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Crisis: 12
"Moviendo el esqueleto"
Dra. Dara Santer, Asirióloga (Marta)
Dra. Ana Reyes, Egiptóloga (Ana)
Dra. Madeleine Monteloup, Bióloga (Yolanda)
Capitán Catherine Ford, Antropóloga (Blanca)
Dr. Paul Mallory Rush, Profesor de Historia (Pablo)
Dr. James Lebau, Diplomático economista (Hugo)
La tierra temblaba. Era una sensación extraña. Y horrible. Dara sentía un
pavor racional y perfectamente explicable a los temblores de tierra. El
suelo firme bajo sus pies era algo en lo que confiaba ciegamente, que dejara
de serlo la intranquilizaba hasta límites que no quería comprobar. A duras
penas consiguió asirse a lo único firme que tenía a mano. el hombro de
Madeleine, quien en el preciso instante de recibir el impacto de su
compañera cavilaba sobre lo que Paul y Catherine habían dicho y su
significado: que no regresarían a la pirámide.
El movimiento del suelo cogió a Ana desprevenida, perdió el equilibrio y
notó cómo su cuerpo caía, poniendo los brazos por delante, en un intento de
amortiguar la caída, con una sensación angustiosa. Ana oyó un quejido y vio
a Dara caer encima de Madeleine.
Dara había perdido el equilibrio, dejando caer todo su peso sobre el hombro
de Madeleine. Las dos doctoras rodaron al suelo en un amasijo de brazos y
piernas. Fueron sólo unos segundos, no más de cinco o seis; un abrir y
cerrar de ojos en el que todo parecía suceder a cámara lenta. Dara se
incorporó intentando ayudar a Madeleine. Debía estar realmente lastimada por
lo que reflejaba su rostro.
- ¡Oh, Dios mío, Madeleine! ¿Estás bien?
Madeleine, aguantado el dolor, contestó a Dara.- No te preocupes, estoy
bien- Respiró profundamente conteniendo un gemido.
Dara asió por los hombros a su compañera, casi tanto para mostrarle su apoyo
como para reconfortarse a sí misma. - ¿Segura?- insistió. Había algo en
Madeleine que la preocupaba. Desde el principio de la misión, Dara sólo la
había visto siendo "ella" a ráfagas. Hizo un esfuerzo para esbozar una
ligera sonrisa. -Apuesto a que estás agradecida de que haya dejado los
dulces, ¿verdad?- No era nada ingenioso, pero quería romper la tensión.
Madeleine asintió con la cabeza, aunque sin evitar poder remediar el gesto
de dolor, para que Dara comprendiera que no había problema alguno, y
aguantándolo firmemente le contestó: - Estoy tremendamente agradecida por
ello.- Y con su mano dio una palmadita a la mano de Dara para que
comprendiera que estaría bien. Madeleine miró a su alrededor, esperaba que
no se hubiera notado mucho que había empalidecido a causa del dolor.
Justamente Dara se había apoyado en una de las partes más doloridas y en
donde se encontraban algunos moratones próximos al cuello. Confiaba en que
Dara no los hubiera visto.
Por su parte, Catherine escuchó aquella breve conversación a medias mientras
se dedicaba a escupir toda la arena que había logrado meterse en su boca.
Incluso intentó quitársela de la lengua con las manos, una pésima idea
considerando que no estaban precisamente mucho más limpias. Una sensación de
morder minúsculos pedazos de mica y piedra era espantosa, pero llegado ese
punto decidió sentarse de la manera más digna posible, tragar lo que no
quería salir, y accionar el radio.
- Aquí Ford. - Soltó el botón que activaba la comunicación mientras
intentaba escupir algo que tenía en la punta de la lengua, frunciendo el
ceño y advirtiendo con poca atención que se habían soltado varios vientos de
la tienda. El resto, de seguro, estarían flojos. - Santer, Reyes y Monteloup
están conmigo. - Hizo otra pequeñísima pausa, notando la forma en la que el
rostro de Madeleine había perdido su color natural. Sin embargo, continuó en
lugar de empeorar la situación insistiendo sobre el estado de la bióloga. -
Quiero la situación de todo el mundo. - Volvió a soltar el aparato, frotó
las manos contra el pantalón y decidió mantenerlas lejos de la boca mientras
esperaba que comenzaran a llegar las respuestas. Se puso de pie.
El seísmo le había sorprendido a escasos metros de la tienda que acababa de
abandonar y la fuerza y virulencia del mismo le hicieron llevar la rodilla
derecha a tierra después de tener la desagradable sensación de ver como su
cuerpo parecía moverse sin control. Durante aquellos segundos Paul se vio
obligado a apoyar la palma de una de sus manos a la arena con el objeto de
no dar con su cuerpo completamente en ella. Alzó la vista hacia las tiendas
aledañas durante el largo instante en que la tierra tembló para acto seguido
volverse hacia la tienda donde hacía dejado a la capitán con las doctoras.
Aún junto al marcador del Stargate James pudo por fin incorporarse. Por su
mente sólo pasaban dos pensamientos, que Holmes y los demás soldados
hubieran llegado bien y que Riker hubiera recibido su mensaje, el hecho de
que el Stargate se hubiera apagado cuando empezará el terremoto le daba muy
mala espina, aunque quizá sólo fuera un fallo técnico o un sistema de
seguridad. James lo pensó bien y rezó por que fuera un sistema de seguridad
y no que se hubiera estropeado, dudaba mucho que hubiera alguien por las
cercanías que supiera arreglarlo.
Dara miró hacia la entrada de la tienda, todavía sacudiéndose la arena de la
ropa, del pelo, de todo el cuerpo. Supo que era Mallory por su voz, no
porque reconociera la silueta que, a contraluz, se dibujaba en lo que podría
decirse como entrada. - Eso parece. dos piernas, dos brazos, dos manos, una
cabeza - murmuró esto último mientras se palpaba el cuerpo con las manos.
Alzó nuevamente la voz para anunciar que se encontraba bien.
Se acercó hacia Paul, en parte para preocuparse por él y en parte porque
empezaba a sentir la imperiosa necesidad de salir de la tienda. Intentando
controlar sus miedos, se dirigió a Mallory, de quien ya distinguía sus
hermosos ojos verdes.- ¿Tú estás bien?
- Si. Tan sólo un *baile* no deseado ahí fuera - respondió Paul minimizando
los efectos de la sacudida sobre su persona mientras observaba el rostro de
Dara que de repente se tornó en lejanamente familiar. Tenía la sensación de
haberla visto antes pero no sabía dónde. Tras un breve segundo pudo notar
también el gesto especialmente dolorido de Madeleine en quien se fijó con
atención. Ana por su parte parecía encontrarse bien. Sus ojos terminaron en
el rostro de Ford, sosteniendo la radio en su mano y con aparente gesto de
calma.
Madeleine ya de pie miró a su alrededor recorriendo con la mirada al resto
del grupo hasta que su mirada se cruzó con la del doctor Mallory.
Después del susto inicial James corrió para reunirse con la capitán Ford,
era imperante saber si Holmes y los demás habían llegado bien, además de
saber que el resto de gente no había sufrido daños. Sólo faltaría que además
de Holmes hubiera otros heridos. Eso definitivamente acabaría casi por
completo con las esperanzas de salvar el proyecto.
James pudo ver en una de las tiendas una figura, pudo deducir que se trataba
del doctor del grupo por su silueta.
Lebau entró en la semisuelta tienda corriendo de manera que estuvo apunto de
chocar con la espalda del doctor Mallory. - ¿Se encuentran todos
ien? -James se dio cuenta que en realidad no había hablado prácticamente
con ninguno de los doctores, aún así espero respuesta.
