporte goa'uld, sería necesario encontrar el mecanismo que los activa para poder traer de vuelta a la Capitán y al Doctor.
La Coronel hablaba con tono pausado, sin mostrar nerviosismo o urgencia alguna en su voz.
- Quiero que usted supervise la búsqueda de ese mecanismo, con la ayuda de las doctoras y quiero que en cuanto lo encuentren contacten inmediatamente con el Comando, y en cualquier caso, quiero que me informen de la situación cada hora. Sargento, si no se recibiera el informe correspondiente en ese tiempo, enviaríamos un equipo, ¿de acuerdo?
El sargento intento evitar una de sus muecas patentadas, no le gustaba mucho la idea de tener que trabajar con los civiles, aunque en este caso era algo inevitable.
- A sus órdenes, Coronel. Recibido. Informaremos cada hora o en cuanto haya progresos significativos.- DeLorence quedó semifirme a la espera de la orden de despedida.
- Sé que puedo confiar en usted, DeLorence.
El subteniente pudo apreciar en la tensión de la cara de la comandante y en el tono de urgencia de sus palabras que las cosas a este lado de la puerta no debían ir mucho mejor que al otro lado y esta situación no hacía mucho por mejorarlas.
La conexión se cortó tras la despedida de la Coronel. El sargento esperó a ver como se cerraba la puerta para lanzar un suspiro de alivio, intentando que se fuera con el aire toda la tensión que tenía acumulada.
- Venga "Piojo", nos toca una carrerita a ese "zigurat" de los cojones... O como quiera que se llame.
"Ordenes de la tierra"
Doctor James Lebau, Diplomático economista (Hugo)
No hacía ni cinco minutos que James se había cruzado con el sargento
DeLorence, su cara de pocos amigos y no se habían apaciguado con la
conversación con la tierra, le costo sacarle que le habían dicho, pero
al parecer como el resto de marines el hecho de que tanto Holmes como
él estaban haciendo una "auditoria" acabo contándole las noticias de
tirón y corriendo para marchar de inmediato hacia la pirámide.
James de nuevo se dirigió hacia la tienda, el equipo que había allí no
era el adecuado para una misión como aquella, al sargento se le
quedaba grande esto. Porqué no había enviado alguien la Coronel Riker
para ponerse al mando. Quizá deseara esperar por si todo era un mal
entendido o que se han quedado atrapados en una sala desconocida.
-Mucho arriesgas Coronel, mucho arriesgas -pensó James dándole vueltas al tema.
La situación le desesperaba, no podía hacer nada, si iba a la pirámide
estorbaría más que otra cosa, y allí abajo ya no podía hacer nada, las
pruebas geológicas y meteorológicas habían dado como conclusión que
aquel planeta en si como planeta no tenía nada interesante, todo
dependía de aquella maldita pirámide, todo lo bueno o lo malo que le
pudiera pasar al comando vendría de aquella pirámide, y el hecho de
que Jonathan y la capitán Ford hubieran desaparecido en ella no era un
buen paso.
De nuevo se sentó en la silla y comenzó a repasar los papeles que
tenía hasta el momento. Algo había que hacer.
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