Al oír la voz surgida justo detrás de su espalda, Paul se volvió
repentinamente. Aquel hombre con el que no había cruzado palabra alguna
desde que se vieran por primera vez frente al Stargate de Guam había
aparecido de improviso como surgido de la nada. Sus canas refrendaban la
veteranía de su rostro. Con voz seria le miró y le respondió asintiendo
levemente con la cabeza. - Parece que si. Todo ha quedado en un susto.-
James miró al doctor Mallory y le semi sonrió recuperando el aliento -Me
alegro doctor -con la mirada buscó a la capitán para poder hablar con ella.
Madeleine respondió al doctor Lebau algo aturdida: - Doctora Monteloup
operativa-.
Catherine se acercó a él. Con las entradas la estructura de la tienda se
balanceaba en forma precaria y no la hacía muy feliz la idea de permanecer
adentro. Prefería el sol. También quería ver qué sucedía fuera con los
demás; la falta de respuesta de los marines (a excepción de Kelvin, que
había acompañado discretísimamente a Lebau, y se encontraba a un decente
número de pasos), contrastada con la aparente eficiencia de los civiles que
no habían estado en su ángulo de visión la preocupaba. - James, ¿me permite
su radio?
James cogió su radio y la extendió para que la capitán se hiciera cargo de
ella -Faltaría más.
- Gracias. - Con ella, Catherine salió de la tienda, reelaboró la situación
anterior y la orden. Podía ver a varios de los marines, incluyendo a su
Sargento estrella, acercándose. - Aquí Ford. Todos los civiles están
conmigo. Quiero la situación de todo el mundo, - elevó apenas la voz,
siquiera para dar énfasis a sus palabras, fuera por frustración o porque no
entendía qué sucedía. Se giró a mirar a los demás. - No escucho el eco...
¿me escucharon por sus radios la primera vez?
James había ido detrás de Ford, no le hacía mucha gracia estar bajo una
estructura que se balanceaba de una manera que parecía indicar que si te
quedabas debajo se te tiraría encima encantada. Al oír la pregunta respondió
sinceramente -La verdad es que no le he prestado absoluta atención a la
radio, me encontraba comunicándome con la base y después del incidente he
venido corriendo sin prestar atención -James alargo el brazo y se meció el
pelo por la parte de la nuca, se daba cuenta que se había dejado dominar un
poco por la impresión inicial, pero a lo hecho pecho, se giro para escuchar
las respuesta del resto de doctores.
Ana estaba de pie, observando con mirada insegura. Miró a Dara.
- Vamos fuera. ¿Ya?
Dara miró a sus compañeros y por primera se percató de que estaba *dentro*
de la tienda.
- Creo que sería buena idea salir, por si... se... repitiera... que no se va
a repetir, pero... - Se dirigió al camastro donde había dejado su mochila
para recogerla. - Fuera estaremos mejor.- dijo haciendo extensiva su mirada
a los otros tres ocupantes de la tienda.
Ana asintió, se sentía confusa, muy confusa, nunca se había encontrado en
una situación semejante, afortunadamente no había habido heridos, o eso
parecía. Al salir de la tienda miró a su alrededor. Entonces vio que Ford
las miraba y sus últimas palabras volvieron a su mente "¿me escucharon por
sus radios la primera vez?". Ana cogió la radio, y la miró un momento, antes
de contestar.
- Yo no he oído nada, capitán. - Ana observaba la radio con gesto de duda,
realmente no había prestado mucha atención....
Dara escuchó la respuesta de Ana y trató de recordar. - La verdad es que no
podría decir que la oí antes...
Siguiendo el paso marcado por sus colegas al salir de la tienda, Paul fue el
último en abandonarla. Se puso las gafas de sol y trató de hacer memoria al
escuchar la pregunta de Catherine. No era capaz de recordar con exactitud.
Tras la respuesta de Dara y Ana miró a la capitán y se encogió de hombros
mientras alzaba las cejas en señal de negativa.
Madeleine respondió con la cabeza a la pregunta de la capitana. A pesar de
lo acontecido estaba segura de no haber escuchado la radio. Y expresándose
en voz alta, más para ella que para el resto del grupo añadió mientras
recogía sus cosas: - Quizás... a causa del terremoto las comunicaciones se
vieron alteradas, o simplemente estábamos tan compungidos por lo de Holmes
que no le prestamos la debida atención, pero mi radio no la escuché -.
La Capitán agradeció a su estrella no haber estado hablando en ese momento,
porque acababa de atragantarse. Miró a propósito hasta otro lugar, hasta que
se aseguró que no tenía nada en la garganta bloqueando el paso del aire ni
de nada más, y ni siquiera podía culpar al sismo del que aún llevaba las
marcas de tierra en el rostro y el resto de su cuerpo, o al segundo que le
había hecho tragar cuánta arena, ni a los radios que no aparentaban
funcionar... Tan sólo tomaba el nombre de quien no quería ni debía pensar en
esos momentos.
- Señores - elevó la voz, - esto ha sido todo. Kelvin, avise a los demás:
nos vamos. - Sabía que ya DeLorence estaba lo suficientemente cerca como
para escucharla, pero comenzó a caminar hacia el Sargento con decisión, sin
la más mínima intención de recolectar la reacción de la población civil a
sus palabras.
"Acercándose el fin... o no"
Doctor James Lebau, diplomático economista (Hugo)
James escuchó estupefacto las palabras de la capitán. Acabarse, irse,
marcharse, ni hablar, no podía creer lo que acababa de oir. Cuando
Ford comenzó a caminar hacia el sargento le siguió de forma inmediata,
ignorándo los posibles comentarios de los demás. Si la capitán Ford
creía que iba a permitir que esto se terminará tan facilmente estaba
muy equivocada, no acababa de desperdiciar un favor con uno de los
senadores del gobierno sólo por que por la baja de un hombre (aunque
se tratara de quien se trataba) y de un terremoto la misión fuera a
estar en peligro según la opinión de la dama.
Para James la misión continuaría y estaba dispuesto a dejarlo bien
claro, aunque hubiera que recurrir y solicitar a Riker que sustituyera
a Ford por otro capitán, si esta no estaba dispuesta a continuar.
"Viento en contra"
Dra. Dara Santer, Asirióloga (Marta)
Dra. Ana Reyes, Egiptóloga (Ana)
Dr. Paul Mallory, Profesor de Historia (Pablo)
Dra. Madeleine Monteloup, Bióloga (Yolanda)
Dara siguió con mirada inexpresiva a Lebau que, como un perrito faldero, seguía a Ford para intentar hacerle cambiar de opinión. "Menudo gasto de energía". Bajó los ojos hasta la mochila que había arrastrado fuera, presa de un ataque de pánico contenido. Estaba asiendo con tal fuerza una de las tiras que los nudillos de su mano derecha habían perdido todo rastro de color. Le invadió una terrible sensación de impotencia. Comenzaba a estar harta de todo: el calor, la arena, los terremotos, la pirámide y del mismísimo stargate.
- En mala hora.- fue un susurro entre dientes, tan bajo, que ni siquiera supo si alguien lo había escuchado.
Ana alzó la vista, había escuchado el susurro perfectamente, porque había seguido los pasos de Dara. No hizo ningún comentario. Su cara reflejaba desesperanza, y mientras que hasta el momento del terremoto su intención había sido intentar quedarse y continuar la investigación como fuera posible, tras lo sucedido estaba claro, al menos para ella, que debían partir de inmediato.
Madeleine había escuchado también lo que Dara había dicho y miró de reojo Dara con cara de enfado, desde donde estaba no podían ver su cara. Entendía que les diera rabia marcharse sin indagar un poco más acerca de lo que habían descubierto y tener que regresar para tener que abandonar el proyecto Stargate. Pero también comprendía a Catherine. Comprendía lo que sentía y la situación en que se encontraba demasiado
bien. Lo mejor sería regresar, estaba convencida de que al final con las muestras que habían encontrado quizás encontraran algo que sirviera al proyecto y así evitarían su cierre.
Paul se había puesto en marcha ya hacia su tienda unos pasos por delante de las doctoras con las gafas de sol puestas y sin querer saber demasiado de la situación. "Vaya pérdida de tiempo" pensaba mientras no podía evitar sentir la desazón por ver que sus argumentos no habían servido de nada. De buena gana hubiera arrojado la mochila duna abajo.
Dara alzó nuevamente la vista. La capitana había dicho que empaquetaran. Pues empaquetarían. Vive dios que lo haría. Por última vez. No más planetas, no más gusanos inmundos, ni más tonterías. Que se fueran todos al infierno. Ella se marchaba por el mismo lugar por el
que había venido. Y si la querían en Columbia de nuevo, estupendo, y si no, pues ya se buscaría la vida. Lejos de tanto estúpido militar, en algún lugar donde lo más peligroso que se le pudiera acercar fuera un catarro.
Sintió el escozor en sus ojos antes de notar las primeras lágrimas de rabia. - Será mejor que empecemos a recoger, ¿no? No parece que tengamos mucho más que hacer aquí.
- Sí, vamos. - Ana cogió a Dara por el brazo, intentando insuflarle un poco de entereza. Aunque no se encontraba nada animada tampoco.
Al llegar vieron que su tienda estaba un poco ladeada hacia la izquierda, las varas que la sujetaban habían cedido.
Paul, detenido ante la entrada de su tienda comprobó que el terremoto no la había maltratado en exceso comparándola con el resto. Se volvió para observar a las doctoras. - ¿Necesitáis ayuda? - les preguntó elevando lo justo el tono de voz.
El gesto que Ana le hizo con la mano le dio a entender que no era necesaria su participación. Lo que le llevó a asentir con la cabeza y desaparecer rápidamente tras la lona de la tienda y mirar el interior donde los estragos si parecían mayores de lo que por fuera se percibía.
Papeles y más papeles, libros y elementos de todo tipo desparramados por el suelo. "Menuda mierda" pensó.
Madeleine vió a Paul desaparecer por la entrada de su tienda y suspirando regresó su mirada a su tienda, la cual realmente parecía que se iba a caer en cualquier momento. El único comentario que hizo en voz alta fue: - ¿Sujetamos la tienda primero?. No me gustaría que se nos viniera encima, ya hemos tenido bastante movimiento hasta el momento-.
En el tono de su voz había bastante ironía y enojo.
El simple gesto de Ana de tomarla por el brazo había tranquilizado en parte a Dara. Apretó el brazo de Ana con un gesto que esperó que entendiera. El apoyo de sus compañeros era todo lo que tenía en ese momento.
- En lo que a mí respecta, no pienso tocar ni una sola piqueta. Quince marines son suficientes marines para desmontar todo este tinglado. Además, sinceramente, creo que sólo molestaríamos. - dejó que el sarcasmo fluyera con este último comentario.- Creo que debemos empaquetar nuestras cosas y esperar tranquilamente en la parada a que llegue nuestro bus.
Y dicho esto, se dirigió al que durante dos noches había sido su cama para recoger los escasos objetos personales que todavía no había guardado en la mochila que todavía llevaba consigo.
Madeleine imitó a sus compañeras y recogió algunas cosas. Salió rápidamente de la tienda y observó el movimiento rápido con el que los soldados comenzaban a desmontar el campamento. Vió a Jonás como se afanaba en su trabajo y sonrió mientras pensaba que después de todo
algo bueno había salido de todo aquel desastre.
Estaba terminando de meter sus libros en uno de los pequeños maletines que habían traído consigo cuando percibió de reojo que dos marines entraban en la tienda. Paul no dijo nada, ni siquiera les prestó atención. Se dedicó a ajustar los correajes de la mochila e incorporándose volvió a ponerse las gafas de sol, cargó sus bártulos al hombro y se dirigió en silencio hacia la puerta.
Madeleine desarticuló la sonrisa de su cara al desviar su mirada de la persona de Jonás a la pirámide. Y algo cabizbaja se dirigió hacia el Stargate. Sin querer tropezó en su camino con Paul, el cual en esos momentos salía de su tienda.
- Paul... lo siento, estaba distraída. ¿Vienes hacia el Stargate? -
Abrió los ojos al toparse de bruces con Madeleine justo cuando volvía a recibir la luz del sol directamente. - Claro. No creo que queden muchos lugares a los que ir por aquí. - En ese momento Ana asomó la cabeza entre las lonas de la tienda. - ¡Eh, vosotros!. ¿No pensaréis iros sin nosotras verdad?.- Paul alzó la mano a oir la voz de la doctora. - Tranquila, aquí os esperamos. - Y acto seguido volvió a mirar a Madeleine con cara de circunstancias al comprobar que todo aquello estaba terminando de la manera más triste posible, como un enfermo que agoniza sin posibilidad de recuperar su vida.
"Íntimas impresiones"
Dra. Madeleine Monteloup, Bióloga (Yolanda)
Dr. Paul Mallory, Profesor de Historia (Pablo)
Aferrado a su equipo Paul observaba las idas y venidas de los marines
de un lado para otro buscando terminar con la tarea cuanto antes o al
menos intentando parecer ocupados, pensó levantando una ceja y esbozan-
do una sonrisa siempre pertrechado tras sus gafas de sol.
Sabía que Madeleine estaba allí, así que no dudó ni por un instante en
hacerla partícipe de su malestar. En las últimas horas había estado
más cerca de ella que de nadie. Así que nadie mejor que ella para
poder expresarse con sinceridad.
- Es frustrante que nos vayamos así - le dijo sin orientar la mirada
hacia ella pero asegurando un tono de voz lo suficientemente audible
para la doctora.
Madeleine miró a Paul aunque este no la miraba, claramente había oído
lo que había dicho. Pero estaba irritada, ¿se les estaba olvidando a
todos que había un herido?. Era demasiado, y respondiendo a Paul en
el mismo tono de voz le respondió:
- Claro que es frustrante... pero no hay que olvidar que hay un herido
grave, y quizás si seguimos aquí puedan empeorar las cosas, incluso
puede peligrar nuestro regreso por el Stargate. Si un terremoto acaba
sepultándolo, ¿Cómo vamos a regresar sino?. En estos momentos siento
decirlo Paul, pero estoy con Catherine -.
Madeleine miró tristemente a su entorno. Estaba realmente cansada de aquel calor y aquel desierto deseaba poder disfrutar de una ducha fresca y poder terminar de relajarse y descansar. Estaba realmente algo dolorida y hastiada de tanto calor. Una vez que terminó su seria argumentación miró a Paul arrepintiéndose un poco de usar un tono tan duro a su voz y desde luego no quería herirle.
Paul no acertó a comprender por qué Madeleine se posicionaba de aquella
manera. Seguramente era ya un secreto a voces la misión de Holmes en aquel lugar. Frunció el ceño mirándola. - Mira, yo lamento también lo ocurrido con Holmes, pero si había un momento ideal para ganar tiempo y poder sacar algo en claro, ese momento era éste. Créeme Madeleine, estamos cerca, sé que estamos cerca de algo y lo vamos a abandonar justo cuando lo tenemos al alcance de la mano. Todo por... -
Paul hizo una pausa apartando de nuevo la mirada de los ojos de Madeleine. - ...por Holmes. La verdad no sé qué pensar... me siento como si me hubieran estado engañando todo el tiempo con este asunto. Por mi parte, sólo espero salir de aquí cuanto antes y desaparecer de Guam - Su voz sonaba rozando la línea que separa la indignación del enojo.
- ¿Te sientes engañado Paul?. Tú has decidido como todos los demás participar de este proyecto con todo lo que conlleva, por supuesto que hemos sido engañados en cierta medida, pero era un riesgo que todos sabíamos correríamos al trabajar para los militares. Y ahora el asunto nos ha dado una tregua. Con Holmes fuera del camino quizás se pueda hacer algo, o quizás no, ¿aún no te has dado cuenta de que ese tal Lebau también estaba con Holmes? No crees que aunque Holmes este fuera de juego, Lebau, no tomará las riendas?. Me temo Paul que ambos son el mismo perro y llevan por supuesto el mismo collar. Confiemos en que con las muestras que tenemos y la información que hemos obtenido podamos
solucionar algo nuestra situación. Y decididamente, nunca pensé que tirarías la toalla tan pronto y a la primera de cambio pensarás abandonar Guam... sinceramente te creía más fuerte-. Madeleine se ladeó un poco enfada y algo molesta con Paul, esa actitud no la entendía en él.
Paul esbozó una nueva sonrisa. Albergaba una cierta sensación de ingenuidad proveniente de Madeleine que le divertía. - He tirado la toalla cuando he visto que la persona que más ha creído en este proyecto desde el principio me ha dicho que no volveremos a la pirámide aunque lo que estemos buscando se encuentre en ella y por millones de argumentos que se le pusieran sobre la mesa. - Paul tomó aire. - Holmes, Lebau... todo ellos me dan igual porque te aseguro que de
aquí podríamos haber salido con algo tangible entre las manos, pero los ojos de Catherine son lo que me han hecho tirar la toalla. Para ella ya no hay proyecto en el que creer. - Paul estiró las palmas de las manos hacia los laterales. - Y me importan un bledo los motivos.-
Acto seguido reaccionó rectificando lo dicho justo antes. - Mejor dicho, si me importan porque lo que me fastidia es que todo se vaya a perder por Holmes. Todo lo que esta pirámide podría habernos revelado, - la palma de su mano derecha se orientaba en la dirección en la que supuestamente se hallaba la pirámide. - todo se va a la mierda. Me he dejado los ojos ahí dentro traduciendo jeroglíficos y buscando salidas... ...y todo ¿para qué?. Para nada. No importa lo que haya ahí
dentro, eso es lo que me duele. Que no tiene ningún valor. Hemos perdido el tiempo si ante este tipo de contingencias nos volvemos atrás. - La voz de Paul terminó sonando todo lo más dura que su pensamiento le permitió mientras recordaba la sonrisa cínica de Holmes-.
- Paul, no entiendo cómo puedes decir algo así. Estoy segura de que Catherine no va a tirar la toalla, sólo está algo triste y apesadumbrada por Holmes... por cosas que no te conciernen para nada. Estoy segura de que tu trabajo tampoco ha sido en balde y que hallaremos una solución a este problema con o sin Holmes. Y además... deberías preocuparte un poco más por los miembros de este equipo, Holmes nos guste o no forma parte de él, y debemos preocuparnos igualmente por él. Desde luego, mucho hablar del equipo, mucho hablar del equipo... pero realmente ninguno tenéis un espíritu que este a esa altura. Es triste, pero si el equipo está formado por gente como tú prefiero regresar de una vez y abandonar este grupo. Estoy segura de que sin vosotros seguramente se pueda hallar algo que merezca la pena para este proyecto-.
Madeleine dijo estas palabras mirando directamente a los ojos de Paul con toda la dureza y determinación de la que era capaz. Estaba harta de lloriqueos. Había que seguir adelante a como diera lugar y eso estaba dispuesta a hacer. Cogió su mochila y se apartó bruscamente de Paul, hasta situarse a cierta distancia de él.
Éste se quedó mirando por un momento a Madeleine alejarse. "Tú sueñas si piensas que esto va a seguir adelante por los cauces normales." Pensaba mientras la veía avanzar de espaldas a él. En aquel momento, tras enarcar una ceja pausando sus pensamientos, a Paul le pareció que Madeleine además de un fuerte carácter tenía también un estupendo trasero como así había notado en Guam la "primera" vez que la vio. Pero la visión duró el instante que tardaron Ana y Dara en salir de sus tiendas, momento en el que Paul comenzó en silencio y despacio la marcha tras los pasos de Madeleine.
"Arenas movedizas, Parte I"
Capitán Catherine Ford, Antropóloga (Blanca)
Dr. James Lebau, Diplomático economista (Hugo)
Marine Gary Gilliam (PNJ-Hugo)
Catherine sabía que había abierto la proverbial lata de gusanos, y por más
que intentara alejarse de la onda expansiva, ésta se encontraba pisándole
los talones, personificada por uno de los asesores. Si tenía que ser
honesta, el que le caía mejor de los dos, por más que el otro le cayera
mejor en otros aspectos. Trató de no pensar en ello mientras se acercaba al
Sargento DeLorence, ignorando la punzada de dolor que la atravesaba por
ningún lugar específico, y todos a la vez. Su plan original, el de conseguir
una pieza de tecnología cien por ciento terrícola (o casi) para hurgar
dentro de los rincones de la pirámide y conseguir lo que fuera que Paul
necesitaba había sido echado por tierra en pocos segundos. Plan B, la
engorrosa tarea de cargar la MALP hasta el palacio para el mismo fin, había
sido borrado de un plumazo en el mismo instante. Aquel estúpido planeta
estaba empeñado en complicar las cosas.
Alguien tendría que entrar a la pirámide. Pero no en ese momento. Debía
retirar campamento y, fundamentalmente, civiles, y regresar con un equipo
acotado, exclusivamente militar... con instrumentos que funcionaran.
Fundamentalmente, radios. Pateó un pequeño guijarro que se encontraba sobre
la extensa superficie de arena, pensando en cuántos iban a necesitar para
regresar si los mandos de apertura de garage funcionaban tan bien como los
radios.
No se detuvo al llegar junto al Sargento, tan sólo le repitió las órdenes
que él, de seguro, ya había escuchado, obligándolo de forma inconsciente a
modificar su rumbo y acompañarla hacia la tienda donde se encontraba
Gilliam, antes de volverse a llevar a cabo las órdenes. El joven marine
seguramente se hallaba transfigurado, observando una pantalla en blanco. O
en negro, lo que fuera. Quería llegar allí antes que Lebau la alcanzara.
James seguía de cerca a Ford, sabía que tenía que dejarla avanzar un poco,
dar las ordenes y que se desfogara de su súbita energía, una vez calmada
tendría que hablar con ella, no podía dejar que los enviara a todos a casa
la misión debía continuar o sino el segundo comando podía darse por cerrado.
Gary estaba parado, no conseguía terminar de entender lo que ocurría, sabía
lo que veía pero no sabía por que, o mejor dicho sería decir que sabía lo
que no veía. Todas las conexiones eran correctas y a pesar del temblor no
había motivo para que la pantalla estuviera totalmente en blanco, como si no
recibiera señal. Como sacado de sus absortos pensamientos giró la cabeza y
vió a la capitán y no muy lejos a Lebau acercándose con paso firme. Lentes
se levantó y saludó militarmente y dijo un escueto: "Señor".
"Gilliam," Catherine obvió el trato masculino; realmente le preocupaba poco
y, hasta donde sabía, dependía del gusto de la persona a cargo. En ese caso,
ella. Pero no se detuvo en esas consideraciones, sino que verificó
visualmente que el marine se encontraba entero, y a continuación abordó el
problema. "¿Hay algo que funcione?"
Lentes miró las pantallas en blanco, debía responder algo, pero la verdad es
que le había cogido por total sorpresa. "Capitán al parecer debido al
movimiento sísmico todos los sistemas de comunicación se han visto
afectados, no sabría decirle exáctamente el motivo, necesitaría tiempo para
averiguarlo."
"El tiempo es relativo, Marine..." Catherine suspiró. "Vamos a regresar a
casa. La pregunta es cómo, y a partir de ahí sabremos si vamos a tener que
demorar el regreso o no." Estiró los hombros casi imperceptiblemente dentro
de las prendas de su uniforme, sintiendo tensarse el nudo que hasta ese
momento no sabía se había formado en su espalda. "¿Qué hay de las piezas
más... *duras* del equipo? ¿La MALP...?"
"No creo que las comunicaciones del MALP o el aparato en si haya sido
dañado, ha sido diseñado para resistir peores condiciones que un leve
temblor. Y dudo mucho que el aparato que crearon una raza alienigena tan
brillante se haya visto estropeado, aunque tampoco lo puedo asegurar, me
imagino que será cuestión de probar." Lentes se dió cuenta de la falta de
profesionalidad que estaba teniendo y de haber ido relajándose poco a poco
se puso tenso de nuevo "Como le decía capitán, las comunicaciones no
funcionan, el MALP y el stargate probablemente funcionen correctamente
aunque lo mejor sería corroborarlo." Lentes miró a la capitán esperando una
reprimenda o algo parecido, después hecho una mirada detrás suyo, había una
figura en la entrada.
James esperaba, se había quedado en la entrada de la tienda, esta vez, si
Ford quería salir no tendría más remedio que toparse con él. Ahora sólo le
quedaba esperar.
La Capitán giró la cabeza, apenas, para confirmar que el asesor se
encontraba donde creía. Había errado por tan sólo medio paso a la izquierda.
"Supongo," dijo, dirigiéndose a Gilliam pero ofreciendo una breve mirada
directa a Lebau, "que será cuestión de probar." Sacudió la cabeza. "Recoja
su equipo personal, y encuéntreme en el Stargate. Trataré de no destruir la
MALP mientras lo espero." Se corrigió con rapidez. "Lo esperamos."
Finalmente estaba de frente al diplomático. "¿Vamos?"
Lentes observó como la capitán se había girado y había llegado frente a
Lebau, el hombre era un buen tipo, pero en su mirada serena más los gestos y
comentarios de la capitán daban a entender que iban a tener una larga charla
y que no sería para decir lo de acuerdo que estaban el uno con el otro.
James miró a la capitán a los ojos, tranquilamente se relajó y tras dejar
pasar una cantidad de tiempo casi imperceptible se apartó para dejar pasar a
la capitán. Ella estaba lanzada, directa en las ordenes, mejor que siguiera
llevando la batuta y guiando los pasos. Era preferible que ella comenzara la
conversación y que James le frenara entonces, si lo hacía al revés
probablemente a Ford le resultaría más fácil revolverse.
Mientras comenzaban a caminar uno al lado del otro James lanzó una simple
pregunta: "¿Por qué volvemos?"
Catherine caminó varios pasos más antes de responder. Esperaba una apertura
hacia el tema, ésta era bastante inofensiva en apariencia, pero era tan sólo
una introducción. Se reservó el *porque yo lo digo*, que habría salido con
una sonrisa y posiblemente hasta con una carcajada, todo absolutamente fuera
de lugar. "La zona ya no es segura para un campamento de estas
características, hemos perdido las comunicaciones y finalmente," se sonrió
apenas, aunque no dejó de mirarlo a los ojos, "es la prerrogativa del
oficial a cargo."
James observó la expresión de la capitán silenciosamente, espero un poco a
que las palabras quedaran enterradas en la arena. Realmente no esperaba que
Catherine se hubiera visto tan afectada, sabia que seguramente su situación
con ella después de esta conversación sería o de odio absoluto o de odio
absoluto. Pero lo que tenía claro es que no iba a permitir que esto acabara
así, se adelanto unos pasos por delante de la capitán, con algún esfuerzo de
más y se plantó delante.
"Por favor, esto quiero hablarlo ahora y aquí, nadie nos ataca ni hay tanta
prisa como para ir corriendo de un lado a otro." James se quedó firme
delante de la capitán su cuerpo no era mi mucho menos tan atlético como el
de Ford, pero eso no le amedantró, fijó su mirada sería en la capitán. "En
cuanto a la seguridad de la base es discutible, está claro que es usted la
militar al mando y puede ordenar el regreso pero..." James cambió de
registro, se puso más firme, con las manos en la espalda y puso un tono más
*burocrático*. "Como asesor del gobierno solicito que continuen las
investigaciones y que el campamento no sea levantado, estoy seguro que la
coronel Riker estará de acuerdo conmigo y si lo desea lo podemos discutir
con ella, así mismo, capitán, si no se ve en condiciones del mantener el
control emocional y mental debido a su reciente accidente no creo que haya
ningún problema en una sustitución por otro oficial. Y este cambio en los
informes no tendría por que ir más allá de un simple relevo por el accidente
que tuvo."
James aguardó, esperaba otra cosa de la capitán, a no ser que en aquella
mente hubiera alguna idea, le había decepcionado considerablemente.
Lebau acababa de borrar de un plumazo el respeto que se había ganado hasta
ese momento. Cualquier vestigio de sonrisa desapareció de su rostro, aunque
ésa era la única exteriorización física de Catherine. Palabras como
aquellas, de un amigo, habrían dolido. ¿De James Lebau? Catherine sacudió la
cabeza. Si al asesor no le acababa de saltar el chauvinista, la diplomacia
se le había escapado por la ventana.
"En resumen, soy informal, incapaz, e histérica." Desechó, rápidamente, la
idea de defenderse ante tales veladas acusaciones. Si eso era lo único que
él tenía para decir, entonces ella tenía poco más. "Lo conversaré con mi
analista a nuestro regreso, e incluiré sus recomendaciones en mi informe, y
el por qué han sido desechadas. ¿Algún insulto más, o puedo pedir que por
favor se haga a un lado?"
James miró a Ford y suspiró, no hacía falta ser muy empatico para notar la
ironía y el "veneno" en sus palabras, quizá las palabras que él había
utilizado no habían sido las mejores, mal continente buen contenido, un
error, y dicen que rectificar es de sabios. James no sabia si él era muy
sabio o no, lo que si sabía era que no era orgulloso. Pero lo que no podía
era dejar que la misión acabara así.
"Catherine" prefirió usar su nombre para suavizar las cosas "si la he
ofendido lo siento, ni mucho menos era mi intención, quizá no he usado las
palabras adecuadas para expresar lo que quería decirle." James miró en la
distancia el Stargate "Comprenda una cosa, no quiero que se cierre este
proyecto, ni yo, ni mucha gente, estoy seguro que usted tampoco quiere. Pero
si la misión acaba en este momento le aseguro que no podremos hacer nada. A
pesar del incidente con Holmes, me he asegurado de ganar tiempo a un coste
que no creo que se pueda imaginar, no vendrá ninguna orden desde arriba para
marcharnos, por ahora, tenemos una última oportunidad de conseguir algo con
el suficiente peso como para seguir adelante. Holmes es una mente un tanto
retorcida, no sé exáctamente que tenía en mente, pero tengo algunas
sospechas que tramaba algo para seguir adelante con el proyecto, ahora no
contamos con él, pero podemos conseguirlo nosotros." James miró a Ford a los
ojos fijamente, la mirada relajada "Catherine, si nos vamos ahora
sentenciaremos el segundo comando."
(TBC)
"Arenas movedizas, Parte II"
Capitán Catherine Ford, Antropóloga (Blanca)
Dr. James Lebau, Diplomático economista (Hugo)
"Catherine, si nos vamos ahora sentenciaremos el segundo comando."
La Capitán había estado meneando la cabeza mentalmente. El gesto quizá
se exteriorizara en acción al escuchar las últimas palabras de Lebau.
Quería estar enojada con él, sentirse ofendida serviría pero,
extrañamente o con justa causa, ni siquiera tenía ganas de dedicar
energías a esos sentimientos. "Yo opino exactamente lo contrario,"
replicó en voz baja, pero perfectamente audible para su compañero. "Me
da pena reforzar su opinión de los militares, pero no voy a dejar de
pensar que permitir que nos quedemos aquí en estas circunstancias
sería un acto de irresponsabilidad suprema." Se volvió, mirando hacia
el campamento, al área donde los doctores estarían recogiendo sus
equipos, aunque no pudiera verlos. "A usted no lo conozco lo
suficiente como para emitir juicio. Pero esos cuatro que están allí no
son prescindibles."
'Eso es para el resto de nosotros,' terminó el pensamiento para sí,
acariciando su insignia de oficial con la punta de los dedos. La
superficie metálica se sentía incómodamente áspera... pero estaba
segura de que el problema podría solucionarse con crema humectante. O
tan sólo un buen baño. O noticias de Jonathan. Inconscientemente se
acercó hacia el diplomático, sintiendo que el bloqueo físico hacia el
Stargate no podía mantenerse indefinidamente. "James, ni siquiera
sabemos si vamos a poder salir de este planeta. Pero no vamos a...
pedirle a *mamá* que medie en una diferencia de opiniones. Las cosas
no funcionan así. Éste es el momento de que decida si va a colaborar
con el *Plan B*, o *qué*."
James miró a Ford, eso era una de las cosas que más odiaba y una de
las cosas que más odiaba de Holmes. El tener que actuar a ciegas, sin
saber que es lo que iba a ocurrir ¿plan B? vaya, ahora resultaba que
había un plan B. Comenzaba ha estar cansado de todo este mamoneo de
Holmes y el senado.
"Bueno, capitán, todo dependerá de en que consista ese Plan B. Por que
lo que es yo, no tengo ni la más remota idea. Si se trata de irse de
rositas del planeta no cuente conmigo en lo más mínimo, si se trata de
intentar salvar el comando y dar una patada en los huevos al senado,
soy su hombre. Sólo le pido una cosa, si quiere mi colaboración, no
quiero más encubrimientos, por favor, eso déjesolo a Holmes, lo lleva
en la sangre. Digame de que se trata ese tal *Plan B*".
"No sé por qué se pone así, y mucho menos qué tiene que ver Holmes.
¿Acaso cree que yo sabía que nos iba a pasar esto con anterioridad?"
Catherine reaccionó al tono de Lebau, aunque aún estaba lejos de
hacerlo como sucedería en circunstancias más *normales*. Levantó la
mano para impedirle responder. "Dejémoslo ahí. Y no, no se trata de
nada con el Senado, excepto no darles mucho tiempo. No me dedico a
urdir, James, soy ejecutiva. Venga, vamos."
La Capitán comenzó a caminar de nuevo, impaciente, pero no tan rápido
como para que el diplomático sintiera la necesidad de rebelarse una
vez más. "El Plan B es no dar esta misión por terminada. No podemos
quedarnos, pero en menos de una hora puedo estar de regreso, con menos
personal y el equipo que hace falta para registrar las imágenes que
necesita Paul. Suena fácil, pero es posible que haya que convencer a
mis superiores y asegurarnos que los suyos no se enteren hasta que sea
demasiado tarde." Le dirigió una mirada de soslayo. "También tengo
planes C y D, dependiendo de la MALP, y del Stargate. ¿Se va a enojar
porque todavía no se los dije?"
"No serviría de nada enfadarse. Mejor dejar las disputas para cuando
volvamos a la tierra *definitivamente*, cosa que espero ocurra de aquí
mucho." James seguía el paso de la capitán dirigiéndose hacia el
Stargate, su cabeza seguía pensando a toda velocidad. "Bien, necesita
tiempo, yo le puedo dar tiempo, el necesario para que reuna a la gente
y vuelvan al planeta. Dígame cuanto necesita, los peces gordos de
arriba ya estarán quietos, me encargué de eso mientras ustedes estaban
desaparecidos. Es probable que un par de días no digan nada. En cuanto
al *mandamás* de la base creo que el mayor problema no va a ser el
hecho de lo que quiera o no hacer, sino de lo que la burocracia o las
reglas le permitan."
James miró a Ford, como caminaba decidida hacia el Stargate, se dió
cuenta como ponerse en su camino y enfrentarse a ella era como querer
enfrentarse a un poderoso elemento de la naturaleza, crees entenderlo
poder preveerlo, pero imposible de controlar.
"Digame que necesita, yo hablaré con la coronel Riker, la convenceré
como sea para que NOS permita partir de nuevo con un grupo más
reducido y con el equipo necesario. Total mi cabeza ya está
sentenciada, como dice el refrán: *De perdidos al rio*." James hizó un
gran incapié en la palabra *nos*, dejando claro que él iría con la
misión cuando partieran de nuevo.
Por fin llegaron a los pies del marcador del Stargate, donde no hacía
mucho James había tenido que sujetarse por culpa del temblor de
tierra. Este se giró hacia la capitán y la miró fijamente a los ojos y
dijo: "¿Y bien? ¿Hay trato?"
Catherine se encogió mentalmente de hombros. "Dos días suenan bien.
Aunque depende de lo que diga Paul, seguramente unas horas serían más
que suficientes..." Se sacudió la vacilación, venció la tentación de
marcar cualquier dirección en el DHD, y encontró los ojos del
diplomático antes de estrechar su mano con suave firmeza. "Hay trato."
"Viejos amigos"
Doctor Henry Garland, ingeniero mecánico, Hugo
Chip se encontraba mirando a través de la ventana, el autobús avanzaba
a gran velocidad por una de las múltiples autopistas americanas. Desde
que había salido del proyecto había realizado el mismo viaje tres
veces, ver a su madre le reconfortaba, poder ver como seguía tan
fuerte y siempre pensando en avanzar y seguir adelante. Era toda una
inspiración.
Desde que Chip se había marchado no podía quitarse de la cabeza lo que
había visto, vale que no era una gran cosa, no eran las grandes
maravillas del espacio, pero que diablos, había estado en dos planes
alienígenas, había tenido contacto con una raza que deseaba la
destrucción de la humanidad, visto aparatos que ni en las mejores
novelas de ciencia ficción... bueno, puede que en las mejores novelas
si, pero no en todas. Había descubierto lo que había detrás del velo
que en general tiene la humanidad ante los ojos y lo que vió le
superó, de nuevo tenía el velo aunque esta vez como decisión propia.
Su primera misión fue un desastre, murió gente, compañeros y él no
estuvo muy lejos de ello, demasiadas emociones para su primera misión.
El tiempo pasaba y Chip intentaba rehacer su vida, a la NASA no podía
volver, ni quería, así que había buscado trabajo en el sector privado,
con su curriculum no fue difícil y se encontraba trabajando para una
empresa privada en el sector de desarrollo, buscando nuevos sistemas
mecánicos para el desplazamiento aéreo. Chip sonreía cuando oía las
propuestas pensaba en las maravillas que vió y sonreía pensando lo
ignorantes que eran todos. Era en esos momentos cuando deseaba ser
ignorante y se daba cuenta de lo real que era la frase de: La
ignorancia da la felicidad. Pero las cosas no eran así.
Había probado el caramelo, pero lo escupió por que era un sabor nuevo
y demasiado tarde se daba cuenta que el caramelo le gustaba.
"Pensamientos"
Dra. Madeleine Monteloup Parker, Bióloga-Botánica-Zoóloga (Yolanda)
Madeleine siguió unos pasos dejando tras de sí a Paul y al resto del grupo y se alejó de ellos bastante airada. Vió a Catherine cerca del marcador junto a Lebau. No le conocía lo suficiente pero al igual que con Holmes le despertaba cierta desconfianza. Observó a Catherine unos instantes y pensó lo duro que debía ser para ella todo. Cuando regresasen hablaría con ella, tenía que haber alguna solución auqnue tuvieran que hacer trampa. Debía reconocer que Paul tenía algo de razón, la clave estaba en la pirámide. Seguro que algo podrían hacer. Podrían regresar a hurtadillas, o con algún pretexto. Madeleien tenía claro que algo habría que hacer y estaba dispuesta a mentir si fuera necesario. Quizás si investigara a fondo algunas de las plantas que aparecían en las piedras, encontrara alguna que sirviera a los propósitos de los militares. Alguna planta para su guerra bacteriológica, o algo por el estilo. No estaba aún segura, pero si tenía que improvisar algo para ayudar a que no cerrasen el proyecto, lo haría sin ningún remordimiento de conciencia.
Con pensamientos mucho más animosos, Madeleine repiró hondo a pesar de que en cada respiración le dolían todos los músculos. Se acercó a Catherine y a Lebau. Al ver que estaban distraidos hablando Madeleine se alejó un poco de ellos y giró la cabeza para ver donde estaban los demás Ana, Dara y Paul se dirigían hacia ella. Paul la miraba seriamente y Madeleine respondió a su mirada con otra también seria y llena de ira. Giró la cabeza de la forma en que solía hacerlo y con marcado desdén espero a que llegaran hasta ella.
"Gigantes y molinos"
Dra. Madeleine Monteloup, bióloga.
Dr. Paul Mallory, profesor de Historia.
Quizás fuera por la tensión que se respiraba en el ambiente o por el excesivo calor o por la enorme cantidad de arena que lo cubría todo pero, a pesar de encontrarse bien allí, sentía cada vez más adosada a su nuca una incomodidad que no le parecía buen inquilino en aquellos momentos. Se acercaba hacia Madeleine en cuyos ojos percibió una sensación de rabia como si de la pataleta de una niña pequeña se tratase.
Al llegar a su altura apartó la mirada por un momento para observar como, a cierta distancia, Lebau y Catherine se encontraban cerca de echar el cierre a la misión. Paul no miró con buenos ojos a Lebau. De repente sintió un poco de hambre y comenzó a buscar en los bolsos de su chaleco una chocolatina o algo que los militares hubiesen dejado ahí para su *regocijo*.
Al final encontró lo que buscaba. La abrió y le dio un buen bocado notando el sabor dulce de la misma mientras cerró por un momento los ojos y acto seguido volvió a abrirlos para echar otro vistazo a Catherine. En cierto modo aquello había estado muy bien. Visitar
un mundo alienígena con un enorme secreto que seguramente acabaría olvidado y sepultado por la arena en aquel mundo perdido y dejado de la
mano de Dios. No. No estaba bien. Nada bien.
Madeleine torció de nuevo la cabeza hacia donde estaban Dara y Ana. Sonrió a estas, y de nuevo miró seriamente a Paul, el cual daba un buen mordisco a una chocolatina para a continuación mirar a Catherine. Un
segundo después su mirada se cruzó con la de Paul. En el fondo sabía que dejar aquella pirámide sin más no era bueno, a pesar de los terremotos, el riesgo merecía la pena. Habría que asumir ese peligro y
volver fuera como fuera. Si se quedasen atrapados siempre podrían ser rescatados por la tok´ra.
- ¿Estarías dispuesto a correr un peligroso riesgo? -, preguntó Madeleine mientras observaba la reacción de Paul a su pregunta.
Paul detuvo el movimiento de su boca al oir la voz que provenía de su lado izquierdo. La interrogante de Madeleine le sonó a pregunta de examen. Bajó la vista para seguir masticando durante unos breves segundos. Volvió a alzarla y se quedó mirando a Madeleine con cara
de pocos amigos.
- Bueno, eso depende de por qué motivo estaría dispuesto a correr un peligroso riesgo. Si te refieres a la pirámide mi respuesta es sí.
Correría ese riesgo. Esa pirámide vale la pena y representa una oportunidad única. No es justo condenarla a desaparecer en el olvido sin darle al menos la oportunidad de contarnos lo que esconde -.
Al terminar la frase los ojos de Paul se habían trasladado a la
dirección imaginaria en la que se encontraba la pirámide. Se quedó despacio en silencio y con la mirada un tanto perdida.
Madeleine igualmente miró hacia la pirámide. Y añadió en alto, - debemos buscar la forma de regresar sea cual sea -. Y al terminar su frase centró su mirada en la de paul, para observar su reacción.
Paul enarcó una ceja y tragó con dificultad en bocado de la chocolatina mientras volvía la mirada hacia Madeleine.
- ¿Qué?. Oye, Nadie quiere volver allí más que yo porque no soporto dejar un trabajo a medias, pero no pienso contravenir las órdenes de esta gente porque no quiero verme en más problemas de los que ya estoy. Así que si estás pensando en cosas raras como escapaditas o escaqueos, olvídalo. A Catherine ya le he dado todos los argumentos de que
dispongo y no ha servido de nada.-
- Paul... -, dijo ella bajando la voz. - No digo que Catherine tenga que saberlo. No se trata de convencerla, sino de hacer algo-.
Paul sintió que la chocolatina ya no le hacía ninguna gracia y aquellas insinuaciones de Madeleine si que empezaban a ser una incomodidad. Mallory bajó igualmente la voz hasta nivelar su tono con el de ella y enarcó la ceja en señal de incredulidad por lo que Madeleine estaba a punto de proponer.
- A ver. Sorpréndeme...-.
El tono empleado por Paul y el gesto que empleó para remarcarlo la dejó un tanto molesta pero le contestó.
- Bueno, todavía no se me ha ocurrido nada... pero estoy en ello -. Y algo frustrada, se cruzó de brazos y se mordió, un labio. Si Paul no ponía de su parte, tendría que actuar ella sola.
- Madeleine no se te vaya a ocurrir hacer una estupidez. Una cosa es arriesgar y otra suicidarse. Y no lo digo por la pirámide. Yo volvería
ahora mismo. Pero con esos tipejos armados y nerviosos, me parece que no es el mejor momento y además. ¿Qué harías tú dentro de la pirámide?. ¿Me lo quieres explicar?.- Los ojos de Paul volvieron hacia los de ella
buscando una respuesta clarificadora pues a Paul le costaba entender que la especialidad de Madeleine le siriviera dentro de aquel edificio.
Madeleine se volvió a Paul y le contestó, - no me refiero a salir corriendo ahora, sino pensar en algo cuando estemos en la base ... y regresar si es necesario de cualquier forma posible - , sentenció
finalmente con gravedad.
Paul apartó la mirada de los ojos de Madeleine por un momento meneando la cabeza y algo contrariado por la terquedad de su colega. - A ver Madeleine. ¿Tú crees en serio que si regresamos a la base nos van a dejar volver?. ¿De verdad piensas que se van a tragar cualquier mentira que les digamos para que nos dejen volver?. Por favor, Madeleine, abre los ojos. La única oportunidad de salir de aquí bien parados la tenemos ahora mismo y desde luego aquí nadie está por la labor de ayudarnos un poco - terminó sentenciando Paul rememorando el rostro de la timorata capitán Ford hacía unos minutos.
Madeleine no pudo por más que dar una pequeña patadita a una piedra del suelo y respondió: - Ya veremos cuán elaborada puede ser una mentira... ya lo veremos Paul... ya veremos si regresamos o no. - Y con ese gesto caraterísitico de ella volvió a patear la piedra.
Obviamente Paul no la ayudaría, ya vería ella como lo haría. Aunque tenía en parte razón, sería dificil convencerles del regreso... pero siempre quedaba la puerta de atrás...
Mallory observó las evoluciones de la piedra que Madeleine había golpeado con el pie y tras calarse nuevamente las gafas comenzó a caminar muy despacio y pasando justo por delante de su interlocutora, momento en el cual se detuvo y le lanzó una sonrisa amigable bajando por un momento sus lentes y dejando asomar sus ojos a la vista de los de ella.
- Peque, no quiero que te metas en problemas... ...si existe aún alguna oportunidad de salvar lo que queda de esto, estoy seguro de que sabremos el momento en que debemos aprovecharla, pero por ahora no conviene empeorar las cosas. - Terminó la frase guiñándo un ojo y volvió a subirse las lentes oscuras para continuar una marcha cansina hacia ninguna parte. Quería echar un último vistazo a aquel lugar a solas consigo mismo. Era la primera vez que sentía el fracaso acechando en su nuca.
"La diversión está incluida"
Doctor Henry Garland, ingeniero mecánico, Hugo
Chip se encontraba en un local habitual, solía ir a tomar algo cuando
salía de trabajar, intentando sacarse de la cabeza su vida aburrida,
por lo menos cuando estaba en la NASA no conocía lo que existía más
allá y se conformaba con hacer diseños para mejorar el brazo mecánico
de un transbordador o los paneles solares de un satélite, pero ahora,
para que quería diseñar eso sabiendo que podían viajar a millones de
años luz con un solo paso. Sus talentos no debían ser utilizados en
investigar nuevas maneras sino en 'desmenuzar' y averiguar como
funcionaban aparatos con los que ellos sólo podían soñar y así
aprender de ellos.
"Dame otra... jarradecervezaJim." dijo Chip.
El camarero se acercó lentamente y comenzó a limpiar con un trapo
delante de Chip y le dijo: "No crees que ya has bebido bastante Henry,
quizá deberías irte a casa. Antes un viernes hubieras venido con una
mujer para invitarla a una copa e irte luego a casa."
Chip miró el trapo moverse de manera circular ¿por qué siempre que un
barman iba a decirle a alguien que no debía beber más hacía aquello?
¿sería alguna señal secreta entre barmans?
"Mira John... soy yo quien pago... soy yo quien decido cuando debo de
dejar de pagar... ips... Es cierto que no... me vendría mal una
mujer... pero creo que estoy demasiado borracho... ips... como para
ser lo suficiente 'hombre' y no me... gusta dejar las cosas a medias."
Chip acercó la jarra a la cara del camarero "Rellenala Marcus...
ips..." el camarero cogió la jarra, la relleno y se la sirvió con cara
de desaprobación.
Chip siguió bebiendo perdido en sus pensamientos, a cierta distancia,
en una mesa apartada dos tipos conservaban avidamente sobre como
conseguir enviar una sonda a Marte, Chip agudizó los ojos, se lenvanto
y tambaleandose se acercó, se acercó tanto que se puso a tan sólo
pocos centímetros de uno de los tipos, de repente dió un respingo
hacía atrás y lo señaló con el dedo.
"¡James Cranger!" Chip se quedó parado, muy quieto mirándolo con los
ojos muy abiertos, el hombre que Chip señalaba lo miró sorprendido.
"Vaya, vaya, no me imaginaba encontrarte por aquí Henry, sientate con
nosotros." Cranger le señaló con una mano. Chip se sentó en la silla
sin dejar de mirar a Cranger, el alcohol se le había evaporado de
repente, de la fragancia embriagadora a un fuerte y creciente
sentimiento: ira. "¿Qué haces por aquí? Pensabamos que después de que
te fuiste de la NASA te habrías ido a europa o algún otro lugar remoto
donde nadie te conociera, nadie supo nada de ti."
"Estuve... lejo." fue la escueta respuesta de Chip.
"Lejos ¿eh? La verdad es que fue efectiva tu manera de desaparecer."
Cranger rió. Chip se fue encendiendo y cogió con fuerza la jarra de
cerveza, ese hombre le había destrozado la vida en la NASA, su
brillante carrera, todo por su incompetencia, por sus antiguadas
ideas. Pero de repente cayó en la idea, que si no llega a encontrarse
en esa situación a lo mejor jamás hubiera entrado en el proyecto y
jamás hubiera conocido lo que conoció.
"Sabes" dijo "te he de dar las gracias."
"¿Cómo?" fue la respuesta.
"Gracias a ti he visto cosas que jamás soñarías, he averiguado que yo
tenía razón y que tú sólo eres otro patán de miras estrechas, que se
cree que avanzar es andar con una vela en vez de correr con una
linterna." Chip comenzó a reir. "Definitivamente, muchas gracias
Cranger, gracias a lo inutil que eres he visto 'la luz'."
"Estás loco Henry."
"¿Loco? Quizá, pero quien desea ir a Marte pudiendo ir más allá. Por
cierto, he oido que el último satélite que hiciste fue hace ya un año
y que te han trasladado a un departamento burocrático ¿que ha pasado?
¿por fin se han dado cuenta en la NASA que realmente no vales para
nada?"
Cranger se levantó violentamente, la silla fue a parar al suelo, su
compañero se levantó para calmarlo. "Tú que sabrás, no eras más que un
mequetrefe sin ideas, todo lo que hacias era absurdo. Sabes, puede que
este en un departamento burocrático, pero eso me da poder para
encargarme que te quedes sin trabajo, no volverás a pisar un
laboratorio."
Chip sonrió dejó la jarra en la mesa y con un rápido movimiento tumbó
a Cranger en el suelo dejándolo inconsciente. "No importa, hace cinco
minutos que he decidido dejarlo." se dirigió lentamente al barman y le
extendió varios billetes "Esto por las molestias de todo Moe."
"Por lo menos ahora has dicho bien mi nombre, ¿ese es el Cranger que
te jodió la vida?" preguntó.
"Si, siempre quise hacer eso." luego se dirigió hacia la salida.
"¿Y ahora qué?" preguntó Moe antes de que saliera por la puerta.
"No lo sé, para empezar me iré de fiesta y traeré una mujer a tomar algo."
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